03/26/14

11:19 p.m.
Este joven mártir romano dio muestras fehacientes de lo que significa el perdón para todo ser humano y, para el creyente – con mayor razón todavía.

Era un militar a las órdenes del tribuno Tiberio, en tiempos del emperador Maximiliano (286-305).


Se celebraban en la ciudad imperial unas grandes fiestas dedicadas al honor de Júpiter, el dios de los dioses.


Sabían que era cristiano. Entonces quisieron obligarle a que hiciera los sacrificios al dios.

Como era natural y consecuente con su fe en el Resucitado, se negó en rotundo.


Como era un militar afamado, lo llevaron ante el emperador. En su presencia profesó abiertamente su fe. Consecuencia: le torturaron y le enviaron a Tracia, en donde le dieron fuertes castigos. Pero todo lo soportó con alegría por Jesús, perdonando a sus verdugos.


Lo trasladaron de una sitio para otro. Los interrogatorios continuos lo indignaban.


Cansados, lo transfirieron a Drizipara (actual Karistiran) en donde lo decapitaron.


Arrojaron su cuerpo al río y cuatro perros lo rescataron en presencia de su madre Pemenia.


El culto a Alejandro comenzó con mucho fervor en el siglo VI. Exaltaban el valor de la madre dando sepultura a su hijo.


¡Felicidades a quien lleve este nombre!


Comentarios al P. Felipe Santos: fsantossdb@hotmail.com



11:19 p.m.
Martirologio Romano: En la región Septempedana (hoy San Severino Marche), del Piceno, en Italia, beato Peregrino de Falerone, presbítero, que fue uno de los primeros discípulos de san Francisco y que, peregrino en Tierra Santa, resultó admirado incluso por los sarracenos (1232).

Etimológicamente: Peregrino = Aquel que camina por los campos, es de origen latino.


Fecha de beatificación: Su culto fue aprobado el 31 de julio de 1821 por el Papa Pío VII.



Religioso y discípulo de San Francisco, de la Primera Orden. († 1233).

Peregrino no era ciertamente un ignorante. Hijo de una familia noble y rica, oriundo de Falerone, diócesis de Fermo, hoy provincia de Ascoli Piceno; una ciudad de las Marcas que trae el nombre de la destruida ciudad romana Faleria, en el valle de Tenna, entre Amandola y Monte Giorgio. En Bolonia había estudiado filosofía y derecho canónico, y era profundamente versado en las ciencias sagradas y profanas. Sin embargo, cuando Peregrino se presentó a San Francisco, oyó que le decía: “Tú servirás a Dios en la humilde condición de hermano religioso y te aplicarás sobre todo a la práctica de la humildad”.


Peregrino tomó la profecía de San Francisco como un mandato, y durante toda su vida quiso permanecer en la modesta condición de religioso hermano, entregado a los servicios más humildes y a menudo oculto en los conventos más pobres y escondidos. Según decir de Fray Bernardo de Quintaval, fue, entre los primeros discípulos de San Francisco, uno de los religiosos más ejemplares.


Inflamado en sagrado fervor, buscó el martirio a manos de los infieles, y como el mismo San Francisco, pasó el mar para ir a Tierra Santa en medio de los musulmanes. El martirio a manos de los mahometanos, considerados entonces como los “matacristianos” por antonomasia, era con frecuencia la devota aspiración de muchos hermanos. En realidad y en circunstancias normales los árabes, especialmente en Tierra Santa, eran tolerantes y respetuosos para con los huéspedes cristianos, y más con los misioneros.


En el caso de Peregrino, más bien faltó poco para que naciera a su alrededor la veneración precisamente por parte de los musulmanes. Y no podía ser de otro modo, frente a aquel frailecito descalzo que visitaba los lugares santos con el libro de los evangelios en la mano, esparciendo en todas partes a raudales lágrimas de compasión y piedad.


Vuelto a Italia, Peregrino de Falerone volvió a esconderse en los lugares más ocultos y en los conventos más alejados. Pero por más que se hiciera pequeño y humilde, la luz de su santidad resplandecía aun desde debajo del celemín y destellaba en el brillo de los milagros que se le atribuyeron en vida. En los últimos años de su vida, todavía joven, vivió en el convento de San Severino Marcas y allí murió en 1233. Sepultado en la iglesia de los Cistercienses, La Madonna de las Luces. Nuevos milagros acaecidos en su sepulcro, hicieron aún más amado y venerado su recuerdo.


¡Felicidades a quien lleve este nombre!



11:19 p.m.
Martirologio Romano: En Turín, en el Piamonte, beato Francisco Faá di Bruno, presbítero, que unió la ciencia de las matemáticas y de la física con la práctica de las obras de caridad (1888).

Etimológicamente: Francisco = el abanderado, es de origen germano.


Fecha de beatificación: 25 de Septiembre de 1988 por el Papa Juan Pablo II.



La vida de Francisco nos muestra una admirable síntesis entre el hombre de fe y el hombre de ciencia. Nació en Alessandría, en la región del Piamonte en Italia, el 7 de marzo de 1825. Su familia era de buena situación económica y social y educaron a sus doce hijos al calor de la fe, siendo nuestro beato el último en nacer.

Era un apasionado de las matemáticas, las que estudió con verdadero entusiasmo. Se incorporó al cuerpo de ingenieros del ejército italiano, llegando a obtener el grado de capitán. Estando en el estado mayor del rey Victor Manuel II, este le encomendó la educación de sus hijos Umberto y Amedeo. El ambiente de la corte estaba cargado de anticlericalismo y dado que Francisco era un firmísimo creyente, convencen al rey de que separe a Francisco de dicho cargo, pues su influencia podía ser “peligrosa” para los jóvenes príncipes.


Francisco decide viajar a París para perfeccionar sus estudios matemáticos, renunciando a su cargo en el ejército. Aquí estudió bajo el gran intelectual católico Cauchy y el gran científico, codescubridor del planeta Neptuno, profesor Leverrier. En medio de sus estudios, el llamado de Dios va sonando más fuerte en su corazón y Francisco decide ser sacerdote.


Retorna a Italia y en Turín es ordenado sacerdote. Su obispo ve por conveniente que Francisco se dedique a la enseñanza de las Matemáticas, pues era necesario mostrar a los jóvenes que la fe era perfectamente compatible con el estudio de las ciencias. Enseñó en la Universidad de Turín por muchos años, desplegando una impresionante labor académica pues publicó cuarenta artículos en las más importantes revistas científicas del momento. Por tales méritos recibió el grado de Doctor por las Universidades de Paris y de Turín.


Es increíble descubrir como un hombre tan comprometido con el mundo de la ciencia, se haya dado tiempo para escribir algunos libros ascéticos y también haya compuesto hermosas melodías sagradas. Turín está recibiendo el benéfico apostolado de Don Bosco y también la caridad del Cottolengo. Francisco aporta a este gran renacimiento de la fe en el norte de Italia, fundando la Obra de Santa Zita, para la promoción de la mujer. Esta obra se convirtió en una verdadera “ciudad de las mujeres”, pues en ella habían escuela, laboratorio, enfermería, pensionado; todo con sus propios reglamentos y con una clara perspectiva de fortalecimiento de la familia.


En 1867 surge en el pueblo turinés de San Donato una iglesia para recordar a los muertos de la guerra, por lo que recibe el nombre de la Iglesia del Sufragio. Allí celebrará la misa el P. Francisco, que por consejo de Don Bosco, está ejerciendo ahora su ministerio sacerdotal con más dedicación. El mismo Papa le ha pedido fortalecer la obra de Santa Zita e inspirado por el Espíritu Santo, funda con la hermana Agostina Gonella, Las Religiosas Mínimas de Nuestra Señora del Sufragio, dedicadas a la oración por las almas del Purgatorio. El Padre Bueno llamó a su presencia al P. Francisco el 27 de marzo de 1888.


Si usted tiene información relevante para la canonización del Beato Francisco, escriba a:

Suore Minime di Nostra Signora del Suffragio

Via San Donato, 31

10144 Torino, ITALIA



12:22 a.m.
Martirologio Romano: En Zaragoza, en la Hispania Tarraconense, san Braulio, obispo, que siendo amigo íntimo de san Isidoro, colaboró con él para restaurar la disciplina eclesiástica en toda Hispania, siendo su semejante en elocuencia y ciencia.

Etimológicamente: Braulio = Toro Bravo, en su origen latino.


Etimológicamente: Braulio = Aquel que resplandece, en su origen germánico.



Se desconoce la cuna, niñez y juventud del santo; pero consta que ya en el año 626 es obispo de Zaragoza.

Participó en la corriente de pensamiento y acción isidoriana que tanto influyó en la cultura de su época y aún en tiempos posteriores. De hecho, fue discípulo de san Isidoro, obispo, escritor y doctor de la Iglesia (c. 560-636). Insistió cerca de él para que diera término a las Etimologías, la conocida y la más famosa e importante obra de san Isidoro donde se recoge el saber antiguo tomado indiscriminadamente de escritores tanto paganos como cristianos y que consta de veinte libros que fueron obligado libro de texto en las escuelas medievales, al tiempo que cauce de transmisión del saber antiguo. La división de toda la obra y sus títulos se deben a san Braulio.


Estuvo presente en los concilios V (636) y VI (638) de Toledo que fueron convocados para fortalecer la autoridad real y donde se resolvieron determinadas cuestiones de régimen eclesiástico y litúrgicas. En estos concilios se contribuyó a elaborar también el sistema de elección de los reyes por los obispos y magnates y llegó a ratificarse la imposibilidad de ser elegido rey alguien que no perteneciera a la nobleza goda.


Se le atribuyen también a san Braulio las Actas de los mártires de Zaragoza.


Llegó a escribir más de 44 cartas, gracias a las cuales pueden llegar a conocerse muchos aspectos de la España visigoda.


Ejerció el santo una notable influencia entre los reyes del tiempo intentando suavizar las leyes con espíritu cristiano y procurando potenciar la unidad del reino. Con Chindasvinto -rey que fue elegido por la nobleza al considerarlo fácilmente manipulable debido a su gran ancianidad-, cuando dicta leyes muy severas contra los magnates traidores que rompieran su juramento de lealtad al rey, llegando a decretar la deportación, la reducción a la esclavitud de sus familias y a la confiscación de sus bienes. De la misma manera, mostró también influjo decisivo cabe el rey Recesvinto, el que reprimió la rebelión del noble Troya, cuando ponía sitio a la ciudad de Zaragoza, el mismo año de la muerte de san Braulio.


La fiesta de este hombre que intervino fuertemente en la vida eclesiástica, política y social de su tiempo es el 26 de Marzo ya que murió en este día del año 651.



12:22 a.m.
San Pedro pertenecía a una antigua e ilustre familia. El nombre de sus antepasados ha caído en el olvido, en tanto que los anales de la fe conservan el inmortal recuerdo de los santos que sus padres dieron a la Iglesia.

Tres hijos de esta familia fueron santos y obispos: San Basilio, San Gregorio de Nissa y San Pedro de Sebaste. Su hermana mayor, Santa Macrina, fue madre espiritual de muchos santos y excelentes doctores, y sus padres, San Basilio el Viejo y Santa Emelia, fueron desterrados a causa de la fe, durante el reinado del emperador Galerio Maximiano y huyeron al desierto del Ponto. Por último, la abuela de nuestro santo fue la famosa Santa Macrina, a quien San Gregorio Taumaturgo instruyó en la fe.


Pedro de Sebaste era el más joven de los diez hijos y perdió a su padre, cuando todavía no daba los primeros pasos, de modo que su hermana Macrina tuvo que encargarse de su educación. Macrina se preocupó principalmente de instruirle en la religión, los estudios profanos interesaban muy poco a quien tenía los ojos fijos en el cielo.


Pedro, que aspiraba a la vida monástica, no vio en ello una restricción. Su madre había fundado dos monasterios: uno de hombres y otro de mujeres. Había confiado el primero a la dirección de su hijo Basilio y el segundo a la de Macrina. Pedro ingresó en el monasterio dirigido por su hermano, que se hallaba situado en el banco del río Iris. Cuando San Basilio se vio obligado a dimitir de su cargo, el año 362, nombró por sucesor a Pedro, quien desempeñó durante muchos años el cargo de superior con gran prudencia y virtud.


Cuando se desató el hambre en las provincias del Ponto y de Capadocia, Pedro mostró su gran caridad. La prudencia humana le habría aconsejado no exagerar sus limosnas a los pobres, antes de tener asegurado el sustento de sus monjes; pero Pedro había aprendido en otra escuela la caridad cristiana, y disponía liberalmente de cuanto poseía el monasterio para ayudar a los menesterosos que acudían diariamente durante la carestía.


Al ser nombrado obispo de Cesárea de Capadocia, San Basilio ordenó sacerdote a Pedro. Basilio murió el 19 de enero del año 379, y Macrina en noviembre del mismo año. Eustasio, obispo de Sebaste de Armenia, que había sido arriano y había perseguido a San Basilio, parece haber muerto poco después, ya que Pedro fue nombrado obispo de esa diócesis en 380, para desarraigar la herejía arriana. El demonio se había apoderado tan a fondo de esa región, que se necesitaba el celo de un santo para echarle fuera.


San Pedro se cuenta entre los escritores eclesiásticos, gracias a una carta incluida en los libros de San Gregorio de Nissa contra Eunomio, por la que se demuestra que, si bien San Pedro se había consagrado a los estudios eclesiásticos exclusivamente, sus lecturas y sus dotes naturales de elocuencia no eran inferiores a las de su incomparable hermano Basilio, ni a las de su colega, San Gregorio Nazianceno. En 381 Pedro asistió al Concilio Ecuménico de Constantinopla. No sólo su hermano, San Gregorio de Nissa, sino también Teodoreto y toda la antigüedad, dan testimonio de su santidad, prudencia y celo. Su muerte ocurrió hacia el año 391, durante el verano. San Gregorio de Nissa hace notar que Sebaste le honró con una solemne celebración (probablemente en el año siguiente al de su muerte), junto con algunos otros mártires de la misma ciudad.


Es extraordinario encontrarse con una familia de santos. Este prodigio de la gracia se debe principalmente al ejemplo de Santa Macrina, de la que sus tres hijos aprendieron el espíritu de abnegación y humildad, que constituye la máxima fundamental del Evangelio. Por desgracia, tal principio es para muchos simplemente un objeto de especulación, en vez de ser un alimento del corazón.


Poco es lo que sabemos sobre San Pedro de Sebaste, fuera de las alusiones que se hallan en la vida de Santa Macrina, escrita por San Gregorio de Nissa.



12:21 a.m.
Martirologio Romano: En Catania, de Sicilia, en Italia, beata Magdalena Catalina Morano, virgen del Instituto de Hijas de María Auxiliadora, que se consagró a impartir catequesis, recorriendo sin cesar toda esta región (1908).

Etimológicamente: Magdalena = Torre de Dios, es de origen hebreo.


Fecha de beatificación: 5 de noviembre de 1994 por el Papa Juan Pablo II.



Nacida en Chieri (Turín) el 15 de noviembre de 1847, Magdalena Catalina Morano inicia desde joven entre los pequeños del lugar, Butigliera, un aprendizaje pedagógico que marcará toda su vida, de un modo especial después de obtener su diploma de maestra.

Rica en experiencia didáctica y catequística, a los treinta años pudo coronar su deseo de consagración que se remonta a su primera comunión.


En 1879 es ya Hija de María Auxiliadora y le pide al Señor la gracia de mantenerla “en vida hasta que no haya colmado la medida de la santidad".


Destinada en 1881 a Sicilia, inicia una fecunda obra educativa entre las niñas y las jóvenes de ambientes populares. Dirigiendo siempre "una mirada hacia la tierra y diez hacia el cielo", abre escuelas, oratorios, internados y centros en todos los rincones de la isla.


Nombrada superiora provincial asume también el esfuerzo formativo de las nuevas y abundantes vocaciones, atraídas por su celo y por el clima comunitario creado a su alrededor.


Los obispos aprecian y estimulan su apostolado multifacético confiando a su evangélica inventiva toda la obra catequética.


Gravemente perturbada por una afección tumoral, concluye en Catania, el 26 de marzo de 1908, una vida de total coherencia, transcurrida en su intento de “no poner jamás obstáculos a la acción de la gracia, cediendo a su egoísmo personal”.


En esa misma ciudad, el Papa Juan Pablo II la proclamó beata el 5 de noviembre de 1994.


Su cuerpo es venerado en la Capilla de las Hijas de María Auxiliadora de Alì Terme (Catania).


Si usted tiene información relevante para la canonización de la Beata Magdalena, escriba a:

Figlie di Maria Ausiliatrice

Via dell’Ateneo Salesiano, 81

00139 Roma, ITALIA



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