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23:41

Por: . | Fuente: www.bisbatlleida.org

Religioso y Mártir

Martirologio Romano: En diversos lugares de la diócesis de Lleida (Lérida), España, Beatos Mariano Alcalá Pérez y 18 compañeros de la Orden de la Bienaventurada Virgen de las Mercedes, asesinados por odio a la fe. ( 1936-37)

Fecha de beatificación: 13 de octubre de 2013, durante el pontificado de S.S. Francisco.

Fue un hombre de mala suerte. Claro que en términos humanos, porque para los creyentes todo es buena suerte, aunque no percibamos los porqués de los planes de Dios.

Nació en Arbucias, Gerona, el 26 de junio de 1874, de padres desconocidos. Cargó con el estigma de su nacimiento.

Estudió en el seminario diocesano de Gerona. Pero le tiraba el convento, y como conocía a los Mercedarios de San Ramón, pidió el ingreso en la Merced.

Y, adelantado en la carrera eclesiástica, fue referido a El Olivar, donde recibió el hábito el 19 de agosto de 1909, a las 8’15 de la tarde, de manos del padre Pascual Tomás y ante el padre Mariano Pina, contando treinta y cinco años, y previa la dispensa de nacimiento irregular. Emitió los votos el 8 de diciembre de 1910, ante los padres Pascual Tomás, Mariano Pina y Pedro Bolet. En el mismo cenobio continuó los estudios, hasta que el 25 de octubre de 1911 pasó a Lérida. El padre Jaime Monzón, que convivió con él en El Olivar, lo halló simple y humilde, dispuesto a los oficios más humildes y a dar clase con gran competencia cuando se le solicitaba. El padre Juan Parra ponderó su especialísima devoción a la Virgen María echándose de ver a las pocas palabras de conversación con él. De Ella hablaba con frecuencia, le componía y dedicaba versos, se le veía con frecuencia con su rosario entre las manos, y entre los libros de lectura solía escoger siempre los que trataban de la excelsa Madre y Señora nuestra.

Cursó tres años de latín, uno de retórica, tres de filosofía, tres de teología, con calificaciones de méritus y beneméritus. Pero, mala suerte, aunque llevaba brillantemente los estudios, y los tenía casi concluidos, lo encontraron deficiente de los ojos, y le cortaron el paso al anhelo de su vida, ser sacerdote. Del cuarto de teología (1900-1901) no fue examinado. La prueba fue sobrehumana, acató con humildad y entereza, pero con enorme amargura, la decisión de los superiores. Y se abandonó por completo, para toda la vida, en las manos de Dios con una paciencia perseverante e invicta, unida al silencio y la plena abnegación. Una pena, porque fray Mitjá era eminente. Lo sabía todo y en grado sumo, poseía un caudal nada común en los diferentes ramos del saber: dominaba el latín, el griego, el francés, amén del castellano y el catalán. Enseñó excelentemente gramática, retórica, aritmética, métrica y composición latinas. Tenía amplios conocimientos humanísticos y teológicos. Escribía poesías no mediocres…

No pudo ordenarse por visión deficiente, pero, de hermano lego, rindió como el mejor sacerdote en la docencia, pasando su vida entre Lérida y San Ramón, siempre al servicio de los colegios. En San Ramón para niños, en Lérida a todos los niveles, y hasta para los propios estudiantes mercedarios. Sus alumnos manifestarán que era un gran educador, por su corrección, sus sabios consejos y su caridad exquisita.

Dejándose mover sin resistencia, anduvo toda su vida religiosa entre ambos centros docentes. Lo hallamos, de hermano, en Lérida en 1915, 1917, 1919, 1920, cuando consta de un viaje a Barcelona. El 26 de septiembre de 1924 se localiza en San Ramón. El 27 de octubre de 1926 regresaba de San Ramón a Lérida. El 27 de junio de 1927 radicaba en San Ramón, lo mismo que el 24 de abril de 1929, mas en agosto de 1929 viajaba de Lérida a San Ramón. Desde Lérida se desplazó a Barcelona en agosto de 1930. El 9 de mayo de 1934 moraba en San Ramón.

Llegó el apocalíptico julio de 1936. El día, a las diez de la noche, a una con los demás conventuales, padres Antonio Gómez, Pedro Bolet, Amancio Marín, los hermanos Juan Sangrá y José Gascón tuvieron que abandonar su cenobio. Parecíamos -cuenta el padre Gómez- hombres que iban al destierro, ya que nuestro silencio y taciturnidad eran tales que parecía que habíamos perdido el uso de la palabra. Los seis religiosos acudieron a las familias que, ante el cariz político, anteriormente se les habían ofrecido.

Pero fray Mitjá afrontó la terrible situación con mucha entereza, estaba avezado a todo. Pero además, lo contaron sus hermanos de hábito, ansiaba ardientemente ser mártir. Se acogió de inmediato a casa del veterinario Emilio Más. Permaneció en este hogar unos diez o quince días, guardando un sistema de vida ejemplarísima, muy similar a la conventual; humilde, rezador, mariano entusiasta, muy reconocido a los favores. Cuidaba del niño pequeño, ayudaba en las faenas domésticas... Cuando no había qué hacer se empleaba en la meditación, la lectura espiritual, el rezo del rosario él solo y con la familia. No tenía miedo, ni se percataba del peligro; a mí –decía- no me harán daño. Iré pidiendo limosna como un mendigo y cuando acabe la guerra volveré aquí con luengas barbas y no me conocerán. El comité rojo supo del Fraile escondido, y conminó al señor más que lo echara de su casa, o se atuviera a las consecuencias. Enterado fray Mitjá, quiso irse de inmediato, y con gran dolor el buen samaritano sacó al religioso de su domicilio, encaminándolo hacia la vivienda de otro afecto de la comunidad en un pueblo próximo.

Anduvo vagando por los montes de Torá, mendigando por las masías.

Recaló en casa Gras, de Sellés, pidiendo limosna. Luego de identificarse, solicitó hospedaje para aquella noche, rezó el rosario con la familia, se entretuvo con los niños y se retiró. Se quedó por algunos días; porque era servicial y laborioso, se empleaba en enseñar las primeras letras a los pequeños de la familia y a otros dos vecinitos, colaborar en el hogar, rezar el rosario con sus protectores… admirando a todos por su bondad y humildad, su manera de rezar y de realizar las labores de la casa, manifestando gran entereza y mucho espíritu ante lo que se barruntaba. Pero el temor a perjudicarles, pues los rojos hacían registros sistemáticos, le motivó a internarse por el bosque. Retornó preguntando si había pasado el peligro, y se quedó segunda vez, volviendo a salir ante nueva amenaza.

Luego paró algunos días en casa Roure, aledaño de Su, y, siempre servicial y agradecido, realizó cuantas faenas se ofrecían y pintó el inmueble.

Luego moró, como unos dos meses, en casa Fornells, de Matamargó, y así mismo agradeció la acogida ayudando en los quehaceres domésticos y enseñando el catecismo a los niños; y, como en todos sus refugios, daba buen ejemplo y se comportaba como un santo. Porque había peligro de registros, se ausentó, volviendo de nuevo, hasta nuevo aviso de peligro. De aquí salió cuatro o seis días antes de su martirio.

Una patrulla del comité de Pinós, dirigida por su alcalde, lo encontró en las inmediaciones de casa Torrededía, cacheándolo le encontraron una navaja de afeitar y unas monedas de plata. Apercibidos de que era fraile o cura, alguno de la patrulla pretendió maltratarlo, pero el alcalde lo impidió, dejándole ir. Cenó en casa Torrededía, y el dueño lo acomodó en una choza de carboneros, distante como quinientos metros. A la mañana siguiente el señor de Torrededía oyó disparos. Lo presintió. Al cabo de una semana, en la primera quincena de enero de 1937, Francisco Oliva Comas, emboscado por estar igualmente perseguido, oyó grandes ladridos de perros, vio un bulto, pero no le prestó atención por el momento, mas retornando pudo ver un cadáver despedazado y medio comido. Volvió al día siguiente con otros emboscados y pudieron comprobar que era el fraile al que varias veces habían socorrido; dedujeron que había sido golpeado y arrojado desde una altura de como de treinta metros y que, medio muerto, se había arrastrado como veinte metros hasta expirar. Los perros le habían comido el cuello y parte de una pierna. Por otra parte José Rovira vio su cadáver en medio del torrente, bastante descompuesto; regresando al día siguiente con otros emboscados vieron junto al cadáver un paquete de ropa con algunas monedas dentro, con las que el padre Jaime Tristán, escondido en una cueva, aplicó misas por su alma. Gerardo Lladós, benedictino del Miracle, supo que a fray Mitjá lo había atrapado y abaleado el sanguinario Juan Pons, llamado el Sastre de los calzones.

Sus despojos aún quedaron en el barranco como dos meses. Cuando por autorización el juez de Pinós, José Oliva y Pedro Pons levantaron su cadáver, únicamente quedaba la cabeza, que fue enterrada en Matamargó. Allí sigue lo que pueda quedar de sus restos, porque nadie se ha cuidado de comprobarlo.

Tremenda vida, terrible final. Para los hombres una vida sin pena ni gloria. Pero cómo lo acogería su tan querida Madre de la Merced. Se parecía tanto a Ella este niño grande candoroso, sencillo, laborioso, que tenía tal mano con los pequeños…

Este grupo de mártires está integrado por:

1. MARIANO ALCALÁ PÉREZ, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 11 Mayo 1867 en Andorra, Teruel (España)
martirio: 15 Septiembre 1936 en Andorra, Teruel (España)

2. TOMÁS CARBONELL MIQUEL, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 20 Diciembre 1888 en Jijona, Alicante (España)
martirio: 25 Julio 1936 en Lleida (España)

3. FRANCISCO GARGALLO GASCÓN, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 24 Febrero 1872 en Castellote, Teruel (España)
martirio: 07 Agosto 1936 en Muniesa, Teruel (España)

4. MANUEL SANCHO AGUILAR, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 16 Enero 1874 en Castellote, Teruel (España)
martirio: 07 Agosto 1936 en Muniesa, Teruel (España)

5. MARIANO PINA TURÓN, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 13 Atril 1867 en Híjar, Teruel (España)
martirio: 08 Agosto 1936 en Muniesa, Teruel (España)

6. PEDRO ESTEBAN HERNÁNDEZ, religioso mercedario profeso
nacimiento: 27 Julo 1869 en Híjar, Teruel (España)
martirio: 01 Septiembre 1936 en "Mas de los Sidricos", Híjar, Teruel (España)

7. ANTONIO LAHOZ GAN, religioso mercedario profeso
nacimiento: 22 Octubre 1858 en Híjar, Teruel (España)
martirio: 01 Septiembre 1936 en "Mas de los Sidricos", Híjar, Teruel (España)

8. JOSÉ TRALLERO LOU, religioso mercedario profeso
nacimiento: 28 Diciembre 1903 en Oliete, Teruel (España)
martirio: 05 Agosto 1936 en "Barranco del Agua", Estercurel, Teruel (España)

9. JAIME CODINA CASELLAS, religioso mercedario profeso
nacimiento: 03 Mayo 1901 en Aguilar de Segarra, Barcelona (España)
martirio: 05 Agosto 1936 en "Barranco del Agua", Estercurel, Teruel (España)

10. JOSEP REÑÉ PRENAFETA, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 15 June 1903 en Lleida (España)
martirio: 16 Agosto 1936 en Barcelona (España)

11. ANTONIO GONZÁLEZ PENÍN, religioso mercedario profeso
nacimiento: 01 Marzo 1864 en San Salvador de Rabal, Celanova, Orense (España)
martirio: 10 Agosto 1936 en Barcelona (España)

12. TOMÁS CAMPO MARÍN, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 23 Enero 1879 en Mahamud, Burgos (España)
martirio: 20 Agosto 1936 en Lleida (España)

13. FRANCESC LLAGOSTERA BONET, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 30 Agosto 1883 en Valls, Tarragona (España)
martirio: 20 Agosto 1936 en Lleida (España)

14. SERAPIO SANZ IRANZO, religioso mercedario profeso
nacimiento: 01 Octubre 1879 en Muniesa, Teruel (España)
martirio: 20 Agosto 1936 en Lleida (España)

15. ENRIC MORANTE CHIC, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 23 Septiembre 1896 en Lleida (España)
martirio: 25 Julio 1936 en Lleida (España)

16. JESÚS EDUARD MASSANET FLAQUER, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 16 Enero1899 en Capdepera, Islas Baleares (España)
martirio: 25 Julo 1936 en Lleida (España)

17. AMANCIO MARÍN MÍNGUEZ, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 26 Marzo 1908 en Celada del Camino, Burgos (España)
martirio: 26 Julo 1936 en Binéfar, Huesca (España)

18. LORENZO MORENO NICOLÁS, sacerdote mercedario profeso
nacimiento: 24 Marzo 1899 en Lorca, Murcia (España)
martirio: 03 Noviembre 1936 en Lorca, Murcia (España)

19. FRANCESC MITJÁ i MITJÁ, religioso mercedario profeso
nacimiento: 26 June 1864 en Arbucias, Girona (España)
martirio: Enero 1937 en Ivorra, Lleida (España)

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Por: . | Fuente: ACIprensa.com

Obispo

Martirologio Romano: En la ciudad de Venecia (hoy Italia), san Lorenzo Giustiniani, obispo, que ilustró a esta Iglesia con su doctrina de sabiduría eterna (1456).

Fecha de canonización: 16 de octubre de 1690 por el Papa Alejandro VIII.


San Lorenzo nació en Venecia en 1381, y desde niño abrigó el deseo de ser santo. Cuando tenía diecinueve años sintió el llamado de Dios para consagrarse de manera especial a su servicio, y por revelación divina se entregó enteramente a la búsqueda de la ciencia y el amor de Dios. La fuerza de su resolución para seguir el tortuoso camino de la cruz quedó demostrada en la rigurosa severidad con que trataba a su cuerpo y la constante dedicación de su mente a los asuntos de la religión.

En 1406, el santo recibió la ordenación sacerdotal. El fruto de su espíritu de plegaria y penitencia fue el conocimiento profundo de las cosas espirituales y los caminos interiores de la virtud, así como una gran destreza y una enorme prudencia en la dirección de las almas. Poco después de su ordenación fue nombrado preboste de San Jorge y, para instruir a sus discípulos, sólo trataba de inculcarles la más sincera humildad.

En 1433, el Papa Eugenio IV nombró a San Lorenzo para la sede arzobispal de Castello, una diócesis que incluía parte de Venecia. Lo mismo como religioso que como prelado, fue admirable su piedad sincera hacia Dios y la grandeza de su caridad hacia los pobres.

San Lorenzo dejó algunos escritos ascéticos muy valiosos; tenía setenta y cuatro años cuando escribió su último trabajo, titulado "Los Grados de Perfección".

San Lorenzo falleció el 8 de enero de 1455, pero su recordación litúrgica se celebra el 5 de septiembre, día en el que recibió su consagración episcopal. Fue canonizado en 1690.

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Por: . | Fuente: Vatican.va

Terciaria Franciscana

Martirologio Romano: Cerca de Vicenza, Italia, beata Eurosia Fabris, madre de familia y miembro de la Orden Franciscana Seglar (1932).

Fecha de beatificación: 6 de Noviembre de 2005 por el Papa Benedicto XVI.

Nació en Quinto Vicentino, pequeña localidad situada cerca de la ciudad de Vicenza (Italia), el 27 de septiembre de 1866; sus padres eran campesinos.

En 1870 la familia se trasladó a Marola, otro pueblo de la provincia de Vicenza, donde Eurosia pasó toda su vida. Sólo pudo ir dos años a la escuela, entre 1872 y 1874, pues tuvo que ayudar a su padre en los trabajos del campo y a su madre en los quehaceres domésticos. En la escuela aprendió al menos a leer y escribir. Eso le permitió leer la sagrada Escritura y algunos textos de contenido religioso, como el Catecismo y la historia sagrada.

Ayudaba a su madre en el oficio de costurera, en el que llegó a ser experta. Dotada de grandes cualidades humanas y religiosas, siempre estuvo atenta a las exigencias de su familia.

A los doce años recibió la primera Comunión. Desde ese día comulgaba en todas las fiestas religiosas, pues en ese tiempo no estaba permitida la Comunión diaria.

Se inscribió en la asociación de Hijas de María, en la parroquia de Marola. Asistía con asiduidad a las reuniones periódicas del grupo y cumplía sus estatutos con diligencia.

Cultivó una ferviente devoción al Espíritu Santo, a Cristo crucificado, a la Virgen María y a las almas del Purgatorio. Su amor a María se vio favorecido por la cercanía del santuario de la Virgen de Monte Berico, que se divisaba desde su pueblo.

Fue apóstol en su familia, entre sus amigas y en la parroquia; enseñaba el catecismo a las niñas y a las adolescentes que acudían a su casa para aprender el arte del corte y confección.

A los dieciocho años era una joven responsable, piadosa y laboriosa. Estas virtudes y su belleza no pasaron desapercibidas, y recibió varias propuestas de matrimonio, que no tomó en consideración.

En 1885 vivió una dolorosa experiencia que marcó su vida: una vecina, joven esposa, murió dejando tres hijas muy pequeñas, la primera de las cuales murió poco después; la segunda tenía veinte meses y, la tercera, cuatro. Con Carlos, el padre de las dos huérfanas, vivían un tío y el abuelo, enfermo crónico: tres hombres de carácter diverso y a menudo en conflicto entre sí.

Durante seis meses, Eurosia acudía todas las mañanas para cuidar de las niñas y arreglar la casa. Luego, siguiendo el consejo de los parientes y del párroco, después de orar intensamente, aceptó casarse con Carlos, aunque era consciente de los sacrificios que debería afrontar. Consideró ese matrimonio como voluntad de Dios, que la llamaba a una nueva misión. El párroco diría después: "Fue realmente un acto heroico de caridad con el prójimo".

El matrimonio se celebró el 5 de mayo de 1886 y se vio coronado con nueve hijos.

Cumplió con la máxima fidelidad sus deberes de esposa y madre: profunda comunión con su marido, del que se hizo consejera y consoladora; tierno amor a todos sus hijos; laboriosidad incansable; intensa vida de oración, amor a Dios y devoción a la Eucaristía y a la Virgen María.

Entró en la Tercera Orden Franciscana —hoy llamada Orden Franciscana Seglar—, y vivió su espíritu de pobreza y alegría en el trabajo y en la oración, en la alabanza a Dios creador, fuente de todo bien y de toda nuestra esperanza.

Convirtió su familia en una auténtica iglesia doméstica, donde supo educar a sus hijos en la oración, la obediencia, el temor de Dios, el sacrificio, la laboriosidad y las demás virtudes cristianas.

Así se sacrificó y consumó, día a día, como una lámpara en el altar de la caridad.

Murió el 8 de enero de 1932.

Fue beatificada por Su Santidad Benedicto XVI el 6 de Noviembre de 2005.

Para ver algo más sobre ella haciendo "click" AQUI

Reproducido con autorización de Vatican.va

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17:13
SAN APOLINAR DE HIERÁPOLIS

OBISPO





En la ciudad de Hierápolis, en Frigia, san Apolinar, obispo, varón eximio por su doctrina y santidad, que vivió en tiempo del emperador Marco Aurelio. (†c.175)

Claudio Apolinar, obispo de Hierápolis de Frigia, llamado «el Apologeta», fue un famoso profesor cristiano del siglo II. A pesar de las alabanzas que le prodigan Eusebio, san Jerónimo, Teodoreto y otros, poco sabemos de su vida. Por otra parte, sus escritos, que eran muy estimados, se han perdido. Focio, que los había leído y era buen juez en la materia, los recomienda por su tema y estilo. 

Claudio Apolinar escribió contra los encratitas y otros herejes, y puso en claro los orígenes filosóficos de los errores de cada secta, según testifica san Jerónimo. Su última obra fue un ataque contra los montanistas y sus pretendidos profetas, que habían comenzado a aparecer en Frigia hacia el año 171. Pero la obra que le hizo famoso fue su apología de la religión cristiana, que dedicó al emperador Marco Aurelio, poco después de que dicho príncipe había triunfado sobre la tribu de los cuados, gracias a las oraciones de los cristianos, como lo mencionaba el santo.

Como las tropas de Marco Aurelio habían luchado en vano durante largo tiempo por subyugar a los germanos, el emperador resolvió el año 174 ponerse al frente de las operaciones. Había cruzado ya el Danubio, cuando los cuados, un pueblo que habitaba el territorio que más tarde se llamaría Moravia, le rodearon en una posición muy peligrosa para él. Las tropas del emperador no tenían ninguna posibilidad de escapar de las manos de sus enemigos, ni tampoco podían resistir largo tiempo, por falta de agua. 

La duodécima legión estaba compuesta principalmente de cristianos. Cuando el ejército se hallaba a punto de perecer de sed, los cristianos se arrodillaron, "como acostumbraban hacerlo para orar" -nos dice Eusebio-, y pidieron a Dios su ayuda. Súbitamente, el cielo se cubrió de nubes y una espesa lluvia se desató, en el momento en que los bárbaros se lanzaban al ataque. Los romanos luchaban y, al mismo tiempo, bebían el agua de la lluvia que recogían en sus cascos, apurándola enrojecida por la sangre del enemigo. Los bárbaros eran más poderosos que los romanos; pero un fuerte viento, acompañado de truenos y relámpagos, hizo que la lluvia les azotara el rostro y les cegara, lo que les obligó a huir aterrorizados. Tanto los autores paganos como los cristianos relatan esta victoria. Los autores paganos la atribuyen a un poder mágico o a la intervención de sus dioses, pero los cristianos lo cuentan como un milagro obtenido por las oraciones de los legionarios. 

Parece que san Apolinar hizo alusión al hecho en la apología que dedicó al emperador, informando que Marco Aurelio había dado a esa legión el nombre de «la legión del trueno» en recuerdo de la famosa batalla. Eusebio, Teturliano, san Jerónimo y san Gregorio de Nisa repiten el dato, tomándolo de san Apolinar.

Los cuados devolvieron todos los prisioneros y se rindieron incondicionalmente al emperador. En agradecimiento a sus legionarios cristianos, Marco Aurelio publicó un edicto en el que reconocía que debía la victoria «a la tempestad que se había desatado, tal vez, gracias a las oraciones de los cristianos». En dicho edicto, prohibía bajo pena de muerte condenar a los cristianos a causa de su religión. Sin embargo, muchos cristianos fueron todavía condenados a muerte después de la publicación de tal edicto, aunque se dice que sus acusadores recibieron la misma pena.

La "Columna Antoniniana", que se halla en Roma, representa esta victoria del emperador, bajo el símbolo de Júpiter Pluvio; es decir, bajo la figura de un hombre que vuela con los brazos abiertos y una larga barba que parece perderse en la lluvia. Los soldados parecen contentos bajo la tempestad; unos beben ávidamente, mientras otros se baten con el enemigo; los bárbaros se hallan tendidos en el suelo con sus caballos, y la tempestad se descarga furiosamente sobre ellos. En la actualidad, la certeza de esta leyenda, que Eusebio parece haber tomado de la Apología de san Apolinar, es todavía materia de discusión. Por una parte, es seguro que no fue Marco Aurelio quien dio a la «Legión de trueno» el nombre de «Legio fulminata», que proviene de la época de Augusto; pero, por otra parte, los hechos no tienen en sí mismos nada de inverosímil. Es muy natural que los cristianos de la época hayan atribuido tan sorprendente victoria a las oraciones de sus correligionarios. No existe documento pagano que confirme la existencia del famoso edicto del emperador en favor de los cristianos. Aun los historiadores que defienden la exactitud de los hechos narrados admiten que el texto del edicto está interpolado.

Es posible que san Apolinar haya compuesto su apología dedicada al emperador, hacia el año 175, a fin de recordarle la gracia que Dios le había hecho por las oraciones de los cristianos, e implorar al mismo tiempo su protección. No poseemos datos exactos sobre la muerte de san Apolinar, que aconteció probablemente antes de la de Marco Aurelio

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