agosto 2016

23:25

Por: . | Fuente: www.bisbatlleida.org

Religioso y Mártir

Martirologio Romano: En diversos lugares de la diócesis de Lleida (Lérida), España, Beatos Mariano Alcalá Pérez y 18 compañeros de la Orden de la Bienaventurada Virgen de las Mercedes, asesinados por odio a la fe. ( 1936-37)

Fecha de beatificación: 13 de octubre de 2013, durante el pontificado de S.S. Francisco.

Pedro Esteban Hernández nació en Híjar, Teruel, el 27 de junio de 1869, de Isidro y María, familia de los Sidricos, que lo bautizaron al día siguiente.

Ingresó de veinte años en El Olivar para clérigo, pero, porque le costaban los estudios y se le hacían cuesta arriba los latines, declinó a hermano laico, vistiendo el hábito el 19 de abril de 1890, de manos del padre Pedro José Ferrada, ante el padre Florencio Nualart. Profesó los votos temporales el 27 de abril de 1891, ante los padres Ferrada, Ramón Prat y Luís Caputo; y los solemnes, el 27 de abril de 1894, ante los padres Luís Prat, Mariano Flores y Domingo Aymeric. Fue testigo de la profesión de fray Manuel Gargallo Sancho el 6 de enero de 1905.

Se dice de fray Pedro que era observante, humilde, obediente, trabajador, puntual en el coro y los actos comunitarios, gustoso de lecturas espirituales, amante de las cosas de la comunidad; que componía gravedad con jovialidad, afabilidad y respeto; que contagiaba alegría a cuantos le trataban.

Grande es el elogio. Y merecido por lo que yo, niño, aún percibí de su aura.

Pero la grandeza de fray Pedro se cifra en que supo conjugar lo humano y lo divino, conllevar el ser patrón y amigo, hallar a Dios en los rastrojos y en coro. Porque el suyo fue en un ministerio harto dificultoso, cuarenta y cinco años al frente de la explotación agrícola de El Olivar. Requiere harta sabiduría; cuándo labrar, qué sembrar, cómo coger la sazón; hallar el momento de podar, de segar, de sulfatar, de llevar la oliva a la almazara.

De su incumbencia eran las caballerías, su adquisición, su reproducción, su rendimiento; experimentando lo que era estar en trance de muerte hasta tres veces en un solo año, 1924. Pues el 2 de mayo le atizó un par de coces un mulo guito; el 27 de agosto se cayó del carro por delante, yendo agarrado a las varas más de cien metros; el 23 de septiembre un auto le espantó la mula, que le pasó por encima sin hacerle daño. Cada suceso era celebrado por la comunidad con himnos de gratitud al Señor y a la Virgen, que tan milagrosamente tutelaban la vida de fray Pedro.

Tenía particular destreza con los mostos, para elaborar buenos tintos o claretes, esmerar caldos generosos, sacar el mejor vino de celebrar para todas las parroquias de la contornada, mimar la madre de las cubas seculares. Además era hábil levantando paredes, remendando muros, adaptando cuadras.

Era muy servicial con todos los religiosos, que gustosamente escuchaban sus jugosos coloquios y sus reflexiones espirituales. Su vida íntegra le daba mucha autoridad sobre los jóvenes de la comunidad, que oían con atención sus exhortaciones sobre la santísima Virgen y sobre el cultivo de la pureza.

Era sumiso a los superiores, que le hallaban imprescindible para el manejo de las fincas, por eso estuvo toda su vida religiosa en El Olivar, saliendo una sola vez, que yo sepa, a Barcelona; mandado por el provincial el 17 de agosto de 1934 para sustituir a fray Benjamín Arnáiz, enfermo, y supongo, para que conociera la ciudad.

Se manejaba divinamente a criados, braceros, segadores, vendimiadores. Claro que siempre era el primero en emprender la labor, y el último en buscar la sombra. Ponía humanidad, recompensaba con generosidad, se prodigaba con los que pasaban estrecheces y les instruía en las verdades de la fe cristiana. Sabía obsequiar un trago de buen vino.

Feliz venía realizando su trabajo al servicio de una comunidad que en aquel momento contaba con setenta miembros, cuando se desencadenó la locura de julio de 1936. Si alguno se merecía el martirio -asevera el padre Bienvenido Lahoz- era él; dedicó toda su juventud a Dios, fue muy laborioso, edificante para los seglares que se le acercaban, muy buen fraile; pudo salvarse de la muerte, pero no quiso dejar a fray Antonio Lahoz.

Martirio de
Fray Pedro Esteban Hernández y de Fray Antonio Lahoz Gan

Fray Pedro y fray Antonio fueron de los últimos en abandonar El Olivar, saliendo con el grupo del padre Francisco Gargallo. Estando emboscados en la Codoñera, el padre Comendador les autorizó para irse para su pueblo, Híjar, el 5 de agosto. Pasando por el Tormagal, comieron algo, obsequiados por los molineros; a media tarde pasaron por Crivillén declinando la merienda que les ofrecieron, porque iban deprisa, pasaron por la era de Manuela Estopañán para despedirse, fray Antonio le regaló un rosario hecho de huesos de oliva. Iban tristes y se despidieron llorando. A primera hora de la noche llegaron a los Mases de Crivillén encontrándose con el grupo del padre Gargallo, pero tomaron otro rumbo. Tras algunas jornadas de andar por los montes, llegaron al mas de Burillo, dándose a conocer; pidieron comida y rogaron que avisaran a sus familias. Dijeron que habían salido del convento porque los querían matar.

Enterados los familiares de fray Pedro, vino su resobrino Pascual Lázaro Esteban para trasladarlos al mas familiar, La Chumilla, aposentándose en una caseta de campo. La familia les traía víveres; ellos leían sus libritos de devoción, rezaban el rosario, y sin recatarse conversaban con los campesinos y aún les ayudaban en las tareas del campo. Lo tenían claro: Venimos a cumplir la voluntad de Dios, y a venga lo que Dios quiera. Estamos dispuestos a recibir el martirio.

La familia y otros vecinos, mirando por su salvación, intentaron organizar su huída a la zona nacional y hasta anduvieron un trecho los dos frailes, pero se volvieron porque era de cobardes huir de la muerte, y porque es muy grande y muy glorioso ser mártires. La verdad es que fray Antonio andaba muy mal, por anciano y desmejorado, y fray Pedro desistió de dejarlo solo.

Una noche de primeros de septiembre, sobre las cero horas, llegaron Luís Pina y cuatro milicianos, conducidos por el chofer José Beltrán, que se mantuvo al margen. Uno de los asesinos abrió la puerta y vio delante a fray Pedro que le ofreció el pecho, diciendo no tengo miedo, ¡viva Cristo rey! Fray Antonio estaba a su lado. Sacaron a los dos hermanos fuera de la choza –especifica el atestado- les hicieron una descarga y dejando a la víctima allí regresaron al pueblo. Luís Pina se jactaría luego ante sus compinches: Chicos, ayer matamos a dos frailes, y al primer tiro que le tiré a uno se le saltaron todas las tripas.

Antonio Montañés y El Alpargatero, traídos por Beltrán, al día siguiente los enterraron. Pasó luego un vecino, vio la tierra reciente del hoyo en que fueron sepultados y un charco de sangre aún fresca, con la que escribió en el dintel del mas: Aquí han caído dos mártires.

El 25 de noviembre de 1938 fueron exhumados los cadáveres y, por Alloza y Crivillén, los llevaron a El Olivar, donde el 28, al medio día, fueron sepultados. Unas cien personas vieron los esqueletos que se conservaban enteros con la piel pegada a los huesos y las ropas mostrando los agujeros de las balas.

Ahí están, al pie de su Virgen, retando, invitando.

Este grupo de mártires está integrado por:

1. MARIANO ALCALÁ PÉREZ, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 11 Mayo 1867 en Andorra, Teruel (España)
martirio: 15 Septiembre 1936 en Andorra, Teruel (España)

2. TOMÁS CARBONELL MIQUEL, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 20 Diciembre 1888 en Jijona, Alicante (España)
martirio: 25 Julio 1936 en Lleida (España)

3. FRANCISCO GARGALLO GASCÓN, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 24 Febrero 1872 en Castellote, Teruel (España)
martirio: 07 Agosto 1936 en Muniesa, Teruel (España)

4. MANUEL SANCHO AGUILAR, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 16 Enero 1874 en Castellote, Teruel (España)
martirio: 07 Agosto 1936 en Muniesa, Teruel (España)

5. MARIANO PINA TURÓN, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 13 Atril 1867 en Híjar, Teruel (España)
martirio: 08 Agosto 1936 en Muniesa, Teruel (España)

6. PEDRO ESTEBAN HERNÁNDEZ, religioso mercedario profeso
nacimiento: 27 Julo 1869 en Híjar, Teruel (España)
martirio: 01 Septiembre 1936 en "Mas de los Sidricos", Híjar, Teruel (España)

7. ANTONIO LAHOZ GAN, religioso mercedario profeso
nacimiento: 22 Octubre 1858 en Híjar, Teruel (España)
martirio: 01 Septiembre 1936 en "Mas de los Sidricos", Híjar, Teruel (España)

8. JOSÉ TRALLERO LOU, religioso mercedario profeso
nacimiento: 28 Diciembre 1903 en Oliete, Teruel (España)
martirio: 05 Agosto 1936 en "Barranco del Agua", Estercurel, Teruel (España)

9. JAIME CODINA CASELLAS, religioso mercedario profeso
nacimiento: 03 Mayo 1901 en Aguilar de Segarra, Barcelona (España)
martirio: 05 Agosto 1936 en "Barranco del Agua", Estercurel, Teruel (España)

10. JOSEP REÑÉ PRENAFETA, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 15 June 1903 en Lleida (España)
martirio: 16 Agosto 1936 en Barcelona (España)

11. ANTONIO GONZÁLEZ PENÍN, religioso mercedario profeso
nacimiento: 01 Marzo 1864 en San Salvador de Rabal, Celanova, Orense (España)
martirio: 10 Agosto 1936 en Barcelona (España)

12. TOMÁS CAMPO MARÍN, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 23 Enero 1879 en Mahamud, Burgos (España)
martirio: 20 Agosto 1936 en Lleida (España)

13. FRANCESC LLAGOSTERA BONET, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 30 Agosto 1883 en Valls, Tarragona (España)
martirio: 20 Agosto 1936 en Lleida (España)

14. SERAPIO SANZ IRANZO, religioso mercedario profeso
nacimiento: 01 Octubre 1879 en Muniesa, Teruel (España)
martirio: 20 Agosto 1936 en Lleida (España)

15. ENRIC MORANTE CHIC, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 23 Septiembre 1896 en Lleida (España)
martirio: 25 Julio 1936 en Lleida (España)

16. JESÚS EDUARD MASSANET FLAQUER, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 16 Enero1899 en Capdepera, Islas Baleares (España)
martirio: 25 Julo 1936 en Lleida (España)

17. AMANCIO MARÍN MÍNGUEZ, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 26 Marzo 1908 en Celada del Camino, Burgos (España)
martirio: 26 Julo 1936 en Binéfar, Huesca (España)

18. LORENZO MORENO NICOLÁS, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 24 Marzo 1899 en Lorca, Murcia (España)
martirio: 03 Noviembre 1936 en Lorca, Murcia (España)

19. FRANCESC MITJÁ i MITJÁ, religioso mercedario profeso
nacimiento: 26 June 1864 en Arbucias, Girona (España)
martirio: Enero 1937 en Ivorra, Lleida (España)

Let's block ads! (Why?)

23:25

Por: . | Fuente: www.bisbatlleida.org

Religioso y Mártir

Martirologio Romano: En diversos lugares de la diócesis de Lleida (Lérida), España, Beatos Mariano Alcalá Pérez y 18 compañeros de la Orden de la Bienaventurada Virgen de las Mercedes, asesinados por odio a la fe. ( 1936-37)

Fecha de beatificación: 13 de octubre de 2013, durante el pontificado de S.S. Francisco.

Nació en Híjar el 22 de octubre de 1858, de Antonio y Rafaela, en la casa de los Espinagueros, de buena posición económica. Fue llevado a la fuente bautismal al día siguiente de nacido. Un sobrino cuenta que ningún domingo faltaba al rosario de la Aurora, frecuentaba los sacramentos, cantaba en el coro parroquial, llevaba una vida muy retirada y recogida, no gustaba de las fiestas. Buena base para un santo.

Ingresó cuarentón en El Olivar, previa la dispensa de edad, vistiendo el hábito el 14 de abril de 1903 de manos del padre Nicolás Paracuellos, ante el padre Felipe Magrazo, y profesando los votos simples el 27 de abril de 1904, ante los padres Mariano Pina y José Gómez. Desde el principio vivió gozosamente su entrega a Dios. Ya venía piadoso, ahora aspiraba a la perfección; por más que no le resultara fácil, teniendo que hacer un esfuerzo supremo para adaptarse a la vida regular. Se acomodó, pues desde el primer día resultó edificante por ser laborioso, penitente, prudente, mesurado, devoto. Tenía claro a qué venía.

Y así ni en él ni en la comunidad hubo titubeos al cumplirse el plazo de la profesión solemne, que emitió el 28 de julio de 1907, ante los padres Manuel Martín, Mariano Pina y Felipe Magrazo. La víspera había hecho su renuncia de bienes: tenía prestadas 555 pesetas al 1% y un hermano le debía otras 80; repartió a sus dos hermanos una casa, un mas, una era y 160 pesetas, dejando al Convento el resto del capital, así como la yegua y otras cosas que trajera al enclaustrarse. Era como quemar las naves.

Recalará en El Olivar, y aquí vivió siempre, llevando una existencia sin ninguna notabilidad, sólo se cuenta de él que en 1931 le cayó encima la puerta del huerto que da a la chopera. Mi padre Vicente comenta que era muy retirado y estaba siempre trabajando en el huerto.

Su ministerio fue el huerto, el gallinero, la portería. Y ponía toda su fe, su ilusión y su rancio saber de campesino en sacar buenos tomates, ofrecer óptimos prescos; obtener sabrosos huevos y hermosos conejos… Cavaba, plantaba, regaba, podaba, de sol a sol, con generosidad. Cuando se le invitaba a descansar en la sombra, respondía afectuosamente: Descansar, en el cielo. Aprovechaba el tiempo al máximo, nunca se hallaba ocioso. Eso sí, tenía asediada a la Virgencica de El Olivar: Madrecica, que llueva; Morenica, esos nubarrones… ten en cuenta que hay muchas bocas en casa…esos estudiantes son jóvenes y han de comer.

Rezaba, rezaba a todas horas, en el campo, en los corrales, en la celda. Si sonaba el ángelus, se hincaba de rodillas donde estuviera, aunque el suelo fuera un pedregal, y con quien estuviera; se recogía profundamente; luego se secaba el sudor, y al tajo. Cuando tenía las manos libres, indefectiblemente sus dedos estaban acariciando las cuentas del rosario. Si no podía estar en el agro, si tenía arreglados los animales, se ponía a leer libros piadosos; se iba al coro, al camarín de la Virgen, a la iglesia, siempre arrodillado aún cuando envejeció. Cuánto gozaba con la misa, qué arrobos ante el sagrario, qué confidencias con la Madre.

Su meticulosidad, su observancia regular, la eximia puntualidad a los actos comunitarios… imponderables. Con los superiores se pasaba de reverente, tan respetuoso que ante ellos no hablaba si no era preguntado. ¿Su mortificación? extrema, no se permitía tocar un fruto del huerto, con lo tentadoras que eran las cerezas primerizas, las higas septembrinas, los pepinos que él cultivaba; si alguien lo tentaba, respondía terminante: La Regla, la Regla. Pero es que además, si alguien le solicitaba algún fruto, aunque fuera la Molinerica, aún siendo sumamente amoroso y humilde, decía que lo pidiesen al padre comendador, pues él no podía disponer de nada por su voto de pobreza. Eso es casta.

Siempre alegre, feliz, rebosando paz y felicidad. Dirá de él un sacerdote, que era el perfume de la santidad del Convento, que ciertamente fuera canonizable aunque no hubiera muerto mártir, pues acumulaba todas las virtudes. Y el padre Manuel Sancho aseveraba que fray Antonio a sus ochenta años conservaba la inocencia bautismal.

Martirio de
Fray Pedro Esteban Hernández y de Fray Antonio Lahoz Gan

Fray Pedro y fray Antonio fueron de los últimos en abandonar El Olivar, saliendo con el grupo del padre Francisco Gargallo. Estando emboscados en la Codoñera, el padre Comendador les autorizó para irse para su pueblo, Híjar, el 5 de agosto. Pasando por el Tormagal, comieron algo, obsequiados por los molineros; a media tarde pasaron por Crivillén declinando la merienda que les ofrecieron, porque iban deprisa, pasaron por la era de Manuela Estopañán para despedirse, fray Antonio le regaló un rosario hecho de huesos de oliva. Iban tristes y se despidieron llorando. A primera hora de la noche llegaron a los Mases de Crivillén encontrándose con el grupo del padre Gargallo, pero tomaron otro rumbo. Tras algunas jornadas de andar por los montes, llegaron al mas de Burillo, dándose a conocer; pidieron comida y rogaron que avisaran a sus familias. Dijeron que habían salido del convento porque los querían matar.

Enterados los familiares de fray Pedro, vino su resobrino Pascual Lázaro Esteban para trasladarlos al mas familiar, La Chumilla, aposentándose en una caseta de campo. La familia les traía víveres; ellos leían sus libritos de devoción, rezaban el rosario, y sin recatarse conversaban con los campesinos y aún les ayudaban en las tareas del campo. Lo tenían claro: Venimos a cumplir la voluntad de Dios, y a venga lo que Dios quiera. Estamos dispuestos a recibir el martirio.

La familia y otros vecinos, mirando por su salvación, intentaron organizar su huída a la zona nacional y hasta anduvieron un trecho los dos frailes, pero se volvieron porque era de cobardes huir de la muerte, y porque es muy grande y muy glorioso ser mártires. La verdad es que fray Antonio andaba muy mal, por anciano y desmejorado, y fray Pedro desistió de dejarlo solo.

Una noche de primeros de septiembre, sobre las cero horas, llegaron Luís Pina y cuatro milicianos, conducidos por el chofer José Beltrán, que se mantuvo al margen. Uno de los asesinos abrió la puerta y vio delante a fray Pedro que le ofreció el pecho, diciendo no tengo miedo, ¡viva Cristo rey! Fray Antonio estaba a su lado. Sacaron a los dos hermanos fuera de la choza –especifica el atestado- les hicieron una descarga y dejando a la víctima allí regresaron al pueblo. Luís Pina se jactaría luego ante sus compinches: Chicos, ayer matamos a dos frailes, y al primer tiro que le tiré a uno se le saltaron todas las tripas.

Antonio Montañés y El Alpargatero, traídos por Beltrán, al día siguiente los enterraron. Pasó luego un vecino, vio la tierra reciente del hoyo en que fueron sepultados y un charco de sangre aún fresca, con la que escribió en el dintel del mas: Aquí han caído dos mártires.

El 25 de noviembre de 1938 fueron exhumados los cadáveres y, por Alloza y Crivillén, los llevaron a El Olivar, donde el 28, al medio día, fueron sepultados. Unas cien personas vieron los esqueletos que se conservaban enteros con la piel pegada a los huesos y las ropas mostrando los agujeros de las balas.

Este grupo de mártires está integrado por:

1. MARIANO ALCALÁ PÉREZ, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 11 Mayo 1867 en Andorra, Teruel (España)
martirio: 15 Septiembre 1936 en Andorra, Teruel (España)

2. TOMÁS CARBONELL MIQUEL, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 20 Diciembre 1888 en Jijona, Alicante (España)
martirio: 25 Julio 1936 en Lleida (España)

3. FRANCISCO GARGALLO GASCÓN, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 24 Febrero 1872 en Castellote, Teruel (España)
martirio: 07 Agosto 1936 en Muniesa, Teruel (España)

4. MANUEL SANCHO AGUILAR, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 16 Enero 1874 en Castellote, Teruel (España)
martirio: 07 Agosto 1936 en Muniesa, Teruel (España)

5. MARIANO PINA TURÓN, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 13 Atril 1867 en Híjar, Teruel (España)
martirio: 08 Agosto 1936 en Muniesa, Teruel (España)

6. PEDRO ESTEBAN HERNÁNDEZ, religioso mercedario profeso
nacimiento: 27 Julo 1869 en Híjar, Teruel (España)
martirio: 01 Septiembre 1936 en "Mas de los Sidricos", Híjar, Teruel (España)

7. ANTONIO LAHOZ GAN, religioso mercedario profeso
nacimiento: 22 Octubre 1858 en Híjar, Teruel (España)
martirio: 01 Septiembre 1936 en "Mas de los Sidricos", Híjar, Teruel (España)

8. JOSÉ TRALLERO LOU, religioso mercedario profeso
nacimiento: 28 Diciembre 1903 en Oliete, Teruel (España)
martirio: 05 Agosto 1936 en "Barranco del Agua", Estercurel, Teruel (España)

9. JAIME CODINA CASELLAS, religioso mercedario profeso
nacimiento: 03 Mayo 1901 en Aguilar de Segarra, Barcelona (España)
martirio: 05 Agosto 1936 en "Barranco del Agua", Estercurel, Teruel (España)

10. JOSEP REÑÉ PRENAFETA, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 15 June 1903 en Lleida (España)
martirio: 16 Agosto 1936 en Barcelona (España)

11. ANTONIO GONZÁLEZ PENÍN, religioso mercedario profeso
nacimiento: 01 Marzo 1864 en San Salvador de Rabal, Celanova, Orense (España)
martirio: 10 Agosto 1936 en Barcelona (España)

12. TOMÁS CAMPO MARÍN, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 23 Enero 1879 en Mahamud, Burgos (España)
martirio: 20 Agosto 1936 en Lleida (España)

13. FRANCESC LLAGOSTERA BONET, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 30 Agosto 1883 en Valls, Tarragona (España)
martirio: 20 Agosto 1936 en Lleida (España)

14. SERAPIO SANZ IRANZO, religioso mercedario profeso
nacimiento: 01 Octubre 1879 en Muniesa, Teruel (España)
martirio: 20 Agosto 1936 en Lleida (España)

15. ENRIC MORANTE CHIC, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 23 Septiembre 1896 en Lleida (España)
martirio: 25 Julio 1936 en Lleida (España)

16. JESÚS EDUARD MASSANET FLAQUER, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 16 Enero1899 en Capdepera, Islas Baleares (España)
martirio: 25 Julo 1936 en Lleida (España)

17. AMANCIO MARÍN MÍNGUEZ, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 26 Marzo 1908 en Celada del Camino, Burgos (España)
martirio: 26 Julo 1936 en Binéfar, Huesca (España)

18. LORENZO MORENO NICOLÁS, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 24 Marzo 1899 en Lorca, Murcia (España)
martirio: 03 Noviembre 1936 en Lorca, Murcia (España)

19. FRANCESC MITJÁ i MITJÁ, religioso mercedario profeso
nacimiento: 26 June 1864 en Arbucias, Girona (España)
martirio: Enero 1937 en Ivorra, Lleida (España)

Let's block ads! (Why?)

23:25

Por: . | Fuente: Zenit.org

Sacerdote y Mártir

Martirologio Romano: En Mataró, Cataluña, España, Beato José Samsó i Elías, sacerdote y mártir durante la persecución religiosa en España. ( 1936)

Fecha de beatificación: 23 de enero de 2010, en la basílica de Santa María de Santa María de la ciudad barcelonesa de Mataró –de la que fue párroco–, la ceremonia fue oficiada por el Cardenal Arzobispo de la Archidiócesis de Barcelona, Lluís Martínez Sistach, en representación de S.S. Benedicto XVI.

José Samsó Elías nació en Castellbisbal el 17 de enero de 1887. Cursó la carrera sacerdotal en el Seminario Conciliar de Barcelona, distinguiéndose en todos los cursos por su talento privilegiado y piedad ejemplar, todo lo cual le hacía acreedor de las mejores calificaciones. En los últimos años de su carrera sacerdotal, habiendo fijado en él su atención el Obispo José Laguarda, lo distinguió como su secretario particular, cargo en el cual estuvo hasta que fue consagrado Presbítero el 12 de marzo de 1910, celebrando su primera misa el día de San José, en la Capilla del Centro Obrero de la Sagrada Familia de la calle Calabria de Barcelona.

El 23 de julio de 1910 fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Julián de Argentona. Allí permaneció durante 7 años. El 11 de enero de 1917 fue nombrado párroco de la parroquia de Sant Joan de Mediona. A la muerte del párroco de Santa María de Mataró, Dr. Roig, José Samsó quedó nombrado Ecónomo-Arcipreste de la ciudad de Mataró y titular de dicha parroquia.

Fue un modelo de sacerdote entregado totalmente al ministerio de párroco. Severo consigo mismo, por temperamento y por virtud, pero comprensivo con los demás y dotado de las cualidades de gobierno para regir las comunidades que le fueron encomendadas.

Destacó en el ministerio de la caridad y de la catequesis. Su obra más conocida en este sentido es la Guía para catequistas, preparada ya en marzo de 1936, pero que no fue publicada hasta 1940.

Su dirección espiritual animó a muchas personas a seguir su vocación sacerdotal o religiosa, implantó la puntualidad en el horario de las misas, buscaba la perfección en los actos litúrgicos para alcanzar su máximo esplendor del culto, y trabajó intensamente en la decoración interior de la iglesia de Santa María, que en 1928 fue distinguida con el título de Basílica Menor.

En octubre de 1934, un grupo de hombres armados entró en la rectoría de Santa María, amenazando al rector y a la gente que estaba con él, les obligaron a ir a la nave central y apilar sillas, y le ordenaron al rector que las prendiera. Samsó se negó, a pesar de las amenazas.

Aquellos hombres incendiaron un altar y algunos utensilios. Cuando pudieron llegar algunos feligreses el fuego se pudo apagar. El párroco perdonó a aquellos hombres y no quiso revelar su identidad cuando fue invitado a hacerlo por la autoridad judicial.

Desde ese día y hasta su detención en 1936, el sacerdote manifestó varias veces que se acercaba una persecución de sangre. El peligro para él y su condición de sacerdote y rector le llevó a aceptar generosamente la posibilidad del martirio, con una actitud de esperanza.

Al iniciarse la Guerra Civil, se refugió en casa de unos feligreses, hasta que, en la madrugada del 28 de julio de 1936, intentando abandonar la ciudad por razones de prudencia, fue detenido y encarcelado por su condición de sacerdote. Después de un mes de cautiverio en la prisión de Mataró, se puso precio a su vida, y atado de manos, emprendió su Vía Crucis hacia el cementerio de Mataró, donde fue asesinado el 1 de septiembre de 1936. “Murió perdonando a sus ejecutores y con una gran ejemplaridad cristiana”, han indicado.

Let's block ads! (Why?)

18:44

[unable to retrieve full-text content]

Conmemoración de san Josué, personaje de la Biblia, hijo de Nun, siervo del Señor, que al recibir la imposición de manos por Moisés, fue lleno del espíritu de sabiduría, y a la muerte de Moisés introdujo de modo maravilloso al pueblo de Israel, cruzando el Jordán, en la tierra de promisión (Jos, 1, 1).

18:44

[unable to retrieve full-text content]

Mujer de la ley judía, esposa del rey David y matriarca del antiguo testamento. Una de las siete mujeres consideradas profetas por los escolásticos talmúdicos.

23:20

Por: . | Fuente: ACI Prensa / Encuentra.com

Santos del Nuevo Testamento

Martirologio Romano: En Jerusalén, conmemoración de los santos José de Arimatea y Nicodemo, que recogieron el cuerpo de Jesús bajo la cruz, lo envolvieron en una sábana y lo depositaron en el sepulcro. José, noble decurión y discípulo del Señor, esperaba el reino de Dios, y Nicodemo, fariseo y principal entre los judíos, que había ido de noche a ver a Jesús para interrogarle acerca de su misión, defendió luego su causa ante los sumos sacerdotes y los fariseos que buscaban la detención del Señor. ( s.I)
José de Arimatea

Los cuatro evangelistas le mencionan, aunque muy brevemente, y todos coinciden en señalar su intervención en el mismo episodio, el único por el cual este notable de Jerusalén, miembro del Sanedrín, «hombre rico» según Mateo, «ilustre» según Marcos, aparece de un modo fugaz en la historia de Cristo.

José pide permiso a Pilatos para sepultar a Jesús, y una vez concedido, con la ayuda de Nicodemo desclava el cuerpo de la cruz y lo lleva a un nuevo sepulcro excavado en la roca (por eso la tradición cristiana le hace patrón de embalsamadores y sepultureros). Es cuanto se nos dice de él.

¿Quién fue este piadoso personaje? «Persona buena y honrada», le describe san Lucas, «que aguardaba el reino de Dios», o sea «que era también discípulo de Jesús» (Mateo), «pero clandestino, por miedo a las autoridades judías» (Juan). Un discípulo vergonzante que ahora, «armándose de valor», precisa Marcos, reclama el cuerpo del Maestro.

Jesús acababa de morir ignominiosamente, Pedro ha renegado de Él por tres veces en público, los apóstoles, acobardados y vencidos por el desaliento, se esconden o se dispersan, y en la prueba el único que da la cara, el único que se arma de valor, es un discípulo secreto que hasta ahora no se atrevía a declarar su condición.

José de Arimatea inspira un gran respeto, y la leyenda (que le hace recoger en el Gólgota, con el santo Graal, la sangre de Cristo) subraya esa dignidad del que sale de la sombra en el peor momento con una valentía que no tuvieron los más fieles. Él, quizá mal visto por los apóstoles, que podían reprocharle que no se comprometiera, tiene el incontenible arrojo de los tímidos, la impensada serenidad de los nerviosos, la brusca decisión de los titubeantes, y por eso se le venera, por haber hecho valientemente misericordia con el Señor.

Nicodemo

Autor: Pbro. Dr. Enrique Cases


No todos los fariseos fueron una “raza de víboras”, el mismo San Pablo recuerda con gozo sus orígenes. Nicodemo es un claro ejemplo de un fariseo de buena fe, maestro de Israel, sincero, tímido y desasosegado, sin saber a que carta quedarse. No está dispuesto echar por la borda todo lo que ha aprendido, la Ley y su cumplimiento, su posición, lo que es, pero la presencia de Jesús le desconcierta, por ello acude a Él, aunque con reservas[288].

Juan habla tres veces de Nicodemo, señalándole como el que vino de noche a Jesús[289]. La hora de la visita impresionó al Apóstol. ¿Fue temor o prudencia la visita a escondidas?. El temor de acudir de día para hablar sinceramente con Jesús no era infundado, los hechos confirmarán los temores, y sus compañeros no pararán hasta matar a Cristo. Por otra parte, conviene no precipitarse en una decisión tan importante como aceptar que Jesús es verdaderamente el Mesías esperado, ¿y si era un farsante?. Y al temor se une la prudencia. Los diálogos de Nicodemo con Cristo revelan las dudas de este buen hombre, y la luz que comenzaba a alumbrar en su corazón, pero que encontraba dificultades para establecerse. Pudo más el amor a la verdad que el temor y acudió a ver al Señor, pero de noche.

Así cuenta Juan el primer encuentro: había entre los fariseos un hombre, llamado Nicodemo, judío influyente. Este vino a él de noche y le dijo: Rabbí, sabemos que has venido de parte de Dios como Maestro, pues nadie hace los prodigios que tú haces si Dios no está con él[290].

El clima de la conversación es afable y respetuoso, pero al mismo tiempo exigente. Sus compañeros fariseos se declararon pronto contrarios a Jesús, a pesar de hechos patentes como los milagros y la autoridad con que hablaba Jesús. Se imponía la necesidad de una conversación totalmente sincera, sin discusiones apasionadas, con buena voluntad, y llegando al fondo, para aclarar la cuestión.

El dilema era clave y no admitía dilación ¿era Jesús realmente el Mesías, o no? Admite que es Maestro, pues lo ha oído; tambien acepta que ha venido de parte de Dios, pues ha visto los milagros; pero, ¿es posible llegar más lejos? Ahí radica su duda y su búsqueda cautelosa.

Entre los discípulos debió darse una cierta agitación cuando ven llegar a Nicodemo. Jesús era aceptado por la gente sencilla, también por algunos importantes como Jairo, que era arquisinagogo en Cafarnaúm; pero la mayoría de la gente importante y las autoridades, sobre todo de Jerusalén, no se pronunciaban en público sobre la mesianidad de Jesús, y en privado muchos le contradecían más o menos declaradamente. Los discípulos pensarían que por fin se abría paso entre los importantes el mensaje y la persona de Jesús. Un rayo de luz y alegría iluminaría sus corazones. Conocían ya algo lo difícil que sería la aceptación de Jesús por parte del alto estamento de la sociedad judía, pero no lo conocían todo, Jesús se lo desvelará.

Pertenecía Nicodemo al Sanedrín y a la secta de los fariseos. En tiempos del Señor el Sanedrín tenía una gran importancia, era como el Tribunal Supremo. Es cierto que la autoridad suprema pertenecía a los romanos, y que el rey Herodes tenía unos determinados poderes, pero la autoridad religiosa, que también era jurídica en muchas cuestiones pertenecía al Sanedrín. Nicodemo tendría una información de primera mano en las más importantes cuestiones y habría decidido cosas de transcendencia en muchas ocasiones. Por otra parte era fariseo, es decir, pertenecía al grupo de personas más estrictamente cumplidores de la ley y más espirituales; no como los saduceos que eran más materialistas y oportunistas en cuestiones políticas, o como los herodianos que defendían el poder del rey vasallo de Roma que era Herodes; pero tampoco eran extremistas políticos como los celotes, o extremistas religiosos como los esenios. Sabía bien lo que preguntaba, y sabía bien lo que se jugaba acercándose a Jesús.

Los fariseos en su conjunto se oponían a Jesús porque les enfrentaba con su conciencia ante Dios. Eso les molestaba de una manera especial, porque se atribuían la exclusividad en interpretación de la ley y querían ser considerados como el prototipo de la fidelidad a la ley de Dios, y, por otra parte los defectos de muchos de ellos eran manifiestos. Nicodemo, sin embargo, conocería bien sus pecados ocultos y quizá se daba cuenta de lo falso de muchas de sus actitudes. Si era sincero, como así parece por su conducta posterior, aprobaría las críticas del Señor al fariseísmo.

Estas críticas se pueden resumir en la hipocresía , pero se pueden concretar más. Jesús dice a los que le escuchan que si vuestra justicia no supera a la de los escribas y fariseos no entraréis en el reino de los cielos [291], eso equivale a acusar a los fariseos de incumplimiento de la ley de Dios, lo cual es muy fuerte para los que alardeaban de ser los más fieles cumplidores de ella. La avaricia parece ser otro de los defectos comunes entre ellos, ya que cuando Jesús enseñaba que no podéis servir a Dios y a las riquezas, oían estas cosas los fariseos, que son avaros y se mofaban de él[292]. Su hipocresía queda gráficamente descrita por Jesús cuando les dice vosotros los fariseos limpiáis la copa y el plato por fuera, pero vuestro interior está lleno de rapiña y maldad[293], palabras que se completan con el llamarles sepulcros blanqueados. Jesús podría sacar a la luz pública en cualquier momento sus defectos. La raíz mala corruptora de la doctrina de los fariseos era que su corazón está lejos de Dios (…) enseñando preceptos humanos[294] y que son guías ciegos[295], por ello oran de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para ser vistos de los hombres[296], y cosas semejantes. Un ejemplo claro se advierte cuando con cinismo le presentaron a la mujer adúltera para que la condenase o quedase mal ante el pueblo, Jesús contesta diciendo que el que no tenga pecado tire la primera piedra, y se fueron todos temiendo la mirada y la palabra del Señor que podía descubrir en público sus pecados.

Con este contexto, se entiende mejor la conversación de Nicodemo con Jesús. La introducción está llena de respeto y delicadeza, pero Jesús supera de inmediato las amabilidades corteses y va a lo hondo; necesita golpear con fortaleza para ver si sus palabras son sinceras, o son suaves por fuera, pero falsas por dentro. De hecho en otras ocasiones le preguntaron con suavidad similar escondiendo malicia, como cuando le hacen la capciosa pregunta sobre el tributo al Cesar pregunta que parecía imposible resolver sin caer en alguna contradicción. Jesús contestará a Nicodemo en dos niveles: primero hablando de una vida nueva, luego, cuando ve que no entiende, eleva su mirada haciéndole ver que su ciencia era muy poca y que necesita humildad para entender las verdades divinas.

Así fue la respuesta del Señor: En verdad, en verdad te digo que si uno no nace de nuevo, no puede ver el Reino de Dios[297]. Jesús centra su respuesta en la salvación que ha venido a traer. La nueva vida es una victoria sobre el pecado. San Juan de la Cruz comentando esa superación de las apetencias egoístas y las inclinaciones de la soberbia para poder ir entendiendo a Dios dice por eso se ha de desnudar el alma (…) de su entender, gustar y sentir, para que echando todo lo que es disímil y disconforme con Dios, venga a recibir semejanza de Dios (…); y así se tranforma en Dios [298].

Nicodemo no entiende la respuesta del Señor pues responde ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Acaso puede entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?[299]. Es patente en esta respuesta la dificultad de Nicodemo para entender las palabras espirituales de Jesús. Su interpretación es humana. Quizá pensaba en las objeciones a la reencarnación defendida por los hindúes en el lejano Oriente y por los órficos y los pitagóricos y casi todos los grandes filosófos griegos en Occidente. La respuesta parece la típica de un intelectual acostumbrado a la discusión defensor de la unidad del ser humano. Lo seguro es que no entiende que se pueda dar un nuevo nacimiento eterno y espiritual.

Jesús se lo aclara más a través de ejemplos. En verdad, en verdad te digo que si uno no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo nacido de la carne, carne es; y lo nacido del Espíritu, espíritu es. No te sorprendas de que te he dicho que os he dicho que es preciso nacer de nuevo. El viento sopla donde quiere y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va, así es todo nacido del Espíritu[300]. Jesús habla de algo conocido por Nicodemo: el bautismo con agua de Juan. Este bautismo era un símbolo a través del cual movía a penitencia a los que se acercaban a él; les movía a arrepentirse de sus pecados. Pero al añadir que el nacimiento es del agua y del espíritu le dice que se va añadir algo nuevo: la acción de Espíritu. Dios concederá con el nuevo bautismo el perdón pedido, y lo hace al modo divino, ya que no sólo perdona el pecado, sino que además eleva al hombre a la vida divina. La respuesta va precisando lo que quiere decir Jesús con la imagen del nuevo nacimiento.

Nicodemo manifiesta a Jesús que no le entiende ¿Cómo puede ser esto?. San Agustín explica esta incomprensión diciendo Nicodemo no saboreaba todavía ni este espíritu ni esta vida (…). No conoce otro nacimiento que el de Adán y Eva, e ignora el que se origina de Cristo y de la Iglesia. Sólo entiende la paternidad que engendra para la vida. Existen dos nacimientos; más él sólo tiene noticia de uno. Uno es de la tierra y otro es del Cielo; uno de la carne y otro del Cielo; uno de la carne y otro del Espíritu; uno de la mortalidad, otro de la eternidad; uno de hombre y mujer, y otro de Cristo y la Iglesia. Los dos son únicos. Ni uno ni otro se pueden repetir [301].

Los judíos no tenían el concepto de gracia, ya que se elaboró después en la Iglesia para poder entender mejor lo que Jesús anunciaba; pero sí empleaban la noción de soplo o de viento para explicar la acción de Dios que es Espíritu. Esa acción espiritual produciría un cambio interior en el hombre. Pero Nicodemo no entendió las palabras de Jesús ni cuando utiliza términos que están a su alcance.

Existía un muro en Nicodemo para que entendiera las palabras del Señor y las aceptase. Era el muro de los prejuicios farisaicos, llenos de autosuficiencia. Era el muro de la visión humana poco abierta a lo sobrenatural. No en vano se dice que la soberbia intelectual es la más difícil de vencer. Era preciso destruir ese muro. Entonces Jesús emplea unas palabras aparentemente duras. Le dice ¿Tú eres maestro de Israel y lo ignoras?. Es como decirle: no basta toda tu ciencia de maestro de Israel, ni siquiera tu buena voluntad, es necesario superar una barrera nueva. Jesús está llamando ignorante a uno de los más sabios del momento. Estas palabras podían ser recibidas mal por Nicodemo y decirle con arrogancia que él era sabio oficial, mientras que Jesús era un artesano sin estudios pues no ha frecuentado ninguna de las grandes escuelas de Israel: sería la reacción del orgullo. Pero no incurre en ella Nicodemo, porque busca sinceramente la verdad, le pesa demasiado el fardo de las interpretaciones sin vida, muy eruditas quizás, pero muertas o poco espirituales, sabe que ese modo de pensar le frena para poder entender.

Para recibir la palabra de Dios es necesaria la humildad de los sencillos. Eso es lo que pretende Jesús:la busqueda con humildad de la luz de Dios. Todo el que es de la verdad oye mi voz, dirá en sus discusiones en el Templo. No basta la inteligencia para creer y comprender el mensaje divino, es necesaria la humildad de la voluntad y el deseo de la verdad completa. Convenía superar el muro de la hipocresía, del legalismo, de la utilización de lo religioso con fines temporales, de la avaricia, de la impureza, es decir, es necesario convertirse y estar dispuesto a amar a Dios sobre todas las cosas de verdad. Quizá estos defectos influían sólo indirectamente en Nicodemo, pero estaban ahí, e impedían el paso a la luz sobrenatural y verdaderamente espiritual.

Jesús le aclarará que ahí está la raíz del rechazo de sus amigos fariseos y del conjunto del Sanedrín. Necesitan convertirse con humildad y rechazar el pecado: En verdad, en verdad te digo que hablamos de lo que sabemos, y damos testimonio de lo que hemos visto, pero no recibís nuesto testimonio. Si os he hablado de cosas terrenas y no creéis, ¿cómo ibais a creer si os hablara de cosas celestiales? Pues nadie ha subido al Cielo, sino el que bajó del Cielo, el Hijo del Hombre. Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es preciso que sea levantado el Hijo del Hombre, para que todo el que crea tenga vida eterna en él [302] .

Creer no es una consecuencia de la lógica o un fruto exclusivo del entendimiento humano. Creer es un acto del hombre entero que asiente a la palabra y a la luz de Dios, de ahí lo difícil que resulta a los soberbios y lo sencillo que es para los humildes. San Agustín decía que creer es pensar con asentimiento, con esta expresión resumía que en el acto de fe actúa tanto la inteligencia como la voluntad, es más, el último momento psicológico de la fe está en la voluntad pues decide el asentimiento del entendimiento en un juicio. Santo Tomas de Aquino dice que la fe es un acto del entendimiento, que asiente a una verdad divina por el imperio de la voluntad movida por la gracia divina [303], y añade la acción de la gracia como necesario para creer.

El concilio Vaticano II recoge esta doctrina diciendo que para profesar la fe es necesaria la gracia de Dios que previene y ayuda, y los auxilios internos del Espíritu Santo, que mueve el corazón y le convierte a Dios, abre los ojos de la mente y da a todos la suavidad en el aceptar y creer la verdad [304]. La gracia no le faltó a Nicodemo, pero era necesaria su respuesta, y para ello necesitaba un asentimiento que reuniese humildad y mente abierta.

¿Creyó entonces Nicodemo? Parece que sí, pues su conducta posterior en el Sanedrín y en la crucifixión lo revelan como discípulo de Cristo. Jesús utilizó argumentos que le eran muy familiares. Le dice que el Hijo del Hombre será elevado como la serpiente en el desierto (cfr. Num 21,8-9). ¿Qué ocurrió en el desierto? que el pueblo elegido se rebeló murmurando contra Dios porque desconfiaba de su poder, y fue castigado con las picaduras de serpientes, pero la misericordia divina concedió a Moisés que al colocar una serpiente de metal en el campamento el que la mirase quedase curado. Con estas palabras le hablaba de un signo similar que sería la Cruz. Antes le habla de la humildad de Dios que baja del Cielo para que el hombre pueda superar el estado de pecado y de postración. Ahora le habla de un nuevo acto de humillación semejante al de la serpiente, ya que tendrá frutos de curación y de misericordia, pero sólo para los que quieran mirar, y eso sólo es posible por la humildad.

Es admirable contemplar la actitud del Señor en esta conversación. Jesús dialoga con todos, se pone a su nivel. Habla al pueblo sencillo con parábolas pues los ejemplos son más comprensibles; el uso de la imaginación les era más accesible que la utilización de la mente abstracta. Con los discípulos profundiza más según van progresando en su entendimiento de las realidades sobrenaturales. Con los intelectuales como Nicodemo utiliza un lenguaje más elaborado. Cuando le ponen cuestiones difíciles las resuelve con una lucidez que a todos sorprende. Jesús está abierto siempre al diálogo, pero con autoridad, no buscando un punto medio donde confluyan opiniones diversas, sino dando la Verdad.

La mayoría de los discípulos no seguían a Jesús físicamente -como es natural-, le seguían en el corazón por la fe. Este debió ser el caso de Nicodemo, que entraría pronto en contacto con José de Arimatea miembro también del Sanedrín. No sabemos si existían más seguidores silenciosos de Jesús en el Sanedrín, quizá sí los hubo, pero los evangelios sólo nos hablan de estos dos.

A veces se ha interpretado la visita de Nicodemo a Jesús de noche como si fuese un acto de miedo a sus compañeros fariseos; pero no me parece que sea así. Aunque el interior de las personas suele ser muy complejo,y no es improbable un cierto temor, es más probable que predominase la prudencia. Nicodemo pensaría que si llegaba a la conclusión de que no debía creer en Jesús ¿para qué exponerse a críticas innecesarias?. Y si creía en Jesús le podía ayudar más permaneciendo dentro del Sanedrín, que marchando y manifestando su disconformidad con la mayoría desde fuera.

Así sucedió en la fiesta de los Tabernáculos después de haber pasado un buen tiempo del encuentro con Jesús aquella bendita noche. La multitud estaba fuertemente dividida ante Jesús unos decían: Este es verdaderamente el Profeta. Otros: Este es el Cristo. En cambio otros replicaban: ¿Acaso el Cristo viene de Galilea? ¿No dice la Escritura que el Cristo viene de la descendencia de David y de la ciudad de Belén de donde viene David?[305]. No costaba mucho hacer una averiguación sobre María y José, e incluso investigar lo sucedido en Belén, pero el apasionamiento no admite estudios serios de la verdad.

En el Sanedrín se reprodujo la discusión que se desarrollaba entre la multitud.La mayoría decía ¿Acaso alguien de las autoridades o de los fariseos ha creído en él? Pero esta gente que desconoce la ley, son unos malditos[306]. No se molestan en mirar si algún fariseo cree en él sin presiones ni coacciones, y como Jesús demuestra una y otra vez, tampoco conocen la ley. Pero en este caso es Nicodemo el que sale en defensa del Señor pues les dijo ¿Es que nuestra ley juzga a un hombre sin haber oído antes y conocer lo que ha hecho? Le respondieron: ¿También tú eres de Galilea? investiga y te dará cuenta que ningún profeta surge de Galilea[307].

Y se volvió cada uno a su casa. Es fácil imaginar el estado de ánimo de los que se separaban para acudir a sus casas. Nicodemo iría apesadumbrado de la dureza de corazón de sus compañeros. Los demás murmurarían de él, aunque el argumento que les da no cayó en saco roto, ya que el jueves Santo hicieron un simulacro de juicio para poder decir que se cumplía la ley, aunque estuviesen ofendiendo a Dios claramente y actuando contra la misma letra de la ley.

En aquellos momentos tan agitados de la Semana Santa hay un aspecto que permite vislumbrar el alma de Nicodemo: sus argumentos son serenos y muy pensados. No ofende a nadie con insultos o con recriminaciones más o menos verdaderas. Se da en él la fortaleza de la verdad, pero no hay fanatismo, y mucho menos odio. Jesús insistía que toda la ley de Dios se reduce en amarle con todo el corazón, y que este amor debía extenderse a los demás, también a los que se manifestaban como enemigos. ¿Se había dado ya este paso en Nicodemo? Así lo parece, pues se ve en sus palabras más un ánimo de convencer que de vencer o destruir. Nicodemo, posiblemente respaldado por José de Arimatea, da la cara en público según su condición de conocedor de la ley y con la responsabilidad de pertenecer a las autoridades del pueblo elegido. No sería fácil esta defensa porque le comprometía. Muchos pensarían que se habría dejado convencer por el galileo, y el fantasma de la duda rondaría alrededor suyo a partir de entonces. ¿Será Nicodemo discípulo del galileo se dirían muchos? ¿Cree un fariseo del Sanedrín en Jesús? Es lógico pensar que algunos se sentirían animados a enterarse mejor sobre la persona de Jesús y quizá creer en El; pero otros tratarían a Nicodemo con el odio que ya tenían a Jesús, y que cada vez se manifestaba más violento.

Si observamos la conspiración para detener a Jesús, -juzgarle de un modo sumario y conseguir del Procurador romano su muerte-, vemos como Nicodemo tiene algo que ver en el modo de la intriga.

La conjura consistía en enterarse a través de un traidor pagado de un lugar donde se le pudiese detener sin que el pueblo pudiese salir en su defensa. Tras reunirse de madrugada unos cuantos del Sanedrín en casa de uno de ellos, no en el lugar legal, buscan testigos falsos y amañados para condenarle. Después, antes de que el pueblo se entere, lo llevan al Procurador romano con argumentos capciosos para engañarle y conseguir que firmase su pena de muerte. En pocas horas estaba arreglado el enojoso asunto del galileo. No les convenía que Nicodemo estuviese presente en cada uno de los pasos de la conspiración, o al menos en los más importantes. Ni les interesaba que supiese quien era el traidor, pudiendo así avisar a Jesús sobre el momento de la detención, tampoco convenía que estuviese en la parodia de juicio, aunque esto era menos importante, pues con una mayoría bien preparada se conseguía igual el efecto de condenar al inocente.

Los hechos sucedieron como había sido premeditados, quizá con la sorpresa de que Jesús no hiciese un milagro, ni que los suyos no defendiesen casi a su Maestro. Entre la detención y la condena transcurrieron menos de doce horas. Se consumó la sentencia hacia las doce del mediodía, cuando se realizaba en el Templo en sacrificio oficial del Cordero Pascual. Hacia las tres de la tarde muere Jesús en la Cruz. Aquí aparece de nuevo Nicodemo junto a José de Arimatea, éste rogó a Pilato que le dejara retirar el cuerpo de Jesús. Y Pilato se lo permitió. Vino, pues, y retiró su cuerpo. Nicodemo, el que había ido antes a Jesús de noche, vino trayendo una mezcla de mirra y áloe, como de cien libras. tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos, con los aromas, como es costumbre dar sepultura entre los judíos. En el lugar donde le crucificaron había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo en el que no había sido sepultado nadie, como era la Parasceve de los judíos y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús [308].

La actuación de Nicodemo y de José de Arimatea es valiente. El estado de tensión y de enfrentamiento era total- lleno de mentiras y de violencia, hasta la muerte del Jefe- hace comprensible que si los subordinados dan la cara se les haga seguir la misma suerte que Jesús, o peor. Nicodemo y José se estaban jugando la vida con el acto piadoso de enterrar el cuerpo muerto del Señor con el fin de evitar que se corrompa en la cruz, o lo tiren a la fosa común. Lucas aclara que José de Arimatea no ha consentido en la condena, ni en lo que os otros han ejecutado[309], es decir ha sido también valiente durante el simulacro de juicio.

Hubiera sido muy fácil lamentarse y quedarse en casa para evitarse complicaciones. Nicodemo y José de Arimatea -discípulos ocultos de Cristo- interceden por El desde los altos cargos que ocupan. En la hora de la soledad, del abandono total y del desprecio…, entonces dan la cara audacter (Mc 15,43) …, ¡valentía heroica! [310] .

La valentía heroica de Nicodemo y José contrasta con la actitud temerosa del primer encuentro con Jesús, cuando el primero acude de noche a hablar con el Señor. La fe ha crecido en ese tiempo, y con ella desaparecen los temores; ¿qué puede temer el que sabe en el bando del Salvador del mundo?. Pero los temores no eran infundados. Era fácil que los matasen, más aún por los cargos que detentaban pues les convertían a los ojos de los conspiradores en presuntos cabecillas de una revuelta en favor del nazareno. Su fe fue más audaz que la de los mismos Apóstoles.

Los hechos debieron suceder del siguiente modo: Jesús muere hacia las tres de la tarde. Un poco antes, o un poco después, Nicodemo y José acuden a Pilato. Es entonces cuando se hace aquella extraña noche sin sol al mediodía, tembló la tierra y se abrieron los sepulcros. Muchos de los que se burlaban y escarnecían a Jesús huyen despavoridos. Permanecerían allí María, Juan, las santas mujeres rezando, y los soldados muy a pesar suyo. Entonces irían Nicodemo y José de Arimatea a realizar aquel acto de caridad con el difunto.

La fe de Nicodemo y de José de Arimatea es audaz, pero con una audacia que ya ha sido formada por Cristo. Su audacia es superación del temor a la muerte, pero también del deseo de venganza. No les hubiera sido difícil organizar un grupo de hombres armados y tomarse la justicia por su mano. Esto se ha dado muchas veces en la historia. Nicodemo y José actúan de otro modo, no se erigen en jueces de los asesinos. Saben que Jesús ha dejado que se consumara su muerte convirtiendo el asesinato en un sacrificio redentor. Jesús podía haberse defendido o permitir que los ángeles le defendiesen, pero no lo hizo. ¿Debían ellos seguir otro camino que el escogido por el Maestro? Ellos se unen a ese sacrificio protegiendo el cuerpo de Jesús que es la Víctima del Sacrificio. Desclavan el cuerpo de la cruz, lo limpian, lo ungen con mirra y áloes, aunque no llegan a embalsamarlo por la premura del tiempo, lo envuelven en una sábana, rodean la cabeza con un sudario y lo llevan a un sepulcro nuevo abierto en la roca.

Es significativa la cantidad de perfumes para ungir el Cuerpo del Señor, unas cien libras, es decir, varios kilogramos. ¿Por qué tanto?, porque le quieren y la pobreza debe ser magnánima, no miseria. El pobre de espíritu debe ser sobrio en sus cosas personales y desprendido de las que usa; pero conviene que sea magnánimo cuando lo manda el amor, y, sobre todo el amor a Dios. En este caso se trata de un amor que, además, es desagravio por la crueldad y el odio con que había sido tratado el divino Cuerpo de Nuestro Señor. Nicodemo y José de Arimatea demuestran una vez más que han entendido a Jesús.

Es bueno para el cristiano subir a la cruz con Nicodemo, José de Arimatea y Juan, para ayudar a desclavar el cuerpo de Jesús y descenderlo. Yo subiré con ellos al pie de la Cruz, me apretaré al Cuerpo frío, cadáver de Cristo, con el fuego de mi amor…, lo desclavaré con mis desagravios y mortificaciones…, lo envolveré con el lienzo de mi vida limpia, y lo enterraré en mi pecho de roca viva, de donde nadie me lo podrá arrancar, ¡y ahí, Señor, descansad! [311]. Estas palabras del Beato Josemaría marcan un buen sendero para imitar audazmente los pasos de aquellos discípulos del Señor en cualquier momento de la vida. Vale la pena hacer actos de desagravio y de penitencia para limpiar el cuerpo de Cristo manchado por los pecados de los hombres, los nuestros también.

Antes del entierro, y quizá antes de la limpieza, entregan el Cuerpo de Jesús a su Madre. Ella le ha visto morir, estuvo mirando el Cuerpo exangüe de su Hijo, contemplaría con dolor como le quitan los clavos, aunque lo hiciesen con toda la delicadeza posible. Después se abraza al Cuerpo de su divino Hijo. La lágrimas de la Madre se derraman sobre la sangre del Hijo. Sangre y lágrimas unidas como lo estaban sus corazones. ¿Quién no se conmoverá al ver su dolor?. María besaría sus llagas, heridas hondas y mortales, le arreglaría los cabellos, le limpiaría quizá como cuando era un Niño en sus brazos. Es fácil imaginar la fuerza de sus palabras cuando dijese: ¡Jesús! ¡Hijo mío!, aunque no se quejase diciendo ¿por qué?, pues bien sabía Ella el por qué.

Con esfuerzo separarían a María del Cuerpo de Jesús, eran las seis o las siete de la tarde, anochecía. Debían cumplir el descánso de sábado. Lo llevan al sepulcro y lo cierran con aquella gran piedra. Sólo los que han visto tapar la sepultura de un ser querido pueden comprender el sentimiento de todos, especialmente el de María. Tienen fe, pero duele la separación. Tienen caridad, pero el pecado que ha causado tanto mal hiere; tienen esperanza, pero la voluntad debe levantar el ánimo que llora.

Y se van. Nada más sabemos de Nicodemo y de José de Arimatea. Pero hemos contemplado el cambio interior de dos buscadores de la Verdad, que se han encontrado con Jesús.

Han renacido a una vida nueva y han mirado al que sido levantado a lo alto y han recibido la salvación de Jesús. Sólo nos cabe imaginar el gozo con que vivirían la Resurrección de Jesús y la venida del Espíritu Santo, pero para ellos lo difícil estaba hecho.

Imagen: Cofradía del Santo Entierro de Escacena del Campo, Huelva, España

Let's block ads! (Why?)

23:20

Por: . | Fuente: http://www.churchforum.org || mercaba.org

Acólito. Mártir. Año 1250.

Por el año 1250 el rey Alfonso el sabio escribió: ""Hemos oído decir que algunos seres muy crueles, el Viernes Santo, en recuerdo de la Pasión de Nuestro Señor, roban algún niño cristiano y lo crucifican"". Esto fue lo que hicieron con Santo Dominguito del Val.

Nació este niño en Zaragoza, España, y por sus especiales cualidades de gran piedad y pureza y por su hermosa voz, fue admitido como acólito y cantor de la catedral. Cada día iba de su casa al templo a ayudar a misa, a aprender cantos y a estudiar en la escuela parroquial. En su viaje de ida y vuelta tenía que pasar por entre un barrio de estrechas callejuelas, y algunos de quienes allí habitaban se disgustaban mucho cuando Domingo y sus compañeros cantaban canciones a Cristo por las calles, al pasar por allí.

Y dice las antiguas tradiciones que un adivino anunció que si echaban a las aguas del río el corazón de un cristiano y una hostia consagrada, todos los seguidores de Cristo que bebieran de esas aguas morirían. Entonces algunos de aquellos fanáticos valiédose de tretas consiguieron una hostia consgrada. Luego fueron donde un hombre muy pobre que estaba pasando mucha hambre y le ofrecieron una bolsa de oro si les entregaba el corazón de un niño cristiano, pero lo que les dio ese hombre, a cambio de la bolsa de oro, fue el corazón de un cerdo (el cual es muy parecido al del ser humano) a cambio de la bolsa de oro.

Y siguen diciendo las crónicas que aquellos fanáticos echaron el corazón del cerdo y la santa hostia consagrada, al río que pasaba por la ciudad, y que a los pocos días se produjo una terrible epidemia entre los cerdos de los alrededores y muchos murieron. Y con esto se dieron cuenta los criminales de que el hombre del corazón los había engañado. Entonces se propusieron conseguir ellos personalmente el corazón de un niño cristiano para no equivocarse.

Ya habían obtenido de manos de un sacristán una santa Hostia consagrada, y entonces el Viernes Santo se propusieron sacrificar a un niño repitiendo los tormentos con los cuales en otro tiempo otros crueles hombres mataron a Jesucristo.

Y pasaba Dominguito del Val con su sotana de acólito y de pequeño cantor por enfrente de una de aquellas casas, cuando de pronto, sin tener tiempo ni siquiera de lanzar un grito, unas manotas grandes lo toman por el cuello y le cubren el rostro con un manto, tapándole la boca con una tela para que no pueda pronunciar palabra.

Temblando de pavor por lo que le pueda suceder, siente que lo llevan ante un "tribunal". Le preguntan si persiste en querer seguir siendo seguidor de Cristo, y él exclama que sí, que prefiere la muerte antes que ser traidor a la religión de Nuestro Señor Jesús. Entonces le declaran sentencia a muerte, y así con sus vestidos de acólito y cantor lo crucifican.

Le sacaron el corazón y enviaron a uno de los del grupo para que se fuera con la Hostia Consagrada y el corazón del niño y los arrojara al río para que todos los cristianos que de allí bebieran se murieran. Pero no imaginaban lo que ahora les iba a suceder.

El que llevaba los dos tesoros para echarlos al río, para que nadie sospechara de él, dispuso entrar a un templo y simular que estaba rezando. Y he aquí que de rodillas allí en una banca, abrió el libro donde llevaba la Santa Hostia. Pero unas señoras que estaban allí cerca vieron con admiración que de aquel libro salían resplandores. Se imaginaron que ese hombre debería ser un santo y fuero a comunicar el prodigio a los sacerdotes. Llegaron estos y le pidieron que les mostrara el libro y allí encontraron la Hostia Consagrada. Luego llamaron a las autoridades y estas al revisarlo le encontraron el corazón del niño.

Aquel bandido al verse descubierto se llenó de pavor y propuso que si no lo mataban denunciaría a todos los que habían cometido el crimen. Y así lo hizo. Las autoridades fueron a la casa de los asesinos y los apresaron a todos, y murieron en la horca semejantes criminales (menos el que los denunció, que pagó su pecado con cadena perpetua).

Y desde entonces Dominguito del Val ha sido invocado como patrono de los acólitos o monaguillos y de los pequeños cantores (modernamente se le invoca junto a otro Patrono de estos niños que es Santo Domingo Savio que también fue pequeño cantor y monaguillo).

En estas líneas hemos narrado la historia - leyenda de este santo, sin mencionar razas o creencias de los asesinos, pues siempre es justo que el culpable cargue con su culpa, pero esta no puede ser cargada por aquellos que no son culpables, o lo que es lo mismo: es posible que una persona cargue con la culpa pero aquella no puede ser endosada a todo un pueblo.

Usualmente se identifica a los mentalizadores del martirio de Dominguito de Val como miembros del pueblo judío, no existe ningún dato que confirme esta creencia. El pueblo católico no debe aceptar insinuaciones xenofóbicas de ningún tipo y mucho menos con los miembros del pueblo en el que nacieron Jesús, la Virgen María y todos los Apóstoles, odiar a los hijos de Israel sería no amar a Cristo y a su Iglesia.

Los cristianos debemos amar a todos los pueblos y naciones, repetimos lo dicho ya: es posible que una persona cargue con la culpa pero aquella no puede ser endosada a todo un pueblo.

¡Felicidades a quienes lleven este nombre!

Let's block ads! (Why?)

23:20

Por: . | Fuente: Vatican.va

Fecha de beatificación: Fue beatificado el 5 de septiembre de 2004.
Pere Tarrés i Claret nace el 30 de mayo de 1905 en Manresa, provincia de Barcelona, Cataluña (España).Sus padres Francesc Tarrés Puigdellívol y Carme Claret Masats eran creyentes y ejemplares; tienen otras dos hijas, Francisca y María. Pere es bautizado el 4 de junio en la parroquia de la Virgen del Carmen.

La familia realiza frecuentes traslados (Badalona, Mataró, Barcelona) a causa del trabajo del padre (mecánico); en Badalona Pere es confirmado el 31 de mayo de 1910. Alumno de los Padre escolapios recibe la primera comunión el 1 de mayo de 1913. En 1914 la familia retorna a Manresa y Pere estudia con los padres jesuitas.

Adolescente de carácter alegre y abierto, cariñoso con sus padres y hermanas, amante de la naturaleza, contemplativo, místico con alma de poeta. Habitualmente ayuda en la farmacia del Sr. Josep Balaguer, quien lo encamina hacia la continuación de los estudios.

Obtiene una beca de estudios que le permite concluir el bachiller en el colegio de San Ignacio. Con otra beca de estudios, obtenida con la ayuda de algunos médicos que lo estimaban, puede acceder a la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona. Desde 1921 vive en el barrio popular de Gracia, donde participa del Oratorio de San Felipe Neri y allí, desde 1922 a 1936, es hijo espiritual del P. Jaume Serra.

Es miembro de la Federaciò Jovens Cristians con ardiente celo apostólico. La Federaciò es Acción Católica (A.C.) como el Papa Pío XI la proponía entonces: oración, estudio y acción, bajo la dirección de la jerarquía local. Pere cubre encargos en la Federaciò y en la A. C. contemporáneamente. Para Pere el secreto de la vida espiritual de los militantes está en la devoción eucarística y el amor filial a la Madre de Dios.

En julio de 1925 muere su padre y poco tiempo después su madre sufre un accidente que la deja inválida.

En la Navidad de 1927, estando en Monistrol de Calders, hace el voto de castidad con la aprobación de su director espiritual.

En 1928, después de haber concluido la carrera de Medicina (con premio extraordinario), se establece definitivamente en Barcelona. Durante este período sus hermanas ingresan en el convento de las Concepcionistas. Junto con su compañero, Dr. Gerardo Manresa, funda el sanatorio – clínica de Nuestra Señora de la Merced de Barcelona.

Durante el ejercicio de su profesión de médico es ejemplar en la caridad y en la vida de piedad; jamás pierde aquella alegría contagiosa que le permite tratar con respetuosa familiaridad a los enfermos.

Tarrés el 8 de julio de 1936 se traslada al Monasterio de Monserrat para realizar los ejercicios espirituales, que son interrumpidos el día 21 por el Alzamiento nacional; Pere se traslada a la Generalitat y logra obtener la tutela de la policía para preservar la integridad del Monasterio de la barbarie de los anárquicos. Refugiado en Barcelona lleva, a escondidas, la comunión a los perseguidos por los milicianos rojos y logra escapar a una perquisición realizada en su casa.

En julio de 1938 debe enrolarse en el ejército republicano como médico. Gracias a su coraje y dedicación los mismos soldados piden su promoción a capitán del ejército. Dedicaba parte de su tiempo al estudio del latín y de la filosofía, en preparación a sus futuros estudios sacerdotales y no pierde ocasión de manifestar su fe.

En enero de 1939 retorna a su casa del frente de guerra. El 26 de enero de 1939 se rinde Barcelona al ejército nacional. Integrado en la vida normal continua su actividad de médico, cubre algunos encargos en la A.C. y se prepara para ingresar en el Seminario de Barcelona evento que tendrá lugar el 29 de setiembre de 1939.

En 1941 año en el cual muere su madre recibe las Órdenes menores y el subdiaconado (20 de diciembre) y al año siguiente el diaconado (22 de marzo de 1942). Ordenado presbítero el 30 de mayo de 1942 el obispo lo designa coadjutor (vicario) de la parroquia de San Esteban de Sesrovires el 3 de junio. En 1943, por deseo del Obispo, va a estudiar a la Universidad Pontificia de Salamanca donde obtiene la Licencia en Teología el 13 de noviembre de 1944.

A su retorno a Barcelona recibe los siguientes nombramientos pastorales: vice-asistente diocesano de los jóvenes de la A.C., asistente del centro parroquial de las mujeres y de las jóvenes de A.C. de la parroquia de San Vicente de Sarriá (1944), capellán de la comunidad y del colegio de las Hermanas Franciscanas de la Inmaculada Concepción (1945).

En las distintas obras apostólicas que le encargan no le faltan dificultades que lo hacen sufrir pero él sabe responder con actitudes evangélicas de caridad, prudencia y fortaleza sembrando desde la cruz la tierra de su apostolado. El 17 de noviembre de 1945 escribe en su Diario che se siente sumergido en el océano del apostolado, como había soñado por tanto tiempo, con el mismo fuego y entusiasmo que, desde laico, sintió por la Federaciò. Antes de morir expresará su alegría por el apostolado en la A.C. femenina de Sarriá, afirmando: “Yo soy hijo de obreros. En el cielo trabajaré mucho por todas Uds.”.

Durante las vacaciones en el santuario de la Virgen de Nuria, en el Pirineo de la provincia de Gerona, a 2.000 mt., recibe numerosos grupos de jóvenes de A.C.

También cubre los siguientes encargos: consejero y asesor de los Oblatos laicos benedictinos y de la Unions di scolans di Monserrat –antiguos miembros cantores del coro del monasterio- (1946), director de la Obra de la Visitación de Nuestra Señora, actividad destinada a procurar ayuda material y espiritual a los enfermos pobres (1947); beneficiado de la parroquia de Santa Ana (1949); consejero de la Escuela Católica de enseñanza social de Barcelona (1949); confesor ordinario del Seminario (1949); delegado diocesano de la Protección de la Mujer (1949); director espiritual del Hospital de Las Magdalenas, donde se acogen mujeres en fase terminal, por la prostitución o la extrema miseria moral. Pere Tarrés dejó una huella perenne y benéfica en todos los que lo trataron por actividades apostólicas.

El 17 de mayo de 1950 le realizaron una biopsia cuyo diagnóstico fue linfosarcoma linfoblástico. Tarrés vivió su enfermedad con una actitud de total abandono en Dios y ofreciendo su vida por la santificación de los sacerdotes. El 31 de agosto de 1950, a 45 años, moría en la Clínica que había fundado. Fue sepultado en el cementerio de Montjuic. El 6 de noviembre de 1975 sus restos mortales fueron trasladados a la iglesia parroquial de San Vicente de Sarriá, donde aún reposan.

Reproducido con autorización de Vatican.va

Let's block ads! (Why?)

18:56

[unable to retrieve full-text content]

En Cardona, de Cataluña, san Ramón Nonato, que fue uno de los primeros socios de san Pedro Nolasco en la Orden de la Bienaventurada Virgen María de la Merced, y es tradición que, por el nombre de Cristo, sufrió mucho para la redención de los cautivos (c. 1240).

18:56

[unable to retrieve full-text content]

En Lindisfarne, de Northumberland, san Aidano, obispo y abad, varón de suma mansedumbre, piedad y recto gobierno, que, llamado del monasterio de Iona por el rey Osvaldo, estableció allí su sede episcopal y un monasterio, para dedicarse con eficacia a la evangelización de aquel reino.

18:56

[unable to retrieve full-text content]

En Atenas, san Aristídes, filósofo, notabilísimo por su fe y por su ciencia, que dedicó algunos de sus libros sobre la religión cristiana al emperador Adriano (c. 150).

23:23

Funddora de la Congregación
de Hermanas de la Caridad de Santa Ana

Martirologio Romano: En Zaragoza, en España, beata María Ráfols, virgen, que cerca del hospital de esta ciudad fundó la Congregación de Hermanas de la Caridad de Santa Ana y la dirigió con fortaleza de ánimo por entre muchas dificultades. ( 1853)
Esta «heroína de la caridad», nació en Vilafranca del Penedès, Barcelona, España, el 5 de noviembre de 1781. Sus padres eran sencillos pagesos, campesinos que no tenían muchos recursos. Pero al fallecer su padre cuando ella tenía 9 años, su madre contrajo nuevas nupcias. Con una situación económica más holgada pudieron costear sus estudios en la Enseñanza, un prestigioso colegio de Barcelona; tuvieron en cuenta sus excelentes cualidades porque era inteligente, trabajadora y responsable. Entonces se implicó como voluntaria en el hospital de la Santa Creu, dirigido por las Hermanas Hospitalarias de San Juan de Dios. Su capellán, el P. Juan Bonal Cortada y ella se conocieron a raíz de una epidemia de peste. María supo de primera mano cómo se desvivía él por los afectados, especialmente los pobres. El virtuoso sacerdote precisaba personas expertas en el cuidado de los enfermos para el hospital Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza, y seleccionó un grupo compuesto por doce hombres y doce mujeres, entre los que se hallaba María. Tenía 23 años, pero una madurez y cualidades tales que fue designada responsable de todos y luego superiora de la Congregación de Hermanas de la Caridad de Santa Ana, nacida en el mencionado hospital zaragozano ese mismo año de 1804 en el que se produjo su traslado a la ciudad.

Al llegar a Zaragoza tras un recorrido efectuado en carro y plagado de incomodidades, ella se hincó de rodillas ante la Virgen del Pilar pidiendo su amparo; eso da idea del espíritu que le guiaba. Pronto constató que los medios disponibles en el hospital de Gracia dejaban mucho que desear en todos los aspectos. Además, los trabajadores del centro acogieron de mal grado a los recién llegados y les dispensaron un trato hostil. Desde el principio se percató de la serie de circunstancias que había que solventar. El descontento del personal por su mala retribución, las carencias y la descuidada atención a los enfermos requerían actuar con premura y delicadeza. Pero las presiones hicieron que pasado un tiempo los varones abandonaran el hospital. En cambio las mujeres, con María al frente, prosiguieron su incansable labor. La beata pasó por alto los infundados reparos de la Junta del hospital, la Sitiada, que consideraban que actuaba al margen de su dictamen, y poco más tarde logró la conciliación con su sabiduría, prudencia y caridad. Pero siempre tuvo como péndulo sobre su cabeza la oposición de la Junta que le hizo sufrir y probó su virtud. Sus acciones no caían en saco roto y el obispo de Huesca le propuso crear en la ciudad un centro hospitalario similar al zaragozano. Por lo demás, fue una pionera para la época; abrió brechas para la mujer insospechadas anteriormente especializándose en flebotomía, práctica quirúrgica de la sangría de uso habitual en la medicina de entonces, que validó con el examen oportuno.

Pocos años después de llegar a Zaragoza se desencadenó la guerra, y cuando las tropas napoleónicas sitiaron Zaragoza en 1808, el hospital quedó derruido por las bombas. En esos instantes ella fue una heroica abanderada que expuso su vida auxiliando a los heridos, enfermos y dementes a los que buscaba por las calles, sin excluir a los integrantes del bando enemigo. En medio del fragor de la batalla salió a mendigar pidiendo dinero y comida para los miles de acogidos que había en el hospital. Ante la precariedad, con frecuencia se privaba de su propio sustento. En un intervalo de cuatro meses tuvo que trasladar a los enfermos en tres ocasiones, hasta que se instaló el hospital de convalecientes. En el transcurso de la encarnizada lucha sin cuartel dio nuevas pruebas de una fe admirable demandando ayuda para los enfermos, aunque para ello tuvo que cruzar las filas enemigas acompañada de un par de religiosas. Las mujeres avanzaron por el campo de combate en medio del hostigamiento de los soldados que proferían insultos contra ellas, pero lograron que el general francés Lannes las escuchara, las protegiera, y abriera las puertas de par en par. María le había dejado desarmado con su trato delicado y respetuoso, y el militar se conmovió con ese gesto inaudito. No solo obtuvo los recursos esenciales para la atención de los enfermos, sino que contribuyó a que se salvaran muchas vidas, se concedieran indultos y otras gracias. Esta imagen, de gran fuerza plástica, continúa siendo impactante porque hay que tener en cuenta el momento histórico, la situación y el lugar en el que se produjo tal acto de valentía.

Al terminar la guerra, la nueva Junta rectora del hospital no tuvo en cuenta estos antecedentes heroicos, sino que oprimió a las religiosas. Apartaron al P. Bonal, y el prelado Mons. Suárez de Santander, afín a los franceses, puso a María en la tesitura de dimitir trasladándose a Orcajo, Daroca. La Sitiada demandó la presencia de las hermanas en Zaragoza en 1813 para que se hicieran cargo de la casa de beneficencia. Finalmente en 1824 al ser aprobadas las Constituciones por la diócesis, una vez se solventaron los equívocos que llevaron a su recusación, se restituyó a la beata como superiora. Durante once años se ocupó de los huérfanos y abandonados que se hallaban en la Inclusa que dependía del hospital. Pero en 1834 fue imputada por alta traición. Creyendo que conspiraba contra la reina implicada con los carlistas fue recluida dos meses en una cárcel donde confinaban a personas acusadas por la Inquisición. Después, y pese comprobarse que era un malévolo infundio, fue desterrada al exilio. Ya enferma pidió ser trasladada a la casa de Huesca y allí aún vivió seis años de entrega, en silencio –nadie le oyó proferir ninguna queja–, y confianza en Dios. Con el cambio de gobierno regresó al hospital de Gracia y se ocupó de los niños de la Inclusa. Murió el 30 de agosto de 1853. Juan Pablo II la beatificó el 16 de octubre de 1994. En 1908 tanto el P. Bonal, con causa de beatificación abierta, como ella fueron proclamados «Héroes de los Sitios de Zaragoza».

Let's block ads! (Why?)

23:23

Terciaria Dominica

Es la primera persona, de todo el continente americano, cuya santidad fue reconocida por la Iglesia  luego del respectivo proceso canónico.

Se la festeja el 30 de Agosto en la mayor parte de América y 23 de Agosto en el resto de países

Martirologio Romano: Santa Rosa, virgen, que, insigne desde muy niña por su austera sobriedad de vida, en Lima, en el Perú, vistió el hábito de las Hermanas de la Tercera Orden de Santo Domingo. Entregada a la penitencia y a la oración, y ardiente de celo por la salvación de los pecadores y de la población indígena, aspiraba a dar la vida por ellos, sometiéndose de buena gana a toda clase de sufrimientos para ganarlos para Cristo. Su muerte tuvo lugar el día veinticuatro de agosto. ( 1617).

Fecha de Beatificación: 15 de abril de 1668 por el Papa Clemente IX 15 abr 1668
Fecha de Canonización: 12 de abril de 1671 por el Papa Clemente X

Patronato: Perú, América y las Filipinas, de los jardineros y floristas,.

Etimológicamente:: Rosa = Bella como la flor del rosal.. Viene de la lengua latina.

Breve Biografía


El Papa Inocencio IX dijo de esta santa un elogio admirable: "Probablemente no ha habido en América un misionero que con sus predicaciones haya logrado más conversiones que las que Rosa de Lima obtuvo con su oración y sus mortificaciones". Lo cual es mucho decir.

Isabel Flores de Oliva, hija de Gaspar de Flores y María de Oliva, que por su belleza recibió popularmente el nombre de "Rosa" al que ella añadió "de Santa María" En el bautizo le pusieron el nombre de Isabel, pero luego la mamá al ver que al paso de los años su rostro se volvía sonrosado y hermoso como una rosa, empezó a llamarla con el nombre de Rosa. Y el Sr. Arzobispo al darle la confirmación le puso definitivamente ese nombre, con el cual es conocida ahora en todo el mundo.

En los años en que nació Santa Rosa de Lima, la sociedad de su época, propia de un periodo colonial, esta orientada en varios aspectos por el ideal de tener más. Hay allí familias pudientes, otras de pequeños propietarios y la gran mayoría de campesinos, negros y mulatos, que son tratados como esclavos. La familia de Rosa es de pequeños propietarios. Los padres de Rosa se esfuerzan en darle una seria educación humana además de proporcionarle una sólida formación en la fe.

Lima tiene una comunidad pionera en la evangelización: el convento de Santo Domingo. Allí los seglares pueden participar en la liturgia, reunirse a meditar la Palabra de Dios y colaborar temporalmente en los puestos misionales o "doctrinas".

Desde pequeñita Rosa tuvo una gran inclinación a la oración y a la meditación. Un día rezando ante una imagen de la Virgen María le pareció que el niño Jesús le decía: "Rosa conságrame a mí todo tu amor". Y en adelante se propuso no vivir sino para amar a Jesucristo. Y al oír a su hermano decir que si muchos hombres se enamoraban perdidamente era por la atracción de una larga cabellera ó de una piel muy hermosa, se cortó el cabello y se propuso llevar el rostro cubierto con un velo, para no ser motivo de tentaciones para nadie. Quería dedicarse únicamente a amar a Jesucristo.

Rosa en su interior vive un dilema: por un lado siente vocación de religiosa contemplativa y, por otros, percibe la imperiosa llamada a realizar esta vocación en el interior de su familia, trabajando por el Reino de Dios desde fuera del convento, esto sucedió así:

Se había propuesto irse de monja agustina. Pero el día en que fue a arrodillarse ante la imagen de la Virgen Santísima para pedirle que le iluminara si debía irse de monja ó no, sintió que no podía levantarse del suelo donde estaba arrodillada. Llamó a su hermano a que le ayudara a levantarse pero él tampoco fue capaz de moverla de allí. Entonces se dio cuenta de que la voluntad de Dios era otra y le dijo a Nuestra Señora: "Oh Madre Celestial, si Dios no quiere que yo me vaya a un convento, desisto desde ahora de su idea". Tan pronto pronunció estas palabras quedó totalmente sin parálisis y se pudo levantar del suelo fácilmente.

A sus 20 años encuentra el camino: ser pobre por la fraternidad universal ingresando en la Orden de Predicadores, en su movimiento seglar, había sucedido que ella vino a saber que la más famosa terciaria dominica es Santa Catalina de Siena (29 de abril) y se propuso estudiar su vida e imitarla en todo. Y lo logró de manera admirable. Se fabricó una túnica blanca y el manto negro y el velo también negro para la cabeza, y así empezó a asistir a las reuniones religiosas del templo.

Su padre fracasó en el negocio de una mina y la familia quedó en gran pobreza. Entonces Rosa se dedicó durante varias horas de cada día a cultivar un huerto en el solar de la casa y durante varias horas de la noche a hacer costuras, para ayudar a los gastos del hogar. Como dominica seglar da clases a los niños, incluyendo aprendizaje de instrumentos musicales (guitarra, arpa, cítara). En aquel hogar la vida es sencilla, pero lo necesario nunca falta.

Participa en la Eucaristía en el Convento de Santo Domingo. Al fondo de su casa, en la huerta de sus padres, construye una cabaña, una ermita, con el fin de asimilar más el Evangelio en la oración; allí entra en comunión con Dios, con los hombres y con la naturaleza. Sólo Dios la va retribuyendo y ella se va forjando como mujer de "contemplación en lo secreto". A esto une una serie de mortificaciones. Explica en sus escritos que la mortificación es necesaria para ser saciados por el Espíritu de Dios, para vivir orientados por el Espíritu Santo, para renovar la faz de la tierra a partir de uno mismo. Frente a sus prójimos es una mujer comprensiva: disculpa los errores de los demás, persona las injurias, se empeña en hacer retornar al buen camino a los pecadores, socorre a los enfermos. Se esfuerza en la misericordia y la compasión.

Es difícil encontrar en América otro caso de mujer que haya hecho mayores penitencias, lo primero que se propuso mortificar fue su orgullo, su amor propio, su deseo de aparecer y de ser admirada y conocida. Y en ella, como en todas las cenicientas del mundo se ha cumplido lo que dijo Jesús: "quien se humilla será enaltecido".-

Una segunda penitencia de Rosa de lima fue la de los alimentos. Su ayuno era casi continuo. Y su abstinencia de carnes era perpetua. Comía lo mínimo necesario para no desfallecer de debilidad. Aún los días de mayores calores, no tomaba bebidas refrescantes de ninguna clase, y aunque a veces la sed la atormentaba, le bastaba mirar el crucifijo y recordar la sed de Jesús en la cruz, para tener valor y seguir aguantando su sed, por amor a Dios.

Dormía sobre duras tablas, con un palo por almohada. Alguna vez que le empezaron a llegar deseos de cambiar sus tablas por un colchón y una almohada, miró al crucifijo y le pareció que Jesús le decía: "Mi cruz, era mucho más cruel que todo esto". Y desde ese día nunca más volvió a pensar en buscar un lecho más cómodo.

Los últimos años vivía continuamente en un ambiente de oración mística, con la mente casi ya más en el cielo que en la tierra. Su oración y sus sacrificios y penitencias conseguían numerosas conversiones de pecadores, y aumento de fervor en muchos religiosos y sacerdotes. En la ciudad de Lima había ya una convicción general de que esta muchacha era una verdadera santa.-

Rosa de Lima, pasó los tres últimos años de su vida en la casa de Don Gonzalo de Massa, desde 1614 a 1617. Don Gonzalo era un empleado rico del gobierno y su esposa, María de Uzategui, tenía un gran aprecio por Rosa. Durante la penosa y larga enfermedad que precedió a su muerte, la oración de la joven era: "Señor, auméntame los sufrimientos, pero auméntame en la misma medida tu amor".

Desde 1614 ya cada año al llegar la fiesta de San Bartolomé, el 24 de agosto, demuestra su gran alegría. Y explica el porqué de este comportamiento: "Es que en una fiesta de San Bartolomé iré para siempre a estar cerca de mi redentor Jesucristo". Y así sucedió. El 24 de agosto del año 1617, después de terrible y dolorosa agonía, expiró con la alegría de irse a estar para siempre junto al amadísimo Salvador a los 31 años.

Y a esta muchacha de condición económica pobre y sin muchos estudios, le hicieron un funeral poco común en la ciudad de Lima. La primera cuadra llevaron su ataúd los monseñores de la catedral, como lo hacían cuando moría un arzobispo. La segunda cuadra lo llevaron los senadores (u oidores), como lo hacían cuando moría un virrey. Y la tercera cuadra lo llevaron los religiosos de las Comunidades, para demostrarle su gran veneración. El entierro hubo que postponerlo porque inmensas multitudes querían visitar su cadáver, y filas interminables de fieles pasaban con devota veneración frente a él. Después la sepultaron en una de las paredes del templo

Su cuerpo se venera en la Basílica dominicana de Santo Domingo en Lima. Fue canonizada por Clemente X el 12 de abril de 1671. Desde ese año Toda América Meridional y Filipinas la veneran como patrona.

Así es, como es celebrada como la primera flor de santidad de América, insigne por la fragancia de su penitencia y oración. Dotada de brillantes cualidades y dotes de ingenio que tuvo ya desde niña se consagra al Señor con voto de virginidad. Sintió profunda veneración por Santa Catalina de Siena , con quien se advierte una sorprendente afinidad, así fue como por ello decidió en 1606, inscribirse en la Orden Seglar Dominicana para darse más plenamente a la perfección evangélica.

Esta amante de la soledad dedicó gran parte del tiempo a la contemplación deseando también introducir a otros en los arcanos de la "oración secreta", divulgando para ello libros espirituales. Anima a los sacerdotes para que atraigan a todos al amor a la oración.

Recluida frecuentemente en la pequeña ermita que se hizo en el huerto de sus padres, abrirá su alma a la obra misionera de la Iglesia con celo ardiente por la salvación de los pecadores y de los "indios". Por ellos desea dar su vida y se entrega a duras penitencias, para ganarlos a Cristo. Durante quince años soportará gran aridez espiritual como crisol purificador. También destaca por sus obras de misericordia con los necesitados y oprimidos.

Rosa arde en amor a Jesús en la Eucaristía y en honda piedad para con su Madre, cuyo rosario propaga con infatigable celo, estimando que todo cristiano "debe predicarlo con la palabra y tenerlo grabado en el corazón".

Los milagros empezaron a sucederse en favor de los que invocaban la intercesión de Rosa, y el sumo pontífice la declaró santa y la proclamó Patrona de América Latina, Rosa de Lima, es la más bella rosa que ha producido nuestro continente.

Santa Rosa de Lima

Himno

Cuando, Señor, en quieta lotananza
Se encienden los fulgores de este día,
No dejes avivar nuestra esperanza,
Atiende al corazón que en ti confía.

Van a pasar por manos laboriosas
Los granos de un rosario de ilusiones,
Acógelas, Señor, que son hermosas,
Amor y don de nuestros corazones.

Mujer llena de Dios, oh Santa Rosa,
Vivir para el Señor, para el Amado,
Fue el ansia de tu amor, gracia divina,
Llevada de su fuerza y de su mano.

No olvides los que vamos de camino
Siguiendo en el desierto tus pisadas,
Aboga ante el Señor favor divino,
Seguir como seguiste sus llamadas.

Proclamen nuestros labios la grandeza
Del Padre qu en el Hijo nos dio gozo,
Y, siendo nuestra herencia la pobreza,
Nos colma de su amor el Fuego Santo. Amén

ORACIÓN A SANTA ROSA DE LIMA

Santa Rosa, "Rosa y Reina del Perú", encendida en el amor a Dios y a la fe, te apartaste del mundo y te entregaste a Cristo en medio de admirables penitencias.

Quisiste ser apóstol y llevar a todos los hombres hacia Jesús. Para ello renunciaste a tu hermosura y a tus atractivos humanos, mortificando tu cuerpo... Alcánzanos el camino de la verdadera vida para que lleguemos a gozar un día de los bienes eternos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

ORACIÓN

Oh esclarecida Virgen, Rosa celestial, que con el buen olor de vuestras virtudes habéis llenado de fragancia a toda la Iglesia de Dios y merecido en la gloria una corona inmarcesible; a vuestra protección acudimos para que nos alcances de vuestro celestial Esposo un corazón desprendido de las vanidades del mundo y lleno de amor divino.

¡Oh flor la más hermosa y delicada que ha producido la tierra americana!, portento de la gracia y modelo de las almas que desean seguir de cerca las huellas del Divino Maestro, obtened para nosotros las bendiciones del Señor. Proteged a la Iglesia, sostened a las almas buenas y apartad del pueblo cristiano las tinieblas de los errores para que brille siempre majestuosa la luz de la Fe y para que Jesús, vida nuestra, reine en las inteligencias de todos los hombres y nos admita algún día en su eterna y dichosa mansión. Amén.

¿Quieres saber más? Consulta corazones.org

Let's block ads! (Why?)

23:23

Monje Maronita

Martirologio Romano: En Kfifane, Beato Esteban, en el siglo Yousef (José) Nehmé, religioso profeso libanés de la orden libanesa de los maronitas. ( 1938)

Martirologio Romano: 27 de junio de 2010, durante el pontificado de S.S. Benedicto XVI.

Yousef (José), hijo de Esteban Nehmé y Cristina Badwi, nacido en Marzo de 1889, en Lehfed, un poblado del Municipio Biblos, al Nor-centro del Líbano, era el menor de 4 hermanos en una familia humilde, su único medio de vida es el cultivo de la tierra.

En 1905, con apenas 16 años de vida se dirige al convento de la Orden Libanesa Maronita en Kfifan, a un día de camino de Lehfed para ingresar a la vida monástica, con el nombre de Estefan, en honor al patrón de su pueblo y su padre.

En agosto de 1907 ofrendó sus promesas monásticas para iniciar una vida llena de humildad, sencillez y servicio al prójimo, de un monasterio a otro en las montañas de mi país.

Pasaron los tiempos y Estefan llego a ser Jefe de Trecho en el monasterio, cultivando, cosechando y manteniendo la tierra.

El 30 de agosto de 1938, a los 49 años de edad se marchó el Hermano Nehmé a la casa del Padre, 12 años después abren el ataúd y encuentran el cuerpo puro e intacto y desde entonces las multitudes visitan al Hermano Monje para obtener muchas bendiciones y milagros con su intercesión.

El sábado 27 de marzo de 2010, S.S. Benedicto XVI firmó el decreto referente a un milagro atribuido a la intercesión del Beato Esteban Nehmé.

Let's block ads! (Why?)

18:31

[unable to retrieve full-text content]

En Roma, conmemoración de san Pammaquio (Palmaquio o Pammaquio), senador, notable por su preparación en lo relativo a la fe y por su generosidad hacia los pobres. Por su piedad para con Dios fue fundado el título en el monte Celio.

23:23

Por: . | Fuente: Clairval.com

Fundadora

Martirologio Romano: En Renes, en Francia, Santa María de la Cruz (Juana) Jugan, virgen, que fundó la Congregación de las Hermanitas de los Pobres, para pedir limosna por Dios para los pobres, y expulsada injustamente de la dirección del Instituto, pasó el resto de su vida en la oración y en la humildad. ( 1879)

Fecha de canonización: 11 de octubre de 2009, durante el pontificado de S.S. Benedicto XVI.

Breve Biografía


Juana Jugan nace en Cancale (Bretaña - Francia) el 25 de octubre de 1792, y es bautizada aquel mismo día. Es la quinta de una familia de siete hermanos. Su padre, marino como la mayoría de los habitantes de Cancale, desaparece en el mar el año en que Juana cumple su cuarto cumpleaños. La pequeña Juana aprende enseguida de su madre a realizar las tareas domésticas, a cuidar de los animales y, sobre todo, a rezar. Al igual que otras muchas iglesias, la de Cancale había sido cerrada por la Revolución. Ya no hay catecismo organizado, pero muchos niños reciben instrucción en secreto por parte de personas piadosas. En 1803, Juana recibe la primera Comunión. A partir de aquel día se vuelve especialmente obediente y dulce, dispuesta para el trabajo y asidua a la oración.

«No encontrarás mejor partido»

A finales de 1816 tiene lugar en Cancale una gran «Misión»: unos veinte sacerdotes se reparten los sermones, el catecismo, el Rosario, las confesiones, las visitas a domicilio, etc. Son días de gracias y de fervor por toda la parroquia. En medio de la oración, Juana siente brotar en su corazón un enorme deseo de consagrarse al servicio de los pobres por amor de Dios, sin esperar recompensa humana alguna. Al final de la Misión, rechaza definitivamente una petición de matrimonio. Su madre le pregunta: «¿Por qué lo has rechazado? No encontrarás mejor partido. – El Señor me reserva para una obra que aún no se ha fundado», responde Juana.

Al año siguiente, Juana abandona Cancale y a su familia para servir a Cristo en medio de los pobres y vivir como pobre entre ellos, entrando como enfermera en el hospital Rosais de Saint-Servan. Pero, al cabo de varios años de servicio, cae gravemente enferma. Una persona caritativa, la señorita Lecoq, la acoge en su casa. Durante doce años, llevarán las dos una vida en común, condicionada por la oración, la Misa diaria, la visita a los pobres y la catequesis a los niños. Tras la muerte de la señorita Lecoq, Juana conoce a Francisca Aubert, que comparte el mismo ideal de vida. Alquilan una vivienda y se consagran al cuidado de los pobres. Muy pronto se les agrega una joven de diecisiete años: Virginia Trénadiel.

Una tarde, Juana regresa, con aspecto preocupado, de su jornada de trabajo. Francisca vigila la sopa mientras hila en la rueca. Juana le dice: «Acabo de visitar a una persona digna de lástima... ¡Imagínate una anciana ciega, medio paralítica, completamente sola en un cuchitril y en estos primeros fríos del invierno!... Francisca, ¿qué te parece si la traemos a casa? Para los gastos, trabajaré más. – Como quieras, Juana». La ciega se llama Ana Chauvin. Al día siguiente, Juana la recoge y la acuesta en su propia cama. La inválida siente preocupación: «¿Cómo harán para alimentarme? ¿Dónde se acostará usted si me da su cama? – No se preocupe», responde Juana. Unos días más tarde, una vieja soltera, Isabel Quéru, tiritando de frío, llama tímidamente a la puerta. Había servido sin sueldo, durante muchos años, a unos dueños arruinados. A la muerte de éstos, se había quedado sin protección y sin recursos. «Isabel, le dice Juana, es el Señor quien le envía. Quédese con nosotras».

Una amiga de Virginia, María Jamet, no tarda en relacionarse con Juana y la gente de su casa. El 15 de octubre de 1840, las tres amigas fundan una pequeña asociación de caridad dirigida por el párroco Augusto Le Pailleur, vicario de Saint-Servan. Francisca Aubert acepta ayudarlas en lo que respecta a las curas y a los remiendos, pero se considera demasiado mayor para comprometerse más a fondo. En contrapartida, una joven obrera de veintisiete años, muy enferma, Magdalena Bourges, que había sido acogida y curada por Juana, se incorpora a aquel pequeño grupo. De ese modo, en torno a las dos mujeres mayores, acaba de nacer una pequeña célula, embrión de una gran congregación que se llamará de las «Hermanitas de los pobres».

«Con mi cesto...»

Muy pronto, otros ancianos indigentes solicitan ser hospedados, y las hermanas se trasladan a otros locales más amplios. Pero la generosidad de los amigos y los ingresos de las hermanas, de cuyo trabajo vive la casa, ya no son suficientes. Las ancianas que tenían costumbre de mendigar le dicen a Juana: «¡Reemplácenos, mendigue por nosotras!». Un religioso de San Juan de Dios mueve a la fundadora a que siga ese consejo y le entrega su primer cesto de la colecta. La orgullosa naturaleza bretona de Juana se rebela ante esa necesidad, pero al final se decide. Más tarde les dirá a las novicias: «Os mandarán a la colecta, hijas mías, y os costará mucho. También yo la hice, con mi cesto; me costaba mucho, pero lo hacía por el Señor y por los pobres». He aquí el origen de la colecta, principal fuente de ingresos de las Hermanitas de los pobres.

En sus rondas, Juana pide dinero, pero también dádivas en especie, como verduras, sábanas usadas, lana, un caldero, etc. Pero no siempre es bien recibida. Un día, llama a la puerta de un anciano rico y avaro; consigue persuadirlo y recibe una buena ofrenda. Al día siguiente, la limosnera se presenta de nuevo en su casa, pero esta vez él se enfada. «Señor, responde ella, mis pobres tenían hambre ayer, también hoy tienen hambre y mañana seguirán teniendo hambre...». Ya más tranquilo, el bienhechor entrega una limosna y promete seguir haciéndolo. En otra ocasión, un viejo soltero, enfadado, le pega una bofetada. Ella le dice con humildad: «Gracias; eso es para mí. ¡Pero ahora déme algo para mis pobres, por favor!». Tanta mansedumbre abre el monedero del solterón. De ese modo, con la sonrisa, consigue invitar a los ricos a la reflexión, al descubrimiento de las necesidades de los pobres, y la colecta se convierte en una verdadera evangelización, en una llamada a la conversión del corazón.

Juana Jugan siente aversión por la ociosidad. «La Virgen era pobre, le gusta repetir. Hacía como los pobres: no perdía el tiempo, pues los pobres nunca deben estar desopucados». Tras haber conseguido unas ruecas, hiladoras y devanaderas, las entrega a sus internas menos impedidas, quienes, orgullosas de aportar con su trabajo algún dinero a la bolsa comunitaria, se toman mayor interés en la vida del asilo.

Poco a poco, Juana y sus amigas se organizan. Llevan una vestimenta semejante, un nombre de religión –el de Juana es «sor María de la Cruz»– y pronuncian votos privados, de obediencia y de castidad. Algo más tarde añaden los de pobreza y hospitalidad. Por este último se consagran a la acogida de los ancianos pobres. A finales de 1843, las hermanas tienen a su cargo unas cuarenta personas, hombres y mujeres. El 8 de diciembre, proceden a elegir a su superiora, cuyo cargo vuelve a recaer por unanimidad en Juana. Pero el día 23, el párroco Le Pailleur impone su autoridad y anula esa elección, designando como superiora a María Jamet, que tiene sólo 23 años (Juana tiene 51). El sacerdote teme, en efecto, no poder dirigir la congregación a su antojo con Juana, cuya experiencia y celebridad le molestan. Juana mira el crucifijo de la pared, después una estatuilla de la Virgen, y se arrodilla ante su sustituta, prometiéndole obediencia. En adelante su misión consistirá en hacer la colecta.

Un alma menos templada habría retrocedido ante la perspectiva de perder el gobierno de una casa organizada a su manera, para convertirse en una mendiga. «A mi entender –declaró un religioso franciscano originario de Cancale–, por parte de mi venerable compatriota, el hecho de ser desposeída de su puesto de superiora y de convertirse en una simple mendiga fue un gran acto de virtud, porque las mujeres de Cancale son más bien independientes, incluso autoritarias, y antes prefieren mandar que obedecer». A partir del 24 de diciembre, a pesar del riguroso ayuno de aquella vigilia de Navidad, Juana vuelve a sus rondas de colecta. «¡Cuántas pruebas y méritos –exclamó un orador– supone esa colecta llena de angustias, realizada siempre para cubrir las necesidades de ese día o del siguiente! ¡Había que salir a pesar del tiempo, sufrir el calor, el frío o la lluvia, abordar a todo tipo de gente, recorrer largos trayectos y llevar pesados fardos!». Pero el alma de Juana está «verdaderamente imbuída del misterio de Cristo Redentor, en especial en su Pasión y Cruz» (Juan Pablo II, 3 de octubre de 1982).

¿Madre o hija?

Unida a Cristo, Juana acepta de corazón las humillaciones, llegando incluso a amarlas y a buscarlas. Quizás, una de las que más le cuesta sobrellevar es, a causa de su orgullo nativo, la que procede de la manera en que la superiora le prodiga sus advertencias. En una carta del 26 de enero de 1846, María Jamet, veintisiete años más joven que Juana, le escribe: «Querida hija... ¡Qué bueno es Dios, que permite que una pobre como tú sea tan bien acogida!... Sin embargo, hija mía, procura no ser importuna, y si llegas a molestar, aunque sea poco, no abuses de la bondad de esa excelente persona... Te recomiendo que tengas cuidado de no concebir ningún sentimiento de amor propio. Debes convencerte de que, si actúan contigo de ese modo, no es a causa de ti, sino que es Dios quien lo permite para bien de sus pobres. En cuanto a ti, considérate como lo que eres en realidad, es decir, pobre, débil, miserable e incapaz de todo bien... Tu madre, María Jamet». Juana recibe esos consejos con dulzura y humildad.

El desarrollo de la obra obliga a extender las colectas más lejos. Juana es enviada a Rennes, donde, desde los primeros días se fija en los mendigos, sobre todo en los más viejos, que necesitan auxilio con urgencia. Sin duda alguna, hay que fundar una casa en esa ciudad. Con la ayuda de San José, el 25 de marzo de 1846 adquieren una casa. Juana vuelve a sus colectas por las ciudades del oeste de Francia. Se inauguran casas en Dinan, Tours, París, Besançon, Nantes, Angers, etc. Varias veces, porque ha sabido conquistar la confianza de todos, Juana consigue salvar del desastre a la obra, cuya dirección le ha sido usurpada. Ella acude, obtiene los fondos que faltan, anima a unos y a otros y se eclipsa para ayudar en otros lugares. Parece como si no tuviera dónde reposar la cabeza, pero ella se apoya por completo en la Providencia.

«¡San José, queremos mantequilla!»

Es deseo de Juana Jugan que las personas mayores se sientan realmente como en su casa en los lugares de acogida. Un día, en la fundación de Angers, se da cuenta de que los ancianos comen el pan sin nada. «¡Estamos en el país de la mantequilla!, exclama. ¿Por qué no le pedís a San José?». Enciende una lamparilla ante la estatua del padre putativo de Jesús, manda que traigan todos los recipientes de mantequilla vacíos y coloca un cartel: «San José, mándanos mantequilla para los ancianos». Los visitantes se extrañan o se divierten ante semejante candor, pero bajo esa aparente ingenuidad se esconde una profunda fe. Unos días más tarde, un donante anónimo envía un lote muy importante de mantequilla, con el que se llenan todos los recipientes. También es deseo de Juana procurar alegría a sus pobres, por lo que se dirige al coronel de la guarnición de Angers y le pide que, por la tarde de un día festivo, envíe a algunos músicos del regimiento para alegrar a sus ancianos. «Hermana, le voy a enviar toda la banda para complacerla y para regocijo de todos sus ancianos». Y la banda militar de Angers acude a contribuir a la alegría de la fiesta.

En mayo de 1852, el arzobispo de Rennes, donde se encuentra la casa madre de las hermanas, aprueba oficialmente los estatutos de la obra, dándole el nombre de Familia de las Hermanitas de los pobres. Las hermanas, al socorrer a las personas mayores abandonadas, ponen de relieve el insustituible valor de la vida humana en la vejez. Su testimonio adquiere una importancia muy especial en nuestra época, en que los progresos de la técnica y de la medicina suponen una prolongación de la esperanza media de vida.

La estima hacia los ancianos se basa en la ley natural expresada en el mandamiento de Dios Honra a tu padre y a tu madre (Dt 5, 16). «Honrar a las personas mayores implica un triple deber para con ellos: acogerlos, asistirlos y dar valor a sus cualidades» (Juan Pablo II, Carta a las personas mayores, 11-12). Las personas mayores necesitan asistencia con motivo de la disminución de sus fuerzas y de eventuales dolencias, pero, en contrapartida, pueden aportar mucho a la sociedad. Las vicisitudes que han debido soportar durante su vida les han dotado de una experiencia y de una madurez que les mueven a contemplar los acontecimientos de este mundo con mayor sensatez. Siguiendo sus enseñanzas, las generaciones más jóvenes pueden tomar lecciones de historia que deberían ayudarles a no repetir los errores del pasado. Nuestra sociedad, dominada por las prisas y la agitación, olvida los principales interrogantes que conciernen a la vocación, a la dignidad y al destino del hombre. En ese contexto, los valores afectivos, morales y religiosos que han podido vivir las personas mayores representan una fuente indispensable para el equilibrio de la sociedad, de las familias y de las personas. Frente al individualismo, nos recuerdan que nadie puede vivir solo, y que es necesaria la solidaridad entre las generaciones, de manera que cada una pueda enriquecerse con los dones de las demás.

Misioneras en la tercera edad

Las personas mayores cumplen igualmente una misión evangelizadora; en muchas familias los niños pequeños reciben de sus abuelos los primeros rudimentos de la fe. Los ancianos, incluso los más enfermos o quienes se ven privados de la movilidad, pueden cumplir también, para el bien de la Iglesia y del mundo, el servicio de la oración. A través de ésta participan tanto de los dolores como de las alegrías de los demás, rompiendo el círculo del aislamiento y de la impotencia. Tomando fuerzas de la oración, son capaces de infundir ánimos, mediante el testimonio de un sufrimiento asumido en el abandono a Dios y la paciencia.

Las personas mayores encuentran ocasión de completar, en sus carnes y en su corazón, lo que le falta a la Pasión de Cristo (cf. Col 1, 24), ofreciendo la prueba de la enfermedad y del sufrimiento –que es su destino común– a la intención de la Iglesia y del mundo. Pero, para poder realizar dicha misión, necesitan sentirse amadas y respetadas, pues no resulta fácil aceptar el sufrimiento con humildad. Por eso, las personas que padecen grandes sufrimientos son tentadas en ocasiones por la exasperación y la desesperanza. Entonces, las personas allegadas pueden sentirse inclinadas, debido a una compasión mal entendida, a considerar razonable la provocación directa de la muerte (la eutanasia). Pero, «a pesar de las intenciones y de las circunstancias, la eutanasia sigue siendo un acto intrínsecamente malo, una violación de la ley de Dios y una ofensa a la dignidad de la persona humana» (Juan Pablo II, Carta a las personas mayores, 9; cf. encíclica Evangelium vitae, 65). Solamente Dios determina el principio y el fin de la vida humana, según su designio de Creador, y llama a cada persona a ser su hijo mediante la participación en su propia vida divina. Esa dignidad incomparable procede de Cristo, quien, en la Encarnación, «se unió en cierto modo a todo hombre» (Vaticano II, Gaudium et Spes, 22); por lo tanto debe ser respetada. Es la razón principal de la consagración de las Hermanitas de los pobres a los ancianos, en quienes Juana Jugan les enseñó a ver a Jesucristo.

«Se la cedo de buen grado»

Después de haber servido a Cristo con sus colectas, la beata acabará sus días en el silencio. En efecto, durante el transcurso del año 1852, el párroco Le Pailleur le ordena que se retire a la casa madre. En adelante ya no mantendrá relaciones regulares con los bienhechores, ni funciones destacadas en la congregación. Aún vivirá veintisiete años, oculta a los ojos de los hombres, ocupada en humildes tareas domésticas y sin ninguna reivindicación. Con gran lucidez sobre esa situación, su corazón sigue siendo lo suficientemente libre como para decirle de broma al padre Le Pailleur: «Me ha robado usted mi obra; pero se la cedo de buen grado». En la primavera de 1856, la casa madre de las Hermanitas se traslada a una extensa propiedad que han comprado a treinta y cinco kilómetros de Rennes: la Tour Saint-Joseph, donde Juana prodiga consejos espirituales a las novicias. En las horas difíciles les dice: «Cuando os encontréis al límite de vuestra paciencia y de vuestras fuerzas, cuando os sintáis solas e impotentes, id al encuentro de Jesús; Él os espera en la capilla. Decidle esto: «Sabes muy bien lo que ocurre, Jesús mío, sólo tú lo sabes todo. Ven en mi ayuda». Luego os marcháis, y no os preocupéis por cómo tengáis que actuar; basta con que se lo hayáis dicho al Señor; él tiene buena memoria».

Insiste a las novicias para que no multipliquen demasiado las oraciones: «Cansaréis a los ancianos, se aburrirán y se irán a fumar... incluso durante el Rosario». Con las jóvenes comparte sus experiencias: «Hay que estar siempre de buen humor; a nuestros ancianitos no les gustan las caras tristes... No hay que tener miedo a cocinar, ni tampoco a curarlos cuando están enfermos. Hay que ser como una madre para quienes saben darnos las gracias y también para quienes no saben reconocer todo lo que hacéis por ellos. Repetíos a vosotras mismas: «¡Por ti lo hago, Jesús mío!»». Y además: «Antes de actuar hay que rezar y reflexionar. Es lo que he hecho durante toda la vida: sopesaba todas mis palabras».

En los últimos años de su vida, Juana habla con frecuencia, aunque con serenidad, de su muerte. Pero, antes de partir, tendrá una última alegría. El 1 de marzo de 1879, León XIII aprueba definitivamente las constituciones de las Hermanitas de los pobres. En aquel momento, la congregación cuenta aproximadamente con 2.400 hermanas y 177 casas de acogida. El 29 de agosto siguiente, Juana se extingue dulcemente después de decir: «¡Oh, María, madre mía, ven conmigo. Sabes que te amo y que tengo ganas de verte!». Una vida de tanta humildad tenía que producir muchos frutos. En el umbral del tercer milenio, 3.460 Hermanitas dan vida a 221 casas, repartidas por los 5 continentes. Por una maravillosa consideración de la Providencia, siguen viviendo principalmente de las dádivas que reciben.

Con motivo de la beatificación de Juana Jugan (Octubre 3 / 1982), el Papa Juan Pablo II decía: «La Iglesia entera y la propia sociedad no pueden sino admirar y aplaudir el maravilloso crecimiento de la pequeña semilla depositada en tierra bretona por esta humilde joven de Cancale, tan pobre de bienes pero tan rica de fe... Et exaltavit humiles (Ensalza a los humildes). Esta frase tan conocida del Magnificat colma mi espíritu y mi corazón de gozo y de emoción... La atenta lectura de las biografías dedicadas a Juana Jugan y a su epopeya de caridad evangélica, me inducen a decir que Dios no podía dejar de glorificar a tan humilde servidora... Al recomendar a menudo a las Hermanitas con frases como «¡Sed pequeñas, muy pequeñas! ¡Conservad ese espíritu de humildad y de sencillez! Si llegáramos a creernos que somos algo, la congregación dejaría de bendecir a Dios y nos desmoronaríamos», Juana estaba revelando en realidad su propia experiencia espiritual... En nuestro tiempo, el orgullo, la búsqueda de la eficacia, la tentación de los medios de poder, están ganando actualidad en el mundo, y también a veces, por desgracia, en la Iglesia. Son un obstáculo para el advenimiento del reino de Dios. Por eso la fisonomía espiritual de Juana Jugan es capaz de atraer a los discípulos de Cristo y de llenar sus corazones de esperanza y de alegría evangélica, tomadas de Dios y del olvido de sí mismo».

Fue canonizada el 11 de octubre de 2009.

Reproducido con autorización expresa de Abadía San José de Clairval

Let's block ads! (Why?)

Hermanos Franciscanos

Formulario de contacto

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *

Con tecnología de Blogger.