03/03/14

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Martirologio Romano: En Calahorra, en la Hispania Tarraconense, santos Emeterio y Celedonio, los cuales, estando cumpliendo la milicia en los campamentos junto a León, en la provincia de Galicia, por confesar el nombre de Cristo al inicio de la persecución fueron conducidos a Calahorra y allí coronados con el martirio (c. s. IV).

Etimológicamente: Emeterio = Aquel que es defensor, es de origen griego,



En verso recogió por escrito los relatos de su muerte el poeta hispano Prudencio.

Calahorra (La Rioja, España) está unida a estos soldados por el hecho de su martirio y quizás también por ser el lugar de su nacimiento. Otros señalan a León como cuna por los libros de rezos leoneses -antifonarios, leccionarios y breviarios del siglo XIII- al interpretar «ex legione» como lugar de su proveniencia, cuando parece ser que la frase latina es mejor referida a la Legión Gemina Pia Felix a la que pertenecieron y que estuvo acampada cerca de la antigua Lancia, hoy León, según se encuentra en el documento histórico denominado "Actas de Tréveris" del siglo VII.


En la parte alta de Calahorra está la iglesia del Salvador -probablemente en testimonio perpetuante del hecho martirial- por donde antes estuvo un convento franciscano y antes aún la primitiva catedral visigótica que debió construirse, según la costumbre de la época, junto a la residencia real, para defensa ante posibles invasiones y que fue destruida por los musulmanes en la invasión del 923, según consta en el códice primero del archivo catedralicio.


No se conocen las circunstancias del martirio de estos santos; no las refiere Prudencio. ¡Qué pena que el emperador Diocleciano ordenara quemar los códices antiguos y expurgar los escritos de su tiempo! Con ello intentó, por lo que nos refiere Eusebio, que no quedara constancia ni sirviera como propaganda de los mártires y evitar que se extendiera el incendio.


Tampoco hay en el relato nombres que faciliten una aproximación. ¿Fue al comienzo del siglo IV en la persecución de Diocleciano? Parece mejor inclinarse con La Fuente por la mitad del siglo III, en la de Valeriano, contando con que algún otro retrotrae la historia hasta el siglo II.


Cierto es que Prudencio nació hacia el 350, deja escrita en su verso la historia antes del 401, cuando se marcha a Italia, hablando de ella como de suceso muy remoto y no debe referirse con esto al tiempo de Daciano (a. 304) porque esta época ya fue conocida por los padres del poeta. Es bueno además no perder de vista que el narrador antiguo no es tan exacto en la datación de los hechos como la actual crítica, siendo frecuente toparse con anacronismos poco respetuosos con la historia.


El caso es que Emeterio y Celedonio -hermanos de sangre según algunos relatores- que fueron honrados con la condecoración romana de origen galo llamada torques por los méritos al valor, al arrojo guerrero y disciplina marcial, ahora se ven en la disyuntiva de elegir entre la apostasía de la fe o el abandono de la profesión militar.


Así son de cambiantes los galardones de los hombres. Por su disposición sincera a dar la vida por Jesucristo, primero sufren prisión larga hasta el punto de crecerles el cabello. En la soledad y retiro obligados bien pudieron ayudarse entre ellos, glosando la frase del Evangelio, que era el momento de «dar a Dios lo que es de Dios» después de haberle ya dado al César lo que le pertenecía. Su reciedumbre castrense les ha preparado para resistir los razonamientos, promesas fáciles, amenazas y tormentos. En el arenal del río Cidacos se fija el lugar y momento del ajusticiamiento. Cuenta el relato que los que presencian el martirio ven, asombrados, cómo suben al cielo el anillo de Emeterio y el pañuelo de Celedonio como señal de su triunfo señero.


Muy pronto el pueblo calagurritano comenzó a dar culto a los mártires. Sus restos se llevaron a la catedral del Salvador; con el tiempo, las iglesias de Vizcaya y Guipúzcoa con otras hispanas y medio día de Francia dispusieron de preciosas reliquias. Junto al arenal que recogió la sangre vertida se levanta la catedral que guarda sus cuerpos.


Hoy Emeterio y Celedonio, los santos cantados por su paisano Prudencio, y recordados por sus compatriotas Isidoro y Eulogio son los patronos de Calahorra que los tiene por hermanos o de sangre o -lo que es mayor vínculo- de patria, de ideal, de profesión, de fe, de martirio y de gloria.



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Martirologio Romano: En Filadelfia, del estado de Pensilvania, en los Estados Unidos de Norteamérica, santa Catalina Drexel, virgen, que fundó la Congregación de las Hermanas del Santísimo Sacramento y utilizó los bienes de su herencia con largueza y benignidad, en educar y ayudar a indios y negros (1955).

Etimológicamente: Catalina = Aquella que es pura y casta, es de origen griego.


Fecha de canonización: 1 de octubre de 2000 por el Papa Juan Pablo II



Nacida en Filadelfia, Pensilvania, en los Estados Unidos de América, el 26 de noviembre de 1858, Catalina Drexel fue la segunda hija de Francis Anthony Drexel y Hannah Langstroth. Su padre era un bien conocido banquero y filántropo. Ambos padres inculcaron en sus hijas la idea de que su riqueza simplemente era prestada a ellos y debía ser compartida con otros.

Cuando la familia hizo un viaje al Oeste de los Estados Unidos, Catalina, como una mujer joven, vio la condición y degradación de los nativos indio-americanos. Esta experiencia despertó su deseo de hacer algo específico para ayudar a aliviar su condición. Éste fue el inicio de una vida de apoyo personal y financiero a numerosas misiones y misioneros en los Estados Unidos. La primera escuela que ella estableció fue la St. Catherine Indian School en Santa Fe, Nuevo México (1887).


Después, cuando visitó al Papa León XIII en Roma, le pidió proveer de misioneros para algunas de las misiones indias que ella como una persona laica estaba financiando, se sorprendió al oír al Papa sugerirle que ella misma se haga misionera. Después de consultar con su director espiritual, el Obispo James O´Connor, tomó la decisión de entregarse totalmente a Dios, junto con su herencia, a través del servicio a los indios americanos y a los afro-americanos.


Su riqueza se transformó ahora en una pobreza de espíritu que se volvió una constante diaria en su vida, recibiendo apoyo tan sólo para sus necesidades básicas. El 12 de febrero de 1891, ella profesó sus primeros votos como un religiosa, fundando a las Hermanas del Santísimo Sacramento cuya dedicación sería compartir el mensaje del Evangelio y la vida en la Eucaristía entre los indios americanos y afro-americanos.


Siendo desde siempre una mujer de oración intensa, Catalina encontró en la Eucaristía la fuente de su amor para el pobres y oprimidos y de su preocupación para combatir los efectos de racismo. Conociendo que muchos afro-americanos estaban aún lejos de la libertad y todavía vivían en condiciones denigrantes como labradores o criados mal pagados, a los que se les negaba la educación y los derechos constitucionales que si eran disfrutados por otros, sintió la compasiva urgencia de ayudar a cambiar las actitudes raciales en los Estados Unidos.


Las plantaciones, en aquella época, eran una atrincherada institución social que hacían que las personas de color siguieran siendo víctimas de opresión. Ésta era una profunda afrenta al sentido de justicia de Catalina. La necesidad de ofrecer a la gente de color una institución educativa de calidad era prioritario para ella, por ello habló sobre este tema con quienes compartían su preocupación por la desigualdades en la educación de los afro-americanos. Restricciones legales en el sur rural también obstaculizaban el acceso a una educación básica.


Fundar y proveer de personal a escuelas, a lo largo del país, que atendieran a los nativo-americanos y afro-americanos se volvió una prioridad para Catalina y su congregación.


Durante su vida, ella abrió, proveyó de personal, y apoyó directamente casi 60 escuelas y misiones, sobre todo en el Oeste y Sudoeste de los Estados Unidos. Su máximo logro en el campo educativo fue la creación, en 1925, de la “Xavier University” en Louisiana, la única institución de educación superior en los Estados Unidos destinada predominantemente a los afro-americano católicos.


La educación religiosa, el servicio social, las visitas en los hogares, hospitales y prisiones forman parte del ministerio de Catalina y su Congregación.


De una manera callada y serena, Catalina armonizaba una piadosa y total dependencia a la Divina Providencia con un activismo muy marcado. Su alegre iniciativa en armonía con el Espíritu Santo, superaba los obstáculos y facilitó sus adelantos en el campo de la justicia social. A través del testimonio profético de Catalina Drexel, la Iglesia en los Estados Unidos pudo darse cuenta de la grave necesidad doméstica por un apostolado que trabajara para los nativo-americanos y afro-americanos. Ella no dudó hablar contra la injusticia y toma una posición pública cuando la discriminación racial era evidente.


Durante los últimos 18 años de su vida ella sufrió de una grave enfermedad que la dejó casi completamente inmóvil. Durante estos años hizo una vida de intensa adoración y contemplación tal como lo había deseado en su niñez. Murió el 3 de marzo de 1955.


Catalina dejó un dinámico legado de cuatro conceptos a sus Hermanas del Santísimo Sacramento, quines continúan su apostolado hoy al servicio de todas las gentes:


–Su amor para la Eucaristía, su espíritu de oración, y su perspectiva de unidad de toda la gente en torno a la Eucaristía;


–Su espíritu indómito de valerosa iniciativa para enfrentar la injustita social existente y la protección a las minorías étnicas —cien años antes de que tal preocupación despertara interés público en los Estados Unidos;


–Su creencia en la importancia de educación de calidad para todos, y sus esfuerzos por lograrlo;


–Su donación total de su persona, de su herencia y todo lo material en generoso servicio generoso a las víctimas de injusticia.


Catalina Drexel fue beatificada por el Papa Juan Pablo II el 20 de noviembre de 1980 y canonizada por él mismo el 1 de octubre de 2000.


Reproducido con autorización de Vatican.va



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No se sabe mucho de la vida de este obispo de Brescia, ciudad de la que han salido muchos a lo largo de la historia de la Iglesia.

Le tocó vivir a finales del siglo V. Intentó – como el Papa san Simplicio, reconstruir todo lo que habían destrozado los Bárbaros. Su restos mortales fueron sepultados en la iglesia de san Cosme y Damián. Se sabe que fue él mismo quien la mandó construir. Muy pronto se le hizo al lado mismo de ella, un monasterio.


Más tarde, en 1202, el obispo Berardo Maggi mandó que se destruyera todo para que el Palacio Broletto tuviera más espacio. En la actualidad es lo que ocupa la Plaza del Duomo.


La iglesia y el monasterio fueron reconstruidos en la parte occidental de la ciudad, en la zona de los Campos Bajos donde siguen todavía.


Sus reliquias se quitaron. Y el obispo Paolo Zane, en 1505, mandó construir un arca de mármol en la capilla de la izquierda. En ella están ahora. Su sarcófago primitivo está hoy en la fuente de la plaza de Tito Speri.


¡Felicidades a quien lleve este nombre!


Comentarios al P. Felipe Santos: fsantossdb@hotmail.com



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Martirologio Romano: En Vannes, de la Bretaña Menor, en Francia, beato Pedro Renato Rogue, presbítero de la Congregación de la Misión y mártir, que en tiempo de la Revolución Francesa, rechazando el injusto juramento impuesto al clero, permaneció secretamente en la ciudad, para atender con su ministerio a los fieles, y finalmente, condenado a la pena capital, descansó en la misericordia del Señor en la misma iglesia donde celebraba los sagrados misterios (1796).

Fecha de beatificación:10 de mayo de 1934 por el Papa Pío XI.





La figura del Beato Pedro Renato Rogue, misionero paúl y mártir durante la Revolución francesa, es una figura atrayente y de gran actualidad. Se llama "Mártir de la Eucaristía y de la Caridad". Con este sobrenombre se compendia su joven vida, al servicio de Dios y de los hermanos.

Es Vannes una antigua ciudad de la Bretafia francesa, donde nació Pedro Renato, el 11 de junio de 1758, siendo sus padres Claudio Rogue y Francisca Loiseau, pertenecientes a la clase media de la ciudad. Como buenos cristianos bautizaron a su hijo al día siguiente de su nacimiento.


La prueba se abatió sobre la familia Rogue con la muerte del padre, cuando Pedro Renato no tenia más que tres años. Su madre, como la mujer fuerte de la Biblia, supo hacer frente a su desgracia y educar adecuadamente a su hijo, en el Colegio de san Ivo, dirigidos por los Jesuitas. Formó parte de la Congregación mariana del Colegio y en ella profundizo en la devoción a la Virgen, que perduraría durante toda su vida.


En aquel ambiente no fue extraño el brote vocacional al sacerdocio, animado por su generosa madre. Estaba el Seminario diocesano de Vannes, dirigido por los Hijos de san Vicente de Paúl, que lo recibieron en l776, cuando contaba 18 años. Quizás por no dejar sola a su madre, paso un tiempo como externo. Fue un discípulo aventajado en virtud y ciencia, necesarias para la vida sacerdotal Terminados su estudios, fue ordenado sacerdote el 21 de septiembre de 1782, celebrando al día siguiente su primera misa en la iglesia del Seminario diocesano,

Enseguida su Obispo le nombró cape1lán de la Casa de Ejercicios espirituales para mujeres, donde continuo su dedicación a la oración y al estudio, que hizo florecer en su alma el deseo de un compromiso mayor en el servicio a Dios y a las hermanos, volviendo sus ojos a los Hijos de san Vicente de Paúl, que habían sido sus formadores en la virtud y en la ciencia. Pero no le resultaba fácil tal determinación: debería separarse de su madre y su apostolado en la Diòcesis que le llenaba plenamente. Pero la llamada de Dios le hizo superar todo, ingresando en el Seminario interno (noviciado) de los Hijos de san Vicente de Paúl, en la Casa Madre de san Lázaro de Paris, el 25 de octubre de 1786.


Dos años duraba el noviciado. Quienes le conocieron en aquella época, afirmaban que poseía la figura de un predestinado: su bondad se reflejaba en todo su ser: su carácter dulce y afable atraía a cuantos le trataban.


Al terminar el primer año de noviciado, juzgaron los superiores (por su formación tanto espiritual como teológica), podría ser ya destinado, para seguir su segundo año de noviciado en su destino, Ya era misionero de san Vicente de Paúl. Sus superiores, pensando que en su anciana madre y también en el apostolado anterior en Vannes, quizás pedido por el Obispo, que tan bien conocía a Pedro Renato, le destinaron al Seminario diocesano de Vannes, su ciudad natal, como profesor de teología. Al1i completo su noviciado y pronuncio sus votos en la Congregación de la Misión, el 26 de octubre de 1788.


El entonces Superior general de los Hijos de san Vicente de Paúl, P. Jacquier, dejo un hermoso retrato del misionero, como sacerdote de la Congregación de la Misión:"Exacto en la hora de levantarse, en la oración comunitaria y demás ejercicios de piedad de la Regla. Exacto en sus obligaciones. Todo su tiempo lo dedica al ejercicio de sus funciones sacerdotales o a prepararlos con la oración o el estudio. Amigo del silencio, separado del mundo y si en él está, es para ayudar a todos, Fiel imitador de san Vicente de Paúl en la sencillez, humildad, mansedumbre, mortificación y celo por la salvación de las almas, Por todas partes deja "el buen olor de Cristo".


Esta era la vida de Pedro Renato Rogue. Por otra parte Dios le había dotado de dones preciosos que conquistaba las almas, de una fisonomía serena, hermosa voz que le ayudaba en la predicación; incansable en el confesionario al que dedicaba la mayoría del tiempo que le dejaban sus clases de teología.


El horizonte de Francia no se veía muy halagüeño. El pueblo pedía un mejor régimen social, La iglesia pedía se corrigiesen los abusos. Pero la revolución estaba servida: era el mes de mayo de 1789.El 13 de junio, la Casa Madre de los Hijos de san Vicente, san Lázaro, era asaltada y profanada por los revolucionarios. Al día siguiente fue tomada la Bastilla y un largo y sangriento etc. El 12 de julio de 1790, se voto la famosa Constitución civil del Clero, que no reconocía al Papa como cabeza de la Iglesia y si al Estado. El Papa Pío VI, en abril de 1791 previno a los fieles que dicha Constitución civil era cismática. La persecución se desato contra el clero fiel, El Rey fue encarcelado, los bienes de la Iglesia, fueron confiscados, las Ordenes religiosas suprimidas. El 2 de septiembre de 1792, comienzan las horribles matanzas en Paris, donde tres Obispos y 250 sacerdotes y religiosos fueron martirizados.

El clero de Vannes con su Obispo a la cabeza, rehusaron, desde el primer momento, la Constitución civil, negándose a prestar juramento. Algunos sacerdotes fueron sobornados, entre ellos el Superior del Seminario, que prometieron emitir el juramento. Y surge la figura de Pedro Renato Rogue: comenzó a animar al Superior del Seminario para que se retractase de la promesa del juramento. Los sacerdotes que habían dado palabra para el juramento lo rechazaron con una sola excepción.


Pedro Renato era mirado por el clero de Vannes, como el defensor de la Iglesia. El Obispo, los sacerdotes y religiosos fueron expulsados. La casa de su anciana madre fue el refugio de Pedro Renato, pero tuvo que disfrazarse y cambiar de domicilio, al arreciar la persecución tuvo que disfrazarse y cambiar de domicilio mientras seguía visitando enfermos, animando a los que flaqueaban. Su coraje y su animo juvenil le llevó incluso a entrar en las cárceles para animar a los presos y administrar los sacramentos. Tan querido y respetado era que a pesar de ser reconocido, nadie se atrevió a denunciarle.


En la vigilia de la Navidad de 1795, a las 9 de la noche, fue llamado a atender a un moribundo. Llevando consigo el viático, fue apresado poco antes de llegar a la casa del enfermo. Despidió apresuradamente a los que le acompañaban para que no fueran también detenidos y se dejó prender por aquellos que le perseguían, entre los cuales, uno que había recibido de Pedro Renato abundantes ayudas de todo género: un nuevo Judas,


Fue llevado al tribunal, formado por algunos antiguos compañeros suyos, que se enfrentaron con los que le habían detenido, señal de gran aprecio y estima que hacia Pedro Renato sentían. Le dieron ocasión para que pudiera huir y esconderse, pero no acepto, para no comprometerles."Llevo conmigo la Sagrada Eucaristía", les dijo y retirándose a un rincón, ele mismo se comulgó, ante el silencio respetuoso de todos,


Llevado a la cárcel el mismo 24 de diciembre, en ella permaneció hasta el 3 de marzo siguiente.


Fue encerrado en una de las torres de la antigua prisión de la ciudad de Vannes, llena de humedad y frío, sin que de sus labios saliera una sola queja. En aquellas fechas la persecución parecía amainar y tan ilusionado como estaba por el martirio, que creía cercano, llegó a exclamar:"Señor, no soy digno. . ".Pero la calma de la persecución fue sólo temporal.


Llamado al tribunal y después del interrogatorio de rigor, confeso y no negó su condición de sacerdote refractario a la Constitución civil y que había seguido ejercitando su ministerio sacerdotal: por ella fue condenado a la guillotina. La sentencia debía ser ejecutada antes de veinticuatro horas y en la plaza pública, sin que pudiera haber remisión alguna. Su madre estaba presente en el juicio y se le permitió abrazarla por ultima vez. Terminado aquel inicuo proceso, fue devuelto a la cárcel, desde donde escribió la ultima carta a su anciana madre y a sus hermanos de Comunidad, comunicándoles que va a morir por la fe y que en aquellos momentos se sentía feliz y contento al dar su vida por Cristo,

Hubo varias tentativas para sacarle de la prisión, mientras él pasó la noche en oración y ayudando a los que, como él, habían sido condenados a muerte.


Era jueves, el 3 de marzo de aquel año de 1796, a las tres de la tarde, cuando Pedro Renato, con las manos atadas a la espalda fue sacado de la prisión y conducido a las guillotina, que había sido colocada cerca de su colegio, donde se había consagrado al Señor y que traería a su mente tantos y tantos recuerdos La cuchilla de la guillotina segó su cabeza en pocos minutos, mientras pronunciaba las palabras de Cristo:" A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu".


La multitud, sin miedo alguno, se lanzo al patíbulo para empapar en la sangre del mártir lienzos, que se guardaron como preciosas reliquias. Los soldados volvieron de la ejecución llenos de admiración y respeto hacia el heroico mártir, exclamando:"No era un hombre, era un ángel".Tenia 38 años.


Al día siguiente su cuerpo fue inhumado en el cementerio de la ciudad. Cinco personas se atrevieron a asistir al entierro y una de ellas escribió su nombre "Rogue", sobre un trozo de pizarra, que colocó sobre su cuerpo, para poder, algún día identificarlo. Su propia madre, pasada la época de la persecución, hizo colocar una cruz sobre la tumba de su querido hijo.


Vannes siempre considero a aquel hijo preclaro, como un santo y un mártir. Su tumba era muy frecuentada y se la atribuían favores de todo tipo.


El Papa Hipo X1, el 12 de junio de 1929, firmo el Decreto de la Causa de Beatificación y el 10 de mayo de 1934 en la basílica de san Pedro del Vaticano era declarado BEATO Pedro Renato Rogue, misionero de san Vicente de Paúl y mártir de la Eucaristía y de la Caridad,


La ciudad de Vannes le honró con grandes fiesta y colocó sus reliquias en una hermosa imagen yaciente en su iglesia Catedral, donde se venera.



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Martirologio Romano: En Brescia, en Lombardía, santa Teresa Eustoquio (Ignacia) Verzeri, virgen, fundadora del Instituto de las Hijas del Sacratísimo Corazón de Jesús (1852).

Fecha de canonización: 10 de Junio de 2001 por Juan Pablo II.



Teresa Verzeri nació en Bérgamo de Lombardía, el 31 de julio de 1801. Era una de las hijas de Antonio Verzeri y de su esposa Elena, perteneciente a la familia de los condes de Pedroça-Grumelli. Los Verzeri profesaban gran devoción a San Jerónimo. Uno de sus hijos, que fue más tarde obispo de Frescia, se llamaba Jerónimo y Teresa tenía como segundo nombre Eustoquio, en recuerdo de la hija de Santa Paula. Como es bien sabido, estas dos santas habían sido muy amigas de San Jerónimo y habían ejercido, por turno, el superiorato del convento de mujeres que éste había fundado en Jerusalén. En el caso de Teresa, el nombre Eustoquio resultó profético.

Se cuenta que Teresa decidió hacerse religiosa a los diez años de edad, el día de su primera comunión. Tales inspiraciones no son raras a esa edad, pero la firme resolución de Teresa no hizo más que crecer hasta el día de su confirmación. En esto le ayudó mucho al canónigo José Bengalio, de la catedral de Bérgamo. Es difícil determinar si el canónigo tenía ideas claras sobre Teresa o si estaba tratando de probar su vocación, pues tres veces la hizo entrar y volver a salir del convento de las benedictinas de Santa Grata. La obediencia ciega de Teresa al canónigo le valió no pocas críticas y burlas, pero la beata las soportó con paciencia y alegría. Fue sin duda una época de rudo aprendizaje.


Después de haber salido por tercera vez del convento, Teresa se consagró enteramente a la instrucción religiosa de las niñas en una pequeña casa llamada Gromo, que pronto se convirtió en la semilla de la nueva congregación religiosa que había de fundar. Antonia, su hermana y otras dos jóvenes, llamadas Virginia Simoni y Catalina Manghenoni, se le unieron al poco tiempo. Las cuatro hicieron la profesión de votos simples ante el canónigo Benaglio, quien las destinó a la enseñanza de la juventud. La vida de la nueva comunidad era muy austera, con largos períodos de silencio y ayuno. Teresa tuvo que hacer frente a muchas dificultades espirituales, dudas y tentaciones. La congregación empezó pronto a crecer, pues ingresaron en ella numerosas jóvenes de buena familia, entre las que se contaban tres hermanas de Teresa, llamadas María, Judit y Catalina, además de su propia madre que había quedado viuda. El canónigo Benaglio se encargaba de la dirección espiritual de la comunidad y ayudó a redactar las reglas y constituciones que comprendían diferentes obras de caridad: escuelas para los niños pobres, visitas a las mujeres enfermas, centros religiosos y de recreación para las jóvenes que se hallaban en peligro y sobre todo, retiros para mujeres, según el espíritu de San Ignacio de Loyola.


El obispo de Bérgamo, Mons. Carlos Gritti-Morlacchi, favoreció al principio a la nueva congregación, pero después se dedicó a obstaculizar su crecimiento. Mayor prueba fue para Teresa su propia indecisión y humildad. ¿La llamaba Dios realmente a fundar una nueva congregación, dado que ya existían otros institutos similares, como el del Sagrado Corazón, fundado por Santa Magdalena Sofía Barat? Teresa fue a Turín, donde la madre Barat había empezado a organizar, desde 1832, los retiros para mujeres y se sintió muy inclinada a unir su congregación con la de la santa. Pero pronto comprendió que la voluntad de Dios era diferente, pues había campo más que suficiente para las dos congregaciones, por similares que fuesen. Así pues, la beata tuvo que superar ésta y otras dificultades y soportar con paciencia numerosas desilusiones, antes de conseguir que se estableciera sólidamente su instituto. Finalmente, en 1841, Teresa y sus compañeras pudieron hacer la profesión solemne en manos del mismo prefecto de la congregación de obispos y religiosos, el cardenal Constantino Patrizi. Unos cuantos días más tarde, fue publicado el decreto aprobatorio de la Santa Sede y la congregación fue definitivamente confirmada en 1847. Con esta ocasión, se autorizó a la fundadora a abrir una casa en Roma.


Entre los que ayudaron a Teresa Verzeri en las dificultades, se contaba el Beato Luis Pavoni, de Brescia, quien se encargó de imprimir las constituciones de la nueva congregación, en un momento en que esto significaba exponerse a muchas molestias; pero el beato hizo caso omiso de las murmuraciones y hablillas. Además, intercedió ante Mons. Speranza para que apoyase en Roma la causa de las Hijas del Sagrado Corazón. Cuando Teresa compró un antiguo monasterio en Brescia, el Beato Luis proyectó los cambios que era necesario hacer al edificio y se encargó de vigilar personalmente la obra. Para ayudar a Teresa, hizo varios viajes a Bérgamo y a Trento, y se comprometió a asegurar la misa diaria en la casa madre. Nada era demasiado difícil para el Beato Luis, cuando se trataba de ayudar a las religiosas. La gran estima mutua que se profesaban el Beato Luis y la Beata Teresa ha continuado entre sus congregaciones respectivas, en el siglo que ha transcurrido desde su muerte.

La beata vivió todavía cuatro años después de la fundación de la casa de Roma. Durante ellos creció en gracia y santidad y su congregación con ella. El cólera que azotó el norte de Italia, arrebató a la beata el 3 de marzo de 1852. La multitud que asistió a sus funerales fue el mejor testimonio de la reputación de santidad de que gozaba y que no ha hecho sino aumentar con el tiempo.


Teresa fue beatificada en 1946 por Pío XII y canonizada el 10 de Junio de 2001 por Juan Pablo II.



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