12/17/13









La Expectación del Parto
La Expectación del Parto



Cuando se espera algún acontecimiento importante que trae consigo tristeza y pena la reacción espontánea de la persona normal es de temor acompañado a veces por la congoja y angustia que tiende a aumentarse por la fantasía ante la consideración de los males futuros previsibles. Cuando por el contrario se prevé la llegada de un bien que tiene una entidad considerable se vive en una espera atenta y presurosa que va desde el anhelo y la ansiedad hasta la euforia acompañada de una prisa impaciente. A mayor mal futuro, más miedo; a mejor bien futuro, más esperanza gozosa.


Algo de esto pasó al Pueblo de Israel que conocía su carácter de transitoriedad funcional, al menos en los círculos más creyentes o especializados en la espiritualidad premesiánica. El convencimiento de que la llegada del Mesías Salvador era inminente hizo que muchos judíos piadosos vivieran en una tensión de anhelo creciente —basta pensar en el anciano Simeón— hasta poder descubrir en Jesús al Mesías que se había prometido a la humanidad desde los primeros tiempos posteriores al Pecado. Era todo un Adviento.


Y como el Mesías llega por la Madre Virgen, es imposible preparar la Navidad prescindiendo de la contemplación del indecible gozo esperanzado que poseyó Santa María por el futuro próximo inmediato de su parto. Eso es lo que se quiere expresar con "La Expectación del Parto", o "El día de Santa María" como se le llamó también en otro tiempo, o "Nuestra Señora de la O" como popularmente también se le denomina hoy.


Fue en España, concretamente en Toledo, en el décimo concilio que se celebró en el año 656, siendo S. Eugenio III el obispo de aquella sede y que posteriormente un muy devoto de la Virgen María —San Ildefonso- se tomó bastante en serio propagar.


La intuición del pueblo denominando a la expectante Doncella joven "Virgen de la O" está basada en la directa contemplación de las obras pictóricas o esculturales que presentan piadosamente la natural redondez abultada de la Virgen grávida.


El origen del título es no obstante más espiritual, más fino, más litúrgico y menos somático. Tiene su origen en que las antífonas marianas del rezo de vísperas comienzan con la O: O Sapientia, O Adonai, O Enmanuel... veni!


Se me ocurre advertir una vez más que tienen un notable valor catequético las dignas representaciones de los misterios de la fe, y que, en ocasiones, enseñan al pueblo sencillo más que los libros y la misma liturgia. Es bueno tenerlo en cuenta a la hora de atender las peticiones de las modas iconoclastas que a temporadas van vienen por las iglesias.


Hoy también se festeja a San Modesto





Diciembre 18

Mártires




San Policarpo, en su famosa carta a los filipenses, escribió: “Os exhorto, pues, a todos a obedecer y a ejercitar su paciencia, la que vieron con sus propios ojos, no sólo en los beatos Ignacio, Rufo y Zósimo, sino también en otros ciudadanos suyos, en el mismo Pablo y en los otros apóstoles. Estén seguros que ninguno de ellos corrió en vano, sino en la fe y en la justicia, y que ellos están con el Señor, en el lugar que les correspondía por los sufrimientos que soportaron. Porque ellos no amaron el siglo presente, sino a quien murió por nosotros y que por nosotros fue resucitado por Dios”


Filipos era una famosa ciudad de Macedonia, en los límites con Tracia, y su nombre le venía de Filipo II, padre de Alejandro Magno. La composición étnica de la comunidad cristiana era prevalentemente de ex?paganos, mientras los provenientes del judaísmo eran minoría. El cristianismo les había sido llevado a los filipenses por el mismo San Pablo: era la primera comunidad fundada por él en tierra europea, y tal vez por esto él tenía un particular afecto a la comunidad de los filipenses, como lo demuestran varias expresiones de la carta que San Pablo les escribió desde su cautiverio romano, o más probablemente desde el cautiverio de Efeso.


Policarpo, al citar a San Pablo, estaba seguro de tocar el corazón de esos cristianos, como ya lo había hecho también al citar a ese otro campeón que fue San Ignacio de Antioquía, que se presentó a los filipenses encadenado durante su paso, camino hacia Roma, en donde –según su deseo—seria “trigo de Cristo triturado por los dientes de las fieras”.


Precisamente en compañía de San Ignacio y de San Pablo son citados San Rufo y San Zósimo. De ellos el Martirologio Romano refiere, con un juicio que depende del historiador San Abdón, que ellos “fueron del número de esos discípulos que fundaron la primitiva Iglesia entre los judíos y los griegos”. Pero la noticia no parece lo suficientemente confirmada. En una lista de discípulos del Señor festejados por la Iglesia bizantina se encuentra, efectivamente, un Rufo que tal vez se identifica con el personaje homónimo citado por el Evangelio de Marcos y por la carta de San Pablo a los Romanos, pero probablemente no se trata del santo de hoy; y en todo caso no se dice nada de Zósimo.


Fueron martirizados, según cuanto refiere San Policarpo, en Roma.




Diciembe 18




Etimológicamente significa “ el que observa la justa medida, el que mantiene los límites de lo justo”. Viene de la lengua latina.


Hay personas que pasan a la historia por distintos motivos. Hoy nos encontramos ante un hombre que intentó reconstruir los Santos Lugares de Jerusalén a base de esfuerzo y constancia.

Todo había quedado en ruinas cuando el rey persa Cosroes entró y no dejó piedra sobre piedra de todo lo que tuviera sabor o resonancia a cristiano.


Modesto, hombre providencial, era el superior de uno de los conventos asentados en Jerusalén. Y puso en jaque a todos los monjes para que buscaran todo lo que había quedado de la barbarie para reconstruirlo a base de paciencia y resolución.


La gente le ayudó con su esfuerzo en esta ingente labor. Incluso desde lejos, el mismo arzobispo de Alejandría, Egipto, le mandó alimento, trabajadores y ganado para el trabajo.


Cuando cayó derrotado el rey persa, Heráclito, emperador de Constantinopla, le prestó también su ayuda inestimable.


El mismo emperador, tras la muerte del arzobispo Zacarías, lo nombró a él con este cargo pastoral.

Este cargo le dio alas para volar por el cielo limpio que siempre había soñado.


Fue entonces cuando se entregó de lleno a la reconstrucción de cada templo y de todos los lugares – por insignificantes que fueran – de todo lo que había destruido los bárbaros infieles.


Había gente que le tenía envidia por lo que hacía. Aguardaban el momento para darle muerte. Y tuvo que ser mediante el veneno.


Murió en el año 634. Fue el restaurador de Jerusalén.


¡Feliz día a los Modestos/as!






Etimológicamente significa “amarillo”. Viene de la lengua latina.

Nació en Lombardía y murió al final del siglo VI en san Flavy.


Nos encontramos en una época de guerras entre los Lombardos y los Francos.


Por lo visto, Flavio fue llevado como prisionero por los Francos a Italia. (553) o bien lo abandonaron los Lombardos en Champagne (568).


Dicen que lo compró como esclavo un señor por unas monedas, equivalentes al precio de un caballo.


Flavio se casó con una de sus esclavas y lo nombró capataz de sus territorios.


Como era un mozo guapo, la mujer de su dueño se enamoró de él y le hizo proposiciones.


Como era un cristiano lleno de virtud y de fe en Cristo, rechazó todas las malas intenciones de su dueña.


Esta, ofendida por su negativa, le dijo a su marido que Flavio había intentado violarla. El marido, que conocía la virtud del joven, lo que hizo fue vigilar a su mujer.


Otra mentira que le echó a su marido fue que el joven le robaba sus bienes. El dueño comprobó que el joven trabajaba mucho y de lo que le sobraba se lo daba a los pobres.


Viendo que eran tan buenos, el buen señor – para evitar males mayores – le indicó a Flavio que entrara en un monasterio y su mujer en otro.


Más que monasterios lo que buscaban eran lugares en los que vivir tranquilos. Y para esto, nada mejor que las emitas que estaban cerca de la propiedad del señor, lo que es hoy san Flavy, en el cantón de Macilly-le-Hayer.


¡Felicidades a quien lleve este nombre!




Diciembre 18




Etimológicamente significa “ ¿quién como Dios?”.Viene de la lengua hebrea.


Pedro dice: “ Buscad la constancia, el amor fraterno, la caridad. Estas cosas darán fruto en vosotros para comprender mejor a Nuestro Señor Jesucristo”.


Era originario de Jerusalén.


Hizo sus estudios superiores, pero a los 25 años, se fue a un monasterio, al de san Sabas.


En él puso de manifiesto su gran caridad que le animaba por todos los costados de su vida a ser un monje ejemplar.


Su defensa de la caridad, de la verdad y de la penitencia lo convirtieron en una persona digna de atención para todo el que lo observaba noche y día.


Cundo se enteró el patriarca, lo llamó a su lado ara hacerlo su secretario.


Como consecuencia del proselitismo reinante entre os monjes que habían llegado de Jerusalén,, le enviaron a Roma con el fin de que mantuviera la unidad de la fe común tanto a Oriente como a Occidente, amenazada por el excesivo número de monjes latinos.


Se volvió a Constantinopla, pero esta vez fue arrestado por el emperador.


Era el emperador iconoclasta León I, el Armenio.


Lo tuvo encerrado durante siete años en un calabozo sin luz, con los pies atados. Fue liberado a la muerte del emperador. Cuando se sintió libre, se fue a su monasterio de Chora (actualmente Kahrié-Djami), en donde terminó sus días en el año 846.


¡Felicidades a quien lleve este nombre!


“la conversación es la imagen del espíritu. Según es el hombre, así es su espíritu” (Siro).



Julia, es el nombre que sus padres, Anselmo Valle y María Cristina Dalbar, eligen para ella. Nació en Aosta el 26 de junio de 1847, en el mismo día es bautizada en la antigua iglesia de San Orso.

Los primeros años de su vida transcurren en la serenidad de una familia que se alegra por el nacimiento de un nuevo hijo, Vicente, y donde el trabajo de la mamá que administra un negocio de modista y del papá que desempeña una intensa actividad comercial, aseguran un cierto bienestar. Su mamá muere cuando Julia tiene, tan sólo, cuatro años. Los dos huérfanos son confiados al cuidado de los parientes paternos, primero en Aosta, después a sus parientes maternos en Donnas. Aquí encuentran un ambiente sereno, la escuela, el catecismo y la preparación a los sacramentos se hace en casa, bajo la guía de un sacerdote, amigo de la familia.


Cuando Julia tiene once años, para completar su instrucción, es enviada a Francia, a Besançon, a un pensionado perteneciente a las Hermanas de la Caridad. La separación de la familia es un nuevo dolor para ella, una nueva experiencia de soledad que la orienta hacia una profunda amistad con “el Señor que tiene a su lado a su mamá”.


En Besançon aprende bien la lengua francesa, enriquece su cultura, llega a ser habilidosa en los trabajos femeninos, madura una delicada bondad que la hace amable y atenta hacia los otros.


Después de cinco años, Julia regresa a su tierra, pero no encuentra más su casa en Donnas. Su padre, se ha vuelto a casar, y se ha transferido a Pont Saint Martín. Encuentra una situación familiar tensa, donde la convivencia no es fácil. Su hermano Vicente no soporta: se va de la casa y no se sabrá nada más de él … Julia se queda y en su soledad nace el deseo de buscar aquello que la familia no le puede dar, a comprender aquellos que viven la misma experiencia de dolor, a encontrar gestos que expresen amistad, comprensión, bondad para todos.


En este periodo, en Pont Saint Martín se habían establecido las Hermanas de la Caridad. Julia encuentra allí su maestra de Besançon; las hijas de santa Juana Antida Thouret, la ayudan, la animan. Observa el estilo de vida donado a Dios y a los otros y decide ser una de ellas. Cuando su padre le presenta la propuesta de un buen matrimonio, Julia no vacila: ha decidido que su vida será toda donada a Dios: desea solamente ser Hermana de la Caridad.


El 8 de septiembre de 1866 su padre la acompaña a Vercelli, en el Monasterio de Santa Margarita donde las Hermanas de la Caridad tienen su noviciado.


Comienza una vida nueva en la paz, en la alegría, mas allá de las lagrimas por una separación no fácil. Se trata de entrar en una relación más profunda con Dios, de conocerse a sí misma y la misión de la comunidad, para ser disponible a andar donde Dios la llame. Julia entra con alegría en este camino de noviciado. Cada día descubre aquello que debe perder o conquistar: “Jesús despójame de mi misma y, revísteme de Vos. Jesús por ti vivo, por ti muero…” es la oración que la acompaña y la acompañará a lo largo de su vida.


Al fin del noviciado, con el habito religioso recibe un nombre nuevo: Hermana Nemesia. Es el nombre de una mártir de los primeros siglos. Está contenta y del nombre hace su programa de vida: testimoniar su amor a Jesús hasta las últimas consecuencias, a cualquier precio, para siempre.


Es enviada a Tortona, al Instituto de san Vicente. Encuentra una escuela primaria, cursos de cultura, un pensionado, un orfanato. Enseña en la escuela primaria y en los cursos superiores la lengua francesa. Es el terreno adapto para sembrar bondad. La Hermana Nemesia está presente donde hay un trabajo humilde para desarrollar, un sufrimiento para aliviar, donde un disgusto impide relaciones serenas, donde la fatiga, el dolor, la pobreza limitan la vida.


Muy pronto una voz se difunde dentro del instituto y en la ciudad: “¡Oh, qué corazón el de la Hermana Nemesia!”


Cada uno está convencido de tener un lugar particular en su corazón, que parece no tener limite: hermanas, huérfanos, alumnos, familias, pobres, sacerdotes del vecino seminario, soldados de la gran casa de Tortona recurren a ella, la buscan como si fuera la única hermana presente en la casa.


Cuando a los cuarenta años es nombrada superiora de la comunidad, la Hna.. Nemesia queda desconcertada, mas un pensamiento le da coraje: ser superiora significa “servir”, por consiguiente podrá darse sin medida y, humildemente, enfrenta la subida. Las líneas de su programa son trazadas:


“Enfrentar el paso, sin volver atrás, fijando una única meta: ¡Sólo Dios! “A Él la gloria, a los otros la alegría, a mí el precio a pagar, sufrir mas jamás hacer sufrir. Seré severa conmigo misma y toda caridad con las hermanas: el amor que se dona es la única cosa que permanece.”


Su caridad no tiene limites. En Tortona la llaman “nuestro ángel”


La mañana del 10 de mayo de 1903, las huérfanas y las pupilas encuentran un mensaje de la Hna.. Nemesia para ellas: “Me voy contenta, las confío a la Virgen…Las seguiré en cada momento del día.” Parte a las 4 de la mañana, después de 36 años… En Borgaro, pequeño pueblito cerca de Turín, existe un grupo de jóvenes que espera ser acompañado por un nuevo camino, hacia la donación total a Dios en el servicio a los pobres… Son las novicias de la nueva provincia de las Hermanas de la Caridad… El método de formación usado por la Hna.. Nemesia es siempre el mismo: el de la bondad, de la comprensión que educa a la renuncia más por amor, de la paciencia que sabe esperar y encontrar el camino justo que conviene a cada una.


Sus novicias la recuerdan: “Nos conocía a cada una, comprendía nuestras necesidades, nos trataba según nuestra manera de ser, nos pedía aquello que conseguía hacernos amar…”


La superiora provincial que tenía un carácter “en perfecta antítesis con el suyo” disentía de este método. Ella aplicaba un método rígido, fuerte, inmediato. Esta forma de ver generaba relevantes contrastes que desembocaban en reproches y humillaciones. La Hna.. Nemesia acogía todo en silencio, sonriendo continuaba su camino, sin apuro, sin dejar sus responsabilidades: “De estación en estación, recorremos nuestro camino en el desierto…y si el desierto es sordo Aquel que te ha creado siempre escucha…”


A lo largo de su camino la Hna. Nemesia se acerca al final. Han pasado trece años de su llegada a Borgaro. Cerca de quinientas hermanas aprendieron con ella a caminar los senderos de Dios. Ha donado todo: ahora el Señor le pide también de “dejar” a otras “su noviciado”.


La oración que ha hecho suya desde el inicio: “Jesús despójame de mi misma, revísteme de Vos” la acompaña a lo largo de toda la vida. Ahora puede decir “no soy más para ninguno”. El despojo es total. Es la última ofrenda de una vida donada totalmente por amor.


El 18 diciembre de 1916 la Hna. Nemesia muere.


Fue beatificada por Juan Pablo II el 25 de abril de 2004.


Reproducido con autorización de Vatican.va



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