05/04/16

23:17

Por: . | Fuente: misa_tridentina.t35.com !! «Vidas de los santos», Alban Butler

Diácono

Martirologio Romano: En Vençay, cerca de Tours, en Francia, san Avertino, diácono, que acompañó a santo Tomás Becket al destierro, y a la muerte de este volvió a dicho lugar, donde vivió como eremita. ( 1189)
El Acta Sanctorum y otras colecciones hagiográficas menos importantes mencionan el 5 de mayo a san Avertino, cuya fiesta se celebra aún en la diócesis de Tours. Su vida puede resumirse así: Un canónigo llamado Avertino prestó ayuda a santo Tomás de Canterbury en las amarguras del exilio. Santo Tomás le confirió el diaconado y le llevó de secretario al sínodo de Tours, en 1163. Después del martirio del arzobispo, Avertino se estableció en la Touraine, cerca de Vençay, donde se consagró a cuidar a los pobres y a los forasteros. Parece que en sus últimos años vivió en la soledad. El pueblo le invoca especialmente contra los desmayos y los dolores de cabeza.

Los numerosos «ex votos» que se conservaban en la iglesia de san Avertino, cerca de Tours, en el siglo XVIII, daban testimonio de que el culto del santo había sido muy popular en una época. El lugar en donde murió existe hoy una población llamada Saint Avertin.

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Abad

Martirologio Romano: En Marchiennes, en la Galia Belga, hoy en Francia, san Mauronto, abad y diácono, que fue discípulo de san Amando. ( 702)
San Mauronto nació en Flandes el año 634. Era el hijo primogénito de Adalbaldo y Gertrudis. Pasó su juventud en la corte del rey Clodoveo II y de la reina Batilde, donde ocupó varios cargos de importancia. A la muerte de su padre, volvió a Flandes a poner en orden los asuntos de su casa y a hacer arreglos para su propio matrimonio. Pero Dios le tenía escogido para la vida religiosa. El instrumento del que se valió para guiar al joven hacia su verdadero camino fue san Amando, obispo de Maestricht, que vivía entonces retirado en el monasterio de Elnone. El santo prelado predicó un sermón que impresionó tan profundamente a Mauronto, que decidió retirarse al punto al monasterio de Marchiennes. En dicho monasterio se le confirió el diaconado.

El santo construyó en sus tierras de Merville de la diócesis de Thérouanne la abadía de Breuil, de la que fue primer abad. Cuando el rey Teodorico III desterró de Sens a san Amado y le mandó retirarse a Breuil, san Mauronto, que tenía en alta estima a san Amado, le cedió el puesto de superior y le prestó obediencia hasta su muerte, ocurrida el año 690. Entonces san Mauronto reasumió las funciones abaciales. Santa Rictrudis, en su lecho de muerte, confió al santo la supervisión del doble monasterio de Marchiennes, del que era abad santa Clotsinda, hermana de san Mauronto. El santo se hallaba en Marchiennes, cuando le sobrecogió una enfermedad que le llevó al sepulcro.

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Por: . | Fuente: Vatican.va

Caterina Cittadini nace en Bérgamo el 28 de septiembre de 1801, sus padres fueron Giovanni Bautista y Margherita Lanzani es bautizada el 30 de septiembre en la iglesia Parroquial de San Alejandro en Columna. En e1 1808, queda huérfana de madre y es abandonada por su padre, Caterina junto a su hermana Judit nacida en e1 1803, es acogida en un orfanatorio del Conventino de Bergamo. Bajo la guia del prior Padre Giuseppe Brena, vive una intensa vida cristiana, que contribuye a formar en ella una fe solida, una profunda confianza con el Señor, una caridad activa, una tierna devocion a la Virgen Maria, un gran sentido de responsabilidad y de laboriosidad en orden al desenvolvimiento del proprio deber. Después de haber conseguido el diploma de maestra elemental, en el 1823 deja el Conventino para transladarse con su hermana a casa de sus primos sacerdotes Giovanni y Antonio Cittadini que habitaban en Calolzio, Parroquia de la Diócesis de Bérgamo.

Aqui las hermanas permanecen cerca a dos años, encontrando en sus primos sacerdotes una segura guia espiritual en un ambiente pastoralmente muy activo. Caterina viene asumida, como maestra provisoria y en el 1824 como maestra estable, en la escuela comunal femenina de Somasca, fracción de la Comuna de Vercurago cercano a Calolzio. Con su hermana Judit madura el deseo de entrar en una Congregación religiosa.

Piden, por esta razón, consejo al Padre Giuseppe Brena, su director espiritual en el Conventino de Bérgamo, el cual indica que la voluntad de Dios consiste en quedarse en Somasca: ellas mismas serán las piedras fundamentales de una nueva familia religiosa en aquella pequeña región ya custodiada de la Santidad de San Jerónimo Emiliano.

En el 1826 juntamente a su hermana Judit, se translada definitivamente a Somasca en una casa tornada en alquiler. En el octubre del mismo año compra un inmueble que, sistematizado y ampliado con ulteriores adquisiciones, será sede de un colegio de niñas y seguidamente del lnstituto religioso de las hermanas Ursulinas.

En Somasca Caterina encuentra una idónea guia a su vida espiritual en los Clérigos Regulares Somascos, fundados por San Jerónimo Emiliano, que ella siente corno "padre" hasta , el fin de su infancia de huérfana y del cual admira y sigue el ejemplo de caridad y pobreza.

La tarea de maestra la introduce en la vida de la pequeña región de Somasca, donde Caterina participa activamente en la vida parroquial: es maestra de la doctrina cristiana, se inscrive a diversas confraternidades, participa con las compañeras y alumnas a las sacras funciones, abre su casa para el la acogida de la juventud femenina para animarla y recrearla , segùn el estilo oratoriano.

Caterina desenvuelve su tarea con tal fervor y empeño de alcanzar siempre el máximo elogio de las autoridades y el unanime consenso de la población.

La atención hacia los más necesitados y los más pobres, la puerta a extender, no sin grandes sacrificios de todo tipo, su obra benéfica a niñas huérfanas o imposibilitadas a frecuentar la escuela comunal o provenientes de lugares lejanos. Nace así en el 1832 la escuela privada "Cittadini" y en el 1836 el Colegio de Niñas, cuya dirección es confiada a la hermana Judit.

Las valoraciones positivas también sobre la escuela privada y sobre la casa de educación se multiplican: en realidad la formación de las educandas, inspirada en los valores de la vida cristiana, prepara a las muchachas a realizar una elección sabia de vida, vivieron con coherente cristiandad, así que un excepcional testimonio contemporáneo puede escribir: "La prueba más convincente y que basta de si sola aclarar es la óptima instruccion que aquellas niñas recibian de las pias maestras, con la constante floridez de aquel internado hasta ah ora, consecuencia del buen resultado de sus alumnas, las cuales no solo en Somasca se enriquecieron de cada virtud religiosa, moral y civil es de aquellos artes que a mujeres les conviene, mas aún llevaron a tales ventajas para a sus regiones, donde surgieron nuevas escuelas o reedificaron las deterioradas contal progreso de la moralidad que aquellos párrocos consideran todavía las maestras Ursulinas de Somasca, quales principales benefactoras de los pueblos de si directos".

Toda la vida de Caterina esta siempre acompañada de grandes pruebas. En el 1840 Judit muere improvisamente a solo 37 años, con la cual Caterina habia compartido: sufrimientos familiares, formación, ideales, proyectos, actividad. En el 1841, con la muerte de el padreGiuseppe Brena y su primo padre Antonio Cittadini, le llegan a faltar otros valiosísimos apoyos.

En el 1842 Caterina es presa de un grave malestar, del cual se sana prodigiosamente por interseción de la Virgen de Caravaggio y de San Jerònimo Emiliano.

En el 1845 debe dejar la actividad educativa en la escuela comunal, para dedicarse enteramente al colegio de niñas, al cuidado de las huérfanas y a la guia de las compañeras que eran muy unidas a ella, decisas a compartir no solo la actividad educativa, sino tambien la voluntad de consagrarse enteramente al Señor, en la vida religiosa.

En el 1844 Caterina, para dar estabilidad a su obra, por lo menos civilmente, estipula con tres compañeras un "Instrumento de Sociedad y de Estado y también de donación reciproca o Vitalicio", que presenta ya muchas características de un Instituto religioso. En el 1850 obtiene del Papa Pío IX el Decreto de erección del Oratorio privado donde conservan la Sagrada Eucaristía. En el 1850 al 1851 se dirige al Obispo de Bérgamo, mons. Carlo Gritti Morlacchi, varias súplicas para obtener la aprobaciòn de su "pequeña familia religiosa" y una regIa, pero el tiempo no está aún maduro. En el 1854 Caterina tiene un encuentro con el Obispo, mons. Pedro Luis Speranza, que le da valor a ella misma de escribir las reglas del Instituto y le pro mete ayudarla. Caterina le muestra el modelo de las constituciones de las Ursulinas de Milán, pero, cuando le presenta al Obispo, son rechazadas.

Sin rendirse, prepara un nuevo texto, que presenta al Obispo el 17 de septiembre de 1855, acompañado de una petición, en la cuál pide la aprobación del Instituto con el título de Ursulinas Geronimianas. Mons. Speranza aprueba las reglas, ad experimentum, prometiendo la definitiva aprobación del nuevo Instituto. Caterina espera con tanta confianza el día suspirado, pero las fatigas, las preocupaciones, los sufrimientos, afectaron sobre su salud y un deterioro orgánico generaI la reduce poco a poco al final de su vida.

Siempre lúcida, confiada y en continua plegaria, exhorta las compañeras a aceptar con serenidad la voluntad del Señor, porque todo sería continuado. Muere el 5 de mayo de 1857, después de un día de agonía, serenamente y santamente, rodeada de fama de santidad y grandemente llorada de sus hijas, de las educadoras y de la población, dejando a todos su ejemplo luminoso de profunda madurez espiritual

A poca distancia de su muerte, y precisamente el 14 de diciembre de 1857, llega el decreto de ereción canonica del Instituto de parte del Obispo de Bérgamo.

El Instituto tendrá el reconocimiento pontificio el 8 de julio de 1927.

En los primeros decenios el intenso apostolado educativo del Instituto de Caterina Cittadini se concentra en Somasca y en Ponte San Pietro, gran aldea en la provincia y diocesis de Bérgamo.

Del 1902 se extiende progresivamente en muchas partes de Italia y otros confines nacionales: hoy sus hijas espirituales desenvuelven su misión educativa también entre los inmigrantes italianos en Suiza y en Bélgica, entre los pobres de América Latina (Bolivia, Brasil) y de Asia (India, Filipinas).

Aunque la fama de santidad sea perdurada en el tiempo, la Causa de Beatificación y de Canonización de la Sierva de Dios inició solamente en el 1967, cuando con el Decreto del 21 de abril de 1967 el Obispo de Bérgamo mons. Clemente Gaddi constituyó la Comisión histórica que concluye sus trabajos el 5 de mayo de 1969. El 5 de agosto de 1971 viene constituido el Tribunal Eclesiástico diocesano para el Proceso ordinario que se concluye el 14 de diciembre de 1978.

El 12 de enero de 1979 se abre el Proceso a cargo de la Congregación para las Causas de los Santos.

El Decreto sobre los escritos de la Sierva de Dios fué aprobado el 12 de enero de 1981, después de que se pasó a la preparacion de la Positio.

Completada el 28 de septiernbre de 1989 la Positio Super Virtutibus, e19 de diciernbre de 1989 viene convocada la sesión de los Consultores históricos y el 16 de enero de 1996 fué celebrado con éxito favorable el Congreso peculiar de los Consultores teológicos. El 3 de diciernbre de 1996 se realiza la Congregación ordinaria de los Cardenales y Obispos, y el 17 de diciernbre de 1996 fué emanado de S.S. Giovanni Pablo II el Decreto sobre la Heroicidad de las virtudes de la Sierva de Dios Caterina Cittadini, Fundadora de las Hermanas Ursulinas de San Gerónimo de Somasca.

En seguida, el 20 de diciernbre de 1999, fué ernanado el Decreto "super miraculo" por la sanación atribuida a la intersesión de Caterina Cittadini del pequefio Samuel Piovani.

Con su beatificación (29 de Abril de 2001) el Papa Juan Pablo II indica a Caterina corno rnodelo de santidad diaria, como ejernplo luminoso de verdadera maternidad en Cristo y de dedición incondicional para las jóvenes generaciones.

Reproducido con autorización de Vatican.va

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18:04

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En Arlés, de la Provenza, san Hilario, obispo, que, después de llevar vida eremítica en Lérins, fue promovido, bien a su pesar, al episcopado, desde donde, trabajando con sus propias manos, vistiendo una sola túnica tanto en verano como en invierno, y caminando a pie, manifestó a todos su amor a la pobreza. Entregado a la oración, a los ayunos y a las vigilias, y perseverando en una predicación continua, mostró la misericordia de Dios a los pecadores, acogió a los huérfanos y no dudó en destinar para la redención de los cautivos todos los objetos de plata que se conservaban en la basílica de la ciudad.

18:04

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En Vençay, cerca de Tours, en Francia, san Avertino, diácono, que acompañó a santo [Tomás Becket] al destierro, y a la muerte de éste volvió a dicho lugar, viviendo como ermitaño.

08:55

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Mártir

Martirologio Romano: En Lorch, en la región del Nórico, en lo que hoy es Alemania, san Florián, mártir, que durante la persecución bajo Diocleciano, y por orden del gobernador Aquilino, fue arrojado desde el puente al río Enns con una piedra atada al cuello. ( 304)

Patronazgo: contra la guerra, contra ahogamientos, contra incendios, contra inundaciones, de Austria, de los fabricantes de barriles, de los cerveceros, deshollinadores, de la Diócesis Suiza de Chur, de las víctimas de ahogamiento, de los bomberos, de las cosechas, de Linz (Austria), de Polonia, de los fabricantes de jabón.

San Florián, a quien el Martirologio Romano conmemora en este día, era un oficial del ejército romano. Tras desempeñar un alto puesto administrativo, en Nórico de Austria, fue martirizado por la fe, en tiempos de Diocleciano. Sus «Actas», que son legendarias, cuentan que él mismo se entregó en Lorch a los soldados del gobernador Aquilino que perseguían a los cristianos. Por su valiente confesión de la fe, se le azotó dos veces, fue despellejado en vida y, finalmente, se le arrojó al río Enns con una piedra al cuello. Una piadosa mujer recuperó su cuerpo, que fue más tarde depositado en la abadía agustiniana de San Florián, cerca de Linz. Las reliquias del santo fueron después trasladadas a Roma; el Papa Lucio III, en 1138, regaló una parte de ellas al rey Casimiro de Polonia y al obispo de Cracovia. Desde entonces, se considera a San Florián como patrono de Linz, de Polonia y de Austria superior.

Se le representa con una cubeta de agua debido a la leyenda de que detuvo un incendio arrojando sobre el fuego un simple balde de agua.

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Mártir

Martirologio Romano: En Nicea, en Bitinia, en territorio de lo que hoy es Turquía, santa Antonina, mártir, que fue cruelmente torturada y atormentada con distintos suplicios, luego estuvo tres días colgada y después encarcelada durante dos años. Por último, bajo el gobernador Prisciliano y por la confesión de su fe en Cristo, fue quemada viva. ( s.iii/iv)
La santa Antonina que conmemora en este día el Martirologio Romano, era una mujer que posiblemente fue martirizada por mandato del gobernador Prisciliano, durante la persecución de Diocleciano. Parece indudable que fue cruelmente torturada, pero no es posible afirmar en que forma murió. De acuerdo con uno de los relatos, permaneció colgada por un brazo durante tres días con su noches, arrojada luego a la prisión y, por fin, quemada en la hoguera. De acuerdo con otra versión, se la extendió en el potro de hierro, le fueron desgarrados los costados con los garfios y ahí mismo fue muerta por la espada; la tercera tradición relata que tras de sufrir muchos tormentos, fue metida en una bolsa o en un cofre y arrojada a un estanque. Se dice que su cabeza fue llevada a Praga en 1673.

En tanto que el Menaion griego asegura que Antonina recibió el martirio en Nicaea (Cea), en Bitinia, los españoles la veneran como una virgen y mártir de Ceja, en Galicia y, los isleños del Egeo consideran que murió en la isla de Cea. Es muy posible que, en realidad, Antonina sufriese el martirio en Nicomedia, puesto que esa es la ciudad mencionada en el antiguo Breviarium de Siria, a pesar de que ahí se hace mención de un hombre llamado Antonino. Los sinaxarios griegos están de acuerdo en conservar el apelativo en femenino, a Nicaea como el lugar de su muerte y el nombre de Prisciliano como el del gobernador que la mandó matar. Es curioso que en el caso de una mártir de historia tan oscura y para la que no existe ninguna «Pasión», el Hieronymianum proporcione abundancia de datos y detalles que no se encuentran en otras fuentes de información.

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08:55 ,

Por: . | Fuente: www.provid.org.co

Fundador del Instituto de Hermanas
de la Divina Providencia

Martirologio Romano: En Tréveris, en Alemania, beato Juan Martín Moyë, presbítero de la Sociedad de Misiones Extranjeras de París, que en la localidad de Lorena, en Francia, fundó el Instituto de Hermanas de la Divina Providencia, y en China reunió en régimen de vida común a unas vírgenes dedicadas a la enseñanza. Se mostró siempre inflamado por el celo de las almas, aún después de verse obligado a abandonar su patria durante la Revolución Francesa. ( 1730)

Fecha de beatificación: 21 de noviembre de 1954 por el Papa Pío XII.

El fundador de las Hermanas de la Providencia, Jean-Martin Moye (pronunciado ´Moi´), nació en Cutting, Francia, el 27 de enero de 1730, en una de esas buenas fincas del entonces ducado de Lorena, en la comarca de las salinas y las lagunas. Los establos eran amplios, las cosechas diversas y las bodegas de vino bien surtidas. Sus raíces familiares se hunden profundamente en ese territorio. De larga data, sus ancestros están implantados en Lorena.

Sus padres le hacían trabajar en el campo pero también lo hicieron estudiar. Sus profesores sucesivos previeron para él una carrera brillante. En sus estudios se destacó por los conocimientos en idiomas antiguos, en lógica y en historia de la Iglesia.

"Pero la vida real no me tentaba mucho. Fui ordenado sacerdote a los 24 años para ser sacerdote de Jesucristo y nada más. Felizmente no estaba solo. Con otros sacerdotes jóvenes formamos un pequeño grupo. ¿Cuál era nuestra fuerza? Contar más con el dinamismo del espíritu, la oración y la exigencia personal, que con las opiniones del clero mundano."

Juan Martín va y viene por las calles y las callejuelas de sus parroquias sucesivas. Para ver y escuchar, para sentir la sonrisa de un recién nacido que le llevan a bautizar, el amor de una pareja de ancianos, la pobreza oculta de los tugurios. Y la injusticia: conoce jóvenes apenas en la pubertad que por algunos robos menores terminaron en la horca. Conoce también la angustia de las prostitutas de Metz, ciudad que ha sido siempre un bastión de tropas militares. Y comprende que la piedad popular, manifestada en las procesiones, es impotente para detener esos males. Se necesita algo más. Otra cosa muy distinta: Instruir.

Los colegios existen, pero para los burgueses, para los habitantes de la ciudad, para los hombres jóvenes. A las niñas, incluso a las niñas ricas, no se les enseña sino la piedad y cómo ser buenas amas de casa. ¿Y la lectura y la escritura? A veces, si queda un poco de tiempo.

Sin embargo, mucho antes que Freud, Juan Martín está convencido de que todo se hace desde la infancia. Entonces el joven y brillante intelectual formula un proyecto loco: abrir miniescuelas para las niñas en los lugares más pobres y más apartados de Lorena.

"Se necesitaba poder contar con jóvenes libres y dispuestas a todo; a codearse con la miseria y con la incomprensión. Proyecto insensato el mío, ciertamente. Pero como este pensamiento seguía invadiéndome, podía creer que venía de Dios."

Un día, Marguerite Lecomte llega donde él para confesarse. Él no la ha visto antes. Le hace algunas preguntas, y se da cuenta, sorprendido, de que sabe leer y enseña a unas compañeras de trabajo.

Poco después, Margarita entrará de lleno en el proyecto de Juan Martín e irá a vivir a Vigy-Béfey. Más adelante será seguida por muchas otras ´mujeres apóstoles´ que también irán a instruir a las niñitas de los caseríos abandonados.

Y nace así la Congregación de Hermanas de la Providencia.

Pero esas ´mujeres apóstoles´ molestan

En la Lorena de 1762, Moye respondió a una urgencia sociológica. Aportó un remedio eficaz, por medios desconcertantes, a una carencia social de entonces: la ignorancia crasa en la cual se encontraban las niñitas campesinas. Moye es por lo tanto testigo de muchas miserias.

La oposición a Moye crece en el clero y en la alta sociedad de Metz. Y el obispo prohibe abrir nuevas escuelas en los pueblos. Juan Martín entra en una especie de agonía. Su razón y su corazón vacilan.

"Y sin embargo yo quería confiar totalmente en Dios. En el corazón mismo de esta absurda situación, mi amigo el padre Jobal llamó mi atención sobre un detalle. Como se me permitía mantener las escuelas existentes, estas serían cimientos para muchas otras. Vi en esto lo que me gusta llamar ´un signo de la Providencia´. Pudo ser un hecho microscópico, pero resucitó mi esperanza y me llevó a dar un sentido nuevo al acontecimiento."

Algún tiempo después el obispo levanta la prohibición y estimula el desarrollo de las miniescuelas.

Pero a Moye le gusta sembrar. Prefiere dejar la mies a otros. Las misiones extranjeras lo atraen, China sobre todo.

Septiembre de 1772: Juan Martín desembarca en Macao

A China llega un Juan Martín totalmente transformado en ´comerciante´: de cabello largo y barba como los chinos. Y con un apellido que también suena a chino: ´Moi´. Pero el país está prohibido a los misioneros. Va a tener que actuar con astucia. Arrastrarse en los campos de maíz para esconderse. Atravesar a pie altas montañas y a nado varios ríos.

Durante 10 años Moye vivirá lo que no dejó de repetir a las Hermanas: asumir los riesgos que exija una buena obra con confianza en la Providencia. Entre benevolencia y traición estará a merced de la gente. Hasta en su deseo, Juan Martín se entrega a Dios. "No me prometí convertir primero muchas almas sino hacer y sufrir en China lo que Dios quisiera."

Juan Martín es un infatigable caminante y su parroquia es tan extensa como Francia y España juntas. En el camino los chinos lo detienen y lo golpean. "A veces tenía tanto miedo que no sentía el dolor." Entre dos vigías celebra la misa, instruye, exhorta. Observa también, escucha, aprende costumbres, nociones jurídicas cuya sabiduría reconoce. En el contacto con la gente perfecciona rápidamente su chino, hasta el punto de escribir bellos textos de oración en este idioma.

Moye desarrolla varias intuiciones que tuvo en Europa. En primer lugar, en esa época en la que las mujeres no tienen casi derecho a la palabra y ciertamente no en las asambleas, él quiere apoyar su trabajo en jóvenes chinas. Excelentes catequistas, son también voluntarias en casos de hambrunas y pestes. Y bautizan a millares de moribundos, y a muchos niños. Como siempre, allí donde otros no ven sino debilidades, Juan Martín ve en los niños el germen de una gran fuerza. Lucha para que se les reconozca el derecho al bautismo, al dinamismo del Espíritu.

En otras partes lucha contra prácticas usureras fuertemente implantadas en China y que impiden a los pobres salir del círculo infernal de las deudas. En un pequeño seminario en la montaña consagra tiempo a la formación del clero local.

En 1783, después de 10 años de trabajo, agotado por varias enfermedades, Moye vuelve a embarcarse para Francia. Allá, durante 10 años más va a recorrer de nuevo las escuelas de las Hermanas, tentadas a veces por la vida fácil.

Tréveris, Alemania, en la primavera de 1793, rebosa de gente que huye de la Revolución Francesa. La ciudad huele a tifo. Juan Martín, que no ha dejado de prodigar cuidados a los enfermos, contrae el implacable mal. En la cama de una humilde buhardilla espera la muerte. Quiere mirarla de frente. Bendice a algunas Hermanas: "Crezcan y multiplíquense si tal es la voluntad de Dios."

El 4 de mayo vive su muerte como vivió su vida: entregándose sencillamente en las manos de Dios.

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Hermanos Franciscanos

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