01/23/17

23:22

Por: . | Fuente: Franciscanos.org

Terciaria Franciscana

Martirologio Romano: En Binaco, cerca de Milán, en la Lombardía (hoy Italia), beata Paula Gambara Costa, viuda, que perteneció a la Tercera Orden de San Francisco y se distinguió por la paciencia con que soportó a su violento esposo hasta lograr su conversión, así como por la caridad exquisita que demostró hacia los pobres (1515).

Fecha de beatificación: El papa Gregorio XVI confirmó su culto inmemorial el 14 de agosto de 1845.

Nace en Brescia (Italia), de la noble familia de los Gambara, en la segunda mitad del siglo XV, y es educada esmeradamente por sus padres, saliendo la joven inclinada a la piedad y las buenas obras.

Pero a los 16 años contrae matrimonio con Luis Costa, conde de Bema, persona muy mundana y aficionada a los placeres y diversiones. Paula, joven e inexperta, se deja arrastrar por su esposo a una vida similar, enfriándose en ella la vida de piedad que había llevado antes de su matrimonio. Pero la providencia divina dispone que pasara por Brescia el Beato Ángel de Clavasio que con su predicación y el ejemplo de su vida franciscana arrastraba a muchas almas a un tenor de vida más acorde con la condición cristiana. Paula quedó impactada por su palabra y se puso bajo su dirección espiritual, aconsejándola el director que se adscribiese a la Tercera Orden franciscana y realizase los ejercicios de devoción y caridad propios de ella. Así lo hace Paula y se entrega con gran fervor a la oración, la mortificación y las obras de misericordia, socorriendo a los pobres en sus casas y visitando los hospitales, consolando a los tristes y ayudando a los más necesitados.

Su marido no comprende ni participa de los nuevos sentimientos de su esposa, la cual se ve increpada, maltratada y vejada por el esposo; pero ella lo lleva en silencio y ofrece a Dios su calvario. Para colmo, la servidumbre de la casa, visto el trato que le da el conde, deja de tenerle el respeto que le era debido. También esto lo lleva Paula con entera resignación.

Pero el ejemplo de paciencia y humildad de Paula cala en el ánimo de su esposo, el cual termina pensando que la vida de su esposa es más acorde con la recta conciencia que la suya propia, y un día reconoce su error y se une al estilo de vida de Paula, a la que le permite vestir incluso en la calle el hábito franciscano. Y así, en santa armonía, pasan unos años hasta que el Señor llama a sí al conde Luis. Paula se entrega entonces por completo a la meditación y a las buenas obras, llevando una vida ejemplar que edifica a toda Binaco, la población donde vive y donde tuvo lugar su santa muerte el 24 de enero del año 1515.

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Por: . | Fuente: Santiebeati.it || EWTN.com

Laicos Mártires

Martirologio Romano: En Pratulin, en la región de Siedlce, en Polonia, beatos Vicente Lewoniuk y doce compañeros, mártires, que por no haber cedido a las amenazas y halagos de los que querían apartarlos de la Iglesia católica, y por no haber querido entregar las llaves de la parroquia, fueron heridos mortalmente y asesinados.(1874)

Fecha de beatificación: 6 de octubre de 1996 por el Papa Juan Pablo II.

Breve Semblanza

El beato Vicente (Wincenty) Lewoniuk y sus 12 compañeros eran católicos de Rito Bizantino que viven en Podlasie, la región oriental de la Polonia actual. En el siglo XVIII después del reordenamiento fronterizo del reino de Polonia-Lituania, esta área terminó siendo parte del imperio ruso.

Una de las intenciones de los soberanos rusos era incorporar a todos los católicos de Rito Oriental a la Iglesia Ortodoxa Rusa: en 1784 Catalina II suprimió la Iglesia católica griega en Ucrania; en 1839 Nicolás I hizo lo mismo en Bielorrusia y Lituania; y en 1874 Alejandro II persiguió una política similar en la única diócesis restante del Rito Bizantino, la de Chelm. El Obispo y aquellos sacerdotes que rechazaron unirse a la Iglesia Ortodoxa ya habían sido deportados a Siberia o encarcelados. Le tocó al laicado, desprovisto de pastores, el defender su Iglesia, su liturgia y su unión con el Papa.

El 24 de enero de 1874 un acontecimiento extraordinario ocurrió en el pueblo de Pratulin. Los soldados vinieron al pueblo para transferir la parroquia local a la Iglesia Ortodoxa. Los fieles se despidieron de sus familias y amigos y poniéndose sus mejores ropas nuevas se apostaron frente a su templo para luchar por "las cosas santas".

Al principio el oficial trató de dispersar a la gente, pero ellos se quedaron. Entonces él prometió que recibirían "favores del zar" por unirse a la Iglesia Ortodoxa, pero esto ellos rechazaron esta propuesta. Entonces el oficial comenzó a amenazar a la gente con muchas clases de castigos, pero ellos permanecieron en sus sitios alrededor de la iglesia. El oficial entendió que no tendría éxito, entonces ordenó a sus hombres preparar las armas. El grupo de fieles católicos se arrodilló, esperando la muerte mientras cantaban himnos. Ellos no contestaron las ofensas de los soldados, tan sólo se decían entre ellos: "Es dulce morir para la fe".

La orden fue dada y los soldados dispararon, matando a 13 de ellos. Los mártires eran todos laicos, la mayor parte de ellos casados y padres de familias. Sus edades oscilaban entre los 19 y 50, la mayoría estaba entre los 20 y 30 años. Ellos eran gente ordinaria; no tenemos mucha información sobre sus vidas pero la opinión general es que eran personas de una fe fuerte y profunda.

Los mártires fueron enterrados por los soldados rusos sin respeto alguno; no permitieron a sus familias participar en el entierro, confiaban que poco tiempo después todo esto sería olvidado. El zar oficialmente suprimió la diócesis de Chelm en 1875.

Los 13 Mártires

Vicente (Wincenty) Lewoniuk, nacido en Krzyczew (Polonia) en 1849, casado, de 25años. Hombre piadoso y de buena reputación. Fue el primero en dar la vida en defensa de la iglesia y por ello ocupa el primer lugar del presente grupo.

Daniel Karmasz, nació en Przedmiecie Pratulin (Polonia) el 22 de diciembre de 1826, casado, de 48 años. Por testimonio de su hijo sabemos que era un hombre de sentimientos religiosos. Presidente de la cofradía parroquial, durante la defensa de la iglesia se puso frente al grupo de fieles llevando una cruz que todavía hoy le es conservada a Pratulin.

Lucas (Lukasz) Bojko, nacido en Zaczopki (Polonia) el 29 de octubre de 1852, célibe, de 22 años. Su hermano testificó que era un hombre honesto, religioso y de buena reputación. Durante la defensa de la iglesia tocaba las campanas.

Constantino (Konstanty) Bojko, nacido en Derlo (Polonia) el 25 de agosto de 1825, casado, de 45 años. Hombre bueno y piadoso. Herido gravemente durante la defensa de la iglesia, murió en su casa el día siguiente. Con su mujer, Irene, tenían siete hijos.

Constantino (Konstanty) Lukaszuk, nacido en Zaczopki (Polonia) en 1829, casado, de 45 años. Fue herido en la defensa de la iglesia y eso provocó su muerte.

Aniceto (Anicet) Hryciuk, nacido en Zaczopki (Polonia) en 1855, célibe, de 19 años. Joven bueno, religioso y educado en el amor hacia la iglesia. Saliendo de casa con la comida para los defensores de la iglesia a Pratulin, le dijo a su madre: "Quizás también yo seré digno de dar la vida por la fe".

Felipe (Filip) Geryluk, nacido en Zaczopki (Polonia) el 26 de noviembre de 1830, casado, de 44 años. Por el testimonio de su nieto conocemos que era un buen padre de familia, piadoso y honesto. En la defensa de la Iglesia animó a los otros a la perseverancia y él mismo dio su vida por la fe.

Honorio (Onufry) Wasyluk, nacido en Zaczopki (Polonia) en 1853, de 21 años. Buen católico y hombre justo, estimados por todos.

Bartolomé (Bartlomiej) Osypiuk, nacido en Bohukaly (Polonia) el 3 de septiembre de 1843, de 30 años. Casado con Natalia, tuvo dos hijos. Respetado por todos en la aldea por su honestidad, prudencia y religiosidad. Gravemente herido, fue transportado a casa, donde murió implorando perdón para los soldados rusos.

Ignacio (Ignacy) Franczuk, nacido en Derlo (Polonia) en 1824, de 50 años. Casado con Elena, tuvo siete hijos. Del testimonio de su hijo sabemos que educó a sus hijos en el temor de Dios. La fidelidad a Dios era para él lo más importante. Preparándose para ir a Pratulin para defender la iglesia, se vistió con ropa limpia afirmando que todo podría suceder, incluso que él no volviera más. Después de la muerte de Daniel Karmasz tomó la cruz y se puso en la primera fila de los defensores.

Juan (Jan) Andrzejuk, nacido en Drelów (Polonia) el 9 de abril de 1848, de 26 años. Casado con Marina con quien tuvo dos hijos. Estimado por todos como hombre bueno y prudente. Mientras se encaminó a Pratulin para defender la iglesia, se despidió de todos suponiendo que podría ser la última vez. Gravemente herido fue transportado a casa, dónde murió durante la noche.

Máximo (Maksym) Hawryluk, nacido en Bohukaly (Polonia) el 2 de mayo de 1840, de 34 años. Casado con Domenica, estimado por la gente cuál hombre bueno y honesto. Gravemente herido, murió el día seguante.

Miguel (Michal) Wawryszuk, nacido en Derlo (Polonia) en 1853, célibe, de 21 años. Trabajó en la finca de Paolo Pikula en Derlo. Gozaba buena fama. Gravemente herido, murió el día siguiente en Derlo.


responsable de la traducción: Xavier Villalta

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Sacerdote

Martirologio Romano: En Roma, beato Timoteo (José) Giaccardo, presbítero, que instruyó a muchos discípulos en la Pía Sociedad de San Pablo, para anunciar el Evangelio por medio de los instrumentos de comunicación social (1948).

Fecha de beatificación: 22 de octubre de 1989 por el Papa Juan Pablo II.


Nació en Narzole (Cuneo-Italia) el 13 de junio de 1896. Fue bautizado el mismo día, con los nombres de José y Domingo. Jovencito aún, se encontró con el P. Santiago Alberione, quien lo encaminó hacia el seminario diocesano de Alba.

La amistad con el P. Alberione lo hizo sensible a las nuevas necesidades de los tiempos y se abrió a los nuevos medios pastorales de evangelización. En consecuencia, con el consentimiento de su obispo, en el 1917, con 21 años, pasó del seminario diocesano a la naciente Sociedad de San Pablo, siendo encar-gado por el P. Alberione como maestro de los primeros aspirantes a paulinos. Lo llamaban el Señor Maestro, y con ese nombre se quedó.

Las condiciones históricas eran tales que parecía irrealizable se concediera el sacerdocio ministerial a los jóvenes del P. Alberione. La mayoría del clero diocesano veía posible que fueran ordenados los primeros paulinos, llamados por broma “los curas del mono y de la campera”. El mismo clérigo Giaccardo, del seminario diocesano, al presentarse al obispo para pedirle poder integrarse en la Sociedad de San Pablo, escuchó la seca pregunta: “¿Estás dispuesto a renunciar a tu hábito clerical y al sacerdocio?”. Con dolor en el corazón, pero sin titubear, aceptó esas condiciones, y las ofreció a Dios por medio de María con tal de seguir la vocación paulina que él sentía clarísima.

El P. Alberione, firme en su fe y confianza, espera en silencio y en oración que Dios hiciera resonar la hora de la aprobación canónica de la Congregación y de la ordenación sacerdotal para sus jóvenes, llamados al ministerio de la predicación mediante la palabra escrita. Y así, ante la sorpresa y el estupor de todos, pudo ver a su clérigo Giaccardo ordenado sacerdote, en 1919, por su mismo obispo, quien anteriormente le había pedido la renuncia al hábito y al sacerdocio si quería ser paulino. Y además, su ordenación se adelantó a la edad canónicamente requerida, mediante la oportuna dispensa, debido también a una imprevista circuístancia: para que su madre, enferma de gravedad, lo viera ordenado sacerdote antes de morir.

Fue el primer sacerdote paulino y el primer Vicario General de la Sociedad de San Pablo. Su vida es un ejemplo actual de cómo se puede conciliar la más alta perfección con la más intensa actividad apostólica. “Modelo para todos los sacerdotes paulinos”, como declaró el Fundador.

Él fue para el Beato Alberione como el “hijo de la promesa”, a semejanza de Isaac para Abrahán. En él podía el Fundador ver su descendencia y reconocer la primera realización de la promesa. Con la ordenación de Giaccardo la Familia Paulina se injertaba en la Iglesia mediante el sacerdocio apostólico, en sintonía con el mandato de Jesús: “Vayan por todo el mundo y hagan discípulos míos en todas las naciones”.

La ordenación sacerdotal del P. Giaccardo marcó una fecha histórica para la Familia Paulina por otra razón: él era el primer sacerdote paulino ordenado expresamente para un ministerio nuevo en la Iglesia. Así la predicación realizada con los medios de comunicación social quedaba implícitamente considerada como verdadera evangelización. Lo que el Concilio Vaticano II sancionaría medio siglo más tarde en el decreto “Inter mirifica”, era ya anunciado en la ordenación sacerdotal del P. Giaccardo.

El padre Santiago Alberione vio en este hecho una clara respuesta de Dios a su fe en la propia vocación y misión. Comprendió que sería la vocación y misión de una gran Familia fundada sobre el sacerdocio de Cristo, en la línea del Magisterio de la Iglesia y del ministerio apostólico; Familia heredera de la gracia y del apostolado de san Pablo; enviada para anunciar el Evangelio de Cristo a todos los hombres a través de los nuevos medios de comunicación social.

Por otra parte, el P. Giaccardo representa el anillo de enganche entre el Fundador y las nuevas comunidades nacidas de la comunidad madre de Alba: él fue el primero que guió la migración de los dos grupos, masculino y femenino que dieron origen a las comunidades romanas. En enero de 1926, teniendo en cuenta su gran amor al Papa, el Fundador lo envió a Roma para abrir y poner en marcha la primera casa filial de la Congregación.

El Fundador le había dicho: “Te mando a Roma en gracia de tu amor a san Pablo y por tu fidelidad al Papa. Estoy convencido de que al Divino Maestro le agradará tener en Roma, junto a su Vicario que representa el Evangelio “hablado”, también una voz que representa el Evangelio “impreso”. Dicho por inciso: “La Voz” era el título del primer periódico editado por los paulinos en Roma, y que les había cedido la Diócesis.

El beato Giaccardo escribió más tarde en su diario: “Yo, en la Congregación, no tuve la misión de lanzar nuevas iniciativas, sino de educar, plantar, integrar nuestra Sociedad de San Pablo en la Iglesia de Roma, sobre la roca de san Pedro, sobre la apostolicidad de san Pablo; y he comprobado la paciencia de Dios en asistirme para llevar a cabo este ministerio”.

Podemos afirmar así que, mediante el P. Giaccardo, la Familia Paulina se enraíza, incluso visiblemente y localmente, en la herencia de los apóstoles, representada por la sede de Roma.
Como el beato Santiago Alberione fue el “padre” que, en la luz de su misión especial, dio vida a las varias ramas de la Familia Paulina, el beato Timoteo Giaccardo, su primer hijo espiritual, transmitió y profundizó la herencia alberoniana. Sin reflejar nunca el cansancio ni calcular la fatiga, sin concederse un día de vacaciones, compartió durante treinta años con el padre Alberione la solicitud por cada una de las Congregaciones paulinas, en sus difíciles comienzos y en su desarrollo, como “llevándo-las en brazos”.

El padre Giaccardo tuvo plena conciencia de esta su segunda misión. Escribía en su diario: “Me parece ver claro que se define cada vez más este segundo ministerio: conservar, interpretar, hacer penetrar y fluir el espíritu y las directrices del Primer Maestro; y yo acepto con espíritu de humildad este ministerio, con ánimo dócil, afectuoso, sincero”.

El P. Alberione confirmó: “Yo no tengo a ningún otro que comparta tan acertadamente mis sentimientos y mi ánimo; ninguno que tenga cuidado de ustedes con más sincera dedicación”.
Mas tenemos otro testimonio de interés capital, manifestado por el mismo Fundador después de la muerte del padre Giaccardo:

“Desde el 1909 y el 1914, cuando la divina Providencia preparaba la Familia Paulina, él tuvo una clara intuición, aun sin comprenderla del todo. Las luces que recibía de la Eucaristía…, su ferviente devoción mariana, la meditación de los documentos pontificios, le daban luz sobre todas las necesidades de la Iglesia y sobre los modernos medios para hacer el bien.

“Entró en 1917 (todavía clérigo) como maestro de los primeros aspirantes… y le llamaban y se quedó para siempre con el nombre de “Señor Maestro”: amado, escuchado, seguido, venerado dentro y fuera. Fue el maestro que a todos precedía con el ejemplo, que enseñaba de todo, que aconsejaba a todos, que lo construía todo con su oración iluminada y ferviente… Se puede decir que escribió en cada conciencia y se volcó a sí mismo en cada corazón de Sacerdotes, Discípulos, Hijas de San Pablo, Pías Discípulas, Pastorcitas; y de cuantos lo trataron en relaciones espirituales, sociales, económicas…

“Desde el día en que lo conocí y le señalé el Sagrario como luz, fortaleza, salvación, su vida fue una continua y cotidiana ascensión… Él prefería decir con san Pablo: “Hasta la plenitud de la edad de Cristo”.

“Era maestro de oración. ¡Sabía hablar con Dios! Vivía de piedad eucarística, de piedad mariana, de piedad litúrgica; de amor a la Iglesia y al Papa…

Fue maestro de apostolado. Lo sentía, lo amaba, lo desarrollaba… Era un comunicador de energía, un sostén para los débiles, luz y sal en el sentido evangélico.

El Primer Maestro le debe una inmensa gratitud, y con él todos, pues todos se veían amados por él… Yo me fiaba de él más que de mí mismo; y estoy contento por habérselo demostrado…”.
Como confirmación de este testimonio del beato Alberione (Primer Maestro), reportamos algunas expresiones textuales del mismo beato Giaccardo sobre el sentido de la misión paulina:

“El Divino Maestro debe reinar sobre todo, debe ser dado “todo” a todos… mediante el Apostolado de las Ediciones. El Apostolado de las Ediciones debe iluminar todos los apostolados, sostenerlos todos, vivificarlos todos, abarcarlos todos, ejercerlos todos con sus apóstoles. Y éstos deben ser la gloria de Cristo, Divino Maestro”.

“En servicio de Cristo Eucaristía, se busca y se elige lo mejor… Así, al servicio de Cristo hecho “Palabra”, debemos reservarle cuanto de mejor producen los hombres: el nuestro es un verdadero Ministerio sagrado”.

El beato Giaccardo, después del Fundador, fue el primer sacerdote que escribió y publicó un libro, en 1928, con el título “María Reina de los Apóstoles”, que es la Patrona de la Familia Paulina.

Fue el primer sacerdote paulino y el primer Vicario de la Congregación Sociedad de San Pablo.
En 1936 regresó de Roma a Alba como superior de la Casa Madre. Colaborador fidelísimo del P. Alberione, se prodigó sin descanso por las Congregaciones Paulinas que iban naciendo, y que él llevó en sus brazos, conduciéndolas a una profunda vida interior y a los respectivos apostolados modernos.

Ya en edad madura, ofreció su vida por la continuidad de su propia Congregación y para que fuera reconocida en la Iglesia la nueva Congregación paulina de las Pías Discípulas del Divino Maestro. Y el Señor aceptó su ofrenda.

Pasó a la Casa del Padre el 24 de enero de 1948, víspera de la fiesta de la Conversión de San Pablo. Sus restos mortales yacen en la cripta del Santuario de la Reina de los Apóstoles, Roma (los del beato Santiago Alberione, en la subcripta). Santuario que mandó construir el Fundador en el mismo solar donde el Beato Giaccardo había fundado la primera casa paulina fuera de Alba.

ORACIÓN
Jesús Maestro,
camino, verdad y vida,
te doy gracias y bendigo tu corazón
por el gran regalo del evangelio
y por haber llamado al beato Timoteo Giaccardo
a predicarla en todo el mundo
con los medios de comunicación social.

Por intercesión de tu siervo fiel,
haz que todos lo acojan, lo lean y lo escuchen con fe viva,
según el espíritu de la Iglesia,
y que todos los fieles,
siguiendo el ejemplo del beato Timoteo,
lo difundan con el mismo amor con que tú, Señor, lo predicaste.

Jesús,
Maestro bueno,
glorifica en tu Iglesia a este sacerdote,
que gastó su vida por tu gloria
y por la salvación de los hombres,
y por su intercesión,
concédeme la gracia que ahora te pido...

Jesús Maestro.
camino, verdad y vida.
ten piedad de nosotros.

Gloria al Padre.


Ésta y muchas oraciones las encontrarán en DEVOCIONARIO CATOLICO

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Es el patrono de los periodistas. Fue un escritor nacido en el año 1567 en Saboya que buscaba la transmisión de la verdad evangélica. Durante su infancia su madre le narraba el Catecismo y a los 14 años ingresó en la Universidad de París. Destacó en retórica y filosofía, se entregó al estudio de Teología y se consagró a Dios. A los 24 años obtuvo el Doctorado en Leyes y en 1593 fue ordenado sacerdote. Predicó por muchas ciudades y participó en la reconquista del Chablais. En esta ardua tarea comenzó su carrera de escritor elaborando una serie de panfletos de la Doctrina de la Iglesia. Gracias a su labor el número de conversiones aumentó y restableció la fe Católica en la provincia. Ocupó el cargo de Obispo de Ginebra durante 21 años y murió en 1622. Su última palabra fue el nombre de Jesús.

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En Foligno, ciudad de la Umbría (hoy Italia), san Feliciano, a quien se considera el primer obispo de esta región (c. s. III).

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