04/12/20

23:49

Por: . | Fuente: Religión en Libertad

El niño mártir de la sotana

Martirologio Romano: En Piane di Monchio, Módena (Italia), seminarista asesinado por odio a la fe. ( 1945)

Fecha de beatificación: 5 de octubre de 2013, durante el pontificado de S.S. Francisco

Rolando nació en 1931 en San Valentino, cerca de Castellarano (Reggio Emilia), como el segundo de los tres hijos de Roberto y Albertina, granjeros de profunda fe y religiosidad. Muy pronto sitió la vocación sacerdotal, e ingresó en 1942, con sólo once años, en el seminario de Marola. El 1 de octubre lo apuntó como el día más feliz: fue cuando tomó la sotana.

Solía animar a sus compañeros con estas palabras: "Un día, con la ayuda de Dios, seremos sacerdotes. Yo seré misionero. Quiero llevar a Jesús a quienes no Le conocen. Nuestro deber como sacerdotes es rezar mucho y salvar almas para llevarlas al paraíso".

Los meses más duros

En 1944, cuando Italia cambió de bando en la Segunda Guerra Mundial y fue invadida por los alemanes, el adolescente Rivi tuvo que abandonar los estudios, porque los nazis cerraron el centro y dispersaron a los seminaristas enviándolos a sus casas.

Fuera del seminario y sin haber recibido ni las órdenes menores, Rolando no tenía obligación de llevar la sotana, pero siguió haciéndolo mientras mantenía su colaboración con la Acción Católica y daba catequesis en la iglesia. Y eso que los tiempos eran peligrosos. En su región había numerosas partidas comunistas que realizaban acciones de sabotaje contra los alemanes, pero que preparaban también el futuro del país mostrando su odio a la Iglesia, con el asesinato de varios sacerdotes.

La sotana, señal de pertenencia a Jesús

"¡Quítate la sotana! Es mejor que no la utilices", le rogaban sus padres. Pero el niño daba muestras de determinación: "Pero ¿por qué? ¿Qué mal hago llevándolo? No tengo ninguna razón para dejar de usarlo. Estudio para ser sacerdote y debo vestir en señal de que pertenezco a Jesús". En alguna ocasión, los partisanos de la zona le habían insultado con obscenidades al encontrarse con él en algún camino. En el pueblo le conocían como "el curita". "No tengo miedo ni estoy asustado. No puedo esconderme. Pertenezco a Dios", respondía a quien le aconsejaba que vistiese de seglar.

Rolando continuó sus prácticas de piedad en la parroquia de su pueblo, donde el párroco, Olinto Marzocchini, fue atacado en una ocasión por los comunistas, así como el joven sacerdote Alberto Camellini, recién llegado a San Valentino.

El chico tenía gran admiración por su párroco: "¡Qué hermoso ser como él! ¡Celebrar misa con Jesús en mis manos, llevar el alma de Jesús...!". Con esa devoción, el 10 de abril de 1945 tocó el organo y acompañó al coro en la misa solemne, y al terminar recogió sus cosas y, ataviado con su inseparable sotana, atravesó el bosque camino a su hogar, adonde nunca llegó.

El crimen, la gloria

Sus padres y vecinos temieron lo peor. Se le buscó durante tres días, hasta que su padre y Don Alberto encontraron el cadáver, plagado de señales de tortura y martirio. Como se supo después, el joven seminarista padeció tres días continuados de tormentos y humillaciones, con insultos a Dios, Cristo y la Iglesia. Lo primero que le hicieron fue quitarle la sotana y pegarle a conciencia con un cinturón.

Al final le llevaron entre los árboles de Piane di Monchio, dejando un reguero de sangre por las heridas causadas. El niño lloró pidiendo que le perdonasen la vida, pero cuando recibió una patada como respuesta, comprendió que todo era inútil. Sólo rogó que le dejasen rezar antes de morir. Lo hizo por sus padres y por sus asesinos. Luego recibió dos tiros, uno en la cabeza y otro cerca del corazón, y le semienterraron. La sotana se la quedaron los asesinos como trofeo y la anudaron para convertirla en pelota de fútbol.

Tras un entierro sumario, después de la liberación, el 29 de mayo, recibió el homenaje de todos los parroquianos, y su tumba comenzó a ser lugar de peregrinación, con diversas curaciones atribuidas a su intercesión. En 2006 se abrió en la diócesis de Modena su causa de beatificación, y tras certificar en mayo de 2012 la correspondiente comisión de la Congregación que su muerte fue un martirio in odium fidei, este Jueves Santo el Papa Francisco lo proclamó para todo el mundo, preludio de su beatificación.

Un sueño hecho realidad de otra forma

Pocos días antes de morir, justo el Jueves Santo de 1945, Rolando había escrito este pensamiento: "Jesús, te doy gracias porque te nos has dado en la Santa Hostia y estás siempre con nosotros. Ayúdame a volver pronto al seminario para convertirme en sacerdote". Jesús hizo algo mejor: asimilarle a su Calvario para llevarle más deprisa a la gloria.

El 28 de marzo de 2013 S.S. Francisco firmó el decreto reconociemdo el martirio de este Siervo de Dios.

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Sacerdote diocesano

Martirologio Romano: En Chiuso, Lecco (Italia), Beato Serafino Morazzone, sacerdote de la arquidiócesis de Milán. ( 1822)

Fecha de beatificación: 26 de junio de 2011, bajo el pontificado de S.S. Benedicto XVI

El Padre Serafino Morazzone fue beatificado casi dos siglos después de su muerte. Es otro "Cura de Ars", se dijo a él, con la diferencia de que este es muy italiano y menos conocido que el otro, aunque entre los dos hay una extraordinaria armonía humana y espiritual.

De origen humilde, ya que su familia es pobre y numerosa. Su padre tiene un pequeño negocio revendiendo cereales y vive en un modesto apartamento en Milán, en el distrito de Brera, allí es donde el 1 de febrero de 1747 nace Serafino. Dado que desea ser sacerdote pero carece del dinero para pagar los estudios, los jesuitas lo acogen gratuitamente en el colegio de Brera.

Aceleradamente, como se acostumbraba entonces, este chico humilde, sencillo y fiel a sus compromisos va realizando las distintas etapas de su formación sacerdotal: a los 13 años recibe la sotana, a los 14 la tonsura, a los 16 las dos primeras órdenes menores. A los 18 años, para pagar sus estudios, trabaja de acólito en la Catedral: por diez libras al mes, por la mañana presta servicio al altar y por la tarde estudia teología. Así por casi ocho años, siempre fiel, puntual, cortés y sonriente.

A los 24 años recibió las restantes órdenes menores y dos años más tarde, una sorpresa, le hacen concursar por Chiuso, en Lecco, una pequeña parroquia que en esos tiempos tenía 185 habitantes y a la que nadie aspira. Ganó el concurso, pero aun no es sacerdote, por lo que en un mes recibió el subdiaconado, el diaconado y la ordenación sacerdotal y al día siguiente ya está establecido en Chiuso, donde permanecerá por 49 años, es decir, hasta su muerte.

Fue su deseo permanecer allí, ya que cuando le ofrecen parroquias más importantes o cargos más honorables, él siempre indicaba que prefería seguir siendo tan sólo "el buen cura de Chiuso", parroquia de la que no se apartará jamás. Testigos presenciales certificaron las largas horas que permanecía de rodillas en la iglesia parroquial y las interminables que permanecía en el confesionario para recibir a los penitentes. Obviamente no sólo los suyos, sino también los que acudían de todo Lecco y zonas vecinas.

En Chiuso –como ocurría también en Ars- se hacen largas colas para confesarse con el "beato Serafino", como le llamaban sus contemporáneos, Morazzone tan sólo se considera un pobre pecador, infinitamente necesitado de la misericordia de Dios y las oraciones de los demás. Sus oraciones obtienen milagros, pero él no se da cuenta, pero él no se da cuenta, ocupado tratando de no descuidar a ni uno solo de sus feligreses. Si alguien está enfermo lo va a visitar en la tarde o por la noche, si no podía hacerlo de día, y así todos los días, hasta cuando se curan o cierran para siempre los ojos. Sus visitas no tan sólo eran para llevarles el consuelo de la religión sino que incluso los mejores alimentos y todo aquello que le es regalado lo reparte entre los pobres y enfermos, incluso llega a regalar su colchón, comodidad de la que prescindió durante mucho tiempo porque nadie se dio cuenta de aquel gesto de caridad.

A los más pequeños, además del catecismo, les enseña a leer y contar, en una especie de escuela que abrió en la casa parroquial, tal vez por recordar lo que él mismo tuvo que luchar cuando de niño quería estudiar.

Murió el 13 de abril de 1822.

responsable de la traducción: Xavier Villalta


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Por: . | Fuente: heiligen-3s.nl

Monja Cisterciense

Martirologio Romano: En el monasterio cisterciense de Roosendaal, en Brabante, Países Bajos, beata Ida, virgen, que desde joven sufrió por parte de su padre antes de entrar en la vida religiosa, y con la austeridad cotidiana imitó en su cuerpo a Cristo sufriente. ( 1290)

Breve Biografía

Vivió en el siglo XIII en Lovaina, donde su padre era dueño de un floreciente comercio de vinos que vivía en las obras académicas y de la ciudad de Lovaina y la preocupación de que sólo de acumular riqueza y disfrute de los bienes terrenales.

Ida en un principio no se distinguía de las niñas de su edad. Pero desde los 18 años de edad comenzó una vida de penitencia y de oración; manifestó su intención de convertirse en monja a lo que su padre se opuso completamente. Ella no vivió más en el interior de la casa, se construyó una choza miserable, en el exterior. Además, recibió en su cuerpo los signos de las heridas del Señor (estigmas). Trataron de ocultar las cicatrices, pero los dolores que ella sentía eran muchas veces muy notorios. Sus padres y toda la familia se avergonzaban de ella, y trataron mediante el acoso y el menosprecio el hacerla cambiar de opinión.

Finalmente la determinación de Ida triunfó, se incorporó a la abadía cisterciense de Roosendaal en Mechelen (Malinas). El hecho de que toda su gente le haya dado las espaldas, la ayudó a concentrarse más en entregarle todo su amor al Señor mediante la oración. Era notoria el poder de su oración, la gente decía que ella brillaba por su santidad, a tal punto que incluso en la noche podía leer o coser, esto posiblemente sea una leyenda dorada, lo cierto es que ella se dedicó a la oración, la contemplación y el trabajo manual, incluyendo la transcripción de los libros preferidos, pero nunca evitó las tareas más humildes, siempre disponible para servir a las hermanas.

Los fenómenos místicos continuaron, con frecuentes momentos de éxtasis, se le atribuyen varios milagros y muchas conversiones. Fallecido el 13 de abril de un año alrededor de 1290, por supuesto, el lugar de descanso final fue su convento. Este fue destruido en 1576 por los Geuzen1. En 1600 fue reconstruido, pero el culto y veneración a la Beata Ida no se reactivó sino hasta 1719 en que su nombre fue incluido en sendos calendarios publicados por monasterios benedictinos y cistercienses.

1 Gauzen o Mendigos nombre tomado por insurgentes calvinistas neerlandeses en la Guerra de los Ochenta Años contra España y la Iglesia Católica.

responsable de la traducción: Xavier Villalta

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17:07

SAN HERMENEGILDO


Mártir


En Tarragona, ciudad de Hispania, hoy España, san Hermenegildo, mártir, que, siendo hijo de Leovigildo, rey arriano de los visigodos, se convirtió a la fe católica por mediación de san Leandro, obispo de Sevilla. Recluido en la cárcel por disposición del rey, al haberse negado a recibir la comunión de manos de un obispo arriano, el día de la fiesta de Pascua fue degollado por mandato de su propio padre. (†586)

Fecha de canonización: En 1585 por el Papa Sixto V.Primogénito del rey visigodo Leovigildo, profesa la religión de sus padres —el arrianismo— hasta que, bajo la influencia de su esposa y de San Leandro, Obispo de Sevilla, se convierte al catolicismo. Ante la persecución desencadenada por su padre contra los católicos, le declara la guerra en el año 582. Vencido y hecho prisionero por Leovigildo, muere mártir de su fe en 585. — Fiesta: 13 de abril.

El reino visigodo alcanza su apogeo con Leovigildo, que asocia al gobierno a sus dos hijos, Hermenegildo y Recaredo, con el fin de asegurar la continuidad de la monarquía en su propia familia. Quizá ello fue causa de muchas conjuraciones surgidas durante su reinado, en el seno de la nobleza, las cuales fueron reprimidas con mano firme. Recuérdese que la monarquía visigoda era electiva teóricamente, siguiendo un principio germánico.

Leovigildo era un guerrero afortunado y un hábil político, y no cejó en su empeño.

La aspiración fundamental del gran rey visigodo era la unidad política, y creía que la sola base sólida de ésta estaba en la unidad religiosa.

No andaba equivocado en tal visión; pero sí lo anduvo en el enfoque de la unidad religiosa a base del arrianismo.

Los visigodos vinieron a España arrianos. Ésta fue la gran tragedia de su monarquía y la gran tragedia de España.

La diferencia de religión ahondó y exacerbó la que había entre dominadores y dominados, desde el punto de vista étnico. Los primeros, germánicos; los segundos, hispano-romanos en su inmensa mayoría.

La diferencia de religión impidió la fusión espiritual de los dos pueblos, y aun su simple soldadura.

De haber venido los invasores católicos o paganos, el hermanamiento perfecto se hubiese realizado pronto y fácilmente. Recuérdese la conversión masiva de los franceses en los tempranos días de Clodoveo...

La tragedia se proyectó ampliamente sobre nuestra Historia, la cual hubiese sido muy otra con la unidad católica del reino visigodo, realizada a tiempo, y no con una tardanza y una premiosidad que no permitieron solidificarla y convertirla en muro infranqueable a la invasión musulmana, fruto directo de la fragilidad de la política y de las rencillas intestinas de los godos.

Repitámoslo: Leovigildo —que había dado unos pasos hacia la unidad política sometiendo a los vascones y a los suevos, y estructurando una admirable obra legislativa— se equivocó al querer unificar a la nación en el arrianismo... Perdió miserablemente un tiempo precioso.

En la misma Casa real había una católica: Ingunda, hermana del rey de Austrasia, Childeberto II, que en el año 579 se había casado con Hermenegildo.

En cambio, su abuela Godsuinta, casada en segundas nupcias con Leovigildo, intentó por todos los medios que abrazara el arrianismo, sin éxito alguno.

Para terminar con aquel malestar doméstico, Leovigildo decide que el matrimonio Hermenegildo-Ingunda se traslade a Sevilla, donde el monarca necesita un representante de toda confianza.

Allí los dos vivirán en paz, y quizá ella ceda algún día.

Lo que sucedió fue que Hermenegildo, en la paz familiar y rodeado de una corte adicta, fue penetrando en la auténtica doctrina cristiana.

Su corazón de esposo amante acepta las insinuaciones de Ingunda, que le llevan a tratar frecuentemente con el entonces Obispo de Sevilla, San Leandro. A través de este trato llega al conocimiento de la falsedad del arrianismo, que niega dogmas tan fundamentales como la divinidad de Jesucristo, y la naturaleza de la Santísima Trinidad, viendo cómo la verdad está en toda su plenitud en el catolicismo.

Es entonces cuando abjura el arrianismo para abrazar la fe católica, tomando en su bautismo el nombre de Juan. Mientras tanto, Leovigildo había intensificado sus esfuerzos para conseguir a toda costa la unidad religiosa en el arrianismo. Para ello reúne un Concilio de obispos arrianos en Toledo, que facilita —con el reconocimiento de la validez del bautismo católico— la apostasía, exigiendo sólo la confesión de una fórmula trinitaria herética. Mas como esto no basta para atraer a los católicos, una tenaz persecución se desencadena contra ellos.

En este estado de cosas, la noticia de la conversión de Hermenegildo llega a Toledo, consiguiendo exasperar a su padre que, instigado por Godsuinta, intensifica sus iras para contrarrestar el movimiento hacia el catolicismo que podía seguirse de aquel hecho. Mas todo fue inútil. En la provincia Bética todos los ciudadanos, compactamente, se agrupan en torno a Hermenegildo, en quien ven al defensor de sus ideales religiosos y políticos.

La postura de aquellos católicos se hace belicosa, imponente. El príncipe —aunque seguramente no sin tortura interior— se lanza a la guerra contra su padre. Es la libertad de los católicos en la profesión de sus creencias la que está en juego, muchas ciudades y castillos se han declarado en favor de Hermenegildo, a la vez que sus embajadores buscan la ayuda de los suevos, de los francos y bizantinos, todos ellos pueblos católicos.

Pero Leovigildo no está dispuesto a tolerar la rebelión de su hijo, e inicia una afortunada campaña, conquistando Cáceres y Mérida; y cortando el paso a los suevos y sobornando al general bizantino, deja a Hermenegildo sin una preciosa ayuda, del todo necesaria para sus planes bélicos.

El príncipe se prepara para la defensa; pone a salvo a su mujer y a su hijo en territorio bizantino, y al frente de los suyos resiste heroicamente en Sevilla hasta que, caída la ciudad, escapa a Córdoba, donde se acoge al asilo de un templo.

Parece que aquí es donde interviene su hermano Recaredo, que le ofrece, en nombre de su padre, la conservación de la vida, si se entrega.

Acepta Hermenegildo quien, convertido en prisionero, va a parar a Tarragona, en cuya cárcel es coaccionado para que abrace nuevamente el arrianismo. No cede la firmeza del príncipe, que se mantiene fiel a su fe, muriendo asesinado, en el mismo calabozo, al negarse a recibir la comunión de manos de un obispo arriano.

Sucedía esto en el año 585, y no se hizo esperar el fruto de aquella sangre vertida en defensa de la fe católica. Antes de un año, en el 586, fallecía Leovigildo recomendando a su hijo Recaredo que se convirtiese al catolicismo, cosa que hizo inmediatamente.

Y a los cuatro años del martirio de Hermenegildo, todo el pueblo visigodo abjuraba solemnemente el arrianismo, con lo que se conseguía aquella unidad que Leovigildo tanto deseara.

Hermanos Franciscanos

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