10/25/13









Frutos, San
Frutos, San



Los cuerpos de San Frutos, Santa Engracia y San Valentín, venerados por los cristianos segovianos, se conservaron en la ermita de San Frutos, cerca de la actual Sepúlveda, desde comienzos del siglo VIII hasta el siglo XI.


El rey Alfonso VI concedió esta ermita al monasterio de San Sebastián de Silos —hoy Santo Domingo de Silos- para que la cuidasen y facilitasen la creciente devoción del pueblo; se hizo escritura en el 1076. Los monjes recomponen la ermita como de nuevo y la habilitan para que puedan vivir en ella algunos monjes. Terminadas las obras en el año 1100, la consagra D. Bernardo, el primer Arzobispo de Toledo. Está construida sobre roca escarpada, como cortada a pico, a orillas del río Duratón, afluente del Duero. En ese nuevo lugar se depositan las reliquias de los tres santos.


Restaurada Segovia y restituida a su dignidad episcopal, se pasan a su catedral la mitad de las reliquias desde el monasterio de Silos, con autorización y mandato del Arzobispo de Toledo, en el 1125.


Tan celosamente se guardan que se pierde el sitio donde fueron depositadas hasta que se encontraron milagrosamente, en tiempos del celoso obispo D. Juan Arias de Ávila.


En el año 1558 se depositaron finalmente en la nueva catedral. Allí, en el trascoro, reposan los restos del Patrono de la Ciudad, teniendo por fondo el retablo que trazó Ventura Rodríguez para el palacio de Riofrío y que Carlos III donó para la catedral segoviana.


¿Quién fue el hombre que desde catorce siglos atrás es polo de atracción de tantas generaciones de segovianos?


Nació Frutos, en el año 642, en el seno de una familia rica que tuvo otros dos hijos con los nombres de Valentín y Engracia. Debió ser una familia de profundas convicciones cristianas que supieron, con la misma vida, inculcarlas a sus hijos. Sin que se sepa la causa, murieron los dos. Ahora los tres jóvenes son herederos de unos bienes y comienzan a conocer en la práctica la dureza que supone el ser fieles a los principios. Parece ser que tanto tedio provocaron en ellos los vicios, maldades, desenfrenos, asechanzas y envidias de su entorno humano, que Frutos les propone un cambio radical de vida. Los tres, con la misma libertad y libre determinación deciden vender sus bienes y los dan a los pobres. Dejaron la ciudad del acueducto romano y quieren comenzar una vida de la soledad, oración y penitencia por los pecados de los hombres. A la orilla del río Duratón les pareció encontrar el lugar adecuado para sus propósitos. Hacen tres ermitas separadas para lograr la deseada soledad y dedicar el tiempo de su vida de modo definitivo al trato con Dios.


A partir de aquí se tiene noticias de Frutos cuando el estallido de la invasión musulmana y su rápida dominación del reino visigodo. Frutos, en su deseo de servir a Dios, intervino de alguna manera y con vivo deseo de martirio- en procurar la conversión de algunos mahometanos que se aproximaron a su entorno; defendió a grupos de cristianos que huían de los guerreros invasores; dio ánimos, secó lágrimas y alentó los espíritus de quienes se desplazaban al norte; fue protagonista de algunos sucesos sobrenaturales y murió en la paz del Señor, con el halo de santo, el año 715.


La misma historia refiere que sus hermanos Valentín y Engracia fueron de los mártires decapitados por los sarracenos y sus cuerpos colocados con el del Santo.


Lo que se sabe hoy del entorno en que viven y mueren estos santos facilita cubrir las lagunas o los interrogantes que pueden presentarse. La invasión musulmana, su rápido avance por el reino hispano-visigodo y el martirio de cristianos tuvieron su génesis. La unidad del reino tan lograda por la conversión del arrianismo a la fe católica de Recaredo en el 589 presentaba ahora una falsa cohesión por su fragilidad. Los clanes de nobles, civiles y eclesiásticos, con intereses políticos y económicos contrapuestos, tratan de controlar cada uno alternativamente el trono de Toledo y son una fuente continua de conflictos. La nobleza que en un principio recibió unos territorios para ejercer en ellos funciones administrativas, fiscales y militares, al hacerse hereditarias, quedan prácticamente privatizadas con detrimento progresivo de las funciones públicas características de un estado centralizado y llevan a la fragmentación del poder del monarca. La clase aristócrata asienta aún más la diferencia social con el pueblo cada vez más pobre, indefenso, desorientado, abandonado y hastiado del lujo de sus señores. Hay que añadir desastres naturales que asolan el país especialmente desde el reinado de Kindasvinto (642-653) como epidemias que diezmaban a la población, plagas de langostas, sequía, pestes y despoblamiento. El vicio, la amoralidad y desenfreno reina en la sociedad al amparo de lo que sucede en las casas de la nobleza. A la muerte de Witiza, los partidarios de Akhila, su hijo primogénito, no consiguen ponerlo en el trono ocupado por D. Rodrigo, duque de la Bética, y piden ayuda a los bereberes. El desastre de Guadalete del 711 hizo que lo que fue una simple ayuda de los moros capitaneados por Tariq se convirtiera en toda una invasión y conquista posterior que colma los planes estratégicos del Islam por la decrepitud que se había ido gestando en el interior del reino visigodo.











Crispin y Crispiniano, Santos
Crispin y Crispiniano, Santos

Mártires

Octubre 25


Etimológicamente significan “de pelo rizado”. Vienen de la lengua latina.


El alma que quiere darse por entero a Dios, no ha de buscar nada para sí mismo sino que pensar, hablar y actuar tienen como meta Dios. Y esto no es ninguna beatería, sino un impulso fuerte e intenso a desvivirse por los demás.


Los jóvenes de hoy, que murieron en el año 285, quedan lejos de nuestra historia del tercer milenio.


Sin embargo, sus obras y sus nombres han quedado grabados en las páginas de la historia de la Iglesia para siempre.


¿Quiénes eran?, ¿qué hicieron?


Se establecieron en Roma y aprendieron el oficio de zapateros. Y desde cualquier trabajo se puede hacer un anuncio u proclamación del Evangelio y de las riquezas que aporta al alma humana.


Este servicio lo concretó en hacer zapatos para los pobres. A estos, por supuesto, no les cobraban absolutamente nada.


A los ricos, que conocían el buen trabajo que hacían y la calidad del calzado, sí que les cobraban.


Lo bonito de estos dos creyentes es que aprovechaban los momentos de venta o de dar gratis para hablar con entusiasmo de Jesucristo.


Y con la mayor naturalidad del mundo.

Debían vivir lo que decían porque la gente los escuchaba con agrado.


Los franceses dicen que vivieron en la región de Soissons. Los ingleses, a su vez, afirman que vivieron en el condado de Kent, al sur de Inglaterra.


Shakespeare los elogia en su obra “Enrique V” y en “Julio César”.


En lo que todos están de acuerdo es en que murieron mártires.


¡Felicidades a quienes lleven estos nombres!












Tabita, Santa
Tabita, Santa

Octubre 25




Etimológicamente significa “gacela”. Viene de la lengua hebrea.


Dice san Lucas: “La sabiduría de Dios libró a sus fieles de sus fatigas, condujo a los justos por el camino recto y les hizo conocer las realidades del Reino de Dios”.


Fue una viuda del siglo I. Es un nombre insólito en nuestra cultura.


Esta palabra en hebreo está compuesta de “belleza y elegancia”


En griego se le llama Dorcas y su significado es idéntico.


Conocemos de ella un relato en los Hechos de los Apóstoles, en el que se cuenta uno de los milagros más grandes que hijo san Pedro.


Era de Joppe. Todo el mundo hablaba de ella bien porque era muy buena y sobre todo porque hacía muchas obras de caridad.


Esta chica murió y san Pedro, con el poder que le había dado el Señor, la resucitó.


Estaba toda la casa llena de gente. No se cabía.


No entraba ni un alfiler.


San Pedro, lleno de Dios – eso es ser un buen apóstol y un creyente de verdad -, entró en la habitación mortuoria.


Y ante la presencia de todos y de todas, dijo estas palabras:"Tabita, levántate. Y, cogiéndola con una mano, se la presentó a su querida madre".


Gracias a este milagro, muchos creyeron en Cristo. En el fondo, era lo que quería san Pedro.


Estamos en la época de la naciente Iglesia primitiva.


Los griegos introdujeron a esta santa en su calendario, pero su culto no ha sido nunca muy extendido.


¡Felicidades a quien lleve este nombre!




A raíz de la controversia entre el Papa y el rey Enrique VIII en el siglo 16, las cuestiones de fe se enredaron con cuestiones políticas en las Islas Británicas, con frecuencia se resolvieron mediante la tortura y el asesinato de los fieles católicos.

En 1970, el Vaticano seleccionó 40 mártires, hombres y mujeres, laicos y religiosos, para representar un grupo de aproximadamente 300 casos conocidos que dieron su vida, entre 1535 y 1679, por su fe y fidelidad a la Iglesia. Este grupo fue canonizado por el Papa Paolo VI el día 25 de Octubre de ese año.


Cada uno de ellos tienen su propio día del memorial, pero son recordados como un grupo, el 25 de octubre.


A continuación la lista de los 40 mártires:

Cartujos

Augustine Webster

John Houghton

Robert Lawrence


Brigidino

Richard Reynolds


Agustino

John Stone


Jesuitas

Alexander Briant

Edmund Arrowsmith

Edmund Campion

David Lewis

Henry Morse

Henry Walpole

Nicholás Owen

Philip Evans

Robert Southwell

Thomas Garnet


Benedictinos

Alban Roe

Ambrose Barlow

John Roberts


John Jones


Franciscanos

John Wall


Clero Secular

Cuthbert Mayne

Edmund Gennings

Eustace White, 1591

John Almond

John Boste

John Kemble

John Lloyd

John Payne

John Plessington

John Southworth

Luke Kirby

Polydore Plasden, 1591

Ralph Sherwin


Laicos

John Rigby

Philip Howard

Richard Gwyn

Swithun Wells, maestro, 1591

Ana Line

Margaret Clitherow

Margaret Ward



Crisanto, natural de Alejandría, fue a Roma con su padre Polemio, muy estimado del emperador Numeriano.

Se aficionó tanto a la lectura de los libros sagrados que usaban los cristianos y al Evangelio, que concibió gran desprecio a todo lo profano, e instruido por el presbítero Carpóforo, recibió el bautismo.


Su conversión fue muy señalada en Roma. Su padre, pagano, le encerró en un obscuro calabozo. No bastando esto para disuadirle, recurrió a la sensualidad para corromperle y le propusieron que se casase con Daría, doncella consagrada a Minerva.


Crisanto la convirtió con un discurso contra los errores del paganismo, y Daría recibió también el bautismo, siendo una de las más fervientes cristianas del siglo III.


Se unieron en matrimonio, pero con la condición de guardar la virginidad hasta la muerte. Polemio ignoraba todo esto y se apaciguó. En tanto, los dos castos esposos se dedicaban a la religión verdadera, ejerciendo obras de misericordia con los pobres y los perseguidos.


Fueron delatados y presos. Después de muchos tormentos y milagros, el tirano mandó sacarlos al campo del Escelerado, y en él consumaron el martirio, notándose otro milagro con la cabeza de Crisanto, en el año del Señor 284.