02/21/14

23:33
Martirologio Romano: Fiesta de la cátedra de san Pedro, apóstol, al que el Señor dijo: Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. En el día en que los romanos acostumbraban a recordar a sus difuntos, se celebra la sede de aquel apóstol, cuyo sepulcro de conserva en el campo Vaticano y ha sido llamado a presidir en la caridad a toda la Iglesia.

Hoy se celebra la festividad de la Cátedra de San Pedro, una ocasión solemne que se remonta al cuarto siglo y con la que se rinde homenaje y se celebra el primado y la autoridad de San Pedro.


La palabra "cátedra" significa asiento o trono y es la raíz de la palabra catedral, la iglesia donde un obispo tiene el trono desde el que predica. Sinónimo de cátedra es también "sede" (asiento o sitial): la "sede" es el lugar desde donde un obispo gobierna su diócesis. Por ejemplo, la Santa Sede es la sede del obispo de Roma, el Papa.


Hace no muchos años, antes de rezar el Ángelus en este día, el Papa Juan Pablo II recordó que "la festividad litúrgica de la Cátedra de San Pedro subraya el singular ministerio que el Señor confió al jefe de los apóstoles, de confirmar y guiar a la Iglesia en la unidad de la fe. En esto consiste el ´ministerium petrinum´, ese servicio peculiar que el obispo de Roma está llamado a rendir a todo el pueblo cristiano. Misión indispensable, que no se basa en prerrogativas humanas, sino en Cristo mismo como piedra angular de la comunidad eclesial". "Recemos -dijo- para que la Iglesia, en la variedad de culturas, lenguas y tradiciones, sea unánime en creer y profesar las verdades de fe y de moral transmitidas por los apóstoles".


La cátedra es en realidad el trono que Carlos el Calvo regaló al papa Juan VIII y en el que fue coronado emperador el día de Navidad del año 875. Carlos el Calvo era nieto de Carlomagno. Durante muchos años la silla fue utilizada por el papa y sus sucesores durante las ceremonias litúrgicas, hasta que fue incorporada al Altar de la Cátedra de Bernini en 1666.


Tradiciones, leyendas y creencias afirmaron durante muchos años que la silla era doble y que algunas partes se remontaban a los primeros días de la era cristiana e incluso que la utilizó San Pedro en persona. La silla ha sido objeto de numerosos estudios a lo largo de los siglos y la última vez que fue extraída del nicho que ocupa en el altar de Bernini fue durante un período de seis años, entre 1968 y 1974. Los análisis efectuados en aquella ocasión apuntaban a que se trataba de una sola silla cuyas partes mas antiguas eran del siglo VI. Lo que se había tomado por una segunda silla era en realidad una cubierta que servía tanto para proteger el trono como para llevarlo en procesión.


Todos los años en esta fecha, el altar monumental que acoge la Cátedra de San Pedro permanece iluminado todo el día con docenas de velas y se celebran numerosas misas desde la mañana hasta el atardecer, concluyendo con la misa del Capítulo de San Pedro.


Fuente: VIS - Servicio Informativo Vaticano



23:33
Martirologio Romano: En la ciudad de Sendai, en Japón, beato Diego Carvalho, presbítero de la Compañía de Jesús y mártir, que, después de soportar injurias, cárceles y caminatas realizadas en pleno invierno, con fe intrépida confesó a Cristo, junto con sus compañeros, en el suplicio del agua helada (1624).

Fecha de beatificación: 7 de mayo de 1867 por el Papa Pío IX.



Nació alrededor del año 1578 en Coimbra, Portugal, no se conocen datos fidedignos de su vida anteriores a su ingreso en la orden jesuita el 14 de noviembre de 1594.

Estudiaba filosofía cuando fue enviado a la misión en Oriente. Zarpo de Lisboa con otros diecinueve jesuitas. Tras unos meses en Goa (India), seguramente acabando el segundo año de filosofía, fue enviado, en 1601, a Macao, donde cursó el tercer año y los tres te teología. Luego fue maestro de latín y se dedicó a la predicación durante unos seis meses.


El 29 de junio de 1609 llegó a Japón, participó en un curso de japonés durante dos años, tiempo en el que también colaboró como misionero en Amakusa. En 1612 fue trasladado a la zona de Miyaco (Kyŏto), donde siguió su labor misionera hasta inicios de 1614 cuando la persecución de Tokugawa Ieyaso buscaba la expulsión de los misioneros y a la erradicación del catolicismo del Japón. Atendió en Nagasaki y sus alrededores a las comunidades cristianas hasta noviembre, mes en el que la mayoría de los misioneros fueron expulsados a Macao y Manila.


El 6 de enero de 1615 partió de Macao con destino a Conchinchina (Vietnam) y luego a Turan (hoy Da Nang) con el fin de empezar una misión entre los residentes y emigrados japoneses en aquellas zonas. Para la fiesta de la Resurrección tenían ya edificada una capilla y celebraron los primeros bautizos.


En 1616 regresó a Macao, y luego pasó de nuevo a Japón, a donde ingresó disfrazado. Cuidó un año de los cristianos perseguidos en la región de Õmura y luego partió a Dewa, Õshū e Iwashiro, recorriendo una extensa parte de la región septentrional de la isla mayor, donde el único jesuita, Girolomo De Angelis, era un misionero itinerante. Recorrió sin cesar esas regiones, teniendo como centro de operaciones a las comunidades cristianas en Akita (fundadas por él) y Sendai. Visitó tres veces a los cristianos desterrados en Tsugaru.


En 1620 pasó a la isla de Exo (Hokkaidō) donde, el 5 de agosto, celebró la primera Misa en la historia de esa isla. Las cartas que el enviaba a Europa, describiendo sus visitas a los nativos ainu, detallaban tan bien la geografía que ayudaron a perfeccionar la cartografía del Oriente que se hacía en el continente europeo.


Al menos desde 1623 fue el superior de la misión en el Japón septentrional. El 8 de febrero de 1624 lo apresaron en Oroshie, no lejos de Mizusawa; debían llevarlo a Sendai, partieron el 10 y llegaron el 17, pese a que en condiciones normales ese camino se lo hacía en tan sólo tres días; el 18 sufrió por primera vez el tormento: lo sumergían en las heladas aguas del río Hirose, al pie de la fortaleza del daimyō Date Masamune. Este tormento lo repitieron el 22, desde las 10 de la mañana hasta casi el medio día, esta vez lo sacaron del río ya muerto.



fuente: Diccionario Histórico de la Compañía de Jesús

Tomo I: AA – Costa Rica

Autor: Charles E. O’Neill

Universidad Pontifica Comillas – MADRID

ISBN 84-8468-037-1



Si usted tiene información relevante para la canonización del Beato Diego, escriba a:

Catholic Bishops’ Conference of Japan

2-10-10 Shiomi Koto-ku

Tokyo 135-8585, JAPÓN



23:33
Martirologio Romano: En Longchamp, suburbio de París, en Francia, beata Isabel, virgen, que, siendo hermana del rey san Luis IX, renunció a matrimonio de realeza y a ventajas mundanas y fundó un monasterio de Hermanas Menores, con las que sirvió a Dios en humildad y pobreza (1270).

Etimológicamente: Isabel = Aquella a quien Dios da la salud, viene de la lengua hebrea.


Fecha de beatificación: Su culto fue confirmado por el papa León X el año 1521



Nació el año 1225 y era hija del rey Luis VIII de Francia y de su esposa Blanca de Castilla, y era, por tanto, hermana del rey San Luis IX.

Isabel se cría en la corte paterna bajo los cuidados de su madre que infundió en ella, como en su hermano Luis, los más fervorosos sentimientos religiosos y el horror al pecado. Ya de pequeña aprendió a amar a los pobres y a emplear mucho tiempo en los actos de piedad y culto divino.


Solicitó su mano el príncipe Conrado, hijo y heredero del emperador Federico II. La propuesta fue acogida con satisfacción por la reina viuda Blanca de Castilla y por su propio hermano Luis, y al papa Inocencio IV, a quien se había dado noticia de la petición, le pareció buena para soldar la paz entre los príncipes cristianos y le escribe a Isabel diciéndole que contaría con su bendición. Pero Isabel contesta al papa que ella ha hecho voto de virginidad y que desea mantener su consagración a Dios. Inocencio IV contesta a la princesa que no puede menos que alabarla por esta deliberación y que la animaba a proseguir en tan santo propósito.


Isabel prosigue entonces en medio de la corte llevando una vida dedicada a la caridad y a la piedad y puede ver cómo su hermano Luis, llevado de un alto idealismo, marcha a las Cruzadas, donde sus armas no consiguen el triunfo esperado sino que incluso es apresado y a gran precio recupera la libertad. Estando su hermano ausente, muere su madre Blanca.


A partir de entonces ya no se cree necesaria en la corte y piensa poner en práctica el propósito concebido de fundar un convento de clarisas en el que pasar el resto de sus días. Su hermano le da la oportuna licencia y surge así el convento de Longchamp el año 1257, que ella coloca bajo la advocación de la Humildad de Nuestra Señora. Parece claro que, aunque la Orden Franciscana presenta a Isabel como monja de la segunda orden y con ese título se confirmó su culto, en realidad ella nunca profesó ni emitió los votos religiosos. Vivió en un ala del convento, en una especie de casa aparte, no en las celdas de las monjas, y continuó su costumbre de generosidad extrema con los pobres. De esta forma además evitó el que las monjas la pudieran elegir abadesa.


Su vida fue santa: toda ella dedicada a la oración, la penitencia y las buenas obras, pudiendo ser vista en éxtasis con que el Señor la favorecía.


Murió el 22 [para otros, el 23] de febrero del año 1270, y su culto fue confirmado por el papa León X el año 1521 al permitir al monasterio de Longchamp celebrar su fiesta, que posteriormente el papa Inocencio XII, a finales del s. XVIII, extendió a toda la Orden Franciscana.


¡Felicidades q quien lleve este nombre!



23:33

La mujer escandalosa que llegó a ser de muy buen ejemplo.


Martirologio Romano: En Cortona, de la Toscana, santa Margarita, que profundamente conmovida por la muerte de su amante, borró los pecados de su juventud con una penitencia saludable, pues recibida en la Tercera Orden de San Francisco, se entregó a la contemplación de Dios y fue favorecida por especiales carismas (1297).

Etimológicamente: Margarita = Aquella de belleza poco común, es de origen latino.


Fecha de canonización: 16 de mayo de 1728 por el Papa Benedicto XIII.



Margarita nació en Italia en 1247. Hija de una familia de agricultores, los primeros años los pasa alegremente junto a su madre que es muy piadosa y que le enseña a ofrecer por la salvación y por la conversión de los pecadores todo lo que hace y lo que reza.

Pero a los 7 años queda huérfana de madre, y entonces su padre se casa con una mujer dominante y agresiva que se dedica a hacerle la vida imposible a la joven Margarita, la cual empieza a volverse triste y desconfiada y a buscar fuera del hogar las alegrías que en su casa no logra hallar.


A los 17 años ya es una joven muy hermosa pero no puede encontrar cariño en su hogar. Es entonces cuando se deja engañar por un terrateniente, un rico agricultor que prometiéndole que se casará con ella, logra obtener que se fuera de su casa y se vaya con él. Ella al principio opone resistencia porque sabe que lo que le ofrece es la deshonra y una vida de pecado, pero los regalos espléndidos y las promesas mentirosas de aquel engañador la logran convencer, y una noche sale huyendo y se va con él.


Viajan aquella noche por un río en una balsa. Chocan y la balsa se hunde. Ella corre gravísimo peligro de ahogarse, pero su prometido logra salvarla nadando ágilmente. La joven considera esto como una llamada de Dios, pero en aquella hora pueden más las promesas del pecado que los avisos de Dios, y sigue con aquel hombre.


Son ocho años de pecado, de lujos, de fiestas y placeres, pero su alma no es feliz. Desea fuertemente volver a los tiempos antiguos cuando aunque no tenía lujos ni fiestas, ni honores, sin embargo tenía el alma limpia de pecado y tranquila su conciencia. Tiene un hijo (que más tarde será franciscano) pero en su alma se libra cada día una violenta batalla entre su deseo de vivir en gracia y amistad con Dios y los deseos pasionales de su naturaleza humana. La gente la ve atravesar plazas y calles, elegantísima, en lujosas cabalgaduras, pero no imaginan que su alma agoniza de angustia.


Para calmar un poco los remordimientos de su conciencia se dedica a repartir limosnas entre los pobres. A una viejita agradecida que le dice: "Gracias señora, Ud. si es buena persona". Le responde: ¡Por favor: no diga eso, que yo sólo soy una miserable pecadora!


A ratos se retira a las soledades del bosque a llorar. Y allí exclama: "Oh Dios: que bueno es poder hablarte, aunque el alma se siente tan débil y pecadora. Te repito las palabras del hijo pródigo: He pecado contra el cielo y contra Ti".


Le ruega a su compañero que contraigan matrimonio porque su alma no puede vivir tranquila en esa vida de ilegitimidad, pero él le responde que prefiere vivir en unión libre todavía por muchos años. Entonces ella ruega a Dios que le proporcione alguna solución. Y no se cansa de pedirle, con lágrimas, penitencias y mucha fe.


Una mañana su compañero se va al campo a visitar sus fincas. Por el camino unos sicarios guerilleros lo atacan, y lo matan a puñaladas, y esconden su cadáver entre unas matas, el hombre no vuelve esa tarde a casa, pero su fiel perro llega al día siguiente dando aullidos muy lastimeros y tira insistentemente de la falda de Margarita como diciéndole: "Por favor, sígame". Ella lo sigue llena de afán y de temor de que algo grave le haya sucedido a su compañero. En el bosque, junto a un gran árbol hay un montón de ramas y hasta allí la lleva el perro fiel. Margarita mueve ramas y encuentra el cadáver de su amante, destrozado con horrorosas heridas y empezando a descomponerse.


Margarita siente en aquel momento como un relámpago la llamada del cielo a volver a vivir en gracia y en amistad con Dios. Estalla en llanto por la tristeza de ver muerto a aquel hombre y por los terribles remordimientos que atormentan su propia conciencia. Pero recuerda que el Padre Celestial tiene siempre abiertos sus brazos bondadosos para recibir a todos los hijos pródigos que quieren volver a su divina amistad, y que Jesucristo nunca rechaza a las Magdalenas que quieran arrepentirse y cambiar de comportamiento, y con todas las energías de su alma se propone darle un vuelco total a su vida. Bien sabe que mientras vivamos en esta tierra nunca es tarde para convertirse y lograr salvarse.


Margarita no es mujer de medias tintas. Cuando se decide por algo lo hace con todas sus fuerzas. Así que lo primero que hace al volver del funeral de su amante es devolverles a los familiares de él todas las fincas que el hombre tenía. Vende luego las joyas y los lujos, y el dinero obtenido lo reparte a los pobres y ella se dispone a seguir viviendo en total pobreza.


Se va con su hijito a casa de su padre, pero la madrastra no permite que sea recibida allí, pues la considera una mujer escandalosa, y no cree en su arrepentimiento. Entonces sentada bajo un árbol se pone a llorar y a pensar. Los enemigos de la salvación le dicen: "Eres hermosa, tienes apenas 25 años, lánzate a la vida, que amadores no te van a faltar". Pero mientras reza siente que el Espíritu Santo le inspira esta idea: ¿Por qué no ir a la ciudad de Cortona donde están los Padres Franciscanos que son tan amigos de los pobres, y pedirles que me ayuden? Y hacia esa ciudad dirige sus pasos.


Al llegar a Cortona, en la entrada de la ciudad se encuentra con dos buenas señoras que se conmueven al verla en tan impresionante estado de pobreza y se ofrecen a ayudarla. La llevan a su casa; se encargan de la educación del niño y ellas mismas van donde los Padres Franciscanos a recomendarla.


Una gran bendición para Margarita fue encontrar entre los Padres Franciscanos dos santos y sabios sacerdotes que le supieron dar una excelente dirección espiritual. Por tres años largos tiene todavía que luchar esta joven contra las terribles tentaciones de su carne, pero estos prudentes directores la ayudan muchísimo animándola cuando está decaída y deprimida y guiándola con prudencia cuando ella se quiere dejar llevar por desmedidos entusiasmos. Deseaba hacer excesivas penitencias, porque decía que co nlas pasiones de su cuerpo nunca podía hacer las paces y que tenía que dominar a la fuerza ese cuerpo que tanto le había hecho ofender a Dios. Pero los Padres Franciscanos la moderaban y le insistían en que para la sociedad puede ser más útil un burro vivo que un cadáver.


Margarita fue al pueblo y a los campos donde había dado malos ejemplos viviendo en concubinato, y fue a vestida de penitencia y pidiendo perdón a los vecinos por todos los escándalos que les había dado con su vida pecaminosa de otros tiempos.


Luego por inspiración de Dios dejó de pensar tanto en sus antiguos pecados, y se dedicó más bien a pensar en el amor que Dios nos ha tenido, y esto la hizo crecer mucho en santidad. Entonces empezó a tener éxtasis (se llaman éxtasis a ciertos estados de contemplación y de meditación profunda cuyo resultado es la suspensión temporal de la actividad normal de los sentidos y cierta unión mística con Dios, acompañada de visiones sobrenaturales).


Sus directores, los dos Padres Franciscanos, fueron escribiendo todos los datos que lograron saber y redactaron la vida de la santa y muchas de sus visiones.


Fue admitida como Terciaria Franciscana, o sea como religiosa seglar, que viviendo en el mundo, se dedica a llevar una vida de mucha oración y de intenso apostolado.


Con la ayuda de otras jóvenes terciarais franciscanas, y pidiendo limosnas y ayudas de todas partes, Margarita funda un hospital en Cortona y allí se dedica con sus compañeras a atender gratuitamente a muchos enfermos.


Nuestro Señor empieza a hablarle en visiones, y así esta santa llega a ser una de las precursoras de la devoción al Sagrado Corazón. Recordemos algunos de los mensajes que Jesús le dio:


"Quiero que tu conversión sea un ejemplo para muchos pecadores, para que se sientan animados también a dejar la vida de pecado que han llevado, y a emprender desde ahora en adelante una vida llena de buenas obras. Deseo que todos los pecadores de todos los siglos recuerden que estoy dispuesto a recibirlos con los brazos abiertos como el padre recibió al hijo pródigo".


Cuando le asaltan las angustias al pensar si Jesucristo le habrá perdonado todas sus maldades, oye la voz de Nuestro Señor que le dice: "Porque he muerto en la cruz por salvarte, por eso te perdono todas tus culpas, sin dejar ninguna que no quede perdonada".


Otro día le dice Nuestro Señor: "Glorifícame, y Yo te glorificaré. Ámame, ámame y Yo te amaré. Dedícate a buscar lo que más te convenga para tu salvación".


En sus últimos años Margarita recibió de Dios el don de obrar milagros. Y se dedica a continuas penitencias. Ayuna; duerme sobre el duro suelo; pasa horas y horas rezando. Atiende con exquisito cuidado a toda clase de enfermos, especialmente a los más repugnantes. Ayuda a las mujeres pobres que van a tener hijos y que no tienen quién las atienda. Y sobre todo soporta con gran paciencia la increíble cantidad de cuentos y calumnias que las gentes malas le inventan contra su buena fama. Hasta los Padres Franciscanos dejan de atenderla porque las malas lenguas dicen que es una mujer indigna. Se retira a pasar sus últimos días en un rancho miserable y abandonado, para hacer penitencia de sus pecados.


Muere el 22 de febrero de 1297, a los 50 años. La mitad de la vida la pasó en pecado y la otra mitad haciendo penitencia y obras buenas. Lo último que dijo al morir fue: "Dios mío: yo te amo". El Papa Benedicto XIII, al declararla santa en 1728, dijo que Margarita es la mujer que más parecido tiene con María Magdalena.


Santa Margarita, la convertida: pídele a Dios, que nosotros también logremos convertirnos.


Nuestro sacrificio más agradable para Dios será el arrepentirnos y convertirnos de nuestros pecados.



23:33



















Otros Santos y Beatos
Otros Santos y Beatos

San Papías, obispo

En Hierápolis, en Frigia, san Papías, obispo, de quien se dice que había escuchado al anciano Juan, que fue compañero de san Policarpo, y que comentó los discursos del Señor (s. II)

San Pascasio, obispo

En Vienne, en la Galia Lugdunense, san Pascasio, obispo, célebre por su erudición y la santidad de sus costumbres (s. IV).


San Maximiano, obispo

En Ravena, en la provincia de Flaminia, san Maximiano, obispo, que cumplió con fidelidad su función episcopal y luchó contra los herejes de la época en favor de la unidad de la Iglesia (556).






03:03


Nació en Ravena y fue una de esas figuras severas que, como San Juan Bautista, surgen en las épocas de relajamiento para apartar a los hombres del error y traerles de nuevo al estrecho sendero de la virtud.

Debido a la prematura muerte de sus padres, el santo fue criado por su hermano, convirtiéndose en un excelente discípulo, y más tarde en un profundo servidor de Cristo.




Pedro decidió abandonar el mundo exterior y abrazar la vida religiosa en otra región, entrando al convento de Fonte Avellana, comunidad de ermitaños que gozaba de gran reputación.


Allí se dedicó a la oración, lectura espiritual y estudios sagrados, viviendo con gran austeridad.


Pese a su negativa, Pedro asumió la dirección de la abadía en 1043 gobernando con gran prudencia y piedad.


Fundó otras cinco comunidades de ermitaños, donde fomentó entre los monjes el espíritu de retiro, caridad y humildad y además estuvo al servicio de la Iglesia, siendo nombrado Cardenal y Obispo de Ostia en 1057.


San Pedro escribió varios documentos que ayudaron a mantener la observancia de la moral y de la disciplina, particularmente en lo que se refiere a los deberes de los clérigos y monjes.


A pesar de su severidad, el santo sabía tratar a los pecadores con bondad e indulgencia, cuando la caridad y la prudencia lo pedían. Murió el 21 de febrero de 1072. Inmediatamente la gente empezó a considerarlo como un gran santo y a conseguir favores de Dios por su intercesión.


El Papa León XII lo canonizó (1823) y, por los elocuentes sermones que compuso y por los libros tan sabios que escribió, lo declaró Doctor de la Iglesia (1828) .


San Pedro Damiani: consíguenos de Dios la gracia de que nuestros sacerdotes y obispos sean verdaderamente santos y sepan cumplir fielmente su celibato.



03:03
Martirologio Romamo: En Anjou, en Francia, beato Natal Pinot, presbítero y mártir, el cual, durante la Revolución Francesa, siendo párroco, mientras se preparaba para celebrar misa fue detenido y, revestido con los ornamentos litúrgicos a modo de burla, llevado al patíbulo como al altar del sacrificio (1794).

Fecha de beatificación: 21 de octubre de 1926 por el Papa Pío XI.



El último de 16 hijos, que había nacido en el hogar de piadosos padre en Angers (Francia Occidental) el 19 de diciembre de 1747, en vísperas de la Navidad, recibió en el bautismo un nombre que debiera recordar la Navidad: "Noël" (En latín sería "Natalis" y en italiano "Natale").

Este niño trajo no sólo alegría navideña a su numerosa familia, sino también a la Iglesia el honor de un nuevo mártir de la Santísima Eucaristía.


Con los oratorianos en Angers recibió el muchacho una buena educación; en diciembre de 1770 la ordenación sacerdotal hizo de él un devoto y bondadoso sacerdote diocesano que desarrolló en su lugar una preciosa labor.


Los primeros 10 años trabajó como capellán en Bousse (Sarthe) y en Corze. En junio de 1781 regresó a la ciudad obispal de Angers para terminar sus estudios de teología, que culminarían con un grado académico. Durante este lapso, Noel era capellán en el Hospital de los incurables en Angers. El 6 de febrero de 1788 recibió el título de "Magister Artium".


Poco después fue nombrado párroco de Saint - Aubin en Lauroux - Béconnais, una parroquia relativamente grande, que contaba con 3,000 almas. Aquí obro como buen pastor, pero solamente durante dos años, pues él entró pronto en la tormenta de la Revolución Francesa que apenas estalló. El 12 de julio de 1791 se acordó en París la Constitución civil. El padre Pinot se negó, con otros valientes sacerdotes, a prestar juramento a esta constitución anticlerical. En su sermón del 27 de febrero de 1791 la criticó fuertemente y de inmediato fue denunciado a las autoridades. El 5 de marzo se le tomó preso y llevado a Angers, donde siete días después recibió la prohibición de ejercer su profesión de sacerdote.


Bajo estas circunstancias no le quedaba otra posibilidad que esconderse. Primero en el Hospital de los incurables en Angers. Después de buscarle allá, llevó durante dos años la vida de un sacerdote perseguido, libre como pájaro y huyendo de un lugar a otro. Aunque siempre preparado para huir, seguía ofreciendo clandestinamente la Santa Misa y administrando los sacramentos.


Cuando los católicos de la Vendée se levantaron durante corto tiempo con éxito contra el régimen del terror, pudo el padre Pinot regresar a su parroquia; pero sólo por corto tiempo pudo gozar de su libertad, puesto que el levantamiento de los católicos fue derribado desde París. El padre tuvo que esconderse nuevamente, y no sólo esto: se ofreció una suma de dinero a quién lo entregara - vivo o muerto - a los tiranos de la revolución.


En la noche del 9 de febrero de 1794 el padre Pinot se preparaba en una lejana hacienda nombrada Milanderie para celebrar la Santa Misa. Ya estaban hechos todos los preparativos y el padre se iba a poner el alba cuando irrumpió la guardia y se dispuso a hacer una revisión exhaustiva del lugar. El padre Pinot se escondió lo más rápido posible en una caja, puesta todavía su alba; allí fue descubierto y llevado preso.


Su vocación sacerdotal, junto con el hecho de haber celebrado la Santa Misa, era suficiente para dictar sobre el padre Pinot la pena de muerte y ejecutarlo el mismo día.


El candidato a muerte fue irónicamente preguntado si quería morir con el alba puesta, proposición que aceptó con entusiasmo porque así pudo vivir todavía la más bella satisfacción: hasta el último momento ser sacerdote.


El suplicio sería como la celebración de su última Misa, su ofrenda final.


Así subió el padre Pinot al patíbulo, vestido con alba y casulla. Momentos antes de su decapitación tuvo que quitarse la casulla, pero los fieles le pusieron más tarde el ornamento después de la consumación del sacrificio.


El 21 de octubre de 1926, el Papa Pío XI beatificó a este valiente sacerdote diciendo: "Noel Pinot atestiguó, llevando hasta el momento de su ejecución la casulla, demostrando que la tarea primordial, más importante y más sagrada del sacerdote es la celebración de la Santa Eucaristía según el encargo del Señor: "Haced esto en memoria mía" ".


Si usted tiene información relevante para la canonización del Beato Noel Pinot, por favor contacte a:

Diocèse d’Angers

8, Place Monseigneur-Rumeau

B.P. 246

49002 Angers CEDEX 01, FRANCIA

- o -

Bénédictines de Notre-Dame du Calvaire

8, rue Vauvert

49100 Angers, FRANCIA



03:03
Etimológicamente: Leonor = Eleonor = Eleonor = Aquella que es audaz, es de origen gálico.

Nacida en el año 1222, muerta en Amesbury, el veinticinco de junio del año mil doscientos noventa y uno.


Esta joven vino al mundo en Francia. Sus padres eran Berengario IV, conde de Provenza y de Beatriz de Saboya.


La madre era una ferviente cristiana y muy dada a las letras.


En 1236 contrajo matrimonio en Canterbury con el rey Enrique III de Inglaterra. Con ella se marcharon muchos familiares y conocidos en busca de una mayor fortuna.


Muchos llegaron a ocupar puestos importantes en la administración pública. Sin embargo, el favoritismo de Eleonora suscitó en seguida las envidias y una impopularidad grande contra la reina.


La cosa se hizo tan tensa que tuvieron que encerrarla en la torre de Londres. La mala suerte no sólo caía sobre sus espaldas, sino que su marido fue hecho prisionero durante la de Lewes. El soplo de Dios atravesó su alma. Por eso se fue a una abadía benedictina y se hizo religiosa en el 1276.


Murió santamente en 1291. Es fácil comprender que la devoción hacia ella haya nacido de modo particular dentro de la orden religiosa de la que ella formó parte, y luego su fama de santidad creció a pasos agicantados.


Su fama de santidad es enorme, aunque nunca haya sido canonizada oficialmente. Muchos, sin embargo, le han tributado culto hasta nuestros días.



03:03
San Eustaquio nació en Side, en Panfilia. Según afirma San Atanasio, confeso ante los perseguidores la fe de Cristo.

Era un hombre sabio, elocuente y virtuoso. Elegido obispo de Beroea, en Siria, atrajo sobre sí las miradas de la Iglesia. Más tarde, fue trasladado a la sede de Antioquía, que sólo cedía en dignidad a las de Roma y Alejandría y era la tercera del mundo. Poco después de ocuparla, asistió al Concilio de Nicea, donde fue acogido con grandes honores y se distinguió por su oposición al arrianismo.


En medio de sus trabajos por los otros, no olvidó que la verdadera caridad empieza por sí mismo y trabajó ante todo por su propia santificación.


Pero no por cuidar de su jardín guardaba para él toda el agua de la gracia, sino que la dejaba correr también por los huertos de sus prójimos a fin de que llevase la fecundidad por doquier.


En las diócesis que estaba encargado de gobernar, distribuyó hombres capaces de instruir y sostener a los fieles.


El santo se alarmó al enterarse de que Eusebio, el obispo de Cesárea, favorecía la nueva herejía (se trataba del Eusebio conocido como "el padre de la historia eclesiástica").


La desconfianza que mostró San Eustaquio por la doctrina de ése y otros obispos, así como su acusación en el sentido de que habían alterado el Credo de Nicea, provocaron contra él las iras de los arríanos, quienes consiguieron deponerlo hacia el año 330.


Antes de salir de Antioquía el pastor congregó a su grey y la exhortó a mantenerse fiel a la verdadera doctrina. La exhortación fue tan eficaz que se formó un grupo de "eustacianos" para preservar la pureza de la fe y negar el reconocimiento a todos los obispos que enviasen los arríanos. Desgraciadamente, esta lealtad degeneró más tarde en sectarismo contra los prelados ortodoxos.


San Eustaquio fue desterrado con algunos sacerdotes y diáconos a Trajanópolis de Tracia. No sabemos con exactitud el sitio ni la fecha de su muerte. La mayoría de sus copiosos escritos se perdió.


Entre las obras suyas que se conservan, la principal es una disquisición contra Orígenes, en la que critica los poderes de la pitonisa de Endor (1 Re. 28:7-23). Sozomeno recomienda las obras de San Eustaquio por su estilo y contenido. Pero nada muestra mejor la virtud del santo que la paciencia con que sobrellevó las acusaciones calumniosas que se le hicieron en cosas de importancia y, después, la deposición y el destierro.


San Eustaquio fue más grande en la desgracia de lo que había sido cuando sus virtudes brillaban pacíficamente en el gobierno de su sede.


Su nombre aparece en el canon de las misas siria y maronita.



03:03
Martirologio Romano: En Turín, del Piamonte, beata María Enriqueta (Ana Catalina) Dominici, de las hermanas de Santa Ana y de la Providencia, que gobernó sabiamente y engrandeció su Instituto durante treinta años hasta su muerte (1894).

Fecha de beatificación: 7 de mayo de 1968 por Pablo VI.



La Beata María Enriqueta Dominici nació el día diez de octubre de 1829 en Borgo Salsasio, Camagnola (Turín, Italia) ingreso a la Congregación de Religiosas Hermanas de Santa Ana, ya hechos sus votos perpetuos, murió en olor de santidad el día 21 de febrero del año de 1838 en la ciudad de Turín, en Italia.

Su proceso de beatificación fue iniciado el día 4 de abril de 1943, la Congregación para las Causas de los Santos, su Santidad el Papa Pablo VI aprobó la heroicidad de sus virtudes y la declaró digna de veneración -"Venerable"- el día 1 de febrero del año de 1975, finalmente, aprobó el milagro atribuido por su intercesión y la declaró beata el 7 de mayo de 1978.


Si se obtiene un favor o gracia especial atribuida por la intercesión de la Beata Hermana María Enriqueta Dominici, por favor hacer comunicar a su Causa de beatificación: Suore di Sant´Anna, Via degli Aldobrandeschi, 100, 00163 Roma, Italia.


Para tomar en cuenta: El fundador de la Congregación de las Religiosas Hermanas de Santa Ana fue Carlos Tancredo Falleti de Barolo, esposo de Julia Victorina Colbert Falleti de Barolo, ambos fundadores de la Congregación de las Hermanas Religiosas de Santa Ana.



Homilía completa del Papa Pablo VI

en la Misa de beatificación,

el domingo 7 de mayo de 1978




Venerados hermanos e hijos queridísimos:

La Iglesia entera está hoy de fiesta. porque puede presentar a la veneración y a la imitación de sus hijos y de sus hijas a una nueva beata, María Enriqueta Dominici, de las Hermanas de Santa Ana y de la Providencia.

A primera vista, la vicisitud terrena de la Beata María Enriqueta -cuya biografía acabamos de escuchar- parece la ordinaria de una religiosa que vivió en la segunda mitad del siglo XIX, y consiguientemente vinculada y condicionada por una mentalidad que actualmente podría dar la impresión de superada.


Pero apenas nos adentramos en la profundización y en la contemplación de esta alma, descubrimos una riqueza, una fecundidad y una modernidad que nos fascinan y nos arrastran. En este sondeo espiritual nos sirven de ayuda tanto los testimonios de las personas que la conocieron y vivieron durante años a su lado, como la Autobiografía y el Diario, escritos por orden del director espiritual, y las numerosas Cartas que de ella se conservan.


María Enriqueta Dominici fue ante todo una mujer, una religiosa, que tuvo y experimentó de manera fuerte y viva el sentimiento de la fragilidad esencial del ser humano y el sentido de la absoluta grandeza y transcendencia de Dios. Es el mensaje fundamental que, ya en el Antiguo Testamento, encontró en el libro del Profeta Isaías una de sus más altas expresiones teológicas y poéticas: "Toda carne es hierba, y su belleza como flor campestre... Se agosta la hierba, se marchita la flor, pero la palabra de nuestro Dios permanece por siempre... El Señor es un Dios eterno y creó los confines del orbe" (Is 40, 6. 8. 28; cf. 1 Pe 1, 24). La grandeza de Dios pone de manifiesto, por contraste, la pobreza esencial del hombre; éste, por tanto, sólo llega a ser algo en la medida en que reconoce su dependencia de Dios, y vale en la medida en que conscientemente actúa a la luz de la voluntad del Altísimo.


Un mensaje claro que afecta profundamente en particular al hombre contemporáneo, el cual escucha, a todos los niveles, el eco de las contestaciones originadas por el fenómeno de la secularización.


María Enriqueta Dominici comprende desde muy joven que vale la pena consagrar por entero la propia vida a Dios, y -como ella misma nos confiesa- se deleitaba "en el deseo siempre creciente de ser buena y de servir al Señor de todo corazón"; y, haciéndose eco de las célebres palabras de San Agustín (cf. Confesiones; I, 1), reconoce: "Solamente mi Dios podía llenar y saciar mi pobre corazón; todo lo demás no me importa".


Pero Dios, a quien desde niña buscó y encontró y al que quiere servir durante toda la vida, se le presenta como el Padre de amor infinito. Discípula de Cristo, María Enriqueta, en sus escritos, en sus cartas, en sus conversaciones, llamará a Dios con el nombre familiar de "Papá mío", y con una sencillez y seguridad que sólo las almas llenas de fe pueden tener, escribía: "Me parecía reposar toda en el regazo de Dios como una niña que duerme tranquilamente en el regazo de su madre: yo amaba a Dios, y casi diría, si no temiese exagerar, que saboreaba su bondad".


La entrega a Dios en la vida religiosa lleva consigo un abandono absoluto a su voluntad (cf. Mt 7, 21). María Enriqueta decidió cumplir siempre, a toda costa, la voluntad de Dios: "Soy toda de mi Dios y El es todo mío. ¿Qué puedo temer?, -escribe-. Y, ¿qué no podré hacer y padecer por su amor, siendo toda suya?... Dios mío, quiero hacer vuestra voluntad y nada más".


Este, nos parece, es el primer aspecto saliente de la figura espiritual de la nueva beata; aspecto esencialmente religioso, que supone un doble reconocimiento simultáneo: el de la infinita transcendencia del Dios inefable, y el no menos inefable de la intimidad que Dios mismo concede, por la misteriosa mediación de Cristo, a quien no la rehúsa autorizando a dirigirse a El con el nombre supremo y confidencial de Padre, que infunde en nosotros el espíritu y el lenguaje de hijos privilegiados de la adopción (cf. Rom. 8, 15; 9, 4; Gál 4, 5; Ef 1, 5).


Además de este primer aspecto, que podríamos llamar teológico, de la Beata María Enriqueta Dominici, nos parece que debemos poner de relieve otro aspecto suyo característico (si bien compartido por no pocas figuras religiosas de su tiempo), a saber, el ascético, propio también de la vida religiosa.


La consagración religiosa implica asimismo despojo, abnegación de sí, renuncia, sufrimiento, porque la religiosa ha de ser la esposa fiel que sigue a Cristo en su camino hacia la cruz (cf. Mt 16, 24; Lc 9, 23). Ya en los propósitos de su profesión religiosa, María Enriqueta, convencida del valor incomparable de la "sabiduría de la cruz", escribía: "Haré a menudo mi morada en el Huerto de los Olivos y en el Monte Calvario, donde se reciben lecciones importantísimas y muy útiles".


Siendo jovencísima había soñado con el claustro. Pero Dios tenía otro planes. A los 21 años ingresó en el instituto de las Religiosas de Santa Ana y de la Providencia, obra que había surgido en Turín el año 1834 por iniciativa del piadoso matrimonio piamontés Carlo Tancredi y Giulia Colbert, marqueses Falletti di Barolo, con la finalidad de ofrecer un educación adecuada a las muchachas de familias menos pudientes.


A esta congregación, cuyas finalidades espirituales sintonizaban con las exigencias de los tiempos, madre María Enriqueta dio, en sus 33 años de generalato, un impulso y un ardor extraordinarios, con excepcional apertura y lúcida visión de los problemas urgentes de Italia y de la Iglesia en aquel período complejo e intrincado que va del 1861 -año en que la beata fue elegida por primera vez superiora general- al 1894, año de su piadoso fallecimiento.


En su vida religiosa, primero como novicia, luego como profesa y más tarde como superiora general, la beata vivió con gozosa generosidad la plenitud del mensaje evangélico: la pobreza, la castidad y la obediencia, demostrando que la vida consagrada, lejos de encerrar al alma en una especie de fortaleza individualista, le abre horizontes insospechados e inexplorados, y le da misteriosas capacidades de fecundidad interior.


El tercer aspecto, que nos parece muy digno de relieve en la nueva beata, es el social: María Enriqueta confirmó asimismo, una vez más, la gran verdad evangélica de que el auténtico amor a Dios es también verdadero amor al prójimo, especialmente a los pobres en el cuerpo y en el espíritu (cf. Mt 25, 34 ss.; Jn 15, 12 ss.; 1 Jn 2, 10 ss.; 3, 16. 23). Su gran modelo es siempre Cristo: "Vivir para Jesús, padecer por Jesús, sacrificarse por Jesús".


La beata María Enriqueta amó inmensa y tiernamente a su congregación, a la que -bajo su guía- vio crecer y dilatarse de modo admirable hasta las misiones en la India; amó a sus "queridísimas hijas"; amó a los niños, a las muchachas mediante las variadas y geniales iniciativas del instituto; amó a la Iglesia y al Papa; amó y oró por su patria, en un período en que las relaciones entre Piamonte y la Sede Apostólica se hacían cada vez más difíciles y complejas.


Sus últimas palabras, dirigidas a sus hermanas antes de dejar esta tierra, fueron: "Recomiendo la humildad... y la humildad".


Creemos que en esta frase suya, sencilla y suprema, se sintetiza el gran mensaje que la nueva beata dirige a los contemporáneos.


Humildad que, con relación a Dios, se convierta en adoración. El hombre aprenda de nuevo el gesto fundamental de la fe religiosa, que no lo humilla, antes lo engrandece, porque le hace reconocer su dimensión esencial de creatura. "La fe es oscura -escribía la beata-, pero nos deja siempre luz suficiente para caminar hacia Dios".


Humildad que, con relación a los demás, se convierta en caridad, servicio, solidaridad, convivencia armoniosa y paz, con la consiguiente repulsa, a nivel personal y social, del abuso y de la violencia.


Humildad que, con relación a la Iglesia, se convierta en amor y docilidad, con el convencimiento de que ella es "en Cristo como un sacramento o signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano" (Lumen gentium, 1).

Humildad que, con relación a nosotros mismos, se convierta en conciencia serena de que nuestra existencia humana sólo puede adquirir su significado global y auténtico si nos incorporamos al designio amoroso de la voluntad de Dios: "Querer lo que Dios quiere, como Dios lo quiere y hasta que El lo quiera". Son palabras de la Beata María Enriqueta que confiamos a vuestra reflexión.


¡Así sea!



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