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Mártires

Reseña de los Hechos


Presentación histórica del martirio realizada por monseñor Juan Esquerda Bifet, director emérito del Centro internacional de animación misionera (Ciam).

A fin de resaltar la actualidad del tema de la esperanza, decía el Papa Benedicto XVI a los obispos del Japón en la visita "ad limina" del 15 de diciembre de 2007, citando su segunda encíclica: "Quien tiene esperanza vive de otra manera; se le ha dado una vida nueva" (Spe salvi, 2). Y para contextualizar esta afirmación añadió: "A este respecto, la próxima beatificación de 188 mártires japoneses ofrece un signo claro de la fuerza y la vitalidad del testimonio cristiano en la historia de vuestro país. Desde los primeros días, los hombres y mujeres japoneses han estado dispuestos a derramar su sangre por Cristo. Gracias a la esperanza de esas personas, "tocadas por Cristo, ha brotado esperanza para otros que vivían en la oscuridad y sin esperanza" (Spe salvi, 8). Me uno a vosotros en la acción de gracias a Dios por el testimonio elocuente de Pedro Kibe y sus compañeros, que "han lavado sus vestiduras y las han blanqueado con la sangre del Cordero" (Ap 7, 14 ss)" (L´Osservatore Romano, edición en lengua española, 28 de diciembre de 2007, p. 8).

Fueron muchos miles los cristianos japoneses que, en el decurso de cuatro siglos, pero especialmente durante los siglos XVI-XVII, dieron este testimonio heroico de esperanza. Algunos ya han sido canonizados. El 8 de junio de 1862, Pío IX canonizó a veintiséis. El mismo Papa beatificó a 205 el día 7 de julio de 1867. Juan Pablo II canonizó a veintiséis el día 18 de octubre de 1987. Los nuevos 188 mártires —han sido beatificados el pasado 24 de noviembre— se suman, pues, a una cifra considerable que, no obstante, viene a ser sólo una pequeña representación de los muchos miles que dieron la vida por Cristo, además de los innumerables que afrontaron toda suerte de sufrimientos por el Señor.

Esta realidad histórica queda ya como un hecho salvífico imborrable en la evangelización del Japón y es también una herencia común para toda la Iglesia. Será siempre un punto de referencia, como lo ha sido para toda la historia eclesial la realidad martirial de los primeros cuatro siglos del cristianismo bajo el imperio romano.

Entre estos mártires se encuentran todas las clases sociales. Cabe recordar que hubo también algunas apostasías, como en toda persecución. Pero, al contemplar el conjunto admirable de unas estadísticas controladas, cabe preguntarse sobre el punto de apoyo de su perseverancia ante el martirio. ¿Qué preparación y medios habían tenido? ¿Cuál fue y sigue siendo la clave de la perseverancia?

Las circunstancias actuales han cambiado en todas las latitudes. Pero será siempre una realidad la "persecución" contra los seguidores de Cristo como él mismo profetizó (cf. Jn 15-16; Mc 13, 9). La Iglesia estará siempre "en estado de persecución" (Dominum et vivificantem, 60). Las dificultades, siendo muy diversas, no son menores en la actualidad, especialmente en una sociedad donde se sobrevalora lo útil, lo eficaz, lo inmediato, la ganancia, el éxito, las impresiones, las leyes que contrastan con la conciencia... El cristiano que quiera ser coherente, tendrá que estar dispuesto, en cualquier época, como decía san Cipriano refiriéndose a los mártires y confesores del siglo III, a "no anteponer nada al amor de Cristo".

Afirmar hoy explícitamente la divinidad y la resurrección de Jesús es un riesgo de "martirio", de marginación y descrédito... Decidirse por seguir los principios básicos de la conciencia y de la razón iluminados por la fe —sobre la vida, la familia, la educación— será frecuentemente fuente de malentendidos y tergiversaciones por parte de los que se oponen a los valores evangélicos.

La beatificación de los nuevos 188 mártires, todos ellos japoneses y casi todos laicos (183), tendrá ciertamente una gran repercusión, especialmente en el Japón. Si "la sangre de mártires es verdadera semilla de cristianos" (según Tertuliano: PL I, 535), esta realidad martirial actual anuncia, a pesar de las previsiones humanas, un resurgir de la comunidad eclesial en el Japón, con repercusión en la Iglesia universal.

El martirio cristiano es siempre un "misterio" de la historia. Ninguna figura histórica ha sido tan amada y tan perseguida como la figura de Jesús, que prometió estar presente entre los que creen en él. Pero la vida martirial de los discípulos de Jesús es siempre una gracia que tiene un dinamismo misionero imparable.

Un hecho histórico de valor permanente:
los mártires japoneses, especialmente de los siglos XVI-XVII

El 15 de agosto de 1549 llegó san Francisco Javier al Japón, donde desarrolló su actividad apostólica durante unos tres años. Los jesuitas fueron llegando continuamente. Los primeros franciscanos misioneros llegaron de Filipinas en 1592. Los dominicos y agustinos, también procedentes de Filipinas, llegaron en 1602. Hay que recordar que las Filipinas fueron evangelizadas inicialmente por los misioneros agustinos, ya desde la ocupación española, en 1565. Fueron cuatro las Órdenes religiosas que evangelizaron el Japón durante estos inicios: jesuitas, franciscanos, dominicos y agustinos.

Los años que transcurren entre 1549 y 1650 se han calificado de "siglo cristiano" del Japón; en 1644 los católicos eran unos 300.000, según la cifra aceptada por algunos historiadores. San Francisco Javier había escrito en 1552 que se produciría persecución azuzada por algunos bonzos. Él mismo había manifestado la alegría de poder llegar a ser mártir.

Se pueden observar, en el contexto histórico, diversos motivos circunstanciales que dieron origen a la persecución: las luchas comerciales por parte de navegantes ingleses y holandeses, que sembraban la sospecha y el rechazo hacia los portugueses, provenientes de Macao, y hacia los españoles, provenientes de Filipinas; el temor de algunas autoridades japonesas a una invasión; la inquina de algunos bonzos budistas que veían disminuir a sus seguidores. Pero los mártires japoneses murieron por no querer renunciar a su fe; se les proponía la posibilidad de salvar su vida a precio de esta renuncia a la misma, aunque fuera simulada.

Un primer edicto de persecución en todo el país fue firmado en 1614, y se enviaron copias a todos los "daimyós" del Japón. Hay que recordar que existía un ambiente de guerra civil en Japón entre dos "shôgun" o gobernadores mayores; de hecho, el emperador estaba como "prisionero" en Kyoto. Tokugawa Leiasu se proclamó "shôgun" en 1603 y murió en 1616, contra el "Shôgun" Toyotomi Hideyoshi, dejando fundada la dinastía "Tokugawa". Tokugawa Yemitsu asumió la plena autoridad del "shôgunado" en 1632 y reclamó obediencia absoluta a su autoridad por parte de los cristianos, por encima de la fe y de la conciencia.

Estas dificultades se acentuaban por el hecho de que, para los perseguidores, los "shôgun" —gobernadores mayores— eran la ley suprema. Los cristianos tenían que ser eliminados porque seguían el primer mandamiento del decálogo: amar a Dios sobre todas las cosas. Ese es el argumento del apóstata Fabián Ungyô, con su libro: "Ha Deus, Contra la secta de Dios", año 1620.

Se puede constatar la internacionalidad de los mártires, aunque la inmensa mayoría eran japoneses. En la documentación y también en las listas de los ya beatificados o canonizados, se encuentran coreanos, mestizos (luso-japoneses, chino-japoneses), de Malaca, un indio de Malabar, un indio de Bengala, uno de Sri Lanka, algunos chinos, etc. Entre los misioneros, casi un centenar, había portugueses, españoles, italianos, mexicanos y algunos de Flandes, Francia, Filipinas, Polonia...

Los primeros mártires fueron asesinados ya en 1558. Desde entonces están documentados los martirios, al inicio casi anualmente y en diversos lugares del Japón, hasta 1867. Pero especialmente quedan documentados con más precisión hasta el año de la clausura del Japón, en 1639, época "Sakoku" o de país clausurado. Todavía después de esta fecha, quedaron —o ingresaron clandestinamente— muchos cristianos, misioneros y catequistas que fueron mártires durante el decurso de todo el siglo XVII.

Desde el martirio masivo de Nagasaki, el 5 de febrero de 1596, con Pablo Miki, s.j., a la cabeza —veintiséis mártires ya canonizados el 8 de junio de 1868, entre los que aparece san Felipe de Jesús—, hubo siempre "grandes martirios": en Edo —Tokio— (año 1613, con veintitrés mártires), Arima-Kuchinotsu (año 1614, con cuarenta y tres mártires), Miyako-Kyoto (año 1619, con cincuenta y tres mártires), Nagasaki (año 1622, con cincuenta y tres mártires), Shiba-Edo (año 1623, dos grupos, con cincuenta y veinticuatro mártires), Minato-Akita (año 1624, con treita y dos mártires), Kubota-Akita (año 1624, con cincuenta mártires), Okusanbara (año 1629, con cuarenta y nueve mártires), Omura (año 1630, dos grupos, con setenta y tres, y diez mártires), Aizu-Wakamatsu (año 1632, con cuarenta y tres mártires), Edo -Tokio— (año 1632, con quince mártires), etc.

Es imposible concretar con exactitud el número de mártires. Ciertamente pasaron de varios miles. El cálculo más conservador sobre este número, desde finales del siglo XVI hasta mediados del siglo XVII, indica entre 5.000 y 10.000 mártires (cf. Positio, p. 40). Los mártires extranjeros no pasan del centenar. Pero sólo en la llamada "insurrección" de Shimabara, abril de 1638, según algunos escritores modernos, pudieron haber llegado a 20.000 —aparte de los caídos en la guerra— los japoneses que fueron sacrificados por el hecho de ser cristianos. En una publicación reciente, las fichas documentadas y precisas, con nombre, fecha, lugar, modalidades, etc., pasan de dos mil, pero alguna de estas fichas se refieren a algún grupo sin poder precisar más (El Martirologio del Japón 1558-1873; ver el grupo de Shimabara en la página 740).

Es impresionante la actitud de muchos niños mártires, en solitario, en grupo o con sus padres. Algunos eran de muy tierna edad. Un testimonio muy documentado habla de un grupo de dieciocho niños, en el segundo gran martirio de Edo-Tokio, 24 de diciembre de 1623: "Los seguían (a los mártires adultos) dieciocho niños, que como casi todos eran pequeñitos y no sabían todavía temer a la muerte, iban alegres y risueños como si fueran a jugar, llevando algunos de ellos en las manos los juguetes que en esa edad suelen usar, moviendo con ello a lágrimas a los mismos gentiles que lo veían... Llegados al lugar determinado, los primeros en que se ejecutó la cruel sentencia fueron los dieciocho niños, en los cuales ejecutaron crueldades tan bárbaras que sólo oírlas causa horror" (ib., p. 490).

Los suplicios fueron variando y recrudeciéndose, como puede constatarse en el conjunto de los 188 que resumiremos más abajo. Además de la cárcel y arresto domiciliario, se produjo frecuentemente la pérdida de todos los bienes y el exilio. Pero en el caso de martirio cruento, además de las decapitaciones, hogueras y crucifixiones, se ejercieron toda clase de humillaciones o vejaciones y torturas, que constan detalladamente en los documentos de la época, por parte de testigos presenciales. Además de la amputación de miembros y el apaleamiento, se practicaba el ahogo lento o repetido en agua, el veneno, el aceite hirviendo, la crucifixión, alanceados o también quemados, el lanzamiento al mar, la inmersión en los sulfatos del monte Unzen en Nagasaki, lapidación, tormento de la fosa —colgados boca abajo y metida la cabeza en una fosa—, etc.

Eran de todas las clases sociales: nobles samurais, autoridades civiles, artesanos, profesores, pintores, literatos, campesinos, ex-bonzos convertidos, esclavos ya liberados y prisioneros de guerra (de Corea), algún corsario convertido, trovadores ciegos especializados y diplomados en el arte melódico-narrativo. Pero dentro del cristianismo se sentían todos como en familia.

Como dato interesante hay que constatar que en 1632 fueron desterrados a Manila más de cien leprosos cristianos. En 1601 tuvieron lugar las primeras ordenaciones de sacerdotes japoneses, jesuitas y diocesanos. A pesar de la fidelidad por parte de la inmensa mayoría, se constata también la primera apostasía de un misionero europeo, el padre Cristóbal Ferreira, en 1633.

La invasión de Corea, a finales del siglo XVI, había dado como resultado la llegada de muchos esclavos coreanos, que vivían en el distrito de Nagasaki llamado Korai-machi. En una reunión de los misioneros con el obispo de Nagasaki, padre Cerqueira, s.j., en 1598, se inició un proceso de liberación. Muchos coreanos se hicieron cristianos; algunos serían mártires, ya beatificados y canonizados.

La persecución y los martirios continuaron hasta 1873. Fueron todavía muchos los mártires de la segunda mitad del siglo xix, al inicio de la "apertura" comercial del Japón. En 1873, por presión de los gobiernos occidentales, un decreto oficial hizo retirar los bandos oficiales que habían prohibido la religión cristiana durante siglos, desde el inicio del siglo XVII; los cristianos apresados pudieron volver a sus casas. Pero en los años inmediatamente anteriores a 1873 habían muerto en las cárceles 664 cristianos, por inanición o por torturas. La discriminación respecto de los católicos, a veces por parte de algunos bonzos budistas, continuó hasta casi la segunda guerra mundial, a mediados del siglo xx.

El nuevo elenco de 188 mártires beatificados

El conjunto de los 188 mártires corresponde a una misma época (1603-1636). Todos ellos fueron víctimas de la misma tendencia claramente persecutoria respecto del cristianismo, con el objetivo claro y planificado de borrarlo totalmente del Japón. Esta lista de 188 corresponde a quienes fueron compañeros de otros numerosos mártires ya reconocidos precedentemente por la Iglesia como tales, y que sufrieron el martirio en las mismas circunstancias.

En la presente lista destaca la fidelidad a la Santa Sede, por parte de Julián Nakaura; la tenacidad en seguir la vocación, padre Pedro Kibe; la heroicidad de misioneros y catequistas japoneses perseguidos y ocultos durante años; la vida cristiana de familias enteras sacrificadas, etc. Los treinta samurais martirizados, nobles y casi siempre con sus familias, junto con numerosos fieles del pueblo sencillo, son una muestra de la importancia de este martirio para la historia del Japón, en un momento clave de su unificación política en el inicio del siglo XVII; fueron fieles a la autoridad civil, dispuestos a dar su vida y sus haciendas por sus señores, pero nunca a renegar de su fe ni de los deberes de conciencia.

De los detalles concretos del martirio consta por parte de numerosos testigos y por documentos contemporáneos eclesiásticos y civiles, puesto que las autoridades dieron pie a la máxima espectacularidad de cada evento. Muchas veces, los perseguidores hicieron desaparecer los restos, por ejemplo arrojando las cenizas en el mar, para evitar el culto a las reliquias de los martirizados. Pero, todavía hoy, algunos de estos mártires son considerados como héroes por la sociedad japonesa no cristiana.

La intención anticristiana de los perseguidores es evidente, como consta por los edictos de los gobernantes, así como por la búsqueda organizada para apresar a todos los cristianos y la invención de toda clase de tormentos para conseguir la apostasía, con la cual hubieran quedado liberados del suplicio.

Cinco son religiosos: cuatro jesuitas —tres sacerdotes y un hermano— y un padre agustino; ciento ochenta y tres son laicos. Los treinta samurais murieron indefensos, dejando aparte las armas, hecho inexplicable y señal de cobardía en ellos si no fuera por un ideal superior. Hay niñas y niños pequeños, ya llegados al uso de razón, que mostraron una tenacidad heroica unida a su candor y fervor cristiano. Hay familias enteras, madres embarazadas o con sus hijos muy pequeños, jóvenes y ancianos, catequistas —uno era ciego— y gente sencilla del pueblo, que se prepararon asiduamente con oración y penitencias para el martirio, mostrando siempre no solamente entereza y fortaleza, sino también la alegría de dar la vida por Cristo.

Algunos de los mártires ya beatificados o canonizados anteriormente, habían dejado escrito su testimonio sobre estos 188 mártires, que han sido beatificados el pasado 24 de noviembre . La causa de los nuevos mártires, todos ellos japoneses y casi todos laicos (183), no había sido estudiada hasta hace pocos años. Fue Juan Pablo II, en su visita al Japón (año 1981), quien alentó a recordar y estudiar otros muchos mártires además de los ya reconocidos; esta invitación fue corroborada por una carta del entonces prefecto de la Congregación para la evangelización de los pueblos, cardenal Agnelo Rossi.

Estos 188 mártires, distribuidos en 16 grupos, fueron martirizados entre 1603 y 1639, prácticamente de todas las zonas geográficas del Japón, las diversas diócesis actuales. La investigación fue realizada por una comisión de cinco historiadores, especializados en temas japoneses, y se hizo con toda precisión y seriedad histórica, aprovechando el material existente en numerosas bibliotecas y archivos de dentro y de fuera del Japón: once archivos japoneses y doce archivos o bibliotecas occidentales.

A veces son fuentes civiles, pertenecientes a los mismos perseguidores, donde no se oculta el motivo de la persecución, el género de martirio, algunas apostasías y la tenacidad en afirmar la fe cristiana por parte de las víctimas. Son muy importantes las "cartas anuales" contemporáneas que enviaban a Roma los superiores jesuitas del Japón, misioneros y algunos de ellos también mártires posteriormente.

Ha habido una petición oficial de la Conferencia episcopal del Japón, firmada por todos los obispos el 14 de junio de 2004, suplicando la beatificación de los 188, que dieron su vida "por Cristo y por la Iglesia", y motivándola con razones de actualidad pastoral. Los 188 mártires corresponden a las actuales diócesis de Nagasaki, Fukuoka, Kyoto, Niigata, Hiroshima, Kagoshima, Oita, Tokio (Edo) y Osaka.

1) Once mártires de Yatsushiro, hoy Kumamoto, diócesis de Fukuoka: seis de familia de samurais (año 1603) y cinco de gente del pueblo (años 1606 y 1609)

Entre los samurais, destacan dos familias: Juan Minami y su esposa Magdalena, con su hijo adoptivo Luis, de siete años; Simón Takeda y su esposa Inés, con su madre Juana. Los varones samurais mueren decapitados. Las mujeres y el niño, crucificados. Destaca la alegría en el momento del martirio, vistiendo su mejor vestido de fiesta. Magdalena Minami, desde la cruz, rezaba a coro con su hijo Luis. Juana Takeda predicaba desde la cruz.

Entre la gente sencilla del pueblo: Joaquín y Miguel, con su hijo Tomás, de trece años; Juan y su hijo Pedro, de cinco o seis años. Son tres catequistas, con sus hijos. Mueren decapitados, menos Joaquín, que muere en la cárcel a causa de los tormentos. Todos muestran alegría, oración y firmeza en la fe. Se conservan algunas cartas desde la cárcel, donde leían libros de espiritualidad.

El caso del niño Pedro Hatori, de cinco o seis años, es emblemático. Vestido con su kimono de fiesta, en el lugar del suplicio se acercó al cadáver de su padre, martirizado unos momentos antes, se bajó el kimono de los hombros, se arrodilló, juntó las manos para orar y presentó su cuello desnudo ante los verdugos aterrorizados; estos no acertaron en el primer golpe, hiriéndolo en el hombro y tumbándolo a tierra, de donde se levantó para seguir arrodillado en oración; murió decapitado pronunciando los nombres de Jesús y María. Algo parecido pasó con el niño Tomás, de trece años, hijo de Miguel; este niño tenía el brazo izquierdo atrofiado, pero lo levantó con su brazo derecho para morir en actitud de oración (cf. P. Pasio, o.c., cap. 9, foll. 328-330).

2) Mártires de Yamaguchi y Hagi, Melchor Kumagai, samurai, y Damián, catequista ciego, año 1605, 16 y 19 de agosto respectivamente, en la diócesis de Hiroshima

El samurai Melchor muere decapitado en su casa, por defender la fe cristiana, mientras oraba y meditaba la pasión. La importancia del martirio de este samurai estriba también en su calidad de descendiente de familia noble que se remonta al emperador Kammu (782-805).

El samurai Melchor precedentemente se había enfriado en la fe, pero luego, después de la guerra de Corea, tomó un camino de segunda conversión, entregándose con generosidad hasta el momento de su martirio. En sus cartas dirigidas a sus amigos manifiesta su adhesión incondicional a la fe, mientras, al mismo tiempo, estaba dispuesto a servir con fidelidad a su señor el "daimyó", pariente suyo.

El catequista ciego Damián muere también decapitado, de rodillas y orando, por defender y propagar la fe. Su cuerpo fue mutilado y arrojado al río por los verdugos, con la intención de hacer desaparecer los restos, de donde los cristianos rescataron la cabeza para enviarla a Nagasaki. Los perseguidores intentaban conseguir la apostasía. Hay que notar en este caso y en algunos otros, la acción persecutoria de algunos bonzos de una secta budista, que instigaron a los gobernantes.

Este catequista ciego, que se había convertido del budismo, dedicó su vida a la catequesis, con su arte musical y narrativo, llegando a convertir, sólo en un año, a ciento veinte personas, además de dedicarse durante años a fortalecer la fe de los ya cristianos. Con sus cantos y narraciones, el ciego "iluminaba" a todos por el camino de la fe. En el momento en que iba a ser decapitado, le conminaron por tres veces a que apostatara de la fe, pero Damián ofreció su cuello mostrando gran paz y alegría. Sus restos, recuperados por los cristianos, fueron trasladados a Nagasaki y luego a Macao.

3) León Saisho Shichiemon Atsutomo, samurai de rango alto (1608, Hirasa, hoy Sendai, diócesis de Kagoshima)

Había recibido el bautismo el 22 de julio de 1608, de manos del futuro mártir Jacinto Orfanel, o.p., beato. El samurai convertido se entregó a un camino de oración y perfección. Instado repetidamente por su señor a apostatar, León resistió con fortaleza y ánimo tranquilo. Fue condenado a muerte por haberse bautizado en contra de las órdenes de su señor. Decía que "estaba dispuesto a morir antes que dejar de ser cristiano" (Carta de Mons. Cerqueira a Pablo V, 5 de marzo de 1609).

Salió para el lugar del martirio habiendo dejado sus armas, vestido con traje de fiesta; se arrodilló sobre una estera de paja ante una imagen pequeña del descendimiento de la cruz, que luego metió en su pecho, mientras enrollaba en su mano derecha el rosario.

Lo decapitaron el 17 de noviembre de 1608, a los tres meses y medio después de haber recibido el bautismo. Su martirio tuvo lugar donde él mismo había pedido, es decir, en el cruce de caminos (por significar la cruz de Cristo). El hecho de morir "con tanta seguridad y alegría... era cosa nunca vista en aquel reino" (Cerqueira, o.c., fol. 482).

4) Mártires en Ikitsuki (Hirado): el samurai Gaspar Nishi Genka, con su esposa Úrsula y su hijo primogénito Juan Mataichi Nishi (año 1609), diócesis de Nagasaki

Se trata de una familia de mártires. Estos tres fueron martirizados el 14 de noviembre de 1609. Hijo de Úrsula es el padre Tomás, o.p., mártir en 1634, ya canonizado por Juan Pablo II en 1987; también fue martirizado su otro hijo Miguel con su esposa e hijo en 1634, por haber dado alojamiento a su hermano, el padre Tomás.

El samurai Gaspar Nishi era protector y padre de los pobres y campesinos. El martirio de esta familia fue promovido de modo especial por un bonzo principal de Hirado, de una secta budista, mitad bonzos mitad soldados, prohibidos posteriormente, que era amigo del "daimyó". Los datos precisos del martirio se encuentran en la carta de monseñor Cerqueira, del 10 de marzo de 1610, dirigida al Papa Pablo V.

Los mártires se prepararon con oración para el martirio. Gaspar, samurai, pidió morir como Jesús en una cruz, pero sólo se le concedió ser decapitado en el lugar donde anteriormente el misionero padre Torres había levantado la cruz.

Úrsula y su hijo Juan murieron decapitados, arrodillados y pronunciando los nombres de Jesús y María. En sus cabezas, expuestas públicamente, pusieron la causa de la muerte: "por ser cristianos". Sus cuerpos fueron llevados a Nagasaki y posteriormente, en 1614, a Macao.

5) Mártires de Arima (diócesis de Nagasaki), año 1613, tres familias de samurais: Adriano con su esposa Juana, León con su esposa Marta y sus dos hijos (Magdalena de diecinueve años, Diego de doce años), León con su hijo Pablo de veinticuatro años.

Mártires de ArimaLas tres familias de samurais (ocho personas) murieron quemados vivos el 7 de octubre de 1613. Este martirio tiene un significado especial: representa la cristiandad de Arima, la más cultivada del Japón, semillero de mártires. Estas tres familias fueron siempre fieles a sus "daimyós" en guerra y en paz. El odio a la fe provenía especialmente del "daimyó" apóstata Arima Naozumi. Miles de cristianos, organizados en cofradías, pudieron asistir al martirio con el rosario en la mano y velas encendidas; habían pasado una noche entera velando en oración. Cinco días después del martirio, daba cuenta detallada de todo ello el obispo monseñor Cerqueira al prepósito general de la Compañía de Jesús, padre Claudio Acquaviva.

Todos los mártires se habían preparado con oraciones y sacramentos. La numerosa comunidad cristiana de la ciudad participó en la preparación espiritual. El influjo de sus gestos audaces llegó hasta conseguir que algunos apóstatas volvieran a la fe. Estos arrepentidos, no habiéndoseles permitido sumarse a los presentes mártires, renunciaron a sus rentas y se exiliaron.

Cada uno de los mártires muestra alguna peculiaridad personal: los tres samurais anuncian a Cristo sin ambigüedades hasta el último momento. Marta anima a sus hijos, Magdalena y Diego. Magdalena, de diecinueve años, levanta y ofrece al cielo con sus manos las brasas. El niño Diego, de doce años, al vadear el río de camino hacia el suplicio, no permitió que le ayudara un samurai compasivo, sino que le dijo: "Déjame ir a pie como mi Señor, ya que no llevo la cruz a cuestas" (cf. Carta anual de 1613, fol. 271); en el momento del suplicio, al quemársele las cuerdas, los vestidos y los cabellos, corrió hacia su madre y quedó muerto a sus pies; la madre acogió al niño señalando el cielo. Todos ellos confesaron su fe con toda claridad y con alegría, pronunciando los nombres de Jesús y María.

6) Adán Arakawa de Amakusa (1614, diócesis de Fukuoka)

La investigación fue dirigida por el futuro mártir beato Francisco Pacheco, según orden del provincial padre Carvalho, elegido como sucesor de monseñor Cerqueira, que había muerto en febrero de 1614.

7) El gran martirio de Miyaco (Kyoto), 6 de octubre de 1619 (cincuenta y dos mártires)

B. Tecla, encinta y sus hijosEste es uno de los martirios numerosos, o masivos, de Japón que hemos citado más arriba. En el martirio de Kyoto murieron cincuenta y dos cristianos quemados vivos: un samurai de alto rango, Juan Hashimoto con su esposa Tecla, encinta, y sus cinco hijos, de entre tres y doce años; la mayoría eran gente sencilla del pueblo, madres jóvenes con sus hijos, que vivían agrupados en una calle de Kyoto ("calle de los que creen en Dios") y que habían sido atendidos anteriormente por misioneros y catequistas, también martirizados posteriormente, algunos ya beatificados. Las madres martirizadas ofrecían a sus hijos pequeños: "¡Señor Jesús, recibe a estos niños!". Todo el grupo siguió la misma suerte: encarcelados en diversas fechas, orando y cantando en la cárcel, crucificados y quemados todos juntos, afirmaron su fe. Constan los nombres de cada uno y su testimonio cristiano y martirial, algunas familias enteras. El samurai Juan fue un apoyo para todos.

Destaca el martirio de Tecla, en medio de las llamas, sujeta a la cruz con tres hijos pequeños, consolándolos, apretando a la más pequeña, Luisa, de tres años, entre sus brazos, mientras los otros tres ardían en la cruz próxima. Destaca también la actitud martirial de la niña Marta, de siete años, que quedó ciega en la cárcel y a quien los mismos guardias quisieron liberar haciéndola apostatar; la niña Marta respondió profesando la fe en nombre de todos y pudo morir junto a su madre.

El martirio fue contemplado por numerosos cristianos y miles de paganos. De este martirio quedan numerosos testimonios, incluso de un anticatólico —trabajador de la compañía inglesa de Hirado, quien también describe la muerte y oración de Tecla con sus hijos— y de los archivos civiles japoneses. El martirio fue divulgado de inmediato en Occidente, gracias a la carta anual de Rodrigues Giram, del año 1619 —el mismo año del martirio—, que tomó los datos de la relación del padre Benito Fernández, mártir dos años después.

8) Familia Kagayama-Ogasawara (18 miembros), en Kokura (1619), Hiji (1619) y Kamamoto (1636), diócesis de Fukuoka y Oita

Diego Kagayama, noble samurai, que era gobernador de Kokura, murió decapitado el 15 de octubre de 1619, con su primo y yerno Baltasar, este con su hijo Diego, de 4 años. Fueron decapitados, por orden del "daimyó" Hosokawa Tadaoki, el mismo día (15 de octubre de 1619), en distinto lugar (Kokura y Hiji respectivamente). El samurai Diego marchó descalzo hacia el lugar del suplicio, encargó dar sus vestidos de fiesta a un pobre y murió orando y arrodillado con un crucifijo en la mano. Baltasar explicó a los verdugos el porqué de su alegría al morir defendiendo la fe y oró antes de ser decapitados él y su hijo pequeño.

Los dieciocho mártires murieron por no querer apostatar de la fe, en actitud de oración. Pertenecían a una cristiandad, la de Buzen, muy numerosa —quizá unos tres mil cristianos— y muy bien formada. Los miembros de la familia samurai Kagayama-Ogasawara eran fieles a las autoridades superiores y colaboraron en sus empresas, pero no quisieron abandonar la fe, a pesar de las promesas, amenazas y castigos.

La familia Ogasawara Gen´ya (él con su esposa Miya, nueve hijos y cuatro sirvientes) fueron decapitados en Kumamoto, año 1636. Después del martirio de sus parientes —familia Kagayama— habían sufrido destierro y prisión, confesando su fe cristiana ante todo género de amenazas. Clandestinamente recibieron ayuda espiritual y sacramentos, especialmente por parte del futuro mártir japonés padre Julián Nakaura. De los esposos Ogasawara y Miya Kagayama, y de algunos de sus hijos mártires, se conservan cartas, escritas desde la cárcel, que reflejan claramente sus actitudes martiriales y las de toda la familia. Después de pasar cuarenta días en la cárcel, el 30 de enero de 1636 los esposos con sus nueve hijos y cuatro sirvientes fueron todos decapitados en el patio del templo budista Zengo-In de Kumamoto. Posteriormente se ha descubierto la tumba de la familia Ogasawara, y se han hallado dieciséis cartas, a modo de testamento, escritas desde la cárcel, donde aflora la actitud martirial cristiana ante la incomprensión de sus parientes.

9) Juan Hara Mondo No Suke, mártir de Edo (1623), hoy diócesis de Tokio

El samurai Juan Hara Mondo es el único que pudo ser escogido, entre los cuarenta y siete laicos que, junto con tres religiosos, fueron quemados vivos en la colina de Shinagawa, a la entrada de Tokio, en la presencia de una inmensa muchedumbre y de numerosos "daimyós", que acudieron a Edo (Tokio) de todo Japón, para celebrar el inicio del gobierno del nuevo shôgun, Tokugawa Yemitsu, que había dado la orden de eliminar a todos los cristianos. Era el 4 de diciembre de 1623. Además de los cuarenta y siete laicos, de los que se destaca como representante Juan Hara Mondo, había en el mismo grupo tres religiosos: un franciscano y dos jesuitas, que ya fueron beatificados en 1867, juntamente con otros doscientos cinco.

El samurai Hara Mondo procedía de familia enlazada con el emperador Kammu (782-805). Nació en 1587. Servía como paje del shôgun Tokugawa, se bautizó en Osaka cuando tenía unos trece años. En su primera juventud fue acusado de faltas graves dentro de la corte, pero luego consta que vivió una vida cristiana ejemplar. Se han documentado los detalles más importantes de su vida. El shôgun Tokugawa Ieiasu, hacia 1612 había iniciado abiertamente la persecución, intentando hacer apostatar a sus vasallos cristianos.

Ya en 1612, Juan Hara Mondo, por no querer renunciar a su fe, recibió la orden de destierro, pero se ocultó para poder propagar el cristianismo. En 1615 fue descubierto, encarcelado y condenado. Le imprimieron en la frente con hierro candente una cruz y le mutilaron los dedos de manos y pies. Pudo todavía vivir oculto y sirviendo espiritualmente a la comunidad cristiana, desde una leprosería. En 1623 fue delatado y, junto con otros cristianos, condenado a morir en la hoguera. Todos murieron "invocando los santísimos nombres de Jesús y María" y "no hubo entre ellos quien se moviese".

10) Mártires de Hiroshima: Francisco Tóyama Jintaró, Matías Shóbara Tchizaemon, Joaquín Kuroemon (1624)

De entre un gran número de mártires de Hiroshima, de algunos de los cuales se desconocen los nombres, se han escogido estos tres más documentados, todos ellos martirizados por no querer apostatar.

Francisco Tóyama era noble samurai, cristiano de vida muy ejemplar, que "tenía ofrecida su vida a Dios", uno de los cinco firmantes de la carta a Pablo V en la que prometían fidelidad. Su ejemplo cristiano influyó en la conversión de muchos. Por no querer apostatar, murió decapitado en su casa el 16 de febrero de 1624, después de recibir los sacramentos, teniendo en sus manos un crucifijo, mientras oraba ante un cuadro de la Virgen atribuida a san Lucas (copia de la de Santa María la Mayor). Unas horas antes de morir, escribió una carta alentando a otro encarcelado, Matías Shóbara, donde manifiesta claramente su disponibilidad martirial.

Matías Shóbara, mientras era guardián en la cárcel, fue bautizado por uno de los presos, futuro mártir, el jesuita padre Antonio Ishida. De camino hacia el lugar del martirio, iba rezando el rosario y explicando a la gente la doctrina cristiana; murió crucificado, después de ser atormentado para hacerlo apostatar (17 de febrero de 1624). Antes del martirio, todavía pudo responder a la carta de Francisco Tóyama (ver arriba), donde manifiesta sus actitudes martiriales.

Joaquín Kuróemon, hombre del pueblo, era catequista encargado de las obras de misericordia y de la animación de la comunidad. Por este motivo fue condenado a morir en cruz. Marchó con alegría al lugar del martirio, orando y exhortando a aceptar la fe cristiana. Fue alanceado en la cruz el 8 de marzo de 1624.

11) Mártires del monte Unzen, Nagasaki, 1627

B. Pablo Uchibori, con sus tres hijosSon un grupo de veintinueve, todos ellos indicados con sus nombres y datos concretos. Destacan el samurai </span>Pablo Uchibori, con sus tres hijos, y el anciano señor ("tono") de la aldea Hachirao, Pablo Onizuka, padre del mártir beato Pedro Onizuka, s.j., quemado vivo en 1622. Pero los veintinueve mártires se distribuyen en tres grupos, según la fecha del martirio: 21 de febrero, 28 de febrero y 17 de mayo de 1627.

Casi todos habían sufrido anteriormente cárcel y torturas. Algunos son descendientes o familiares de mártires. Otros mueren con su esposa e hijos. Algunos eran catequistas o jefes de aldeas, o habían hospedado a los misioneros ocultos, arriesgando su propia vida.

A los tres hijos de Pablo Uchibori, antes de matarlos y arrojarlos al mar (21 de febrero de 1627), les cortaron los dedos de las manos, ante su padre y ante un gran grupo de condenados al martirio, para presionarlos a apostatar. El niño Ignacio Uchibori, de cinco años, sufrió la mutilación con gran serenidad, levantando sus dedos y mano mutilada y sangrienta, con la admiración de todos los presentes. Con ellos murió del mismo modo, con los dedos mutilados y arrojada al mar, Gracia, esposa de Tomás Soxin, porque no quiso renegar de la fe; también mataron allí mismo, arrojándolos al mar, a otros doce.

Mártires del monte UnzenCinco de los veintiséis mártires de la presente lista, martirizados en los sulfatos del monte Unzen —en dos grupos y fecha distinta: 28 de febrero y 17 de mayo— son firmantes, entre otros doce, de la carta dirigida anteriormente a Pablo V (18 de octubre de 1620), expresando su disponibilidad de "ofrecer nuestras vidas en testimonio de Cristo y de la santa Iglesia romana... Nada tenemos tan grabado en el corazón como el padecer el martirio, cuando la ocasión se ofrezca, con la gracia de Dios".

El samurai Pablo Uchibori, ya desde las torturas en la cárcel y durante los tormentos de los sulfatos, animaba a todos sus compañeros a perseverar en la fe, mientras él y otros eran torturados y mutilados en rostro y manos. Murió diciendo: "Alabado sea el Santísimo Sacramento". De él se conserva una carta escrita desde la cárcel, en la que explica el martirio de otros mártires anteriores y su propia disponibilidad martirial por amor a Cristo: "Deseo padecer por su amor".

Todos murieron orando, fuertes en la fe y con alegría, a veces dejando escritas, durante el trayecto hacia el martirio, expresiones poéticas de despedida, como hicieron los mártires Joaquín Mine y Bartolomé Baba con esta afirmación: "Hasta ahora creía que el cielo estaba muy lejos; ahora, viéndolo tan cerca, me llena de alegría". El samurai Juan Marsutake murió orando: "¡Señor Jesús, no me dejéis de vuestra mano!". Los testigos han dejado constancia de la actitud martirial de todos.

12) Los cincuenta y tres mártires de Yonezawa, hoy diócesis de Niigata. Luís Amagasu y cincuenta y dos compañeros, año 1629

La comunidad cristiana de Yonezawa, ciudad situada al norte del Japón, en los "reinos del norte", fue iniciada por un samurai cristiano bautizado en Edo (Tokio). Desde su hogar cristiano, fue expandiendo la fe por toda la comarca, predominantemente budista, con la ayuda de algún misionero escondido o que pasaba para administrar los sacramentos. Dos son los samurais que encabezan el grupo: Luis Amagasu Uyemon y Pablo Nizhihori Shikibu. Sus esposas e hijos colaboraron en la evangelización entre amigos y conocidos, convirtiendo también a algunos bonzos, y permanecieron firmes durante el martirio. Los misioneros ocultos o de paso, dejaron constancia de los hechos por medio de cartas y relaciones.

El grupo de los cincuenta y tres mártires, todos ellos seglares, se divide por familias —esposos, hijos y sirvientes— y por lugar de procedencia. De todos ellos se conserva el nombre y otros datos esenciales: edad, etc. Entre ellos, hay ancianos y jóvenes, esposos y muchos niños pequeños, de entre uno y trece años de edad.

Los cincuenta y tres mártires fueron sacrificados en la misma fecha, el 12 de enero de 1629, conforme iban llegando los grupos al lugar del suplicio. No hubo encarcelamiento ni fugas. Murieron todos dando testimonio cristiano, en medio del silencio y las lágrimas de amigos y conocidos, cristianos y paganos. El shôgun Yemitsu, desde Edo, había dado la orden de eliminar a los cristianos, pero fue el "daimyó" Uesugi Sadakatsu de Yonezawa, quien llevó a cabo la orden. A todos se les ofreció la libertad si apostataban.

El primer grupo en ser sacrificado fue el del samurai Nishihori, decapitado con toda su familia y sirvientes (esposas y niños pequeños). Al recibir la noticia de que serían ejecutados, se vistieron de fiesta, tomaron su rosario y pasaron en oración las últimas horas. El camino hacia el lugar del martirio estaba cubierto de nieve. Antes de ser decapitados, todos besaron un medallón del Santísimo Sacramento, presentado por un cristiano, repitiendo tres veces: "Alabado sea el Santísimo Sacramento".

El samurai Pablo Nishihori había instruido y bautizado a cuatro no cristianos la víspera de su martirio. Antes de ir al lugar del suplicio, tomó un dibujo de la Virgen y lo puso en la funda en lugar del puñal, además de colocarse el rosario al cuello. De otros grupos se van narrando detalles de delicadeza, alegría, vida familiar y espiritual antes del martirio y en el mismo martirio.

De todos los grupos también se dan detalles precisos, con la edad de los niños y el grado de parentesco. Son familias enteras alentándose mutuamente para dar testimonio de fe, orando, predicando la fe, ofreciéndose en sacrificio...

La niña Tecla, de trece años, hija del samurai Simón Takahashi, escapó de quienes la querían hacer apostatar y corrió hacia donde se habían llevado a su padre; llegando al lugar donde la nieve estaba teñida de sangre, se quitó las botas de paja para acercarse con respeto y unirse al martirio de su padre; los dos oraron antes de ser decapitados. Ignacio Iida arregló la cabellera de su esposa antes de ser decapitada juntamente con él. Miguel A. Osamu, de trece años, hijo de Antonio Anazawa, mientras oraba, se arregló él mismo el cabello para ofrecer su cuello desnudo al verdugo. Cándido Bozo, de catorce años, defendió su fe ante las repetidas ofertas de libertad si apostataba, diciendo: "Si para vivir he de apostatar, no quiero la vida".

13) Mártires de la colina Nishizaka, Nagasaki, año 1633: Miguel Kusuriya, Nicolás Nagawara Keyan Fukunaga, s.j., y Julián Nakaura Jingoró, s.j.

Miguel Kusuriya, laico, ha sido llamado "el buen samaritano de Nagasaki", por estar dedicado a las obras de misericordia para con los pobres, así como con las viudas y los huérfanos de los mártires. Subió a la colina cantando el "Laudate Dominum". Le pusieron en la espalda una banderola con el motivo de la condena: por ser cristiano y haber prestado ayuda a los cristianos. Murió quemado vivo el 28 de julio de 1633. Son muchos los testigos que dejaron escritos los detalles del martirio.

Nicolás Nagawara Keyan Fukunaga, de familia de samurais, hermano jesuita, se dedicaba a la predicación y catequesis. Son numerosos los detalles de su vida que se encuentran en los documentos de la época. Es el primer misionero que murió en el tormento llamado de la fosa: colgado, con la cabeza metida en un hoyo, durante varios días. Murió durante el tormento (28-31 de julio de 1633) predicando e invocando a la Virgen; tal vez, según testigos, experimentando una aparición o locución de María.

Julián Nakaura Jingoró, sacerdote jesuita, había sido uno de los niños enviados a Roma en 1582, de parte de los "daimyós" cristianos. Es una figura japonesa, símbolo del intercambio cultural entre Oriente y Occidente. Se dedicó a la evangelización en medio de grandes peligros, como misionero oculto, durante muchos años. Le llevaron a la colina Nishizaka, con las manos atadas a la espalda y en compañía de un grupo de misioneros jesuitas y dominicos. Murió en el tormento de la fosa (18-21 de octubre de 1633), confesando su fe, diciendo: "Este gran dolor, por amor de Dios". Son muchos los testigos de su martirio en todos sus detalles.

Las autoridades civiles quisieron dar publicidad a los martirios, para atemorizar y conseguir apóstatas entre los cristianos. Por esto, fueron muchos los testigos de los hechos, especialmente portugueses comerciantes (algunos jóvenes nacidos en Nagasaki, que conocían bien el japonés).

14) Diego Yuki Ruosetsu, s.j., martirizado en Osaka, 1636

El padre Diego Yuki, sacerdote japonés, era en 1621 el único misionero estable en Japón central (cerca de Kyoto, Osaka). Había pronunciado sus primeros votos en la Compañía de Jesús cuando fueron crucificados en Nagasaki san Pablo Miki y compañeros (año 1597). Diego Yuki se formó en Macao junto con futuros mártires, como el beato Antonio Ishida. Antes de adentrarse como sacerdote en Japón, escribió una carta al padre general, donde aflora su actitud martirial.

Ordenado sacerdote en 1615, fue misionero oculto en Japón desde 1616 hasta su martirio en 1636, animando y confortando con los sacramentos a los cristianos perseguidos. Una carta del padre Yuki, del 18 de diciembre de 1625, describe con detalle la situación de la comunidad eclesial en aquel ambiente persecutorio.

El padre Diego Yuki, apresado en Osaka, lugar de su apostolado, fue condenado a morir en la fosa (Osaka, febrero de 1636); afirmó siempre su fe, sin delatar a sus colaboradores ni a los cristianos que le habían albergado; de haberlos delatado, hubiera sido señal de apostasía y le hubieran liberado. Los testigos ofrecen testimonio fehaciente de su actitud martirial, sin callar la defección de otros. Con él murió su catequista Miguel Soan.

15) Tomás de San Agustín, o.s.a., Kintsuba Jihyoe, 1637, diócesis de Nagasaki

El padre Tomás de San Agustín pertenecía a familia de mártires; así se afirma de sus padres, León y Clara. Fue ordenado sacerdote en 1626 ó 1627 en Manila, en la Orden de San Agustín. Logró introducirse en Japón (Nagasaki), el año 1631, después de varios intentos y de un naufragio. Realizó su apostolado primero disfrazado de samurai, pudiendo así asistir a los cristianos detenidos en la cárcel, donde estaba preso también su superior, el mexicano Bartolomé Gutiérrez; muchos de ellos ya fueron beatificados por Pío IX. Luego, disfrazado de diversas maneras y escondido en lugares desconocidos y abruptos, lograba atender a los cristianos perseguidos. Las autoridades civiles organizaban verdaderas y costosas cacerías por los montes, pero le descubrieron cuando atendía a los cristianos en Nagasaki.

Fue apresado el 1 de noviembre de 1636, por ser cristiano y sacerdote. Por estos mismos motivos y por no querer delatar a sus protectores, sufrió martirio con refinados tormentos en la cárcel, intentando hacerle apostatar; pero el mártir proclamaba siempre su fe. Sufrió el martirio de la "horca y fosa" ya una primera vez los días 21-23 de agosto, llevándolo de nuevo a la cárcel para que apostatara. Nuevamente fue puesto en la "horca y fosa" el 6 de noviembre de 1637, cuando murió, junto con otros cristianos. Mostró gran fortaleza. Cuando lo llevaban al lugar del martirio, la colina de los mártires de Nagasaki, amordazado para que no predicara, no pudieron impedir que mostrara con gestos su adhesión a la fe.

Su nombre ha quedado ligado durante siglos a dos lugares ahora famosos (uno cerca de Nagasaki y otro en los montes), donde él atendía a los cristianos, desbaratando la búsqueda de los perseguidores. Su recuerdo y su martirio se conservaron durante siglos por parte de los cristianos ocultos.

16) Pedro Kibe Kasui, s.j., mártir en Edo (Tokio), 1639

La clave de la perseverancia y su significado actual

La aprobación del martirio de estos 188 mártires es una óptima oportunidad de renovación eclesial y de evangelización, después de haber celebrado el V centenario del nacimiento de san Francisco Javier (1506-2006), que dio inicio a la evangelización del Japón, al llegar a esas tierras tan martiriales y tan marianas, el día 15 de agosto de 1546, Asunción de María.

Este evento es de suma actualidad eclesial, no sólo para Japón. Al mismo tiempo, suscita un cuestionamiento y presenta un reto a todas nuestras comunidades actuales y a cada creyente en particular: ¿Estamos preparados como estos mártires para afrontar las situaciones actuales de cierto rechazo a los valores de la fe cristiana?

San Cipriano, en los tiempos martiriales del siglo III y en un ambiente de persecución y de molestias de todo tipo, instaba a adoptar una actitud de "no anteponer nada al amor de Cristo". La instancia de aquel mártir y santo obispo de Cartago sigue siendo apremiante e insoslayable.

El ejemplo de los mártires japoneses es un testimonio imborrable de "fidelidad a Cristo y a la Iglesia de Roma". Es la afirmación que algunos de ellos, cristianos de la península de Shimabara, dejaron escrita en la carta enviada a Pablo V el 18 de octubre de 1620. De los doce firmantes de la carta, cinco serían mártires en las aguas sulfurosas del monte Unzen (Nagasaki).

Muchos de estos mártires se habían alimentado con la relativamente abundante lectura espiritual, impresa en japonés ("Imitación de Cristo", meditaciones de los Ejercicios, "Historia de la pasión"), y todos vivían una intensa vida sacramental (confesión y Eucaristía, gracias a los misioneros ocultos) y mariana (rosario, imágenes, medallas), como vivencia del Bautismo. La imprenta se había introducido en Japón el año 1590, para editar libros religiosos, además de estudios sobre idiomas. El libro de la "Imitación de Cristo" tenía edición japonesa en Amakusa y Nagasaki.

Algunas cartas, escritas por los mártires desde la cárcel, fueron una gran ayuda para perseverar en la fe y afrontar el martirio. En esas cartas se refleja la situación dolorosa de las cárceles y el ambiente de oración y alegría que se mantenía en ellas. La "Hermandad de la Misericordia", radicada en Nagasaki, se dedicaba a la acción caritativa.

La comunidad eclesial los arropaba, en todos los sentidos, desde el compartir familiarmente los bienes, hasta el acompañamiento hacia el lugar del suplicio, en medio de cantos y oraciones. Precedentemente al martirio, las comunidades se agrupaban por cofradías, de piedad, de catequesis o formación y de caridad. Una comunidad eclesial fruto de tantas "lágrimas" tenía asegurado un porvenir de fidelidad martirial. Se puede afirmar que las comunidades actuales del Japón son fruto de aquellas lágrimas del pasado y que, por tanto, tienen asegurada la fecundidad espiritual y apostólica si se abren a esta nueva gracia fruto de innumerables mártires, casi todos desconocidos.

Como caso concreto, cabe recordar que en Arima había la Congregación Mariana llamada de los mártires, que en el año 1612 afiliaba a más de tres mil cristianos. En sus reglas se comprometían a aceptar el martirio. En la Congregación se habían integrado algunos arrepentidos de sus fallos anteriores, es decir, que habían simulado una especie de apostasía. La Congregación Mariana estaba fundada en varias localidades.

Las familias cristianas se animaban mutuamente a perseverar en la fe. El martirio sería la prueba de amor a Cristo crucificado. "Las madres enseñaban a los hijos pequeños cómo tenían que descubrirse el cuello de la yukata o del kimono, cómo poner las manos y mirar al cielo, qué oraciones jaculatorias debían decir cuando llegase el momento supremo" (El Martirologio del Japón, p. 838).

Los niños eran adoctrinados para anunciar el Evangelio por las calles. Esta acción catequética y misionera llegaba a donde no podían llegar los misioneros. Esta misión infantil estimuló a los adultos a profundizar la fe. A su vez, los recién convertidos eran fervientes anunciadores. A veces hubo conversiones masivas espontáneas.

En 1615 circulaba el libro "Exhortaciones para el martirio", compuesto por los misioneros para alentar a los cristianos. Para superar el fervor imprudente de algunos, se llegó a la conclusión de no provocar positivamente a los perseguidores. Las cartas escritas desde la cárcel servían de estímulo. Los testimonios de mártires y sus reliquias, cuando podían conseguirse, eran una preparación para el martirio.

Los cristianos eran asiduos a la catequesis postbautismal, que les llevaba siempre a la celebración sacramental y a la caridad. Había algunos catequistas, como el ciego Damián, mártir, que exponían los temas con su arte musical y narrativa. Practicaban la devoción a las imágenes de la pasión, especialmente la cruz, y de María, como puede verse en pinturas de la época, ahora en los museos del Japón. En el museo de la universidad estatal de Kyoto se puede ver uno de estos cuadros, del año 1611, anónimo, de la cofradía del Santísimo Sacramento de Nagasaki, encontrado en 1930. En torno a la Eucaristía están dibujados los misterios del rosario.

La pasión del Señor, meditada con el rezo del Rosario, y especialmente celebrada en el sacrificio eucarístico, era fuente de audacia. La referencia a la cruz o a sus signos es frecuente durante la cárcel o el martirio cruento.

No era raro que la comunidad cristiana, y las masas del pueblo, acompañasen a los mártires, puesto que los perseguidores querían dar publicidad al caso con el objetivo de suscitar escarmiento. Así se explica que frecuentemente los mártires eran acompañados con cantos y velas encendidas. Por esta misma razón, fueron numerosos los testigos que dejaron por escrito su testimonio.

A veces los cristianos podían recoger algunas reliquias, que los perseguidores intentaban hacer desaparecer. Pero, en su mentalidad japonesa, el lugar donde habían dado la vida era más importante que las reliquias.

Como caso concreto, que refleja este ambiente de una comunidad cristiana martirial, podemos recordar a Francisco Tóyama (Hiroshima, 1624), que era noble samurai, cristiano de vida muy ejemplar, y que "tenía ofrecida su vida a Dios". Había sido uno de los cinco firmantes de la carta a Pablo V, en la que prometían fidelidad a Dios y a la Iglesia. Su ejemplo cristiano influyó en la conversión de muchos. Por no querer apostatar, murió decapitado en su casa el 16 de febrero de 1624, después de recibir los sacramentos, teniendo en sus manos un crucifijo, mientras oraba ante un cuadro de la Virgen atribuida a san Lucas, copia de la de Santa María la Mayor.

La perseverancia de tantos mártires es una gracia y un misterio. Pero hay que recordar que la comunidad cristiana se había preparado por medio de una catequesis organizada y permanente, la frecuencia de los sacramentos, y la dedicación a la caridad. Hay que notar que eran frecuentes las visitas de catequistas y misioneros escondidos e itinerantes. La costumbre de pasar la noche orando en la cárcel, antes de la muerte, era una continuación de una vida cristiana ejemplar. La vida familiar e intercomunitaria que se había llevado anteriormente, se continuaba con alegría y piedad durante el encarcelamiento antes del martirio.</span></span></span>

La lista de los mártires:

1.  IOANNES MINAMI GOROZAEMON
Laico de la diócesis de Fukuoka; casado
Nacimiento: ca. 1568 en Yamato, Kagoshima (Japón)
Martirio: 8 de diciembre de 1603 en Kumamoto (Japón)

2.  SIMON TAKEDA GOHYOE
Laico de la diócesis de Fukuoka; casado
Nacimiento: ca. 1568 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)
Martirio: 9 de diciembre 1603 en Yatsushiro, Kumamoto (Japón)

3.  IOANNA TAKEDA
Laica de la diócesis de Fukuoka; casada (madre del # 02)
Nacimiento: ca. 1548 en Ise, Mie (Japón)
Martirio: 9 de diciembre 1603 en Yatsushiro, Kumamoto (Japón)

4.  AGNES TAKEDA
Laica de la diócesis de Fukuoka; casada (esposa de # 02)
Nacimiento: ca. 1563 en Ise, Mie (Japón)
Martirio: 9 de diciembre 1603 en Yatsushiro, Kumamoto (Japón)

5.  MAGDALENA MINAMI
Laica de la diócesis de Fukuoka; casado (esposa de # 01)
Nacimiento: ca. 1560 en Setsu-no-Kuni, Osaka (Japón)
Martirio: 9 de diciembre 1603 en Yatsushiro, Kumamoto (Japón)

6.  LUDOVICUS MINAMI
Niño de la diócesis de Fukuoka (hijo adoptivo de # 01 y 05)
Nacimiento: ca. 1596 en Yamashiro, Kyoto (Japón)
Martirio: 9 De diciembre 1603 en Yatsushiro, Kumamoto (Japón)

7.  MELCHIOR KUMAGAI MOTONAO
Laico de la diócesis de Hiroshima; casado
Nacimiento: ca. 1554 en Miiri, Aki, Kochi (Japón)
Martirio: 16 de agosto de 1605 en Hagi, Yamaguchi (Japón)
 
8.  DAMIANUS
Laico de la diócesis de Hiroshima; catequista
Nacimiento: ca. 1560 en Sakai (Japón)
Martirio: 19 de agosto de 1605 en Yamaguchi (Japón)
 
9.  IOACHIM WATANABE JIROZAEMON
Laico de la diócesis de Fukuoka; casado
Nacimiento: ca. 1551 en Yatsushiro, Kumamoto (Japón)
Martirio: 26 de agosto de  1606 en Yatsushiro, Kumamoto (Japón)
 
10.  LEO SAISHO SHICHIEMON
Laico de la diócesis de Kagoshima; miembro de la Confraternidad del Rosario
Nacimiento: ca. 1569 en Jonai, Miyakonojo, Miyazaki (Japón)
Martirio: 17 de noviembre de 1608 en Sendai, Kagoshima (Japón)

11.  IOANNES HATTORI JINGORO
Laico de la diócesis de Fukuoka; casado
Nacimiento: ca. 1570 en Muro, Nara (Japón)
Martirio: 11 de enero de 1609 en Yatsushiro, Kumamoto (Japón)

12.  MICHAËL MITSUISHI HIKOEMON
Laico de la diócesis de Fukuoka
Nacimiento: ca. 1559 en Yatsushiro, Kumamoto (Japón)
Martirio: 11 de enero de 1609 en Yatsushiro, Kumamoto (Japón)

13.  THOMAS MITSUISHI
Niño de la diócesis de Fukuoka, (hijo de # 12)
Nacimiento: ca. 1597 en Yatsushiro, Kumamoto (Japón)
Martirio: 11 de enero de 1609 en Yatsushiro, Kumamoto (Japón)

14.  PETRUS HATTORI
Niño de la diócesis de Fukuoka, (hijo de # 11)
Nacimiento: ca. 1604 en Yatsushiro, Kumamoto (Japón)
Martirio: 11 de enero de 1609 en Yatsushiro, Kumamoto (Japón)

15.  GASPAR NISHI GENKA
Laico de la arquidiócesis de Nagasaki; casado; catequista
Nacimiento: ca. 1555 en Ikitsuki, Nagasaki (Japón)
Martirio: 14 de noviembre de 1609 en Ikitsuki, Nagasaki (Japón)

16.  URSULA NISHI
Laica de la arquidiócesis de Nagasaki; casada, (esposa de # 15)
Nacimiento: ca. 1555 en Ikitsuki, Nagasaki (Japón)
Martirio: 14 de noviembre de 1609 en Ikitsuki, Nagasaki (Japón)

17.  IOANNES NISHI MATAISHI
Joven laico de la arquidiócesis de Nagasaki, (hijo de # 15 y 16)
Nacimiento: ca. 1585 en Ikitsuki, Nagasaki (Japón)
Martirio: 14 de noviembre de 1609 en Ikitsuki, Nagasaki (Japón)

18.  HADRIANUS TAKAHASHI MONDO
Laico de la arquidiócesis de Nagasaki; casado
Nacimiento: en Arima, Hyogo (Japón)
Martirio: 7 de octubre de 1613 en Arima, Hyogo (Japón)

19.  IOANNA TAKAHASHI
Laica de la arquidiócesis de Nagasaki; casada, (esposa de # 18)
Nacimiento: en Arima, Hyogo (Japón)
Martirio: 7 de octubre de 1613 en Arima, Hyogo (Japón)

20.  LEO HAYASHIDA SUKEEMON
Laico de la arquidiócesis de Nagasaki; casado
Nacimiento: en Arima, Hyogo (Japón)
Martirio: 7 de octubre de 1613 en Arima, Hyogo (Japón)

21.  MARTHA HAYASHIDA
Laica de la arquidiócesis de Nagasaki; casada, (esposa de # 20)
Nacimiento: en Arima, Hyogo (Japón)
Martirio: 7 de octubre de 1613 en Arima, Hyogo (Japón)

22.  MAGDALENA HAYASHIDA
Joven laica de la arquidiócesis de Nagasaki, (hija de # 20 y 21)
Nacimiento: ca. 1593 en Arima, Hyogo (Japón)
Martirio: 7 de octubre de 1613 en Arima, Hyogo (Japón)

23.  DIDACUS HAYASHIDA
Niño de la arquidiócesis de Nagasaki, (hijo de # 20 y 21)
Nacimiento: ca. 1601 en Arima, Hyogo (Japón)
Martirio: 7 de octubre de 1613 en Arima, Hyogo (Japón)

24.  LEO TAKEDOMI KAN’EMON
Laico de la arquidiócesis de Nagasaki; casado
Nacimiento: en Arima, Hyogo (Japón)
Martirio: 7 de octubre de 1613 en Arima, Hyogo (Japón)

25.  PAULUS TAKEDOMI DAN’EMON
Laico de la arquidiócesis de Nagasaki, (hijo de # 24)
Nacimiento: en Arima, Hyogo (Japón)
Martirio: 7 de octubre de 1613 en Arima, Hyogo (Japón)

26.  ADAN ARAKAWA
Laico de la diócesis de Fukuoka; casado; catequista
Nacimiento: ca. 1551 en Arima, Hyogo (Japón)
Martirio: 5 de junio de 1614 en  Shiki, Amakusa, Nagasaki (Japón)

27.  JUAN HASHIMOTO TAHYOE
Laico de la diócesis de Kyoto
Nacimiento: en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

28.  TECLA HASHIMOTO
Laica de la diócesis de Kyoto, (esposa de # 27)
Nacimiento: en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

29.  CATALINA HASHIMOTO
Niña de la diócesis de Kyoto, (hija de # 27 y 28)
Nacimiento: ca. 1606 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

30.  TOMÁS HASHIMOTO
Niño de la diócesis de Kyoto, (hijo de # 27 y 28)
Nacimiento: ca. 1607 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

31.  FRANCISCO HASHIMOTO
Niño de la diócesis de Kyoto, (hijo de # 27 y 28)
Nacimiento: ca. 1611 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

32.  PEDRO HASHIMOTO
Niño de la diócesis de Kyoto, (hijo de # 27 y 28)
Nacimiento: ca. 1613 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

33.  LUISA HASHIMOTO
Niña de la diócesis de Kyoto, (hija de # 27 y 28)
Nacimiento: ca. 1616 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

34.  TOMÁS KIAN
Laico de la diócesis de Kyoto
Nacimiento: en Bungo (ahora parte de Oita)  (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

35.  TOMÁS IKEGAMI
Laico de la diócesis de Kyoto
Nacimiento: en Hokuriku region (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

36.  LINO RIHYOE
Laico de la diócesis de Kyoto; casado
Nacimiento: en Ch?goku region (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

37.  MARIA
Laica de la diócesis de Kyoto; casada, (esposa de # 36)
Nacimiento: en Setsu-no-Kuni, Osaka (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

38.  COSME
Laico de la diócesis de Kyoto; casado, (padre del # 76)
Nacimiento: en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

39.  ANTONIO DOMI
Laico de la diócesis de Kyoto
Nacimiento: en Yamato (ahora parte de Nara) (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)
 
40.  IOAQUÍN OGAWA
Laico de la diócesis de Kyoto
Nacimiento: en Mino (ahora part de Gifu) (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

41.  IUAN KYUSAKU
Laico de la diócesis de Kyoto; casado
Nacimiento: en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

42.  MAGDALENA
Laica de la diócesis de Kyoto; casado, (esposa de #41)
Nacimiento: en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

43.  REGINA
Niña de la diócesis de Kyoto, (hija de # 41 y 42)
Nacimiento: ca. 1617 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

44.  TOMÁS KOSHIMA SHINSHIRO
Laico de la diócesis de Kyoto; casado
Nacimiento: en Yamashiro, Kyoto (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

45.  MARIA
Laica de la diócesis de Kyoto; casada, (esposa de #44)
Nacimiento: en Yamashiro, Kyoto (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

46.  GABRIEL
Laico de la diócesis de Kyoto
Nacimiento: ca. 1549 en Owari (ahora part de Aichi) (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

47.  MARIA
Laica de la diócesis de Kyoto; casada
Nacimiento: en Yamashiro, Kyoto (Japón)  
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

48.  MÓNICA
Niña de la diócesis de Kyoto, (hija de # 47)
Nacimiento: ca. 1615 en Yamashiro, Kyoto (Japón)  
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

49.  MARTA
Laica de la diócesis de Kyoto; casada
Nacimiento: en Kawachi (ahora part de Osaka) (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

50.  BENEDICTO
Niña de la diócesis de Kyoto, (hijo de # 49)
Nacimiento: ca. 1617 en Kawachi (ahora part de Osaka) (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

51.  MARIA
Laica de la diócesis de Kyoto; casada
Nacimiento: en Tanba, Kyoto (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

52.  SIXTO
Niño de la diócesis de Kyoto, (hijo de # 51)
Nacimiento: ca. 1616 en Tanba, Kyoto (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

53.  MÓNICA
Laica de la diócesis de Kyoto; casada
Nacimiento: en Mino (ahora part de Gifu) (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

54.  TOMÁS TOEMON
Laico de la diócesis de Kyoto; casado
Nacimiento: en Owari (ahora part de Aichi) (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

55.  LUCÍA
Laica de la diócesis de Kyoto; casada, (esposa de #54)
Nacimiento: en Owari (ahora part de Aichi) (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

56.  RUFINA
Laica de la diócesis de Kyoto; viuda
Nacimiento: en Owari (ahora part de Aichi) (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

57.  MARTA
Niña de la diócesis de Kyoto, (hija de #56)
Nacimiento: ca. 1612 en Owari (ahora part de Aichi) (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

58.  MÓNICA
Laica de la diócesis de Kyoto; casada
Nacimiento: en Omi (ahora part de Shiga) (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

59.  EMMANUEL KOSABURO
Laico de la diócesis de Kyoto
Nacimiento: en Tanba, Kyoto (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

60.  ANA KAJIYA
Laico de la diócesis de Kyoto; viuda
Nacimiento: en Tanba, Kyoto (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)
 
61.  TOMÁS KAJIYA YOEMON
Niño de la diócesis de Kyoto, (hijo de #60)
Nacimiento: en Tanba, Kyoto (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

62.  AGATA
Laica de la diócesis de Kyoto
Nacimiento: en  Omi (ahora parte de Shiga) (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

63.  MARIA CHUJO
Laica de la diócesis de Kyoto; casada
Nacimiento: en Bungo (ahora part de Oita) (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

64.  HIERONIMUS SOROKU
Laico de la diócesis de Kyoto; casado
Nacimiento: en Aki (ahora part de Hiroshima) (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

65.  LUCÍA
Laica de la diócesis de Kyoto; casada, (esposa de # 64)
Nacimiento: en Aki (ahora part de Hiroshima) (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

66.  IOANNES SAKURAI
Laico de la diócesis de Kyoto; casado
Nacimiento: en Bungo (ahora part de Oita) (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

67.  URSULA SAKURAI
Laica de la diócesis de Kyoto; casada, (nuera de # 66)
Nacimiento: en Bungo (ahora part de Oita) (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

68.  MANCIUS KY?JIRO
Laico de la diócesis de Kyoto
Nacimiento: en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

69.  LUDOVICUS MATAGORO
Laico de la diócesis de Kyoto
Nacimiento: en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

70.  LEO KY?SUKE
Laico de la diócesis de Kyoto; casado
Nacimiento: en Owari (ahora parte de Aichi) (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

71.  MARTHA
Laica de la diócesis de Kyoto, casada, (esposa de #70)
Nacimiento: en Owari (ahora part de Aichi) (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

72.  MENCIA
Laica de la diócesis de Kyoto; viuda
Nacimiento: en Omi (ahora parte de Shiga) (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

73.  LUCÍA
Niña de la diócesis de Kyoto, (hija de #72)
Nacimiento: en Omi (ahora part de Shiga) (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

74.  MAGDALENA
Laica de la diócesis de Kyoto
Nacimiento: ca. 1616 en Owari (ahora part de Aichi) (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

75.  DIDACUS TS?ZU
Laico de la diócesis de Kyoto
Nacimiento: en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

76.  FRANCISCUS SHIZABURO
Laico de la diócesis de Kyoto, (hijo de #38)
Nacimiento: en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

77.  FRANCISCUS
Laico de la diócesis de Kyoto
Nacimiento: en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

78.  MARIA
Laica de la diócesis de Kyoto
Nacimiento: en Tanba, Kyoto (Japón)
Martirio: 6 de octubre de 1619 en Kyoto (a.k.a. Miyako) (Japón)

79.  DIDACUS KAGAYAMA HAITO
Laico de la diócesis de Fukuoka; casado
Miembro de la Confraternidad del Rosario
Nacimiento: ca. 1565 en Takatsuki, Osaka (Japón)
Martirio: 14 de octubre de 1619 en Kokura, Fukuoka (Japón)

80.  BALTHASAR KAGAYAMA HANZAEMON
Laico de la diócesis de Fukuoka; casado
Nacimiento: ca. 1572 en Takatsuki, Osaka (Japón)
Martirio: 15 de octubre de 1619 en Hiji, Oita (Japón)
81.  IACOBUS
Niño de la diócesis de Fukuoka, (hijo de # 80)
Nacimiento: ca. 1615 en Hiji, Oita (Japón)
Martirio: 15 de octubre de 1619 en Hiji, Oita (Japón)

82.  IOANNES HARA MONDO
Laico de la arquidiócesis de Tokyo;
Miembro, Secular Franciscans
Nacimiento: en Usui, Chiba (Japón)
Martirio: 4 De diciembre 1623 en Tokyo (a.k.a. Edo) (Japón)

83.  FRANCISCUS TOYAMA JINTARO
Laico de la diócesis de Hiroshima
Nacimiento: ca. 1600 en Yamanashi (Japón)
Martirio: 16 de febrero de 1624 en Hiroshima (Japón)

84.  MATTHIAS SHOBARA ICHIZAEMON
Laico de la diócesis de Hiroshima
Nacimiento: ca. 1587 en Aki (ahora part de Hiroshima) (Japón)
Martirio: 17 de febrero de 1624 en Hiroshima (Japón)

85.  IOACHIM KUROEMON
Laico de la diócesis de Hiroshima; catequista
Nacimiento: ca. 1559 en Aki (ahora part de Hiroshima) (Japón)
Martirio: 21 de febrero de 1627 en Shimabara, Nagasaki (Japón)

86.  BALTHASAR UCHIBORI
Laico de la arquidiócesis de Nagasaki, (hijo de # 89)
Nacimiento: en Fukae, Nagasaki (Japón)
Martirio: 21 de febrero de 1627 en Shimabara, Nagasaki (Japón)

87.  ANTONIUS UCHIBORI
Joven Laico de la arquidiócesis de Nagasaki, (hijo de # 89)
Nacimiento: ca. 1609 en Fukae, Nagasaki (Japón)
Martirio: 21 de febrero de 1627 en Shimabara, Nagasaki (Japón)

88.  IGNATIUS UCHIBORI
Niño de la arquidiócesis de Nagasaki, (hijo de # 89)
Nacimiento: ca. 1622 en Fukae, Nagasaki (Japón)
Martirio: 21 de febrero de 1627 en Shimabara, Nagasaki (Japón)

89.  PAULUS UCHIBORI SAKUEMON
Laico de la arquidiócesis de Nagasaki; casado
Nacimiento: en Fukae, Nagasaki (Japón)
Martirio: 28 de febrero de 1627 en Unzen, Nagasaki (Japón)

90.  GASPAR KIZAEMON
Laico de la arquidiócesis de Nagasaki
Nacimiento: en Arie, Nagasaki (Japón)
Martirio: 28 de febrero de 1627 en Unzen, Nagasaki (Japón)
91.  MARIA MINE
Laica de la arquidiócesis de Nagasaki, (esposa de # 105)
Nacimiento: en Kuchinotsu, Nagasaki (Japón)
Martirio: 28 de febrero de 1627 en Unzen, Nagasaki (Japón)

92.  GASPAR NAGAI SOHAN
Laico de la arquidiócesis de Nagasaki; casado
Nacimiento: en Kuchinotsu, Nagasaki (Japón)
Martirio: 28 de febrero de 1627 en Unzen, Nagasaki (Japón)

93.  LUDOVICUS SHINZABURO
Laico de la arquidiócesis de Nagasaki
Nacimiento: ca. 1601 en Kuchinotsu, Nagasaki (Japón)
Martirio: 28 de febrero de 1627 en Unzen, Nagasaki (Japón)

94.  DIONISIUS SAEKI ZENKA
Laico de la arquidiócesis de Nagasaki
Nacimiento: en Fukae, Nagasaki (Japón)
Martirio: 28 de febrero de 1627 en Unzen, Nagasaki (Japón)

95.  LUDOVICUS SAEKI KIZO
Laico de la arquidiócesis de Nagasaki, (hijo de # 94)
Nacimiento: en Fukae, Nagasaki (Japón)
Martirio: 28 de febrero de 1627 en Unzen, Nagasaki (Japón)

96.  DAMIANUS ICHIYATA
Laico de la arquidiócesis de Nagasaki; casado
Nacimiento: en Antoku Koba (Japón)
Martirio: 28 de febrero de 1627 en Unzen, Nagasaki (Japón)

97.  LEO NAKAJIMA SOKAN
Laico de la arquidiócesis de Nagasaki
Nacimiento: en Fukae, Nagasaki (Japón)
Martirio: 28 de febrero de 1627 en Unzen, Nagasaki (Japón)

98.  PAULUS NAKAJIMA
Laico de la arquidiócesis de Nagasaki, (hijo de # 97)
Nacimiento: en Fukae, Nagasaki (Japón)
Martirio: 28 de febrero de 1627 en Unzen, Nagasaki (Japón)

99.  IOANNES KISAKI KY?HACHI
Laico de la arquidiócesis de Nagasaki
Nacimiento: en Fukae, Nagasaki (Japón)
Martirio: 28 de febrero de 1627 en Unzen, Nagasaki (Japón)

100.   IOANNES HEISAKU
Laico de la arquidiócesis de Nagasaki; casado
Nacimiento: en Arie, Nagasaki (Japón)
Martirio: 28 de febrero de 1627 en Unzen, Nagasaki (Japón)

101.   THOMAS UZUMI SHINGORO
Laico de la arquidiócesis de Nagasaki
Nacimiento: ca. 1575 en Kuchinotsu, Nagasaki (Japón)
Martirio: 28 de febrero de 1627 en Unzen, Nagasaki (Japón)

102.   ALEXIUS SUGI SHOHACHI
Laico de la arquidiócesis de Nagasaki
Nacimiento: ca. 1602 en Amakusa, Nagasaki (Japón)
Martirio: 28 de febrero de 1627 en Unzen, Nagasaki (Japón)

103.   THOMAS KONDO HYOEMON
Laico de la arquidiócesis de Nagasaki; casado
Nacimiento: ca. 1564 en Mogi, Nagasaki (Japón)
Martirio: 28 de febrero de 1627 en Unzen, Nagasaki (Japón)

104.   IOANNES ARAKI KANSHICHI [??? ?? ??]
Laico de la arquidiócesis de Nagasaki
Nacimiento: ca. 1593 en Koga, Nagasaki (Japón)
Martirio: 28 de febrero de 1627 en Unzen, Nagasaki (Japón)

105.   IOACHIM MINE SUKEDAYU
Laico de la arquidiócesis de Nagasaki; casado, (esposo de # 91)
Nacimiento: ca. 1567 en Kuchinotsu, Nagasaki (Japón)
Martirio: 17 May 1627 en Unzen, Nagasaki (Japón)

106.   PAULUS NISHIDA KY?HACHI
Laico de la arquidiócesis de Nagasaki
Nacimiento: ca. 1553 en Fukae, Nagasaki (Japón)
Martirio: 17 May 1627 en Unzen, Nagasaki (Japón)

107.   MARIA
Laica de la arquidiócesis de Nagasaki; casada
Nacimiento: ca. 1591 en Fukae, Nagasaki (Japón)
Martirio: 17 May 1627 en Unzen, Nagasaki (Japón)

108.   IOANNES MATSUTAKE CHOZABURO
Laico de la arquidiócesis de Nagasaki
Nacimiento: ca. 1589 en Fukae, Nagasaki (Japón)
Martirio: 17 May 1627 en Unzen, Nagasaki (Japón)

109.   BARTHOLOMEUS BABA HAN’EMON
Laico de la arquidiócesis de Nagasaki; casado
Nacimiento: ca. 1574 en Fukae, Nagasaki (Japón)
Martirio: 17 May 1627 en Unzen, Nagasaki (Japón)

110.   LUDOVICUS FURUE SUKEEMON
Laico de la arquidiócesis de Nagasaki; casado
Nacimiento: ca. 1590 en Arie, Nagasaki (Japón)
Martirio: 17 May 1627 en Unzen, Nagasaki (Japón)

111.   PAULUS ONIZUKA MAGOEMON
Laico de la arquidiócesis de Nagasaki; casado
Nacimiento: ca. 1563 en Hachirao, Nagasaki (Japón)
Martirio: 17 May 1627 en Unzen, Nagasaki (Japón)

112.   LUDOVICUS HAYASHIDA SOKA
Laico de la arquidiócesis de Nagasaki; casado
Nacimiento: ca. 1560 en Arie, Nagasaki (Japón)
Martirio: 17 May 1627 en Unzen, Nagasaki (Japón)

113.   MAGDALENA HAYASHIDA
Laica de la arquidiócesis de Nagasaki; casada
Nacimiento: ca. 1559 en Arie, Nagasaki (Japón)
Martirio: 17 May 1627 en Unzen, Nagasaki (Japón)

114.   PAULUS HAYASHIDA MOHYOE
Laico de la arquidiócesis de Nagasaki
Nacimiento: ca. 1592 en Arie, Nagasaki (Japón)
Martirio: 17 May 1627 en Unzen, Nagasaki (Japón)

115.   LUDOVICUS AMAGASU IEMON
Laico de la diócesis de Niigata; casado
Nacimiento: en Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Okusanbara, Yonezawa, Yamagata (Japón)

116.   MICHAËL AMAGASU TAYEMON
Laico de la diócesis de Niigata; casado
Nacimiento: ca. 1594 en Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Okusanbara, Yonezawa, Yamagata (Japón)

117.   DOMINICA AMAGASU
Laica de la diócesis de Niigata; casada, (esposa de # 116)
Nacimiento: ca. 1606 en Wakamatsu, Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Okusanbara, Yonezawa, Yamagata (Japón)

118.   IUSTA AMAGASU
Niña de la diócesis de Niigata, (hija de # 116 y 117)
Nacimiento: ca. 1626 en Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Okusanbara, Yonezawa, Yamagata (Japón)

119.   VINCENTIUS KUROGANE ICHIBIYOE
Laico de la diócesis de Niigata; casado, (hijo de # 115)
Nacimiento: ca. 1603 en Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Okusanbara, Yonezawa, Yamagata (Japón)

120.   THECLA KUROGANE
Joven Laica de la diócesis de Niigata; casada, (esposa de # 119)
Nacimiento: ca. 1611 en Sado, Niigata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Okusanbara, Yonezawa, Yamagata (Japón)

121.   LUCÍA KUROGANE
Niña de la diócesis de Niigata, (hija de # 120 y 121)
Nacimiento: ca. 1628 en Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Okusanbara, Yonezawa, Yamagata (Japón)

122.   MARIA ITO
Laica de la diócesis de Niigata; casada
Nacimiento: en Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Okusanbara, Yonezawa, Yamagata (Japón)

123.   MARINA ITO CHOBO
Laica de la diócesis de Niigata, (hija de #122)
Nacimiento: en Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Okusanbara, Yonezawa, Yamagata (Japón)

124.   PETRUS ITO YAHYOE
Laico de la diócesis de Niigata, (hijo de #122)
Nacimiento: en Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Okusanbara, Yonezawa, Yamagata (Japón)

125.   MATTHIAS ITO HIKOSUKE
Laico de la diócesis de Niigata, (hijo de # 122)
Nacimiento: en Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Okusanbara, Yonezawa, Yamagata (Japón)

126.   TIMOTHEUS OBASAMA JIROBYOE
Laico de la diócesis de Niigata; casado
Nacimiento: en Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Okusanbara, Yonezawa, Yamagata (Japón)

127.   LUCÍA OBASAMA
Laica de la diócesis de Niigata; casada, (esposa de # 126)
Nacimiento: en Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Okusanbara, Yonezawa, Yamagata (Japón)

128.   IOANNES GOROBYOE
Laico de la diócesis de Niigata; casado
Nacimiento: ca. 1549 en Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Okusanbara, Yonezawa, Yamagata (Japón)

129.   IOACHIM SABUROBYOE
Laico de la diócesis de Niigata
Nacimiento: en Wada, Miyagi (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Okusanbara, Yonezawa, Yamagata (Japón)

130.   IOANNES BANZAI KAZUE
Laico de la diócesis de Niigata; casado
Nacimiento: en Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Okusanbara, Yonezawa, Yamagata (Japón)

131.   AUREA BANZAI
Laica de la diócesis de Niigata; casada, (esposa de # 130)
Nacimiento: en Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Okusanbara, Yonezawa, Yamagata (Japón)

132.   ANTONIUS BANZAI ORUSU
Niño de la diócesis de Niigata, (hijo de # 130 y 131)
Nacimiento: ca. 1617 en Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Okusanbara, Yonezawa, Yamagata (Japón)

133.   PAULUS SANJ?RO
Laico de la diócesis de Niigata, casado, (yerno de # 130)
Nacimiento: en Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Okusanbara, Yonezawa, Yamagata (Japón)

134.   RUFINA BANZAI
Laica de la diócesis de Niigata, casada, (esposa de # 133)
Nacimiento: en Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Okusanbara, Yonezawa, Yamagata (Japón)

135.   PAULUS
Niño de la diócesis de Niigata, (hijo de # 133 y 134)
Nacimiento: ca. 1624 en Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Okusanbara, Yonezawa, Yamagata (Japón)

136.   MARTHA
Niña de la diócesis de Niigata, (hija de # 133 y 134)
Nacimiento: ca. 1628 en Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Okusanbara, Yonezawa, Yamagata (Japón)

137.   SIMON TAKAHASHI SEIZAEMON
Laico de la diócesis de Niigata; casado
Nacimiento: en Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Okusanbara, Yonezawa, Yamagata (Japón)

138.   THECLA TAKAHASHI
Niña de la diócesis de Niigata, (hija de # 137)
Nacimiento: ca. 1616 en Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Okusanbara, Yonezawa, Yamagata (Japón)

139.   PAULUS NISHIHORI SHIKIBU
Laico de la diócesis de Niigata; casado
Nacimiento: ca. 1598 en Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Okusanbara, Yonezawa, Yamagata (Japón)

140.   LUDOVICUS JIN’EMON
Laico de la diócesis de Niigata; casado
Nacimiento: ca. 1549 en Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Okusanbara, Yonezawa, Yamagata (Japón)

141.   ANNA
Laica de la diócesis de Niigata; casada, (esposa de # 140)
Nacimiento: ca. 1549 en Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Okusanbara, Yonezawa, Yamagata (Japón)

142.   MANCIUS YOSHINO HAN’EMON
Laico de la diócesis de Niigata; casado
Nacimiento: en Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Okusanbara, Yonezawa, Yamagata (Japón)

143.   IULIA YOSHINO
Laica de la diócesis de Niigata; casada, (esposa de # 142)
Nacimiento: ca. 1 en Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Okusanbara, Yonezawa, Yamagata (Japón)

144.   ANTONIUS ANAZAWA HAN’EMON
Laico de la diócesis de Niigata; casado, (esposo de # 159)
Nacimiento: en Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Okusanbara, Yonezawa, Yamagata (Japón)

145.   PAULUS ANAZAWA JUZABURO
Laico de la diócesis de Niigata, (hijo de # 144 y 159)
Nacimiento: en Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Okusanbara, Yonezawa, Yamagata (Japón)

146.   ANDREAS YAMAMOTO SHICHIEMON
Laico de la diócesis de Niigata, (esposo de # 162)
Nacimiento: ca. 1 en Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Okusanbara, Yonezawa, Yamagata (Japón)

147.   IGNATIUS IIDA SOEMON
Laico de la diócesis de Niigata, (esposo de # 158)
Nacimiento: ca. 1 en Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Okusanbara, Yonezawa, Yamagata (Japón)

148.   IOANNES ARIE KIEMON
Laico de la diócesis de Niigata, (esposo de # 164)
Nacimiento: en Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Okusanbara, Yonezawa, Yamagata (Japón)

149.   PETRUS ARIE JINZO
Laico de la diócesis de Niigata, (hijo de # 148 y 164)
Nacimiento: en Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Okusanbara, Yonezawa, Yamagata (Japón)

150.   ALEXIUS SATO SEISUKE
Laico de la diócesis de Niigata; casado
Nacimiento: en Shindogadai (ahora Shimo Hanazawa), Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Okusanbara, Yonezawa, Yamagata (Japón)

151.   LUCÍA SATO
Laica de la diócesis de Niigata; casada, (esposa de # 150)
Nacimiento: en Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Okusanbara, Yonezawa, Yamagata (Japón)

152.   ELISABETH SATO
Niña de la diócesis de Niigata, (hija de # 150 y 151)
Nacimiento: ca. 1626 en Shindogadai (ahora Shimo Hanazawa), Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Okusanbara, Yonezawa, Yamagata (Japón)

153.   PAULUS SATO MATAGORO
Laico de la diócesis de Niigata; casado, (hermano de # 150)
Nacimiento: en Shindogadai (ahora Shimo Hanazawa), Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Okusanbara, Yonezawa, Yamagata (Japón)

154.   N. SHICHIZAEMON
Laico de la diócesis de Niigata
Nacimiento: en Shindogadai (ahora Shimo Hanazawa), Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Okusanbara, Yonezawa, Yamagata (Japón)

155.   MAGDALENA
Laica de la diócesis de Niigata, (esposa de # 154)
Nacimiento: en Shindogadai (ahora Shimo Hanazawa), Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Okusanbara, Yonezawa, Yamagata (Japón)

156.   Una hija
Niña de la diócesis de Niigata, (hija de # 154 y 155)
Nacimiento: ca. 1624 en Shindogadai (ahora Shimo Hanazawa), Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Okusanbara, Yonezawa, Yamagata (Japón)

157.   Una hija
Niña de la diócesis de Niigata, (hija de # 154 y 155)
Nacimiento: ca. 1626 en Shindogadai (ahora Shimo Hanazawa), Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Okusanbara, Yonezawa, Yamagata (Japón)

158.   LUCIA IIDA
Laica de la diócesis de Niigata; casada, (esposa de # 147)
Nacimiento: en Nukayama, Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Nukayama, Yonezawa, Yamagata (Japón)

159.   CRESCENTIA ANAZAWA
Laica de la diócesis de Niigata; casada, (esposa de # 144)
Nacimiento: en Yonezawa, Yamagata  (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Nukayama, Yonezawa, Yamagata (Japón)

160.   ROMANUS ANAZAWA MATSUJIRO
Niña de la diócesis de Niigata, (hijo de # 144 y 159)
Nacimiento: ca. 1615 en Nukayama, Yonezawa, Yamagata  (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Nukayama, Yonezawa, Yamagata (Japón)

161.   MICHAËL ANAZAWA OSAMU
Niño de la diócesis de Niigata, (hijo de # 144 y 159)
Nacimiento: ca. 1618 en Yonezawa, Yamagata  (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Nukayama, Yonezawa, Yamagata (Japón)

162.   MARIA YAMAMOTO
Laica de la diócesis de Niigata, (esposa de # 146)
Nacimiento: en Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Nukayama, Yonezawa, Yamagata (Japón)

163.   URSULA YAMAMOTO
Niña de la diócesis de Niigata, (hija de # 146 y 162)
Nacimiento: ca. 1626 en Nukayama, Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Nukayama, Yonezawa, Yamagata (Japón)

164.   MAGDALENA ARIE
Laica de la diócesis de Niigata, (esposa de # 147)
Nacimiento: en Nukayama, Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Nukayama, Yonezawa, Yamagata (Japón)

165.   ALEXIS CHOEMON
Laico de la diócesis de Niigata; casado
Nacimiento: ca.  1603 en Hanazawa, Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Hanazawa, Yonezawa, Yamagata (Japón)

166.   CANDIDUS “BOZU”
Niño de la diócesis de Niigata, (cuñado de # 165)
Nacimiento: ca. 1615 en Hanazawa, Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Hanazawa, Yonezawa, Yamagata (Japón)

167.   IGNATIUS
Niño de la diócesis de Niigata, (sobrino de # 166)
Nacimiento: ca. 1628 en Hanazawa, Yonezawa, Yamagata (Japón)
Martirio: 12 de enero de 1629 en Hanazawa, Yonezawa, Yamagata (Japón)

168.   MICHAËL KUSURIYA
Laico de la arquidiócesis de Nagasaki
Nacimiento: en Nagasaki (Japón)
Martirio: 28 de julio de 1633 en Nishizaka, Nagasaki (Japón)

169.   NICOLAUS FUKUNAGA KEIAN
Religioso profeso, jesuita
Nacimiento: ca. 1570 en Nagawara, Azuchi, Nagasaki (Japón)
Martirio, 31 de julio de 1633 en Nishizaka, Nagasaki (Japón)

170.   IULIANUS NAKAURA
Sacerdote profeso, jesuita
Nacimiento: ca. 1567 en Nakaura, Nagasaki (Japón)
Martirio: 21 de octubre de 1633 en Nishizaka, Nagasaki (Japón)

171.   OGASAWARA YOSABURO GEN’YA
Laico de la diócesis de Fukuoka; casado
Nacimiento: en Buzen, Fukuoka (Japón)
Martirio: 30 de enero de 1636 en Kumamoto (Japón)

172.   OGASAWARA MIYA LUISA
Laica de la diócesis de Fukuoka; casada, (esposa de # 171)
Nacimiento: en Buzen, Fukuoka (Japón)
Martirio: 30 de enero de 1636 en Kumamoto (Japón)

173.   OGASAWARA GENPACHI
Laico de la diócesis de Fukuoka, (hijo de # 171 y 172)
Nacimiento: en Kokura, Buzen, Fukuoka (Japón)
Martirio: 30 de enero de 1636 en Kumamoto (Japón)

174.   OGASAWARA MARI
Laica de la diócesis de Fukuoka, (hija de # 171 y 172)
Nacimiento: en Kokura, Buzen, Fukuoka (Japón)
Martirio: 30 de enero de 1636 en Kumamoto (Japón)

175.   OGASAWARA KURI
Laica de la diócesis de Fukuoka, (hija de # 171 y 172)
Nacimiento: en Kokura, Buzen, Fukuoka (Japón)
Martirio: 30 de enero de 1636 en Kumamoto (Japón)

176.   OGASAWARA SASAEMON
Laico de la diócesis de Fukuoka, (hijo de # 171 y 172)
Nacimiento: en Kokura, Buzen, Fukuoka (Japón)
Martirio: 30 de enero de 1636 en Kumamoto (Japón)

177.   OGASAWARA SAYUEMON
Laico de la diócesis de Fukuoka, (hijo de # 171 y 172)
Nacimiento: en Kokura, Buzen, Fukuoka (Japón)
Martirio: 30 de enero de 1636 en Kumamoto (Japón)

178.   OGASAWARA SHIRO
Laico de la diócesis de Fukuoka, (hijo de # 171 y 172)
Nacimiento: en Kokura, Buzen, Fukuoka (Japón)
Martirio: 30 de enero de 1636 en Kumamoto (Japón)

179.   OGASAWARA GORO
Laico de la diócesis de Fukuoka, (hijo de # 171 y 172)
Nacimiento: en Kokura, Buzen, Fukuoka (Japón)
Martirio: 30 de enero de 1636 en Kumamoto (Japón)

180.   OGASAWARA TSUCHI
Laica de la diócesis de Fukuoka, (hija de # 171 y 172)
Nacimiento: en Kokura, Buzen, Fukuoka (Japón)
Martirio: 30 de enero de 1636 en Kumamoto (Japón)

181.   OGASAWARA GONNOSUKE
Laico de la diócesis de Fukuoka, (hijo de # 171 y 172)
Nacimiento: en Kokura, Buzen, Fukuoka (Japón)
Martirio: 30 de enero de 1636 en Kumamoto (Japón)

182-185   Empleados de la familia Ogasawara
Laicos de la diócesis de Fukuoka
Nacimiento: en (Japón)
Martirio: 30 de enero de 1636 en Kumamoto (Japón)

186.   DIDACUS YUKI RYOSETSU
Sacerdote profeso, jesuita
Nacimiento: ca. 1574-75 en Awa, Tokushima (Japón)
Martirio: 25 de febrero de 1636 en Osaka (Japón)

187.   THOMAS OCHIA (KINTSUBA) JIHYOE (THOMAS de SAINT AUGUSTINE)
Sacerdote profeso, agustino
Nacimiento: ca. 1602 en Omura, Nagasaki (Japón)
Martirio: 6 de noviembre de 1637 en Nishizaka, Nagasaki (Japón)

188.   PEDRO KIBE KASUI
Sacerdote profeso, jesuita
Nacimiento: ca. 1587 en Kibe, cerca a Urabe, Oita (Japón)
Martirio: 4 de julio de 1639 en Tokyo (a.k.a. Edo) (Japón)

Beatificación realizada en Nagasaki el 24 de noviembre de 2008, durante el pontificado de S.S. Benedicto XVI.

Reproducido con autorización de Vatican.va

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11:23 p.m.

Por: . | Fuente: ar.geocities.com/misa_tridentina01

San Andrés de Creta, nació en Damasco a mediados del siglo VII, abrazó la vida monástica en un convento de Jerusalén, por lo que también es llamado Andrés Jerosolimitano. Asistió al III Concilio de Constantinopla que condenó la herejía del monotelismo (año 681), como legado del Patriarca de la Ciudad Santa. Más tarde, consagrado obispo de Creta, defendió la legitimidad del culto a las imágenes. Murió hacia el año 720.

San Andrés de Creta fue un excelente compositor de himnos sagrados, hasta el punto de que la Iglesia oriental ha incorporado algunos a su liturgia. Además se conservan veintidós homilías suyas. Las que se refieren a la Virgen gozan de particular importancia, pues constituyen un testimonio muy elocuente de la fe en la Inmaculada Concepción y en la Asunción corporal de María al Cielo.

Con toda la Tradición de la Iglesia, San Andrés expone que la Concepción de Nuestra Señora es el inicio de la renovación de la naturaleza humana, herida por el pecado original. La Virgen María, preservada por Dios de toda culpa, trae al mundo «las primicias de la nueva creación», siendo —como canta la liturgia— lirio que florece entre espinas y paraíso espiritual donde Jesucristo, el nuevo Adán, establece su morada.

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6:59 p.m.

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Santa Isabel, reina de Portugal, admirable por su desvelo en con seguir que hiciesen las paces reyes enfrentados y por su caridad en favor de los pobres. Muerto su esposo, el rey Dionisio, abrazó la vida religiosa en el monasterio de monjas de la Tercera Orden de Santa Clara de Estremoz, en Portugal, que ella misma había fundado, y en este mismo monasterio murió, cuando se ocupaba en conseguir la reconciliación de un hijo y un nieto suyos enfrentados.

6:59 p.m.

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En Erissos, en la isla de Lesbos, tránsito de san Andrés de Creta, obispo de Gortinia, que cantó a Dios con admirable arte mediante oraciones, himnos y cánticos, y exaltó a la Madre de Dios, la Virgen inmaculada y asunta a los cielos.

6:59 p.m.

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En Blangy, en la región de la Galia Atrebatense, santa Berta, abadesa, la cual, habiendo ingresado junto con sus hijas Gertrudis y Deotila en el monasterio que ella misma había fundado, pasados unos años se encerró en una celda, donde vivió en completa clausura (c. 725).

11:23 p.m.

Por: . | Fuente: ar.geocities.com/misa_tridentina01

Obispo de Constantinopla

Martirologio Romano: En Constantinopla, san Anatolio, obispo, que profesó la fe ortodoxa sobre las dos naturalezas de Cristo expresada por el papa san León en el tomus que envió a Flaviano, y cuyo contenido se preocupó de hacer llegar al concilio de Calcedonia ( 458).

Breve Biografía


San Flaviano murió a causa de los malos tratos que había recibido en la asamblea conciliar de Efeso. Anatolio, que fue elegido para sucederle en la sede de Constantinopla, fue consagrado por el monofisita Dióscoro de Alejandría.

San Anatolio, que era originario de Alejandría, se había distinguido en el Concilio de Efeso como adversario del nestorianismo. Poco después de su consagración episcopal, San Anatolio reunió en Constantinopla un sínodo, en el que ratificó solemnemente la carta dogmática ("el Tomo") que el Papa San León había enviado a San Flaviano, mandó a cada uno de sus metropolitanos una copia de dicha carta así como una condenación de Nestorio y Eutiques para que las firmasen.

Inmediatamente después, lo comunicó así al Papa, protestó de su ortodoxia y le pidió que le confirmase como legítimo sucesor de Flaviano. San León aceptó, pero no sin hacer notar expresamente que lo hacía "más bien por misericordia que por justicia", dado que Anatolio había admitido la consagración episcopal de manos del hereje Dióscoro. Al año siguiente, en el gran Concilio de Calcedonia, que definió la doctrina católica contra el monofisismo y el nestorianismo y reconoció, en términos precisos, la autoridad de la Santa Sede,

San Anatolio desempeñó un papel de primera importancia; ocupó el primer sitio después de los legados pontificios y secundó sus esfuerzos en favor de la fe católica. Es lástima que en la décima quinta sesión, a la que no asistieron los legados pontificios, el santo se haya unido con los prelados orientales para declarar que la sede de Constantinopla sólo cedía en importancia a la de Roma, haciendo caso omiso de los derechos históricos de las sedes de Alejandría y Antioquía, las cuales, según la tradición habían sido fundadas por los Apóstoles. San León se negó a aceptar ese canon y escribió a Anatolio que "un católico, y sobre todo un sacerdote del Señor, no debería dejarse llevar por la ambición ni caer en el error".

Es muy de lamentar que no poseamos ningún dato sobre la vida privada de Anatolio, ya que su carrera pública presenta ambigüedades que concuerdan mal con su fama de santidad. Baronio reprochaba a Anatolio la forma en que había sido consagrado y le acusaba de ambición, de convivencia con los herejes y de algunos otros errores. Pero los bolandistas le absuelven de tales cargos. Los católicos del rito bizantino han celebrado siempre su fiesta el 3 de julio. El santo murió en esa fecha, el año 458.

Los bolandistas publicaron una biografía griega muy encomiástica, tomada de un manuscrito de París. Dicho documento es de poco peso; pero en la historia general de la Iglesia se encuentran abundantes materiales sobre San Anatolio. Véase a Hergenrbther en Photius, vol. I, pp, 66 ss; DGH., vol. II, cc. 1497-1500; y las obras de historia referentes a ese período.

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11:23 p.m.

Por: P. Felipe Santos | Fuente: Catholic.net

Ermitaño

Sitúate en el año 500. Guntier era un príncipe del País de Gales. Todas las tierras y posesiones que tenía vio que no eran nada comparadas con el amor y el ansia de perfección que latía dentro de sí.

Y en plena juventud, cuando la vida se abre como primavera, él, en lugar de hacer como los demás, se sentía llamado a la vida de ermitaño.

¡Qué cosa más rara! Pues así es. Sin embargo, cada uno que tenga la cabeza sobre los hombros, busca la felicidad donde puede encontrarla. Se marchó a la isla de Groie. El gobernador le entregó unos terrenos para que construyera un monasterio.

Le hizo la donación con mucho gusto porque se había quedado impresionado por su aspecto de austeridad, su alta santidad y sus deseos inmensos de hacer el bien.

A la abadía se le conoce con el nombre de Kemperle por estar situada entre el Isol y los ríos Wile.

Se cuenta que hubo una vez una gran plaga de insectos que amenazaban con destruir por completo las cosechas del aquel año.

El conde Guerech I de Vannes, temiendo un hambre feroz en los habitantes, envió a tres dignatarios para que tomasen nota de la realidad sobre el terreno, y al mismo tiempo, que le pidiesen a san Guntier que con sus oraciones evitase la catástrofe.

¿Qué hizo el príncipe?

Bendijo agua y ordenó que la esparcieran por todos los campos.

Siguieron, por supuesto, a rajatabla las órdenes del príncipe santo. Y cuando nadie lo esperaba, no quedó ni un insecto.

Durante las invasiones normandas, el cuerpo del príncipe se llevó a la isla Groie. Al descubrirse en el siglo XI, se hizo su traslado a la abadía de Kemperle que pertenece hoy ala Orden de los Benedictinos. Hay muchas iglesias que llevan su nombre.

¡Felicidades a quien lleve este nombre!

Comentarios al P. Felipe Santos: fsantossdb@hotmail.com

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11:23 p.m.

Apóstol

Martirologio Romano: Fiesta de santo Tomás, apóstol, quien, al anunciarle los otros discípulos que Jesús había resucitado, no lo creyó, pero cuando Jesús le mostró su costado traspasado por la lanza y le dijo que pusiera su mano en él, exclamó: «Señor mío y Dios mío». Y con esta fe que experimentó es tradición que llevó la palabra del Evangelio a los pueblos de la India.

Etimológicamente: Tomás = "gemelo", viene del arameo

Breve Semblanza


La tradición antigua dice que Santo Tomás Apóstol fue martirizado en la India el 3 de julio del año 72. Parece que en los últimos años de su vida estuvo evangelizando en Persia y en la India, y que allí sufrió el martirio.

De este apóstol narra el santo evangelio tres episodios.

El primero sucede cuando Jesús se dirige por última vez a Jerusalem, donde según lo anunciado, será atormentado y lo matarán.

En este momento los discípulos sienten un impresionante temor acerca de los graves sucesos que pueden suceder y dicen a Jesús: "Los judíos quieren matarte y ¿vuelves allá?. Y es entonces cuando interviene Tomás, llamado Dídimo (en este tiempo muchas personas de Israel tenían dos nombres: uno en hebreo y otro en griego. Así por ej. Pedro en griego y Cefás en hebreo). Tomás, es nombre hebreo. En griego se dice "Dídimo", que significa lo mismo: el gemelo.

Cuenta San Juan (Jn. 11,16) "Tomás, llamado Dídimo, dijo a los demás: Vayamos también nosotros y muramos con Él". Aquí el apóstol demuestra su admirable valor. Un escritor llegó a decir que en esto Tomás no demostró solamente "una fe esperanzada, sino una desesperación leal". O sea: él estaba seguro de una cosa: sucediera lo que sucediera, por grave y terrible que fuera, no quería abandonar a Jesús. El valor no significa no tener temor. Si no experimentáramos miedo y temor, resultaría muy fácil hacer cualquier heroísmo. El verdadero valor se demuestra cuando se está seguro de que puede suceder lo peor, sentirse lleno de temores y terrores y sin embargo arriesgarse a hacer lo que se tiene que hacer. Y eso fue lo que hizo Tomás aquel día. Nadie tiene porque sentirse avergonzado de tener miedo y pavor, pero lo que sí nos debe avergonzar totalmente es el que a causa del temor dejemos de hacer lo que la conciencia nos dice que sí debemos hacer, Santo Tomás nos sirva de ejemplo.

La segunda intervención:

Sucedió en la Última Cena. Jesús les dijo a los apóstoles: "A donde Yo voy, ya sabéis el camino". Y Tomás le respondió: "Señor: no sabemos a donde vas, ¿cómo podemos saber el camino?" (Jn. 14, 15). Los apóstoles no lograban entender el camino por el cual debía transitar Jesús, porque ese camino era el de la Cruz. En ese momento ellos eran incapaces de comprender esto tan doloroso. Y entre los apóstoles había uno que jamás podía decir que entendía algo que no lograba comprender. Ese hombre era Tomás. Era demasiado sincero, y tomaba las cosas muy en serio, para decir externamente aquello que su interior no aceptaba. Tenía que estar seguro. De manera que le expresó a Jesús sus dudas y su incapacidad para entender aquello que Él les estaba diciendo.

Admirable respuesta:

Y lo maravilloso es que la pregunta de un hombre que dudaba obtuvo una de las respuestas más formidables del Hijo de Dios. Uno de las más importantes afirmaciones que hizo Jesús en toda su vida. Nadie en la religión debe avergonzarse de preguntar y buscar respuestas acerca de aquello que no entiende, porque hay una verdad sorprendente y bendita: todo el que busca encuentra.

Le dijo Jesús: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí" Ciertos santos como por ejemplo el Padre Alberione, Fundador de los Padres Paulinos, eligieron esta frase para meditarla todos los días de su vida. Porque es demasiado importante como para que se nos pueda olvidar. Esta hermosa frase nos admira y nos emociona a nosotros, pero mucho más debió impresionar a los que la escucharon por primera vez.

En esta respuesta Jesús habla de tres cosas supremamente importantes para todo israelita: el Camino, la Verdad y la Vida. Para ellos el encontrar el verdadero camino para llegar a la santidad, y lograr tener la verdad y conseguir la vida verdadera, eran cosas extraordinariamente importantes.

En sus viajes por el desierto sabían muy bien que si equivocaban el camino estaban irremediablemente perdidos, pero que si lograban viajar por el camino seguro, llegarían a su destino. Pero Jesús no sólo anuncia que les mostrará a sus discípulos cuál es el camino a seguir, sino que declara que Él mismo es el Camino, la Verdad y la Vida.

Notable diferencia: Si le preguntamos al alguien que sabe muy bien: ¿Dónde queda el hospital principal? Puede decirnos: siga 200 metros hacia el norte y 300 hacia occidente y luego suba 15 metros... Quizás logremos llegar. Quizás no. Pero si en vez de darnos eso respuesta nos dice: "Sígame, que yo voy para allá", entonces sí que vamos a llegar con toda seguridad. Es lo que hizo Jesús: No sólo nos dijo cual era el camino para llegar a la Eterna Feliz, sino que afirma solemnemente: "Yo voy para allá, síganme, que yo soy el Camino para llegar con toda seguridad". Y añade: Nadie viene al Padre sino por Mí: "O sea: que para no equivocarnos, lo mejor será siempre ser amigos de Jesús y seguir sus santos ejemplos y obedecer sus mandatos. Ese será nuestro camino, y la Verdad nos conseguirá la Vida Eterna".

El hecho más famoso de Tomás

Los creyentes recordamos siempre al apóstol Santo Tomás por su famosa duda acerca de Jesús resucitado y su admirable profesión de fe cuando vio a Cristo glorioso.

Dice San Juan (Jn. 20, 24) "En la primera aparición de Jesús resucitado a sus apóstoles no estaba con ellos Tomás. Los discípulos le decían: "Hemos visto al Señor". El les contestó: "si no veo en sus manos los agujeros de los clavos, y si no meto mis dedos en los agujeros sus clavos, y no meto mi mano en la herida de su constado, no creeré". Ocho días después estaban los discípulos reunidos y Tomás con ellos. Se presento Jesús y dijo a Tomás: "Acerca tu dedo: aquí tienes mis manos. Trae tu mano y métela en la herida de mi costado, y no seas incrédulo sino creyente". Tomás le contestó: "Señor mío y Dios mío". Jesús le dijo: "Has creído porque me has visto. Dichosos los que creen sin ver".

Parece que Tomás era pesimista por naturaleza. No le cabía la menor duda de que amaba a Jesús y se sentía muy apesadumbrado por su pasión y muerte. Quizás porque quería sufrir a solas la inmensa pena que experimentaba por la muerte de su amigo, se había retirado por un poco de tiempo del grupo. De manera que cuando Jesús se apareció la primera vez, Tomás no estaba con los demás apóstoles. Y cuando los otros le contaron que el Señor había resucitado, aquella noticia le pareció demasiado hermosa para que fuera cierta.

Tomás cometió un error al apartarse del grupo. Nadie está peor informado que el que está ausente. Separarse del grupo de los creyentes es exponerse a graves fallas y dudas de fe. Pero él tenía una gran cualidad: se negaba a creer sin más ni más, sin estar convencido, y a decir que sí creía, lo que en realidad no creía. El no apagaba las dudas diciendo que no quería tratar de ese tema. No, nunca iba a recitar el credo un loro. No era de esos que repiten maquinalmente lo que jamás han pensado y en lo que no creen. Quería estar seguro de su fe.

Y Tomás tenía otra virtud: que cuando se convencía de sus creencias las seguía hasta el final, con todas sus consecuencias. Por eso hizo es bellísima profesión de fe "Señor mío y Dios mío", y por eso se fue después a propagar el evangelio, hasta morir martirizado por proclamar su fe en Jesucristo resucitado. Preciosas dudas de Tomás que obtuvieron de Jesús aquella bella noticia: "Dichosos serán los que crean sin ver".</span></span>

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6:59 p.m.

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Fiesta de santo Tomás, apóstol, que cuando los otros discípulos le anunciaron que Jesús había resucitado, no lo creyó, pero cuando Jesús le mostró su costado traspasado por la lanza, exclamó: «Señor mío y Dios mío». Es tradición que evangelizó los pueblos de la India, transmitiéndoles la fe que él había recibido (s. I).

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En Constantinopla, san Anatolio, obispo, que profesó la fe ortodoxa sobre las dos naturalezas de Cristo contenida en el tomus que el papa [san León] envió a Flaviano, y que se preocupó de que se profesase esta fe en el concilio de Calcedonia.

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En Laodicea, en Siria, conmemoración de san Anatolio, obispo, que dejó numerosos escritos dignos de admiración, no sólo para las personas piadosas, sino incluso para los filósofos (s. III).

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Por: . | Fuente: ar.geocities.com/misa_tridentina01

Mártires

Martirologio Romano:Conmemoración de los santos mártires Liberato, abad, Bonifacio, diácono, Servo y Rústico, subdiáconos, Rogato y Septimio, monjes, y el niño Máximo, quienes en Cartago, durante la persecución desencadenada por los vándalos bajo el rey arriano Hunnerico, por confesar la verdadera fe católica y un solo bautismo, fueron sometidos a crueles tormentos, clavados a los maderos con los que iban a ser quemados y golpeados con remos hasta que sus cabezas quedaron deshechas, triunfando ellos brillantemente, por lo que merecieron ser coronados por el Señor ( 484).

Breve Reseña


Grandes fueron los estragos que hizo en África el furor del rey vándalo llamado Hunnerico, que seguía la secta de los herejes arrianos; pero en el año séptimo de su reinado, publicó un edicto sobremanera impío y sacrílego, por el cual mandaba que se arrasasen todos los monasterios, y se profanasen todas las iglesias con sagradas a honra de la santísima Trinidad.

Vinieron, pues, los soldados de Hunnerico a un convento de monjes que vivían con gran ejemplo y opinión de santidad, bajo del gobierno del santo abad Liberato, entre los cuales se hallaba el diácono Bonifacio, los subdiáconos Servo y Rústico, y los santos monjes Rogato, Séptimo y el niño Máximo: habiendo los bárbaros derribado las puertas del monasterio, maltrataron con gran inhumanidad a aquellos inocentes siervos del Señor, y los llevaron presos a Cartago, y al tribunal de Hunnerico.

Ordenóles el tirano que negasen la fe del bautismo y de la santísima Trinidad; mas ellos confesaron con gran conformidad, un solo Dios en tres Personas, una sola fe y un solo bautismo: y añadió en nombre de todos san Liberato: «Ahora, oh rey impío, ejercita, si quieres, en nuestros cuerpos las invenciones de tu crueldad; pero entiende que no nos espantan los tormentos, y que estamos prontos a dar la vida en defensa de nuestra fe católica». Al oír el hereje estas palabras, bramó de rabia y furor, y mandó que le quitasen de delante aquellos hombres y los encerrasen en la más obscura y hedionda cárcel.

Pero los católicos de Cartago hallaron modo de persuadir a los guardas, que soltasen a los santos monjes; y aunque éstos no quisieron verse libres de las prisiones que llevaban por amor de Cristo, aprovecharon alguna libertad que se les concedió en la misma cárcel, para esforzar a otros muchos cristianos que por la misma fe estaban cargados de cadenas, esta novedad llegó a oídos del tirano, quien ordenó severo castigo a los guardas, y despiadados suplicios a los santos monjes. Dio luego orden que aprestasen un bajel inútil y carcomido, y que habiendo echado en él buena cantidad de leña, pusiesen sobre ella a los santos confesores atados de pies y manos, y los quemasen en el mar, Mas aunque los verdugos una y muchas veces aplicaron teas encendidas en las ramas secas amontonadas en el barco, nunca pudo prender en ellas el fuego. Atribuyó el bárbaro monarca aquel soberano prodigio a artes diabólicas y de encantamiento: y bramando de rabia, mandó que a golpes de remos les quebrasen las cabezas hasta derramarles los sesos, y los echasen en la mar. Arrojaron las olas a la playa los sagrados cadáveres de los santos mártires; y habiéndolos recogido los católicos los sepultaron honoríficamente.

¡Felicidades a quien lleve este nombre!</span></span></span>

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Por: . | Fuente: www.clairval.com

Eugenia nació en Yssingeaux, en las ásperas mesetas del macizo central (Francia), el 11 de febrero de 1876, día del aniversario de la primera aparición de la Santísima Virgen en Lourdes. Infancia, vocación, vida religiosa, apostolado, sufrimiento y muerte; todo en la vida de Eugenia quedará marcado por la presencia maternal de María.

Ingresa de muy joven, junto con su hermana mayor, en el pensionado de las Ursulinas de Ministrel, donde ambas niñas son felices y apreciadas. El recuerdo más hermoso que Eugenia conserva de aquella época es el de su primera comunión y los meses de gran fervor espiritual que la precedieron. La joven, fuertemente atraída hacia la Virgen María, experimenta el gran poder y solicitud sin límites de su Madre del cielo. ¿Acaso quiere obtener alguna gracia? Durante toda una novena reza el rosario, añadiendo cinco sacrificios de los que más le cuestan. María siempre lo concede todo. «Cuando hablaba de la Santísima Virgen, contará más tarde una alumna suya, me parecía ver algo del cielo en su mirada».

Pero su fervor no le impide ser alegre; más bien al contrario. Una de sus maestras describirá a aquella joven como «muy comunicativa, de ardiente y buen corazón... Influía mucho sobre sus compañeras y las motivaba con su buen humor». Eugenia escribe una vez a su hermana: «Dios no prohíbe que riamos y que nos divirtamos, con tal de que lo amemos de todo corazón y que conservemos bien blanca nuestra alma, es decir, sin pecado... El secreto para seguir siendo hija de Dios es seguir siendo hija de la Santísima Virgen. Hay que amar mucho a la Santísima Virgen y pedirle todos los días que nos llegue la muerte antes que cometer un solo pecado mortal».

Aliviar la sed

El 6 de octubre de 1895, ingresa como postulante en el convento de las religiosas de la Sagrada Familia del Sagrado Corazón, en Puy-en-Velay: «Desde que era pequeña -escribe por entonces-, mi corazón, aunque pobre, rústico y terrenal, intentaba en vano aliviar la sed. Quería amar, pero solamente a un Esposo hermoso, perfecto, inmortal, cuyo amor fuera puro e inmutable... María, me has concedido, a mí, que soy pobre y poca cosa, al más hermoso de los hijos de los hombres, a tu divino hijo Jesús». En el momento de la despedida, la señora Joubert, su madre, le dijo a la vez que la besaba: «Te entrego a Dios. No mires atrás y conviértete en una santa». Ese será el programa de la postulante, comprendiendo perfectamente que va a "ser toda de Jesús" y no una religiosa a medias.

Eugenia ni siquiera tiene veinte años; su porte es vivo y graciosa su forma de reír. Pero su jovencísimo rostro, casi infantil, su aspecto impregnado de virginal pureza, reflejan al mismo tiempo una seriedad muy profunda. Su recogimiento es admirado y provoca la emulación de sus compañeras de noviciado. «Si vivo del espíritu de la fe -escribe-, si amo realmente a Nuestro Señor, me resultará fácil construir soledad en el fondo de mi corazón y, sobre todo, amar esa soledad y quedarme sola, solamente con Jesús».

El 13 de agosto de 1896, fiesta de San Juan Berchmans, toma el hábito religioso de manos del padre Rabussier, fundador del instituto. Más tarde expresará los sentimientos que por entonces la animaban: «Que en el futuro, mi corazón, semejante a una bola de cera, sencillo como un niño pequeño, se deje revestir por la obediencia, por cualquier voluntad de virtuoso placer divino, sin oponer más resistencia que la de querer dar siempre más».

Para no estar nunca solo

Durante el noviciado, sor Eugenia realiza varias veces los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, aprendiendo a vivir familiarmente con Jesús, María y José. Pues los Ejercicios son una escuela de intimidad con Dios y con los santos. En el transcurso de las meditaciones y contemplaciones que propone, San Ignacio invita a su discípulo a situarse en el corazón de las escenas evangélicas para ver a las personas, para escuchar lo que dicen, para considerar lo que hacen, "como si estuviéramos presentes". Por ejemplo, el misterio de la Navidad (nº 114): «Veré [...] a Nuestra Señora, a José, a la sirvienta y al Niño Jesús después de nacer. Permaneceré junto a ellos, los contemplaré, los serviré en lo que necesiten con toda la diligencia y con todo el respeto de los que soy capaz, como si estuviera presente». San Ignacio nos anima a practicar esa familiaridad incluso en las actividades más triviales del día, como la de comer: «Mientras nos alimentamos, observemos como si lo viéramos con nuestros propios ojos a Jesús nuestro Señor tomando también su alimento con sus Apóstoles. Contemplemos de qué modo come, cómo bebe, cómo mira y cómo habla; y esforcémonos por imitarlo» (nº 214).

Eugenia es seducida por la simplicidad de esa práctica, que tanto encaja con su deseo de vivir en la intimidad de la Sagrada Familia; y escribe lo siguiente: «Amar esa composición de lugar significa estar desde muy temprano en el corazón de la Santísima Virgen». O bien: «Nunca me encuentro sola, sino que estoy siempre con Jesús, María y José». Un día dirigió esta hermosa plegaria a Nuestro Señor: «¡Oh, Jesús! Dime en qué consistía tu pobreza, qué buscabas con tanta diligencia en Nazareth... Concédeme la gracia de abrazar con toda mi alma la pobreza que tu amor tenga a bien enviarme». También nosotros podemos hablarle a menudo a Jesús en lo íntimo de nuestro corazón, preguntándole cómo practicó la humildad, la bondad, el perdón, la mortificación y todas las demás virtudes, y rogándole a continuación que nos conceda la gracia de imitarlo.

Sencillo como un niño

El 8 de septiembre de 1897, sor Eugenia pronuncia sus votos religiosos; en el transcurso de la ceremonia, el padre Rabussier pronuncia una homilía sobre la infancia espiritual. La nueva profesa descubre en ello un estímulo para progresar en esa vía, y se fija en dos aspectos que le parecen esenciales para alcanzar "la sencillez del niño": la humildad y la obediencia.

Para sor Eugenia, la humildad es el medio de atraer "las miradas de Jesús". En una ocasión, es reprendida severamente a causa de un trabajo de costura mal hecho, pero la labor en cuestión no era suya... A pesar de que su naturaleza se rebele contra ello, sor Eugenia calla; podría justificarse, explicar la equivocación... pero prefiere unirse al silencio de Jesús, que también fue acusado en falso. En la humillación encuentra una ocasión de "crecer en la sumisión", lo que para ella es un verdadero éxito: «La gente del mundo, escribe, intenta tener éxito en sus deseos de agradar y de hacerse notar. Pues bien, Nuestro Señor también a mí me permite que tenga éxitos en la vida espiritual. Cada humillación, por muy pequeña que sea, es para mí un verdadero éxito en el amor de Jesús, con tal que lo acepte de todo corazón».

Ser humilde consiste igualmente en no desanimarse ante las propias debilidades, las caídas o los defectos, sino ofrecerlo todo a la misericordia de Dios, especialmente en el sacramento de la Penitencia, procedimiento habitual para recibir el perdón de Dios. «¡Bendita miseria! Cuanto más la amo, también más Nuestro Señor la ama y se rebaja hacia ella para tener piedad y concederle misericordia», exclama sor Eugenia ante sus incapacidades.

La madre de las virtudes

La humildad va pareja a la obediencia. San Pablo nos dice de Jesús que se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte (Flp 2, 8). Sor Eugenia ve en la obediencia "el fruto de la humildad y su forma más verdadera", y escribe: «Quiero obedecer para humillarme y humillarme para amar más». Obedecer a Dios, a sus mandamientos, a su Iglesia, a quienes tienen un cargo, es en verdad amar a Dios. Si me amáis, decía Jesús a sus discípulos, guardaréis mis mandamientos. El que ha recibido mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama; y el que me ama, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él (Jn 14, 15 y 21). «Más que una virtud, la obediencia es la madre de las virtudes», escribe San Agustín (PL 62, 613). San Gregorio Magno aporta esta hermosa frase: «Solamente la obediencia produce y mantiene las demás virtudes en nuestros corazones» (Morales 35, 28). Y, como nos enseña San Benito: «Cuando obedecemos a los superiores, obedecemos a Dios» (Regla, cap. 5).

Sin embargo, el ejercicio de toda virtud debe estar dirigido por la prudencia, la cual permite discernir, en particular, los límites de la obediencia. Así, cuando una orden, una prescripción o una ley humana se oponen manifiestamente a la ley de Dios, el deber de obediencia deja de existir: «La autoridad es postulada por el orden moral y deriva de Dios. Por lo tanto, si las leyes o preceptos de los gobernantes estuvieran en contradicción con aquel orden y, consiguientemente, en contradicción con la voluntad de Dios, no tendrían fuerza para obligar en conciencia (Juan XXIII, Pacem in terris, 11 de abril de 1963). [...] La primera y más inmediata aplicación de esta doctrina hace referencia a la ley humana que niega el derecho fundamental y originario a la vida, derecho propio de todo hombre. Así, las leyes que, como el aborto y la eutanasia, legitiman la eliminación directa de seres humanos inocentes están en total e insuperable contradicción con el derecho inviolable a la vida inherente a todos los hombres, y niegan, por tanto, la igualdad de todos ante la ley» (Juan Pablo II, Evangelium vitæ, 72). Ante semejantes prescripciones humanas, recordemos la frase de San Pedro: Hay que obedecer a Dios más que a los hombres (Hch 5, 29).

Aparte de las órdenes que no podríamos cumplir sin cometer pecado, se debe obediencia a las autoridades legítimas. A fin de seguir más cerca a Jesús y de trabajar para la salvación de las almas, Sor Eugenia trata de obedecer con gran perfección, para cumplir en todo momento la voluntad de Dios Padre, imitando a Nuestro Señor, que dijo: El Hijo no puede hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre: lo que hace él, lo hace igualmente el Hijo (Jn 5, 19). No hago nada de mí mismo; sino que según me enseñó el Padre, así hablo (Jn 8, 28).

Al servicio de los pequeños

Nada más pronunciar los votos, la joven religiosa es destinada a Aubervilliers, en las afueras de París, a una casa dedicada a la evangelización de los obreros. Se encariña con el corazón de los niños, consiguiendo de ese modo aquietar sus travesuras, que no faltan en su auditorio. ¿Cuál es su secreto? La paciencia, la dulzura y la bondad. Los resultados que consigue son inesperados.

Como apóstol que es, sor Eugenia suscita apóstoles. Uno de aquellos pequeños, conquistado por las clases de catecismo, sueña con ganarse a sus compañeros; consigue reunir a quienes encuentra por la calle, los hace subir a su habitación y, ante un crucifijo, les pregunta: «¿Quién crucificó a Jesús?» Y, si la respuesta tarda demasiado en llegar, añade emocionado: «Nosotros, que lo hemos matado a causa de nuestros pecados. Hay que pedirle perdón». Entonces, todos caen de rodillas y recitan desde el fondo de sus corazones actos de contrición, de agradecimiento y de amor.

Sor Eugenia hace partícipes a los niños de su amor hacia María. Un día, su amor encendido por Nuestra Señora le mueve a exclamar: «Amar a María, amarla siempre cada vez más. La amo porque la amo, porque es mi Madre. Ella me lo ha dado todo; me lo da todo; es ella la que me lo quiere dar todo. La amo porque es toda hermosura, toda pureza; la amo y quiero que cada uno de los latidos de mi corazón le diga: ¡Madre mía Inmaculada, bien sabes que te amo!».

¿ Cuándo vendrá ? ¿ Cuándo ?

Durante el verano de 1902, sor Eugenia sufre los primeros efectos de la enfermedad que se la llevaría de este mundo: la tuberculosis. Empieza entonces un doloroso calvario que durará dos años, y que acabará santificándola uniéndola mucho más a Jesús crucificado. Encuentra un gran consuelo meditando sobre la Pasión. «¿Sufre mucho?, le pregunta un día la enfermera. -Es horrible, responde la enferma, pero lo quiero tanto... al Sagrado Corazón... ¿cuándo vendrá?... ¿Cuándo?...» En medio de la oración, Jesús le hace comprender que, para seguir siendo fiel en medio de los sufrimientos, debe "abrazar la práctica de la infancia espiritual", "ser un niño pequeño con Él en la pena, en la oración, en el combate y en la obediencia". Hasta el último momento la guían la confianza y el abandono. Tras una hemorragia especialmente fuerte, recae agotada, sintiendo cómo se le escapa la vida y, sin perder ni un momento la sonrisa en el rostro, dirige la mirada a una imagen del Niño Jesús.

El 27 de junio de 1904, sor Eugenia acoge en medio de una gran paz el anuncio de su partida hacia el cielo, recibiendo el sacramento de los enfermos y la sagrada Comunión. El 2 de julio, las crisis de asfixia son cada vez más penosas; a una religiosa se le ocurre la idea de encender en la capilla una pequeña lámpara a los pies de la estatua del Corazón Inmaculado de María, consiguiendo que la Madre del cielo otorgue a la moribunda un poco de alivio. La hora de la liberación está próxima. Alguien le acerca un retrato del Niño Jesús, ante cuya imagen sor Eugenia exclama: «¡Jesús!... ¡Jesús!... ¡Jesús!...» y su alma emprende el vuelo hacia el cielo. El cuerpo de aquella joven evangelizadora parece tener doce años, y una hermosa sonrisa ilumina su rostro.

«¡Rezaré por todas en el cielo!», había prometido a sus hermanas. Pidámosle que nos guíe por el camino de la infancia espiritual hasta el Paraíso, "el Reino de los Pequeños"; allí nos espera con la multitud de los santos. A ella le rezamos, así como a San José, por Usted y por sus seres queridos, vivos y difuntos.

Fue beatificada por S.S. Juan Pablo II el 20 de noviembre de 1994.

Reproducido con autorización expresa de Abadía San José de Clairval

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