06/23/20

11:49 p.m.

Por: . | Fuente: Vatican.va

Fundadora de la Congregación
de las Siervas de Santa Margarita María y de los Pobres

Martirologio Romano: En la ciudad de Guadalajara, México, Santa María de Guadalupe (Anastasia) García Zavala, virgen, que participó activamente en la fundación de la Congregación de Siervas de Santa Margarita María y de los Pobres, y se distinguió por sus obras de caridad en favor de los menesterosos y de los enfermos. ( 1963)

Fecha de canonización: 12 de mayo de 2013 por el Papa Francisco.

Nació en Zapopan, Jalisco, México el 27 de abril de 1878. Fueron sus padres el Sr. Fortino García y la Sra. Refugio Zavala de García.

Don Fortino, era comerciante, tenía una tienda de objetos religiosos frente a la Basílica de Nuestra Señora de Zapopan, por lo tanto la pequeña Lupita visitaba la iglesia con mucha frecuencia y desde pequeña mostró grande amor a los pobres y a las obras de caridad.

Lupita tenía fama de ser una joven muy bonita y muy simpática, sin dejar de ser sencilla y transparente en su trato, amable y servicial con todos. Tuvo un noviazgo con el Señor Gustavo Arreola, y ya prometida en matrimonio a la edad de 23 años, sintió la llamada del Señor Jesús para consagrarse a la vida religiosa sobre todo en la atención a los enfermos y a los pobres.

Le contó esta inquietud a su director espiritual, el Padre Cipriano Iñiguez, quien le dijo que a su vez, él había tenido la inspiración de fundar una Congregación Religiosa para atender a los enfermos del Hospital y la invitaba a comenzar esta labor, y fue así que entre los dos fundaron la Congregación religiosa de “Siervas de Santa Margarita María y de los Pobres”.

La Madre Lupita ejerció el oficio de enfermera arrodillándose en el piso para atender a los primeros enfermos en el Hospital, que por cierto al inicio carecía de muchas cosas, sin embargo siempre reinó la ternura y compasión, procurando sobre todo para los enfermos un buen cuidado en la vida espiritual.

La Madre Lupita fue proclamada Superiora General de la Congregación, cargo que tuvo durante toda su vida, y aunque provenía de una familia de un buen nivel económico, ella se adaptó con alegría a una vida extremadamente sobria y enseñó a las Hermanas de la Congregación a amar la pobreza para poder donarse más a los enfermos. Hubo un período de graves dificultades económicas en el Hospital y la Madre Lupita pidió el permiso a su director espiritual de poder mendigar por las calles, y obtenida la autorización, lo hizo junto con otras hermanas por varios años hasta que se solucionaron los problemas para sustentar a los enfermos.

El cuadro político-religioso en México fue grave desde 1911, con la caída del presidente Porfirio Díaz, hasta prácticamente 1936 porque la Iglesia fue perseguida por los revolucionarios Venustiano Carranza, Alvaro Obregón, Pancho Villa y sobre todo Plutarco Elías Calles en el período más sangriento de 1926 a 1929.

En este tiempo de persecución en México contra la Iglesia católica, la Madre Lupita arriesgando su vida y la de sus mismas compañeras escondió en el hospital a algunos sacerdotes y también al mismo Arzobispo de Guadalajara, Su Excelencia D. Francisco Orozco y Jiménez. Por otra parta a los mismos soldados persecutores les daban alimento y los curaban de sus heridas; éste fue un motivo para que los soldados que estaban encuartelados cerca del hospital no sólo no molestaban a las Hermanas sino que hasta las defendieron, lo mismo que a los enfermos.

Durante el período en que vivió la Madre Lupita se abrieron 11 fundaciones en la República Mexicana, y después de su muerte siguió creciendo la Congregación; en la actualidad las Siervas de Santa Margarita María y de los Pobres cuentan con 22 Fundaciones en México, Perú, Islandia, Grecia e Italia.

El 13 de octubre de 1961 la entera Congregación de las Siervas de Santa Margarita María y de los Pobres festejaron el jubileo de diamante de la Madre Lupita, es decir, los 60 años de vida religiosa de la amada fundadora, sin embargo ella que tenía 83 años de edad padecía de una penosa enfermedad que después de dos años la llevó a la muerte.

Se durmió en el Señor el 24 de junio de 1963 en Guadalajara, Jalisco, México a la edad de 85 años, gozando desde entonces de una sólida fama de santidad.

Fue amada por pobres y ricos de la ciudad de Guadalajara y de otros lugares en donde tenían hospitales, esto se confirma también porque desde el momento en que se supo de su muerte, muchísima gente se congregó en el hospital para ver por última ocasión sus restos mortales y al día siguiente que se celebraron los funerales también participó mucha gente porque ya la consideraban como una santa.

La Madre Lupita se presenta ahora como un digno ejemplo de vida de santidad para que sea imitada no sólo por las Religiosas por ella fundadas, sino por todos los fieles por la práctica constante y heroica de las virtudes evangélicas que ejercitó a través de su vida, y sobretodo por su dedicación incondicional al servicio de Dios en los hermanos, especialmente en los pobres y en los que sufren todo tipo de enfermedades.

Fue beatificada por el Papa Juan Pablo II, el 25 de abril de 2004 (III Domingo de Pascua de aquel año).

Canonización S.S. Benedicto XVI firmó el 20 de diciembre de 2012 el decreto con el cual se reconoce un milagro gracias a la intercesión de la hasta entonces Beata María Guadalupe, lo cual permitió su canonización, con lo que México -y toda la Iglesia- cuenta con una nueva santa.

El citado milagro hace referencia a la curación de Wvintilia Godoy Salas, quien el 12 de abril de 2008 llegó al hospital con un derrame cerebral, producto de una presión alta.

Luego de que los médicos informaron a sus familiares del estado grave de salud de la mujer y de la urgencia de una cirugía, decidieron trasladarla al Centro Médico de Occidente, pues no contaban con los recursos para hacerlo allí. Pero antes los familiares acudieron a la capilla a encomendarla a la Madre Lupita.

"Una de sus hermanas -que se llama Tomasa- dijo a la familia, ‘no lloren, vámonos todos a la capilla y vamos pidiéndole a Nuestro Señor que la Madre Lupita interceda por ella, y se va a aliviar’. (Después) la llevan al Centro Médico, le hicieron otra tomografía y ya no tenía nada, no la operaron", atestigua la madre Imelda Maciel, superiora de la congregación Siervas de Santa Martha María y los Pobres.

Norma Rangel -hija de Wvintilia- relata que los doctores le comentaron: "Vayan por el Padre porque su mamá no se va a levantar". Después de que rezaron se presentó una evolución médica que -según Norma- los médicos no daban crédito de como "había evolucionado ese derrame tan gigantesco, tan terrible que aparecía en la primer tomografía, era un monstruo lo que vi y cuando me enseñaron la segunda (tomografía) no había nada"
 

Los datos biográficos fueron tomados de Vatican.va con autorización previa.

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11:49 p.m.

Eremita y Mártir

Martirologio Romano: En Malinas, en de Brabante, en lo que hoy es Bélgica, san Rumoldo, venerado como eremita y mártir. ( 775)
El Martirologio Romano incluye entre las conmemoraciones del 24 de junio a san Rumoldo, abad y mártir, que en otros calendarios es mencionado el 1 de julio.

Información acerca de él se pueden encontrar en varios textos en los que, a medida que pasaba el tiempo, se agregaban detalles a las anteriores versiones, dando como resultado distintas versiones de la historia del mismo santo.

Hacia el año 1100, la "Passio Sancti Rumoldi", escrita por el monje Teodorico de la abadía de San Trond, refería que Rumoldo había nacido en Escocia, y después de un viaje a Roma se había establecido en Mechelen -nombre flamenco de la ciudad de Malinas, en Bélgica- por invitación del conde Adón y su mujer Elisa.

El santo, en agradecimiento a sus anfitriones los incluyó en sus oraciones, gracias a lo cual les nació un hijo, el cual más tarde murió ahogado pero fue resucitado por el propio santo. Siempre ayudado por la generosidad del conde, Rumoldo pudo fundar una abadía; murió asesinado por dos compañeros que querían apoderarse de su dinero.

Una narración posterior -de autor anónimo-, escrita entre los siglos XIII y XV, elaboró todavía más la leyenda; aquí se presenta a Rumoldo como hijo de David rey de Escocia, y de Cecilia, hija del rey de Sicilia; ingresado en el estado religioso resultó electo obispo de Dublín, cargo al que renunció cuando fue a Roma, a ver al papa Esteban II (752), para partir como misionero para predicar el Evangelio, estableciéndose en la zona de Malinas. Esta versión concuerda con la precedente en cuanto a las obras del santo y a la muerte violenta, aunque en esta versión no son dos compañeros los que lo matan sino dos trabajadores, uno de los cuales había sido reprendido por el santo por su adulterio.

Eliminando los aspectos legendarios de las distintas versiones, se puede sin duda afirmar que Rumoldo -nombre que procede del alemán Romwald- era anglosajón, como tantos otros misioneros de la baja Germania del siglo VIII, y que nació alrededor del 720.

Animado de fervor apostólico partió para el continente y se abocó a la evangelización en la región de Malinas. No fue ciertamente el primero, ya que en la cuenca del Dyle, (río belga, afluente del río Rupel), había ya cristianos hacia el 754.

Sería acertado afirmar que fue acogido por los nobles cristianos del lugar, que seguían las costumbres de los reyes merovingios, como por ejemplo el donar el terreno para la construcción de una ermita y el monasterio (muy probablemente benedictino para hombres y mujeres).

Con respecto a su muerte, fue sin duda violenta, ya que el examen realizado en 1775 –en el milenio de su muerte- al cráneo que se guarda como reliquia, mostró una fractura debida a un golpe fatal; lo que aún queda inexplicado es el motivo del asesinato; venganza, codicia, odio religioso... no se sabe. La tradición cuenta que su cuerpo fue arrojado al río Dyle y luego encontrado gracias a una luz sobrenatural.

Rumoldo fue sepultado en al capilla de San Esteban, construida por él mismo, y recibió casi enseguida culto como santo, documentado ya en el siglo IX, y acompañado de numerosos milagros. En los siglos siguientes las reliquias fueron trasladadas a la iglesia colegiada de Malinas, que lleva su nombre, y que desde el 1559 es la catedral de la ciudad.

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11:49 p.m.

Por: P. Felipe Santos |

Eremita
Santo Tradicional, no incluido en el actual Martirologio Romano

De este personaje hay dos “Vidas”. Una es la correspondiente a la latina del siglo XIV y otra del siglo XVII.

Lo que se conoce de este personaje es que vivió en la segunda mitad del siglo IX en Bohemia. Según la biografía latina era consanguíneo del rey de Hungría san Esteban, y según la otra fue el hijo del rey de los croatas, Charvati.

Los estudios modernos afirman que fue un monje benedictino de del monasterio sajón de Coevey. Como quiera que la vida en comunidad no le satisfacía plenamente, se retiró a una ermita de Bohemia. Cuando se presentaron algunos problemas de tipo político y religioso. Buscaron por todos sitios a este monje. Lo encontró el duque Borijov.

Este se quedó en el palacio de Tetìn durante un tiempo determinado, donde después de recibir los deseados sacramentos, estuvo hablando con la duquesa Santa Ludmila, antes de regresar a su ermita. El duque Borivoj le prometió que a su muerte edificaría una iglesia a san Juan Bautista.

Cuando Santa Lumidla vio que llegaba la hora de su muerte, llamó al sacerdote para que le administrara el sacramento de la Unción de los Enfermos.

Después de su muerte se sucedieron muchos milagros. A la ermita le llamaban la iglesia de san Juan bajo la Roca.

Los benedictinos se encargaron de transmitir su culto por todos sitios, a pesar de la guerras husitas que se habían suscitado.

¡Felicidades a quien lleve este nombre!

Comentarios al P. Felipe Santos: fsantossdb@hotmail.com

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5:10 p.m.

NACIMIENTO DE SAN JUAN BAUTISTA.





PALABRA DE DIOS DIARIA

Origen de la fiesta

La Iglesia celebra normalmente la fiesta de los santos en el día de su nacimiento a la vida eterna, que es el día de su muerte. En el caso de San Juan Bautista, se hace una excepción y se celebra el día de su nacimiento. San Juan, el Bautista, fue santificado en el vientre de su madre cuando la Virgen María, embarazada de Jesús, visita a su prima Isabel, según el Evangelio.

Esta fiesta conmemora el nacimiento "terrenal" del Precursor. Es digno de celebrarse el nacimiento del Precursor, ya que es motivo de mucha alegría, para todos los hombres, tener a quien corre delante para anunciar y preparar la próxima llegada del Mesías, o sea, de Jesús. Fue una de las primeras fiestas religiosas y, en ella, la Iglesia nos invita a recordar y a aplicar el mensaje de Juan. 

El nacimiento de Juan Bautista

Isabel, la prima de la Virgen María estaba casada con Zacarías, quien era sacerdote, servía a Dios en el templo y esperaba la llegada del Mesías que Dios había prometido a Abraham. No habían tenido hijos, pero no se cansaban de pedírselo al Señor. Vivían de acuerdo con la ley de Dios. 

Un día, un ángel del Señor se le apareció a Zacarías, quien se sobresaltó y se llenó de miedo. El Árcangel Gabriel le anunció que iban a tener un hijo muy especial, pero Zacarías dudó y le preguntó que cómo sería posible esto si él e Isabel ya eran viejos. Entonces el ángel le contestó que, por haber dudado, se quedaría mudo hasta que todo esto sucediera. Y así fue.

La Virgen María, al enterarse de la noticia del embarazo de Isabel, fue a visitarla. Y en el momento en que Isabel oyó el saludo de María, el niño saltó de júbilo en su vientre. Éste es uno de los muchos gestos de delicadeza, de servicio y de amor que tiene la Virgen María para con los demás. Antes de pensar en ella misma, también embarazada, pensó en ir a ayudar a su prima Isabel. 

El ángel había encargado a Zacarías ponerle por nombre Juan. Con el nacimiento de Juan, Zacarías recupera su voz y lo primero que dice es: "Bendito el Señor, Dios de Israel". 

Juan creció muy cerca de Dios. Cuando llegó el momento, anunció la venida del Salvador, predicando el arrepentimiento y la conversión y bautizando en el río Jordán. 

La predicación de Juan Bautista

Juan Bautista es el Precursor, es decir, el enviado por Dios para prepararle el camino al Salvador. Por lo tanto, es el último profeta, con la misión de anunciar la llegada inmediata del Salvador. 

Juan iba vestido de pelo de camello, llevaba un cinturón de cuero y se alimentaba de langostas y miel silvestre. Venían hacia él los habitantes de Jerusalén y Judea y los de la región del Jordán. Juan bautizaba en el río Jordán y la gente se arrepentía de sus pecados. 

Predicaba que los hombres tenían que cambiar su modo de vivir para poder entrar en el Reino que ya estaba cercano. El primer mensaje que daba Juan Bautista era el de reconocer los pecados, pues, para lograr un cambio, hay que reconocer las fallas. El segundo mensaje era el de cambiar la manera de vivir, esto es, el de hacer un esfuerzo constante para vivir de acuerdo con la voluntad de Dios. Esto serviría de preparación para la venida del Salvador. En suma, predicó a los hombres el arrepentimiento de los pecados y la conversión de vida.

Juan reconoció a Jesús al pedirle Él que lo bautizara en el Jordán. En ese momento se abrieron los cielos y se escuchó la voz del Padre que decía: "Éste es mi Hijo amado...". Juan dio testimonio de esto diciendo: "Éste es el Cordero de Dios...". Reconoció siempre la grandeza de Jesús, del que dijo no ser digno de desatarle las correas de sus sandalias, al proclamar que él debía disminuir y Jesús crecer porque el que viene de arriba está sobre todos. 

Fue testigo de la verdad hasta su muerte. Murió por amor a ella. 

Herodías, la mujer ilegítima de Herodes, pues era en realidad la mujer de su hermano, no quería a Juan el Bautista y deseaba matarlo, ya que Juan repetía a Herodes: "No te es lícito tenerla". La hija de Herodías, en el día de cumpleaños de Herodes, bailó y agradó tanto a su padre que éste juró darle lo que pidiese. Ella, aconsejada por su madre, le pidió la cabeza de Juan el Bautista. Herodes se entristeció, pero, por el juramento hecho, mandó que le cortaran la cabeza de Juan Bautista que estaba en la cárcel. 

¿Qué nos enseña la vida de Juan Bautista?

Nos enseña a cumplir con nuestra misión que adquirimos el día de nuestro bautismo: ser testigos de Cristo viviendo en la verdad de su palabra; transmitir esta verdad a quien no la tiene, por medio de nuestra palabra y ejemplo de vida; a ser piedras vivas de la Iglesia, así como era el Papa Juan Pablo II.

Nos enseña a reconocer a Jesús como lo más importante y como la verdad que debemos seguir. Nosotros lo podemos recibir en la Eucaristía todos los días.

Nos hace ver la importancia del arrepentimiento de los pecados y cómo debemos acudir con frecuencia al sacramento de la confesión.

Podemos atender la llamada de Juan Bautista reconociendo nuestros pecados, cambiando de manera de vivir y recibiendo a Jesús en la Eucaristía.

El examen de conciencia diario ayuda a la conversión, ya que con éste estamos revisando nuestro comportamiento ante Dios y ante los demás.

12:49 a.m.

Presbíero y Mártir

Martirologio Romano: En Londres, Inglaterra, santo Tomás Garnet, presbítero de la Orden de la Compañía de Jesús y mártir, el cual, ordenado en el Colegio de los Ingleses de Valladolid, en España, al regresar a Inglaterra fue encarcelado dos veces y, finalmente, en tiempo del rey Jacobo I, ajusticiado en Tyburn. ( 1608)

Fecha de canonización: 25 de octubre de 1970por el Papa Pablo VI, como parte de los 40 mártires de Inglaterra y Gales

Tomás Garnet fue sobrino del famoso sacerdote jesuita, P. Enrique Garnet, e hijo del señor Ricardo Garnet, católico fiel y alumno distinguidísimo de Balliol Collage, de Oxford. Tomás recibió su primera educación en la Escuela Primaria de Horsham, pero a la edad de dieciséis o diecisiete años, fue enviado a Francia para que completase su educación en el recién inaugurado colegio de Saint Omer. En enero de 1595, Tomás y varios de sus compañeros se embarcaron con destino a España, pero no fue sino hasta catorce meses después, tras una serie de calamidades, incluida una temporada de cárcel en Inglaterra, cuando arribó a su destino: el colegio de los jesuitas ingleses en Valladolid. Ahí terminó su curso de teología y fue ordenado sacerdote. Inmediatamente se le asignó a la misión de Inglaterra, junto con el beato Marcos Barkworth. Tal como él mismo declaró durante su proceso, su existencia en los seis años siguientes queda cabalmente descrita con sus propias palabras: "Anduve errante de un lugar a otro para rescatar almas que se habían desviado y se hallaban perdidas en el error en cuanto a la doctrina de la verdadera Iglesia católica".

Fue detenido cerca de Warwick, poco después del descubrimiento del «Complot de la Pólvora» (Gunpowder Plot), un famosa tentativa fracasada de derribar a Jacobo I, a partir de la cual se recrudecieron las medidas contra los católicos, aunque no hayan tenido, como en este caso, participación en el complot. Primero, se le encerró en la prisión de Gatehouse, y después, se le trasladó a Newgate. Como se había hospedado en la casa del señor Ambrose Rookwood, quien se hallaba complicado en la conspiración y, en vista de su parentesco con el padre Enrique Garnet, se pensó que podría suministrar importantes informaciones sobre el caso; pero ni las amenazas del tormento, ni el riguroso interrogatorio a que fue sometido, pudieron arrancarle alguna afirmación comprometedora. Al cabo de ocho o nueve meses, los que Tomás pasó en una celda húmeda, sin otro lecho que el duro suelo, fue deportado a Flandes con otros cuarenta y seis sacerdotes. Mientras se hallaba en Inglaterra, Tomás fue admitido en la Compañía de Jesús por su tío y, durante su destierro, se refugió en Lovaina para hacer su noviciado. Al año siguiente, en septiembre, regresó a Inglaterra. Seis semanas más tarde, fue entregado a sus perseguidores por un sacerdote apóstata.

Aquella vez, inmediatamente después de su detención, fue procesado en el tribunal de Old Bailey, donde se le declaró culpable de alta traición, por haber recibido la ordenación de manos de una autoridad que dependía de Roma y por haber desafiado la ley al regresar a Inglaterra. En el curso del interrogatorio, no llegó a confirmar ni a desmentir que fuese sacerdote, pero se negó resueltamente a hacer el juramento de fidelidad a la supremacía real. Por la declaración de tres testigos en el sentido de que, mientras estuvo preso en la Torre, le habían visto firmar como "Padre" Tomás Garnet, fue declarado culpable y condenado a muerte. Desde el cadalso, proclamó que era sacerdote y jesuita, y explicó que, si no lo había admitido durante el juicio, fue en razón de no aparecer como su propio acusador y obligar a los jueces a condenarle contra su conciencia. El conde de Essex y otros personajes hicieron un último intento para convencerlo de que salvara su vida, pero él persistió en su negativa de tomar el juramento. Al retirarse la carreta para dejar al mártir colgado de la cuerda, aquellos personajes no permitieron que el verdugo comenzara a cortarle el cuerpo, hasta comprobar que estaba muerto.

VIDAS DE LOS SANTOS Edición 1965
Autor: Alban Butler (†)
Traductor: Wilfredo Guinea, S.J.
Editorial: COLLIER´S INTERNATIONAL - JOHN W. CLUTE, S. A.

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12:49 a.m.

Mártires

Martirologio Romano: Conmemoración de muchos santos mártires de Nicomedia, que en tiempo del emperador Diocleciano, refugiados por montañas y cuevas, con ánimo sereno aceptaron el martirio por el nombre de Cristo. ( 303)

Breve Biografía


La matanza de 20.000 cristianos en Nicomedia, que, según los griegos, ocurrió el día de la Navidad del año 303, estaba registrada así, hasta la última reforma del calendario, en el Martirologio Romano: «En Nicomedia, la pasión de muchos miles de mártires que se habían reunido para rendir culto al Señor en el día del nacimiento de Cristo. El emperador Diocleciano mandó que las puertas de la iglesia donde estaban los cristianos fuesen atrancadas, que se formase una hoguera en torno al edificio y frente a la puerta principal un trípode con brasas e incienso. Ordenó, asi mismo, que se encendiese la hoguera al tiempo que un heraldo proclamaba, de manera que pudiera oírsele desde adentro, que todo aquél que quisiese librarse del fuego, saliera por la puerta principal a ofrecer incienso a Júpiter. Y, cuando todos a una, los que estaban dentro de la iglesia, declararon que estaban prontos a morir por Cristo, se alimentó la hoguera inmensa con ramas secas, se avivaron las llamas y todos perecieron en el fuego. De esta manera, pudieron nacer para el cielo aquel mismo día en el que plugo a Cristo nacer en la tierra para la salvación del mundo».

Hay un documento histórico donde se registra la información de que la iglesia de Nicomedia fue derrumbada, no incendiada, el 23 de febrero del año 303, por órdenes de Diocleciano, pero no se dice nada de las gentes que murieron. Por otra parte, no se celebraba ninguna fiesta de Navidad en Nicomedia en una fecha tan remota como los principios del siglo cuarto.

La nota del Martirologio Romano fue tomada de unas informaciones griegas. El Sinaxario de Constantinopla, tal como está editado en el Acta Sanctorum.
 

VIDAS DE LOS SANTOS Edición 1965
Autor: Alban Butler (†)
Traductor: Wilfredo Guinea, S.J.
Editorial: COLLIER´S INTERNATIONAL - JOHN W. CLUTE, S. A.

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Reclusa y Fundadora

Martirologio Romano: En Oignies, también en Hainaut, beata María, que, dotada de dones místicos, con el permiso de su esposo se recluyó en una celda, y después inició y reglamentó el instituto llamado de las "Beguinas". ( 1213)
El cardenal Jacques de Vitry, quien fue amigo, discípulo y tal vez, durante algún tiempo, el confesor de María de Oignies, escribió la biografía de esta beata. Por influencias de María, el futuro cardenal tomó las órdenes sacerdotales; sin embargo, al examinar, en su libro, las virtudes de su personaje, advierte a los lectores que no es precisamente un ejemplo que él recomendase imitar.

Nació en el seno de una acaudalada familia de Nivelles, en Brabante y, no obstante que todas sus aspiraciones estaban centradas en la vida religiosa, sus padres la dieron en matrimonio a un hombre joven y gentil, de buena posición, tan pronto como cumplió los catorce años. Pero si los padres pensaron que el matrimonio de su hija le haría olvidar su vocación, estaban equivocados. María, joven y hermosa, adquirió una gran ascendencia sobre su esposo, hasta el grado de convencerle a que viviesen juntos en absoluta continencia y a que tarnsformasen su casa en un hospital para los leprosos. La joven pareja se dedicó a cuidar a sus pacientes con una abnegación sin límites: tanto María como su esposo lavaban personalmente a los leprosos, velaban a los más enfermos durante noches enteras y distribuían limosnas entre ellos y todos los pobres de la comarca, con tanta prodigalidad, que continuamente recibían airadas recriminaciones por parte de todos sus parientes.

Estas actividades no impedían a María entregarse a la práctica de rigurosas austeridades. Empleaba las disciplinas, llevaba cuerdas apretadas en torno a su cuerpo y se privaba del sueño y de los alimentos. Se afirma que durante todo un invierno excesivamente riguroso, desde el día de san Martín hasta la Pascua, pasó todas las noches tendida sobre las losas de una iglesia, con la ropa que llevaba puesta únicamente, sin que durante toda aquella larga penitencia sufriese un resfriado o un dolor de cabeza. Cuando se hallaba en su casa, dedicada a hilar o en otro trabajo manual sedentario, trataba de evitar las distracciones de sus pensamientos, mediante el procedimiento de poner abierto frente a ella, un salterio o libro de oraciones para leer alguna frase edificante, de tanto en tanto. Su biógrafo hace hincapié en la anormal abundancia de sus lágrimas, que tanto él como otros que escribieron sobre la beata, atribuyen a una gracia espiritual. Por nuestra parte, estamos mejor dispuestos a tomar semejante anormalidad, como una reacción física de la tensión nerviosa bajo la cual mantenía constantemente su cuerpo; pero no debe olvidarse que, en aquellos tiempos, la facilidad de llorar y la abundancia del llanto se consideraban como un signo de verdadera contrición. Hasta hace poco figuraban en el misal romano numerosas colectas pro petitione lacrymarum (para pedir lágrimas) y san Ignacio de Loyola, como se puede comprobar en uno de los fragmentos que aún se conservan de su diario espiritual, consideraba los días en que no era capaz de derramar lágrimas durante la celebración de la misa, como períodos de desolación, cuando Dios, por así decirlo, escondía el rostro. María, por su parte, afirmaba que el llanto la aliviaba y la refrescaba.

La fama de santidad de la bendita asceta atrajo a muchos visitantes, y casi todos regresaron a sus hogares, edificados con sus admoniciones y consolados por sus consejos. Poco tiempo antes de su muerte, María se sintió llamada a buscar la soledad. Por lo tanto, con el consentimiento de su esposo, dejó su casa de Williambroux y se estableció en una celda contigua al monasterio de los canónigos agustinos, en Oignies. Si ya en el pasado había tenido visiones y éxtasis, en su vida presente se multiplicaron las manifestaciones celestiales. Tras una larga y penosa enfermedad, que ella misma había vaticinado, murió a la edad de veintiocho años, el 23 de junio de 1213.

Uno de los rasgos más notables en la existencia de María de Oignies, es el hecho de que ella, lo mismo que otros místicos de los Países Bajos, sobre todo las beguinas, parecen haberse anticipado bastantes años a la transformación del espíritu de la devoción católica, cuyo principio data de la iniciación del movimiento franciscano. El cardenal Vitry, en el prefacio a su "Vida de la beata María", apela al obispo Fulk, de Toulouse, testigo ocular del extraordinario acrecentamiento de la piedad, del que Bélgica era el núcleo y, no hay duda de que el biógrafo pensaba en María de Oignies, al dirigirse al obispo Fulk en estos términos:

Tengo bien presentes vuestras palabras cuando hablasteis de haber dejado el Egipto de vuestra diócesis y, luego de atravesar un árido desierto, descubristeis, en la comarca de Lieja, la Tierra Prometida ... Ahí encontrasteis también, como os oí decir con acento jubiloso, a muchas santas mujeres de las que moran entre nosotros, quienes lamentan en mayor grado un pecado venial, que todo el pueblo de vuestra comarca pudiese lamentar haber cometido un millar de pecados mortales ... Visteis numerosos grupos de esas santas mujeres que despreciaban los deleites terrenales y las riquezas de este mundo, por el anhelo de un reino celestial; que se ataban a su Eterno Esposo con los lazos de la pobreza y la humildad. Las observasteis mientras trataban de ganar su pobre subsistencia con el trabajo de sus manos y, no obstante que sus padres o parientes nadaban en la riqueza, preferían olvidarse de los seres de su misma sangre y de sus hogares, y soportar las estrecheces de la pobreza, a gozar de una abundancia malhabida.
La nota característica del mencionado movimiento de transformación era la afectuosa devoción por la Pasión de Nuestro Señor, y debe recordarse que "cuando María lloraba tan copiosamente, según dice el cardenal Vitry, que podían seguirse sus pasos en las iglesias donde oraba por las manchas de humedad sobre el pavimento, era porque tomaba sus lágrimas en el cáliz inagotable de la Pasión o contemplaba un crucifijo, sin caer desvanecida".

Igualmente notable fue su anticipación a la devoción por la presencia real de Jesucristo en el Santísimo Sacramento, sobre la cual no hay mención hasta entonces en la literatura devocional o de culto (pero si en la liturgia y teología). Al hablar de la beata María, dice su biógrafo: "A veces, se permitía tomar un descanso en su celda, pero en otras ocasiones, sobre todo cuando se aproximaba alguna gran fiesta, no podía encontrar reposo ni tranquilidad más que en presencia de Cristo, en la iglesia".

En fechas posteriores, cualquier duda que pudiese haber sobre que el significado de la frase "en presencia de Cristo, en la iglesia" se refiere a la presencia eucarística, quedaron disipadas por un breve estudio sobre María de Oignies, hecho por Tomás de Cantimpré, que los bolandistas agregaron como un apéndice a la biografía de Jacques de Vitry. En ese estudio se hace referencia a un hombre muy rico que, en cierto sentido, había vuelto a su religión gracias a los esfuerzos de María. En el momento en que aquel hombre atravesaba por un gran desaliento espiritual, la beata le aconsejó "que entrase en la iglesia más próxima; una vez en el templo, cayó de rodillas ante el altar y clavó la vista en la píxide que contenía el Cuerpo de Cristo, encima del altar". Entonces el hombre vio que, por tres veces, la píxide se desplazaba de su lugar, atravesaba los aires en dirección a donde él estaba de rodillas y permanecía unos instantes suspendida frente a sus ojos. En la tercera ocasión, el hombre cayó en un arrobamiento y mantuvo una secreta comunión con Dios.

Si tenemos presente la fecha en que fue escrito, el siguiente párrafo puede resultar muy interesante:

El mayor consuelo y gran deleite de María, hasta la hora en que llegó a la Tierra Prometida, fue el maná de vida que viene del cielo. El Pan Sagrado fortalecía su corazón y el Vino celestial embriagaba de placer su alma. Se saciaba con el santo alimento de la carne de Cristo, y su sangre vivificante la limpiaba y purificaba. Aquel era el único consuelo del que no podía privarse. Recibir el cuerpo de Cristo era para ella lo mismo que vivir y, en su mente morir era apartarse de su Señor al no participar en su bendito Sacramento. El cumplir con las palabras: "A menos que el hombre coma la Carne ...", lejos de ser, para ella, una dura prueba, como sucedía con los judíos, le resultaba dulce y reconfortante, puesto que no solamente experimentaba el deleite y el consuelo interiores al recibirle, sino también un sabor dulce en la boca, como el de la miel ... También su sed por la Sangre Regeneradora de su Señor era tan aguda, que a duras penas podía soportarla, y muchas veces suplicaba que se dejase el cáliz vacío sobre el altar, después de la misa, para tener la dicha de mirarlo.
Asimismo, María fue una de las primeras místicas de quienes se haya registrado, con bastantes detalles, las experiencias de lo que nos sentimos tentados a llamar atributos psíquicos. Se afirma que, algunas veces, supo con extraordinaria claridad, lo que en aquel preciso instante sucedía a muchas leguas de distancia; que tenía extrañas premoniciones sobre el futuro y que podía adivinar, con absoluta precisión, la historia pasada de las reliquias, por ejemplo, que todos ignoraban (hierognosis y psicometría). Jacques de Vitry, sin duda un testigo presencial, habla admirativamente de un inexplicable relato que hizo la beata, con lujo de detalles, sobre la ceremonia de la ordenación sacerdotal de "un amigo suyo", que en aquellos precisos instantes se desarrollaba en París.

Es importante tener presente que Jacques de Vitry es un testigo digno de toda confianza. Aparte de que pasó cerca de cinco años en compañía de la beata, desde 1208 hasta su muerte, ocurrida en 1213, toda su carrera y sus escritos ponen de manifiesto que fue un hombre de escrupulosa integridad y muy buen juicio. Siempre vio en María una especie de segunda madre y se sintió sinceramente honrado de que ella le designara como su "predicador" especial y se identificara con su trabajo apostólico. La biografía de la beata parece haber sido escrita poco después de su muerte y antes de que Jacques de Vitry fuese consagrado cardenal, pero es evidente que el autor conservó, hasta el último día de su vida, la devoción que le inspiró su personaje, y la localidad de Oignies, donde vivió. María, por su parte, siempre declaró que la amistad del cardenal se le había dado como respuesta a sus plegarias y que, aparte de ser su amigo, era su delegado, ya que ella, a causa de su sexo, no estaba en condiciones de instruir a los fieles y llevarlos hacia Dios. Ciertamente que, entre ellos, hubo un gran afecto; durante su última enfermedad, la beata oraba sin descanso por Jacques y pedía a Dios que le protegise de todo mal para que, llegado el momento de su muerte, pudiera ofrecer al Señor el alma limpia de su amigo sobre la que ella había velado en vida, para devolverla a su Creador intacta. En su oración mencionaba todas las pruebas, tentaciones y aun pecados de "su predicador" y luego, suplicaba al Señor que le apartase de ellos. El prior que confesaba a María y conocía bien su conciencia, la oyó decir aquellas cosas y fue en busca del cardenal para preguntarle si le había confesado a la beata todos sus pecados, "puesto que en sus cantos, dijo el prior, María hizo relación de todo lo que tú has hecho, como si lo leyese en un libro". Con la palabra "cantos", el prior se refería a la extraordinaria manifestación que se produjo durante los últimos días de vida de la beata, cuando ésta, como si fuera presa del delirio, hablaba sin cesar de cosas celestiales, pero en prosa rimada y aun en versos.

También eran extraordinarias las condiciones físicas en que vivía. Se nos dice, por ejemplo, que "ni siquiera en lo más crudo del invierno requería el fuego material de la chimenea para evitar el frío, porque incluso cuando la temperatura era tan baja que toda el agua se convertía en hielo, ella, por maravilla de la gracia, tenía encendido el espíritu con un fuego tan vivo, que el calor de su alma, sobre todo durante la plegaria, le calentaba el cuerpo; muchas veces sucedió que, en las noches más frías se la veía traspirar y, de sus ropas húmedas, se desprendía una dulce fragancia. Con mucha frecuencia también, el olor de sus ropas era como el del incienso, en los instantes en que las oraciones ascendían desde el brasero de su corazón".

Semejantes declaraciones podrían parecer sospechosas si procedieran de oídas; pero el caso es que Jacques de Vitry se encontraba presente y no hay duda de que era un hombre devoto, honesto, sereno, que decía la verdad sin circunloquios.

NOTA: Las Beguinas fue una asociación de mujeres cristianas, contemplativas y activas, que dedicaron su vida, tanto a la defensa de los desamparados, enfermos, mujeres, niños y ancianos, como a una brillante labor intelectual. Organizaban la ayuda a los pobres y a los enfermos en los hospitales, o a los leprosos. Trabajaban para mantenerse y eran libres de dejar la asociación en cualquier momento para casarse.

En el curso de la historia el comportamiento y fidelidad a la Santa Madre Iglesia se fue disolviendo en esta asociación, lo que postre la llevó a su extinción.

VIDAS DE LOS SANTOS Edición 1965
Autor: Alban Butler (†)
Traductor: Wilfredo Guinea, S.J.
Editorial: COLLIER´S INTERNATIONAL - JOHN W. CLUTE, S. A.

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